El euro era un marco disfrazado

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El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Mar 27, 2010 12:47 pm



El tema de esta comunicación viene dado por un artículo aparecido hoy (28/3/10) en Diario de Sevilla. Pero antes creo que sería interesante echar un vistazo a otro publicado ayer el El Periódico de Catalunya:

El euro, Grecia y el proyecto europeo

1. Si no avanzamos en el sentido que propone, quizá sea Alemania la que abandone la eurozona


JOSEP Oliver Alonso


Catedrático de Economía Aplicada (UAB)


La crisis ha llegado, finalmente, al euro. Esta es la primera recesión que azota a la unión monetaria y, al mismo tiempo, el primer compromiso serio que afronta su moneda. Así, estas últimas semanas, los mercados han puesto la proa a nuestra divisa, cebándose en los países con elevados volúmenes de deuda y déficits públicos. Grecia reúne ambos requisitos y, por ello, se encuentra en primera línea de un ataque que se basa en razones objetivas. Y ello porque el nacimiento del área monetaria arrastra el pecado original de la ausencia de una política fiscal común. Así, desde 1999 hemos estado conviviendo en un sistema en el que un banco central definía la política monetaria, mientras que los países miembros mantenían sus soberanías fiscales.

El pacto por la estabilidad, que teóricamente obligaba a mantener el déficit público por debajo del 3% en épocas de recesión y a presentar superávit en las de expansión, ha tenido menos incidencia de la que se le supuso inicialmente. Su falta de operatividad ha sido expresión, por un lado, de los intereses nacionales de cada Gobierno europeo, más preocupado por la marcha de su economía y de su propio provecho electoral que por el bien común. Y, por el otro, de la dejación de responsabilidades de Alemania y Francia que, en los años centrales de la pasada década, superaron con creces los límites establecidos en el pacto. Además, el límite de deuda pública establecida en Maastricht (60%) se dejó inoperante cuando se aceptó que Bélgica e Italia accedieran a la unión monetaria superando el 100%, situación que después volvió a repetirse con Grecia.

En suma, si en la creación de la zona monetaria común hubo la generosidad suficiente para ceder la soberanía nacional en materias tan delicadas como la moneda y las políticas cambiarias y monetarias, este proceso no continuó con la política fiscal. Además, el diseño institucional del área prohíbe que ningún país que se encuentre en dificultades financieras como consecuencia de un comportamiento imprudente sea rescatado por los demás.

En este contexto es donde hay que inscribir el impacto de la crisis y de las dispares respuestas de cada Gobierno: déficits por encima del 10% en Irlanda, Portugal, España y Grecia, cercanos al 9% para Francia y no muy alejados del 5% para Alemania. Si a esta respuesta asimétrica se añaden distintos volúmenes de deuda pública se entiende que los especuladores financieros puedan detectar con facilidad que algunos países, por ahora Grecia, tienen una mayor probabilidad que otros de suspender los pagos de su deuda pública.

Esta equívoca definición del área refleja, también, unos orígenes igualmente problemáticos. Alemania, la base material del euro, no era partidaria de la unión en estas condiciones. A lo más que había accedido era a la creación, en 1979, del Sistema Monetario Europeo, en el que sus divisas se obligaban a mantener determinadas paridades fijas entre ellas, con márgenes de fluctuación reducidos. Este sistema tenía la virtud de que, aunque se establecían precios fijos de las monedas, sus valoraciones eran ajustables. De esta forma, en los 20 años que duró el modelo, en numerosas ocasiones se efectuaron devaluaciones (entre ellas, las de la peseta entre 1992 y 1995) o revaluaciones (básicamente, del marco alemán). La caída del Muro de Berlín, en 1989, supuso un giro radical a esta situación. El canciller [b]Kohl abanderó desde el primer momento la unificación de las dos Alemanias, frente a las posiciones británica y francesa contrarias. Finalmente, Mitterrand aceptó la unificación a cambio de fijar a Alemania en el seno de una Europa monetariamente unida: fue el nacimiento del euro.
Pero Alemania siempre ha sido reticente con la divisa común: justo antes de su inicio, cerca del 70% de sus ciudadanos se mostraban en contra de perder el marco. Y ello, básicamente, por el temor de que los países del sur, indisciplinados fiscalmente y con una crónica tendencia a la inflación, acabaran afectando al sacrosanto valor de su divisa.

