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Desmontando a Jesucristo. La autoridad y el poder.

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Desmontando a Jesucristo. La autoridad y el poder. Empty Desmontando a Jesucristo. La autoridad y el poder.

Mensaje  Genaro Chic Vie Ene 06, 2023 9:21 pm



Entiendo que la figura de Jesucristo se puede entender mucho mejor si dejamos de identificar autoridad con poder, o sea, distinguir entre la capacidad de conseguir que los demás te sigan voluntariamente de aquella que te permite obligar a los demás a que te sigan.

Creo que lo que distingue a Jesucristo es su opción por la autoridad y no por el poder. Tenga lo que tenga de verdadero el relato de nuestro personaje ante el poder de Poncio Pilato lo deja bastante claro:

Jesús ante Pilato

28 Entonces llevaron a Jesús de casa de Caifás [sumo sacerdote judío] al Pretorio. Era muy de mañana. Y ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua.29 Pilato [gob. como prefecto de Judea entre 26-36] entonces salió fuera hacia ellos y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30 Ellos respondieron, y le dijeron: Si este hombre no fuera malhechor, no te lo hubiéramos entregado.31 Entonces Pilato les dijo: Llevadle vosotros, y juzgadle conforme a vuestra ley. Los judíos le dijeron: A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie. 32 Para que se cumpliera la palabra que Jesús había hablado, dando a entender de qué clase de muerte iba a morir.

Diálogo entre Jesús y Pilato

33 Entonces Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús respondió: ¿Esto lo dices por tu cuenta[d], o porque otros te lo han dicho de mí? 35 Pilato respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho? 36 Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí. 37 Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. 38 Pilato le preguntó: ¿Qué es la verdad?

Y habiendo dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en Él. 39 Pero es costumbre entre vosotros que os suelte a uno en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces volvieron a gritar, diciendo: No a este, sino a Barrabás [Bar Abbâ “hijo del padre”]. Y Barrabás era un ladrón [que había matado un hombre. La pena para su crimen habría sido la crucifixión].

Juan 18:28-40

https://www.biblegateway.com/passage/?search=Juan%2018%3A28-19%3A12&version=LBLA

El mundo judío ajeno a Jesús actúa desde la perspectiva del poder y se siente amenazado por una persona que actúa desde la perspectiva de un hombre con autoridad (auctoritas, palabra derivada de augeo, aumentar, de donde viene la expresión augustus, “el que es más”, “el que tiene más ser”, más gratia o calidad y no más poder). Poncio Pilato, en cambio se sabe dueño del verdadero poder de obligar a los demás y no ve peligro en un simple que le dice que su reino no es de este mundo, porque piensa que hay que darle al César lo que es del César, que es lo único que le interesa al gobernador romano, y por eso les dice a los judíos que allá ellos con sus tonterías, pero para que no se revuelvan les da a elegir entre un preso terrorista, Barrabás, y Jesús. Al fin y al cabo, éste no interesa al poder, ni al de los romanos ni al los de los judíos, aunque éstos buscan una oportunidad para afirmar su autonomía en cierto modo.

Pero Jesús había marcado un camino y eso lo entendió otro judío, Saúl, al que latinizamos en Pablo (Tarso, Cilicia 5-10 d. C. -Roma, 58-67), que fue quien recogió el testigo de su doctrina y puso en marcha la ideología “cristiana”, sabiéndola  extender, como ciudadano romano que era, por el Imperio, sobre todo entre los más desfavorecidos, o sea entre los que estaban más lejos de tener poder. El hecho de que las mujeres romanas, por la propia evolución del Imperio, fuesen teniendo más libertad que en época republicana en el marco de ese elemento fundamental del mundo de los guerreros que era el matrimonio, y en paralelo también mayor capacidad económica aunque no poder político directo, hará que se vayan acercando-en algunos casos- a los seguidores de la doctrina cristiana, con lo cual, apoyando a quienes predicaban la autoridad y el amor en vez de la violencia coactiva que caracteriza al poder, iban, poco a poco, metiendo las estructuras de poder en un marco que, en su principio, era ajeno a él. Sería así como los supervisores (epískopoi) de las comunidades cristianas poco a poco se fueron haciendo poderosos. Que eran molestos al poder se observa en la actitud conocida de algunos emperadores. Así Trajano [r. 98-117], como nos lo muestran las cartas se Plinio el Joven (61-112), adopta con ellos una actitud similar a la de Pilato un siglo antes: lo único que les exige a los cristianos es que acaten el poder de Roma, y lo demás (sus creencias privadas y sus ritos asamblearios no políticos) le resultan poco menos que indiferentes.

