Prestigio vs Mercado
¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.

El caciquismo y la fuerza de la economía de prestigio en España

Ir abajo

El caciquismo y la fuerza de la economía de prestigio en España Empty El caciquismo y la fuerza de la economía de prestigio en España

Mensaje  Genaro Chic Dom Ago 22, 2021 9:38 am

La ley electoral, refugio del caciquismo

El inveterado caciquismo de la España anterior a la Transición solo existe en modo residual, pero ha revestido formas nuevas que pueden verse si se mira bien.

Hay un caciquismo económico muy obvio. Y también lo hay parlamentario. La ley electoral [1985] genera desproporción entre votos recibidos y escaños conseguidos, al asignar al menos dos diputados a cada provincia. Con los mismos votos, otra ley podría «configurar de formas muy diferentes un Parlamento». También se define la ley española por las listas cerradas, base de una ‘cultura política’ que ha originado una desmedida partitocracia. Carmelo Romero [n. 1950] (‘Caciques y caciquismo en España. 1834-2020’, Catarata, 2020) advierte que «hasta esta ley, todas las demás habían establecido listas abiertas, en las que cada elector podía elegir candidatos de distintas opciones políticas». Cuarenta años de abstinencia borraron ese recuerdo.

El efecto es de tal porte que «cualquier reflexión sobre el funcionamiento de los partidos a partir de 1977, sobre su personal político, relaciones entre sus componentes, las de estos con el electorado y las de ese electorado con partidos y candidatos, debe partir de esta característica esencial de las listas cerradas y bloqueadas». La democracia recién nacida en Transición acaso no necesite ya estas muletas. El caciquismo de la compra del voto y la coacción personal al elector ha sido sustituido por la lucha intestina en el partido para entrar en la lista electoral. Los candidatos quedan de hecho elegidos «bastante antes de que los electores depositen su voto» si la burocracia del partido los incluye en ‘puestos de salida’.

Los aragoneses Joaquín Costa [1846-1911] y Lucas Mallada [1841-1921] crearon sendos lemas para caracterizar la lastimera España de 1898. Mallada habló de «los males de la patria». Costa sintetizó la vida política del país como «oligarquía y caciquismo». El gobierno abusivo de unos pocos, aprovechándose de la miseria y la ignorancia de sus sometidos, controlados de forma descarnada por serviles muñidores en cada distrito electoral.

Era rara la sorpresa, como escribió Machado [1875-1939] en 1912 [Poema de un día (fragm.)] y recuerda Romero:

«Es de noche.

Se platica

al fondo de una botica.

-Yo no sé,

Don José,

cómo son los liberales  

tan perros, tan inmorales.

-¡Oh, tranquilícese ustéd!

Pasados los carnavales,

vendrán los conservadores,

buenos administradores

...de su casa.  

Todo llega y todo pasa.

Nada eterno:

ni gobierno

que perdure,

ni mal que cien años dure.

-Tras estos tiempos, vendrán

otros tiempos y otros y otros,

y lo mismo que nosotros

otros se jorobarán.

Así es la vida, Don Juan.

-Es verdad, así es la vida...».


Las leyes creaban distritos calculados, largo tiempo para votantes solo varones, pudientes y alfabetizados. El marco se amplió porque España –no todo fue malo– duplicó en un siglo sus habitantes, el analfabetismo se redujo al 4% por ciento, la mujer empezó a votar y crecieron las clases medias. Así y todo, en el siglo XXI, «el 10% de las personas más ricas acumulan tanta riqueza como el 50% de las más pobres, o menos ricas». Lo cual no es una rareza española, sin embargo.

La ley electoral sigue siendo un útil formidable para amparar un caciquismo parlamentario apto para hoy. Ya no reviste formas poco útiles, como las ‘partidas de la porra’ [del partido progresista]  (grupos encargados de forzar físicamente al elector pobretón), los pucherazos, las compras descaradas de votos, los muertos que votaban al seguir fraudulentamente en el censo, etc. Pero la ley electoral tiñe todo el sistema. Aquí y en cualquier sitio. Lo hacía antes y ahora, también.

Anécdotas y viñetas

Cómo fue el caciquismo en la España parlamentaria desde la muerte de Fernando VII [1784-1833] puede ser explicado esquivando el tedio y eso hace este ilustrado soriano, profesor de la Universidad de Zaragoza, en un libro selectivo en los datos y enriquecido con sabrosas viñetas de la avispada prensa política de antaño (hoy, es burda hasta la náusea). El anecdotario, chispeante, es oportuno, pues no busca el chiste, sino el ejemplo que ilumina. Los mecanismos para el control del parlamento brotan en epígrafes como ‘Mi general, hágame diputado, que ministro ya me haré yo’ o ‘Cangrejos y aves de paso’ (sobre diputados cuneros y otras patologías del cacicato parlamentario, algunas visibles aun ahora como enfermedades residuales, pero persistentes).

‘La familia’, capítulo muy expresivo, esclarece el nepotismo, el sobrinismo, el cuñadismo y el yernismo perdurables (palabros míos) de parentelas arborescentes como las de los Cánovas [1828-1897], los Sagasta [1825-1903] (llegan hasta Miguel Boyer [1939-2014], como poco), Montero Ríos [1832-1941], Romanones [1863-1950], los Silvela [1845-1905] o los Maura [1853-1925] –Jorge Semprún [1923-2011] era Maura– y sus genealogías.

Hay muchas viñetas para cubrir el lapso desde 1872 hasta el imbatible Chumy Chúmez [1927-2003]: «-(El prócer): Yo se lo debo todo al pueblo. - (La gente): ¡Pues devuélveselo!». No ha envejecido.

Los ojos del historiador reconocen los fenómenos de larga duración y proponen meditar sobre ellos. Este es uno. Con ropajes nuevos, pero antiguo de veras.

Guillermo Fatás (n. 1944), Heraldo de Aragón. 11 de julio de 2021

Genaro Chic

Mensajes : 647
Fecha de inscripción : 02/02/2010

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.