Ahora emergen los problemas de aquel diseño institucional. Y, para resolverlos, Alemania ha lanzado la propuesta de un Fondo Monetario Europeo, capaz de establecer la disciplina fiscal entre los socios del euro, imponer multas e, incluso, expulsar temporalmente del área a los reincidentes. Francia y otros países, como Gran Bretaña, que no ven con buenos ojos nuevos avances políticos en la unión, se oponen, quizá porque temen el excesivo rigor fiscal alemán. Y, ante esta resistencia, Alemania comienza a considerar la posible intervención del Fondo Monetario Internacional. Lo que sería un bochorno para los gobiernos del área del euro.

Toda crisis es una oportunidad. Y, en esta, el dilema es avanzar hacia la unión política, a través de un Fondo Monetario Europeo con poderes por encima de los estados, o retroceder no se sabe bien hacia dónde. Si no avanzamos en el sentido que Alemania propone, quizá la unión monetaria sea otro experimento fracasado, pero no porque salgan de ella algunos países del sur. Sino porque la misma Alemania la abandone. Son tiempos de tribulación.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=698933&idseccio_PK=1006&h=100325


El otro, el que da título a esta reflexión, es el siguiente:

El euro era un marco disfrazado

José Ignacio Rufino
Diario de Sevilla 27.03.2010

Veníamos barruntándolo, pero hasta hace poco no hemos entonado el eureka: ¡el euro era en realidad el marco! Un marco con aroma de perfume francés y unos festones con poco peso y los colores de las distintas familias, incluida la rojigualda española. Los alemanes parten el bacalao, y ya amenazan sin velo alguno: "Quien no cumpla con los criterios de estabilidad presupuestaria (y no digamos si mienten en sus cuentas), fuera del euro", dijeron primero; "Quizá tengamos que crear un euro de champions y otro más morenito y depreciado para los mediterráneos", sugirieron luego con la boca entreabierta; "Muy pronto nos volvemos al marco y os dejamos la divisa como una diva prematuramente avejentada", han venido a decir esta semana. Jugando con la primera frase de su himno nacional, parece escucharse el "Deutsche mark, Deutsche mark über alles": no ya Alemania, sino el marco por encima de todo. No nos engañemos. Si el juego no les conviene, los germanos pincharán la pelota. ¿Contaremos a nuestros nietos batallitas sobre cómo vivimos aquella época dorada de una Europa unida por una moneda común? ¿Será un nuevo marco compartido con sus mercados naturales del Este -Chequia, Polonia, Hungría- el germen de una nuevo proyecto pangermánico? Muchas ideas en apariencia descabelladas se han hecho realidad en los dos últimos años. Por qué no éstas.

El Frankfurter Algemeine Zeitung periódico alemán de adscripción liberal, ya ha hablado esta semana a las claras de la posibilidad de que "el pueblo alemán" -expresión que figura con solemne severidad en el frontispicio del Reichstag berlinés- exija a sus gobernantes recuperar el marco y abandonar el euro. El oigjo, que pronuncian ellos. Si los demás, se dicen, no cumplen las normas de Maastricht y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, ¿por qué vamos los alemanes a poner en peligro una moneda que por nosotros mismos sería fuerte? La valiosa Angela Merkel, canciller alemana, ha dejado claro que nadie salvará a nadie en Europa (ni a Grecia, ni a la Portugal recién rebajada de categoría crediticia, ni a…), pero también ha despejado toda duda sobre quién es el líder: "Alemania es la garante de la estabilidad del euro". O se cumple lo pactado aunque pique y duela, o se acabó la divisa común.