Con el tiempo, sin embargo, las asociaciones (ekklesíai en griego) de los cristianos van a ir siendo tenidas en cuenta por personas poderosas que buscan hacerse un hueco en el organigrama imperial, razón por la cual las persecuciones violentas se van a ir haciendo cada vez más numerosas y más extendidas a todos los cristianos en general. Los cristianos se manifestaban cada vez más como un poder, y la autoridad iba quedando sujeta a los intereses de éste
. Se estima que al menos 1/10 parte de la población seguía la ideología cristiana cuando, en la lucha por el poder imperial, Constantino (272-337), el hijo de uno de los tetrarcas con los que comienza el siglo IV en Roma, se apoya en ellos para vencer a sus rivales, defensores de la religión oficial, ligada de siempre al poder, y logra su objetivo en la batalla del Puente Milvio, en las afueras de Roma, el 28 de octubre de 312. A partir de entonces el cristianismo quedará también en adelante cada vez más ligado al poder; y la autoridad pasa insensiblemente a ser considerada un atributo del mismo. A los jefes de la religión cristiana se les irán dando privilegios –en principio en plano de igualdad con los de otras religiones ligadas al poder- hasta que al final del siglo IV, bajo el reinado del hispano Teodosio (347-395), se fue convirtiendo, en la práctica, en la religión oficial de Estado, o sea del poder, aunque no se prohibió el paganismo. El dios todopoderoso de la antigua religión judía (y de otras muchas ligadas al poder) terminará así venciendo a las del dios amoroso, cuyas fórmulas sin embargo se mantienen, aunque ahora interpretadas de forma más jerárquica.

Un hecho muy interesante es que se vaya legislando, desde la nueva religión estatal, en un tema que es fundamental en el marco del Estado: el matrimonio (considerado por Cicerón (106-43 a.C.) el semillero de la cosa pública, o sea del Estado: «Familia est principium urbis et quasi seminarium rei publicae» («la familia es el principio de la urbe y la semilla de la cosa pública», De Officiis, 1.54). El sexo, una cuestión privada salvo en el matrimonio (en las civilizaciones antiguas grecorromanas no existe el pecado sexual) se va a convertir en un elemento que se reprima, a la manera judía, no sólo en el marco político de la familia, sino también en el del Estado amplio en su conjunto. La pureza que antaño se pedía a las consagradas vírgenes vestales para propiciar la fertilidad del pueblo, se va a considerar cada vez más extensiva, sobre todo a las mujeres, limitando las relaciones sexuales al matrimonio.

En el siglo V el Concilio de Éfeso estableció la ortodoxia de la virginidad de María, madre de Jesús, considerando así el sexo como algo impuro, aunque consentido en un marco legal con vistas a la reproducción. Por supuesto, en ese ambiente, pensar que Jesús pudo tener relaciones sexuales, de la misma manera que pudo tener hambre y sed, y que las saciara de forma natural, se va haciendo impensable. El Jesús del Gran Poder, que es lo más alejado que se puede estar del Jesús del Gran Amor, se convertirá en una devoción más importante para un pueblo que, desde siempre, ha considerado al poder como lo más importante que se pueda alcanzar. Y que un jefe de la Iglesia, como ha sido el caso de Benedicto XVI [1927-2022], renuncie al poder para refugiarse en la autoridad fuera del papado, es mirado con cierto desdén desdén, cuando la propia Iglesia se había dejado llevar por los principios laicos dominantes, de forma plena, a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) de siglo pasado, cuando se manifestaba como más conveniente la religión del Dinero (divinidad no trascendente al hombre, sino inmanente al mismo) administrada por los banqueros que crean el dinero de la nada mediante el crédito (o creencia de que ellos tienen lo que te prestan). .