El euro es una moneda que nace en pleno geiser de la economía global -sólo ha vivido el ciclo expansivo-, y logra hacerse con un lugar en el club de las grandes monedas, donde el dólar nunca se pone corbata y tiene todo el crédito del mundo, el yuan chino acecha, y la libra y el yen son vetustos socios casi honoríficos. Hasta ahora, pues, los problemas no han existido, o han estado silentes. Ahora vemos que la familia euro estaba bien avenida porque el calor disimulaba los desequilibrios entre economías diversas que se acrisolaban en una moneda común. El percal es como el de una herencia escasa, mucho más escasa que los bocados que se propinan los parientes por ella.

Hemos dado por sentado que el euro es el dólar europeo, y que lo va a ser para siempre. Pero no es así. Europa, la Europa comunitaria, es un poliedro de intereses y caracteres nacionales que ha tenido a bien compartir una divisa. Un gran éxito durante un tiempo. Pero si al garante de la estabilidad monetaria, al benefactor que cambia dinero por mercados, es decir a Alemania, no le salen las cuentas, el euro desaparecerá. Torres más altas ha caído. ¿Se puede abandonar el euro? Claro que sí: o se van los socios que no cumplen, o se va el que cumple. Eso sí, el euro es bueno para todos sus partícipes siempre y cuando se observen las limitaciones fiscales acordadas para compartir una moneda. Si los apretones presupuestarios de algunos comprometen la estabilidad de otros, la cosa no funcionará. Más pronto que tarde saldremos de dudas sobre si el euro es la historia de lo pudo haber sido y no fue.

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/663945/euro/era/marco/disfrazado.html

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Genaro Chic

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Re: El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mar 28, 2010 10:25 am



Publica hoy, 28/3/10, El Periódico de Catalunya otro artículo de opinión que nos pone en guardia sobre la noticia que para mí debería ser fundamental para nosotros los españoles en particular y para el mundo de la economía en general, pero a la que los medios de comunicación no dan el resalte debido, tal vez por aquello de que la gente no quiere saber la verdad, sino sólo que la diviertan. Dice así


La crisis del euro

1. Sería dramático que España y otros países fueran expulsados de la moneda única por indisciplinados

FRANCESC Sanuy
* Abogado

En mi nuevo libro Els plats trencats [Los platos rotos] figura una selección de artículos, entre ellos el que escribí en enero del 2009 con el título Deu anys d’euro i futur incert[Diez años de euro y un futuro incierto]. En aquel momento mencionaba la satisfacción por habernos integrado en la unión monetaria, que nos ponía a cubierto de las tensiones de los tipos de cambio de los años 90 con una moneda que en el 2006 ya superaba el número de billetes de dólar en circulación y que ya representaba el 27% del total de las reservas mundiales. Pero también advertía del futuro incierto que se perfilaba para la moneda única debido a la creciente disparidad entre las economías más sólidas (léase Alemania, la locomotora de Europa) y los PIGS (Portugal, Italia-Irlanda, Grecia y España), que ya entonces sufrían un diferencial de costes muy considerable a la hora de colocar su deuda pública en relación con el coste de los bonos alemanes.

Sin embargo, en tiempos de contracción las cosas pintan diferentes, y cuando Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, decía que las elucubraciones sobre el futuro incierto del euro eran calentones o imaginaciones alarmistas sin base ya no resultaba convincente. El euro era un refugio fuera del cual hacía mucho frío, pero también una exigencia de comportamiento responsable. Por eso, si un país se declaraba insolvente eso no significaría su inmediata retirada de la moneda única. Y acababa diciendo entonces, hace 15 meses, que el único peligro sería que, si el BCE no mantenía la ortodoxia y la credibilidad del modelo Bundesbank, Alemania optara por restaurar el marco y salir de la eurozona. O sea, no que nos echasen del euro, sino que la gran potencia nos dejase plantados. Contra esta terrible posibilidad, afirmaba que cuando los PIGS o un país importante entrase en riesgo de pánico generalizado por el efecto contagio, la reacción más natural sería la ayuda con créditos de la UE y la intervención del FMI junto a un plan de austeridad y de cesión temporal de la soberanía fiscal. Dije, por último, que, sin alarmismos apocalípticos, en todo caso sí habría que prepararse para una serie de rescates con condiciones muy severas.

Los hechos, desgraciadamente, se han producido exactamente tal como dije entonces. Y también tal como el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schauble, nos avisó hace pocos días de por dónde podían ir las cosas. Primero, en la línea de hacer que la unión monetaria tenga más capacidad de confrontarse con las adversidades a través de una vigilancia de las políticas fiscales y económicas de los países miembros y de una coordinación más estrecha entre todos ellos. Segundo, con la finalidad de proteger la eurozona contra las eventuales turbulencias internas, es evidente que todos los países deben respetar el pacto de estabilidad y crecimiento y abstenerse de caer de nuevo en excesos que superen los límites de déficit establecidos. Alemania declara, pues, que los países infractores deberían ser sancionados con no recibir ayudas como los fondos de cohesión a los que durante tantos años ha recurrido España. Si queremos que el euro sea fuerte y estable por mucho tiempo, se deben cumplir las condiciones que en principio planteó Alemania antes de hacer la aportación de credibilidad y garantía que representaba el marco alemán ante la nueva moneda de todos. Son cosas que hay que recordar cuando la debilidad de los fundamentos económicos de algunos países miembros hace tambalear la confianza en el conjunto. Cuando la unión monetaria es solo un sistema de paridades fijas sin políticas fiscales unitarias, puede suceder que –como el peso argentino ligado al dólar– acabe siendo insostenible. También puede suceder que la UE adopte medidas de ayuda a los países de la Europa oriental excomunista, tal como hizo en el 2009, pero que, para los PIGS y aunque resulte una confesión de incapacidad, acabe pidiendo que sea el FMI el que venga a sacarnos del imbroglio.
De acuerdo con la información disponible a la hora de escribir estas líneas, parece que los criterios alemanes son los que se han impuesto en parte en Bruselas, en una clara demostración de inoperancia de la semestral y eclipsada presidencia española. La liquidez de emergencia aportada por los socios no podrá ser nunca algo seguro, el rescate automático estará prohibido, los países miembros podrán caer en insolvencia y no se van a permitir manipulaciones estadísticas ni la ocultación de los problemas que las entidades financieras tengan por culpa de las quiebras inmobiliarias, que, por ejemplo, en España posiblemente se disimulan. En todo caso, la disciplina es indispensable, porque la alternativa sería catastrófica. ¿Se imaginan un escenario tan dramático como el de una España expulsada del euro? Volveríamos a una peseta devaluada entre un 20 y un 30%. Seríamos, pues, un 25% más pobres. Los bancos y las cajas que ya no pueden ahora afrontar el retorno de la deuda externa tendrían que pagarla mucho más cara y el propio Estado se vería abocado a un corralito y la fuga de capitales se acentuaría más todavía?. Ni pensarlo, ¿no?

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=699706&idseccio_PK=1006&h=100328[/size]

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Re: El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Jue Abr 01, 2010 12:21 pm

Una perspectiva distinta del mismo hecho, aunque sin variar en lo sustancial, sino más bien profundizando en ello, nos la ofrece Juan Torres en su trabajo

Alemania frente a Europa

Juan Torres

Publicado en Sistema Digital el 31 de marzo de 2010

Nadie puede negar el papel tan importante que Alemania ha desempeñado a la hora de construir la nueva Europa y que quizá nada de lo bueno que ahora se haya podido alcanzar se hubiera logrado sin su impulso y su colaboración. Pero, junto a esa función positiva y de aliento, no se puede obviar el sesgo que viene imprimiendo desde hace decenios al modelo europeo. Aunque tampoco se pueda decir que haya sido exclusivamente Alemania la responsable, lo cierto es que sí ha determinado en gran parte sus rasgos más negativos entre los que creo que hay recordar algunos que en esta coyuntura tan difícil para el futuro europeo nos pesan como losas.