La resurrección del comercio global al final de la Edad Media (ss. V-XV), de lo que son un índice las Cruzadas a Tierra Santa, y la búsqueda de una ruta directa para volver a conectar con la Ruta de la Seda, habían hecho posible el resurgir de una clase comerciante que deseaba el poder de la nobleza terrateniente. El liberalismo de la burguesía, con el arma de sus bancos, ofreció la liberación de la plebe, con el despegue progresivo (racionalista) de la religión trascendente (la de Dios), que ha ido siendo sustituida por la inmanente de un dinero creado por el propio hombre. En ello debió tener bastante influencia la constatación científica, realizada por Galileo (1564-1642), de que la Tierra no era el centro del Universo. Pero el hombre se afirmaba de momento como el fulcro racional del mismo
. El capitalismo, la religión del Dinero, ha hecho plenamente posible que se cumpla el milagro de la multiplicación de los panes y los peces que anunciaba en antiguo evangelio.

La expresión de la oración principal del primitivo cristianismo, esa que decía “perdonas nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” [Mat 6], fue cambiada, ahora que las deudas importantes no son las de gratitud, por otra forma más políticamente correcta: “perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Ya no parecía prudente conservar ni siquiera las formas de la antigua religión, que, una vez más, ha sido desplazada por la nueva.

La ciencia ganó mucho prestigio desde el momento que se hizo básicamente experimental a partir de la llamada Revolución Copernicana y fue desplazando con fuerza a la antigua religión con el apoyo del nuevo sistema de poder, que tendió a apoyarse en ella. Ganó fuerza con ello y, una vez más, se puso a su servicio.

Si la religión tradicional se basaba en una serie de mitos, la ciencia se basa en el logos, en la razón, de forma que compartir y confrontar los resultados de la propia investigación forma parte de la esencia del método científico. Pero pronto el poder que la apoya encontrará el medio de controlarla y ponerla a su servicio. Es así que, recientemente, una prestigiosa revista médica, British Medical Journal, ha puesto de manifiesto que las mejores publicaciones que velan por la pureza de la práctica científica, han tenido que retirar una gran cantidad de artículos falsificados, con una frecuencia que se ha disparado desde 2017 (sobre todo en el área de conocimiento de farmacología y farmacia). Es evidente que la verdad científica también se inventa cuando se considera necesario para el poder. Al fin y al cabo, de momento, el ser humano sigue siendo el mismo.


Comentario en prensa a la muerte de Benedicto XVI:

«Como papa, Benedicto continuó sus escritos teológicos y produjo tres importantes encíclicas o cartas papales.

La primera encíclica, Deus Caritas Est, o “Dios es amor”, defiende la “caridad” como amor que se da libremente.
La caridad no es simplemente una buena acción, sino un acto que cambia tanto a quien la da como a quien la recibe.
…..
Estas cartas papales intentan defender el cristianismo en un mundo que Benedicto creía cada vez más hostil hacia la fe religiosa. Lo sorprendente del pensamiento de Benedicto –incluso para sus críticos teológicos– era la elegancia con la que presentaba sus argumentos a favor de Cristo y el poder transformador del cristianismo como fuentes de verdad, belleza y amor.

Pero mucho antes de convertirse en papa, Benedicto admitió que el cristianismo seguiría perdiendo terreno cultural y se reduciría a un grupo cada vez más reducido de fieles. En 1969, Ratzinger predijo que la Iglesia tendría que “empezar de nuevo desde el principio”, lo que significaba que algún día el cristianismo tendría que reconstruirse desde sus cimientos.

Cuando Benedicto renunció a ser papa en 2013, cogió al mundo por sorpresa. Al decir que ya no podía soportar las cargas del papado, Benedicto prometió vivir en reclusión. Su título oficial pasó a ser “papa emérito”.

Pero la polémica también siguió a su renuncia. Por ejemplo, concedió entrevistas y puso su nombre en escritos que parecían criticar las reformas de su sucesor, el papa Francisco.»


https://theconversation.com/benedicto-xvi-un-hombre-en-desacuerdo-con-el-mundo-moderno-197103  


Genaro Chic

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