Alemania impuso un modelo de unión monetaria imperfecto que sin presupuesto suficiente, sin hacienda europea, sin coordinación imperativa, sin instituciones adecuadas estaba condenado a fracasar en cuanto aparecieran impactos asimétricos y, en esas condiciones, a llevar consigo un incremento de la desigualdad, como efectivamente ha sucedido. Optó por un modelo concebido para que los capitales europeos dispusieran de un mercado a su libre disposición pero que no garantiza de ninguna manera la sostenibilidad social y ahora comprobamos que el proyecto europeo pierde atractivo y fuerza social y se va diluyendo como un azucarillo en el agua, aunque proporcionando cada vez más beneficios a las empresas que han logrado hacerse fuertes en el mercado.

Alemania se ha negado durante años a establecer mecanismos de supervisión comunitarios que permitieran evitar los desmanes financieros que finalmente se han producido en los diferentes países. En lugar de ello, se ha conformado con disponer del máximo poder decisorio en el Banco Central Europeo, sin importarle que éste no pudiera ni saber ni actuar sobre las finanzas nacionales en donde se larvaron los negocios que luego han dado lugar a la hecatombe financiera. Aunque haya sido una decisión solidaria, es también evidente que ha sido Alemania quien se ha negado a que Europa sea algo más que un simple "espacio financiero", renunciando a la institucionalidad política y económica, a las políticas y a la coordinación que son imprescindibles para convertirlas en un verdadero y necesario lugar de ciudadanía y de poder democrático en todos los ámbitos de la vida social. Los capitales financieros e industriales campan a sus anchas pero, así, Europa, ha quedado atada de pies y manos quizá ya para siempre.

Alemania ha impuesto, es verdad que no sólo ella, pero liderando a las demás dada su posición privilegiada en el marco institucional y decisorio de la Unión, las políticas neoliberales cuyos efectos tan negativos son ya indisimulables, no solo sobre la desigualdad espacial y personal sino incluso sobre la aspiración de convertirse en el principal foco mundial de poder y competitividad. Las políticas deflacionarias y de estabilidad que ha impuesto en los últimos años pasan ahora factura en países que no han podido aprovechar las buenas coyunturas para fortalecerse estructuralmente y para contribuir al fortalecimiento estructural de Europa, como demuestra el estado en que se encuentran las economías de Grecia, Irlanda, España, Portugal o Italia, por no hablar de los países del Este miembros de la Unión.

Alemania ha impuesto a los demás severas reglas de competencia y plena libertad de entrada y salida a los capitales, pero se protege a ella misma y a sus empresas gracias a la posición privilegiada y al poder de que dispone generando así mercados cada vez más concentrados y oligopólicos en torno a los que se ha creado una verdadera oligarquía económica y burocrática que domina Europa.

Alemania se ha negado a que haya respuestas comunitarias a la crisis obligando a que cada país se las compusiera como pudiera pero, al mismo tiempo, poniéndoles restricciones severas a su capacidad de maniobra añadidas a las que de por sí lleva consigo la pertenencia a la unión monetaria, imposibilitando de esa forma que la crisis tuviera una respuesta tan fuerte como necesitaba y, sobre todo, que fuese una oportunidad para fortalecer los mecanismos de decisión y solidaridad de la unión.

Alemania ha hablado mucho por la boca de sus dirigentes pero a la hora de la verdad no está permitiendo ni avanzando en el control de los mecanismos y los capitales que habían provocando la crisis y que ahora están volviendo a producir daños extraordinarios en países como Grecia, Portugal o España. Se ha gastado miles de millones de sus contribuyentes para ayudar a los bancos y ahora estos bancos se disponen de nuevo a ganar dinero desestabilizando a las economías.

Y Alemania lidera ahora (con la connivencia de unos y la impotencia de la mayoría) respuestas a estas últimas situaciones que simplemente consisten en proporcionar buenas condiciones de mercado a sus empresas, en dar libertad los bancos y a los especuladores y en imponer sacrificios a las personas.

Alemania se empeña en que Europa trate mejor a los bancos que a la ciudadanía y así lidera el proceso que no puede terminar más que en el desafecto continuado de ésta última hacia Europa. Es verdad que Alemania ha dado mucho a Europa y sobre todo a los países de la periferia hasta el punto de hacer creer que es la gran contribuidora neta al desarrollo social y económico que éstos han podido lograr gracias a los fondos europeos en los últimos años. Pero ni siquiera esto último es completamente cierto.

Sólo lo es si no se contabiliza el inconmensurable flujo de fondos que estos países están proporcionando a las empresas alemanas (no solo a ellas pero sí a ellas en una gran proporción), bien por la vía de las importaciones, bien por las rentas que proporciona la generalizada venta de sus activos que se ha producido desde que forman parte de la Unión.

El liderazgo alemán quizá sea inevitable en una geografía política y económica como la europea pero si éste sigue limitándose a tratar de convertir el resto de Europa en un mercado en donde sus empresas puedan alimentarse, será la propia Alemania la que cabe su tumba como gran potencia europea. Por el desafecto creciente y porque a su alrededor habrá cada vez más tierras esquilmada para todos. Y es lógico que en esas condiciones seamos cada vez más los ciudadanos europeos (como ahora les está pasando a los griegos) que nos comencemos a preguntar si vale la pena tener que soportar todo esto.

http://hl33.dinaserver.com/hosting/juantorreslopez.com/jtl//index.php?option=com_content&task=view&id=1845&Itemid=16

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Re: El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Vie Abr 02, 2010 2:01 pm

Me llegan estos días dos mensajes que creo que encajan muy bien en este diálogo de intereses entre Alemania y los países del Sur de Europa. Uno recoge un pensamiento de un antiguo predicador americano:

Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo.

El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.

Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso mi querido amigo...

...es el fin de cualquier Nación.

“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.

Dr. Adrian Rogers, 1931

(Yo diría que tampoco concentrándola. In medio virtus)

El otro dice así:

Tremendo aviso

J.A. Gómez Marín

El Mundo Andalucía

1 de Abril de 2010

Aplastante conclusión de las Cajas de Ahorro: sin la ayuda estructural europea, Andalucía, entre 2000 y 2006, habría crecido un 5 por ciento menos al año y aumentado su tasa de paro en 7 puntos. ¿Se puede imaginar sin sobresalto lo que significa eso, puede justificarse –tras 30 años de “régimen”– un sistema económico en semejante estado de postración, qué será de la comunidad cuando el año que viene nos cierren ese grifo benéfico? Se ha ocultado la auténtica debilidad de la región mientras se ganaba tiempo para perpetuarse en el poder. A un año vista del drama anunciado lo suyo sería dar un volantazo y encarar la realidad.

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Mensaje de Jorge al respecto

Mensaje  Genaro Chic el Miér Abr 07, 2010 6:04 pm

Me llega este mensaje de Jorge, por error, como mensaje privado, y por separado el aviso del mismo de que no ha salido. Lamento la molestia. Para insertar repuestas recuerdo que hay que hacerlo en el espacio diponible tras pulsar POSTREPLY. Dice así:


Las economía financiera tiene sus propias reglas, como toda operación en la que interviene solamente el capital. En Europa se reproduce lo que sucede en el ámbito geopolítico del dólar: el que tiene la pasta impone sus condiciones o, dicho al revés, quienes son económicamente más débiles, solamente tienen la posibilidad de acomdarse a los condicionamientos del fuerte, en este caso, Alemania. ¿Bajo qué razones el país de Marx puede renunciar a sus privilegios? ¿En beneficio y consideración a los débiles? a Grecia?. No! Grecia tendrá que acomodarse a Aquella. Las finanzas no tienen, no pueden, nunca han estado condicionadas por la ética. No la tienen. El capital es capital, no es el hombre. Es el esfuerzo cuantificado de los hombres por los bancos, una de las empresas con más de quinientos años de experiencia.
Dentro del análisis se debería tomar en la cuenta el comportamiento monetario del Reino Unido: se quedó fuera del euro porque no quiso competir con el marco.
De tal forma que, nada nuevo dicen los artículos. Es así por pura lógica financiera. Otra debería ser la verdadera lógica: la unión hace la fuerza, la unión para construir la ciudadanía europea y al respecto se hace y se hará poco. El asunto más importante no es el hombre sino la pasta. Todo por la pasta

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Re: El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Vie Abr 09, 2010 11:30 am

Un nuevo trabajo, publicado hoy (9/4/2010) en Diario de Sevilla, nos permite profundizar en el conocimiento de la crisis de la economía europea. Es el siguiente:

La Eurozona se descuelga

Joaquín Aurioles |


Según la OCDE, el pasado año acabó con un notable esfuerzo de recuperación en todo el mundo, aunque con la notable excepción de la Euro zona, que, según Eurostat, permaneció estancada durante el cuarto trimestre y que en el conjunto de 2009 experimentó un crecimiento negativo del 2,2%. Para la primera parte de 2010 las expectativas son algo más pesimistas y, aunque la OCDE señala que estaremos en positivo durante prácticamente todo el año, las previsiones son significativamente peores a las del resto del mundo. Las diferencias son abismales con respecto a los países emergentes, especialmente China, donde el PIB sigue creciendo al 10% y el crédito al 30%, pero también con respecto a Estados Unidos y Japón. La Eurozona se descuelga de la recuperación mundial y las razones son diversas y conocidas. Por un lado, la paralización de la demanda, con el consumo estancado y una caída de la inversión superior a la prevista. Por otro, el deterioro adicional de las condiciones de financiación a raíz del foco de tensión surgido en Grecia, que amenaza con extenderse por el flanco meridional de la zona. Además está el rápido deterioro del entorno macroeconómico y sus consecuencias sobre los costes de financiación en el exterior, a los que tan sensible resulta la economía española, y el aumento del desempleo, que durante el pasado mes de febrero volvió a llevar a la tasa de paro de la Euro zona hasta a la barrera del 10%.

También destaca la OCDE el aumento de los desequilibrios y la dificultad de encontrar recetas adecuadas para la diversidad de situaciones en materia de crecimiento, paro, déficits, endeudamiento, etc. Coincide en esta apreciación con el Servicio de Estudios de La Caixa, que dedica al tema su último Informe Mensual.

Todos advierten de la necesidad de ser prudentes a la hora de retirar los estímulos fiscales y monetarios, aunque reconociendo que el rápido deterioro de las finanzas públicas, sobre todo en algunos casos, determina que el margen de maniobra se encuentre completamente agotado en estos momentos.

Europa retrasa su recuperación con respecto al resto del mundo, de manera similar a como lo hacen España, Grecia y Portugal frente al resto del continente. La parte positiva es que podemos estar contribuyendo a reducir las desigualdades a nivel mundial, pero la negativa es que en Europa podría estar ocurriendo lo contrario. Otra de las implicaciones sería que, si las mayores contribuciones al crecimiento de las producción mundial las van realizar los que producen con salarios más reducidos, es más que probable que los costes laborales unitarios en términos reales a nivel internacional continúen bajando durante algún tiempo. El mismo razonamiento nos lleva a otra mala noticia para Europa: el endurecimiento de la competencia en precios durante los años de la recuperación. Las economías occidentales suelen responder con su consabida defensa de la innovación, el conocimiento y la productividad que recogía la frustrada Agenda de Lisboa, quizás ignorando, no sólo el tremendo esfuerzo en innovación de los países emergentes, sino también el éxito con que consiguen transformarlo en ganancias de productividad.

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Reflexíón sobre economía

Mensaje  joselu el Vie Abr 30, 2010 9:01 pm

No entiendo nada de alta economia ni de finanzas, solo lo que me dicta el sentido común. Cuanta más información me llega y más variopinta es, más dudas y escepticismo me entran. El capital no se casa con nadie, ni tiene amigos ,salvo vea riqueza y productividad. Al parecer Francia y Alemania se están hartando de apagar los fuegos de otras economias europeas del club. Me pregunto ¿ Que ocurriria si estos dos paises abandonaran la zona euro y volvieran a sus antiguas monedas, haciendo un marco y un franco fuertes; y dejando a los otros paises con su (nuestro) euro? Ni que decir tiene, que los tres paises más potentes de Europa (incluido Reino Unido) serian competitivos y al tener politicas económicas sólidas, podrian (junto a EEUU) disputar parte de la tarta del poder económico mundial a una nacíón emergente, por otro lado peligrosísima, como es China. Las nuevas batallas mundiales, no van a ser bélicas, con armas de guerra; sino económicas y con un teatro de operaciones no localizado, y los paises que economicamente (a su nivel ) no sean sólidos, no contarán con aliados potenciales, seran fagocitados y perdidos. ¿Qué será de nuestra nación?.

joselu

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Re: El euro era un marco disfrazado

Mensaje  Genaro Chic el Mar Mayo 04, 2010 11:46 am

Publica hoy J.A. Gómez Marín en El Mundo. Andalucía un artículo que entiendo que refleja bastante bien la necesidad que tiene Europa, una vez emprendido el camino de la unificación, de no detenerse en los aspectos económicos dado que estos son difícilmente sostenibles si no se encuentran por detrás los políticos. Dice así
La maniobra económica espectacular de salvación de Grecia está siendo interpretada por la mayoría de los observadores como un ejercicio de autoayuda con el que, aunque tardíamente, la Unión Europea trata de salvarse a sí misma. Ya tenemos otra vez ahí la angustiosa imagen del náufrago tirando de su propio brazo para escapar del piélago, en la medida en que es el propio sistema que sustenta la precaria realidad europea el que trata de salvarse acudiendo en ayuda de uno de sus miembros. Hasta Edgar Morin ha roto su silencio para concluir que no se trata tanto de remediar el naufragio griego como de comprender que Europa se encuentra en una situación crítica como consecuencia del fracaso a la hora de dotarse de una autoridad política legítima, consecuencia del egocentrismo de sus miembros, y ya de paso para avisar de que un fracaso definitivo podría hacernos retroceder a situaciones anteriores que creíamos definitivamente superadas. De la ilusión del progreso indefinido e ineluctable hemos pasado a la evidencia de un porvenir incierto y peligroso, caldo idóneo para la amenaza neonacionalista. Salvar a Grecia es salvarnos todos, fracasar en su rescate supondría la liquidación de hecho de un proyecto como el europeo que arrastraría tras de sí imprevisibles consecuencias globales. Lo mismo piensan los expertos griegos, que han visto de cerca la tragedia y que insisten en la idea de que el sistema monetario europeo conduce de modo inevitable a una especulación que califican de dramática. No es descartable que tras Grecia vayan cayendo Portugal, España e Italia en un dramático dominó que liquide el montaje continental. Pero en ese supuesto nos despertaríamos transportados a 1929 con todas sus consecuencias. Salvar a Grecia no es un mérito solidario; es simple y previsora autodefensa.
Parece que hay consenso en que de la crisis habremos de salir –si es que salimos a tiempo—decididos a rematar el ideal europeo dotando al proyecto comunitario de una auténtica entidad política transnacional, perdido el miedo al menoscabo de la soberanía que es el que ha frenado la integración justo en el límite del establecimiento del euro. Con un Banco Central por ejemplo, que a semejanza del americano, preste a los Estados y no a esos bancos comerciales que hacen su agosto revendiendo a intereses prohibitivos el dinero barato que reciben. Con una autoridad efectiva, en fin, capaz de evitar cambalaches como el griego y desmarques como el alemán. La crisis será la prueba de fuego de Europa y del Sistema. Ahí radica su peligro pero también nuestra esperanza.

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Re: El euro era un marco disfrazado

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