Cuand el tiempo se siente y no se piensa

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Cuand el tiempo se siente y no se piensa

Mensaje  Genaro Chic el Vie Dic 24, 2010 5:44 pm

Ha vuelto el invierno y hoy los días comienzan de nuevo a ser más largos y las noches más cortas. Acostumbrados a apreciar la luz, llamamos vida (positivo) al mundo del día, y muerte (negativo) a la noche, donde no hay luz de forma natural salvo la luna y las estrellas, diosas de la oscuridad.

La idea de permanecer, de volver a empezar continuamente, es absolutamente necesaria para vivir. La memoria nos lo permite, en cuanto que da continuidad a nuestra vida. Gracias a ella podemos decir que hemos vuelto a ver a una persona, pero en realidad esa persona no es exactamente la misma. Cada momento que pasa nos transformamos; basta echar un vistazo a nuestro álbum de fotos para comprobarlo. Sin embargo la memoria nos permite adaptarnos a esa realidad cambiante, de tal forma que nadie se acuerda del aspecto que tenía hace 20 años, a pesar de que puede haberse visto y reconocido en el espejo diariamente. Sólo la contemplación de imágenes congeladas de nuestro pasado, cuya existencia controlamos, nos permite identificarnos en el cambio, de una forma lógica.

Porque la lógica consiste en eso: en congelar aspectos puntuales de la realidad y contraponerlos para su análisis. Sólo ello permite percibir el cambio y apostar por él. Pero la persona que no actúa de forma lógica, que no hace cuentas (o sea, que no razona, pues logos y ratio significan “cuenta”), no por ello deja de percibir la realidad, sólo que le da más importancia a la permanencia que al cambio. O sea, que le da más importancia al sentimiento de la realidad que al pensamiento de la misma.

A través del sentimiento, la percepción de la realidad es circular: las cosas no cambian sustancialmente, aunque se perciben de forma diferente en cada momento. El círculo –que no tiene ni principio ni fin- es la imagen o forma de esa percepción de la realidad emocional. En ella todo vive en un permanente retorno, todo regresa. Lo nuevo no lo es en el sentido de “distinto”, como entendemos que no es nueva la persona que volvemos a ver otra vez. Desde este punto de vista lo importante es la sacralidad, o sea el sentimiento de la realidad de las cosas, que se recuerdan mientras están llenas de ser (son sagradas) para nosotros, y se olvidan cuando dejan de ser sentidas de la misma manera. Como sucede con los novios.

Contemplada así es fácil entender la fiesta de la Natividad o Nacimiento del tiempo que se renueva, pues supone la renovación del ser: el ser, que todo lo constituye, vuelve a estar nuevo; no es distinto, sino el mismo renovado en un tiempo circular. Igual que fácil entender la alegría de quien es capaz de sentirlo así. Que se represente con la imagen de un niño-dios (o nueva plenitud del ser) que vuelve a traernos la alegría de reiniciar el ciclo (o círculo sin principio ni fin) es, en el fondo, secundario. Es dios, o sea el ser, la realidad en este lenguaje, lo que se renueva. Y nosotros con él, en cuanto participamos del ser, que se ve aumentado, después del desgaste del año, con el rito que marca la fiesta, negación del trabajo. Algo así como si recargáramos las pilas de la vida: las baterías son las mismas, pero se recargan y vuelven a estar nuevas. La alegría se impone por ello. De ahí que la Navidad sea necesariamente una fiesta alegre: Año nuevo, vida nueva. Y no sólo calendario distinto.

Evidentemente hay otra forma, rectilínea en este caso, de percibir el tiempo. Es la forma racional, la que apuesta por el progreso en vez de por el regreso. Nuestro cerebro tiende también a desarrollarla de forma natural, al mismo tiempo que la emocional. Tanto es así que las personas más equilibradas -las que saben vivir las dos formas afrontar la vida sin desequilibrio en uno u otro sentido- se considera que son las que entienden la realidad no de una forma circular ni rectilínea, sino espiral: se avanza pero se retrocede al mismo tiempo; se progresa porque se regresa. Es lo que se llama “sentido común” (uno y otro al mismo tiempo) de la realidad, que progresa al mismo tiempo que permanece.

P.D.: Pienso que la sabiduría popular siempre tuvo esto presente, como se ve claramente en la letra de un villancico:

La nochebuena se viene,
la nochebuena se va,
y nosotros nos iremos,
y no volveremos más.

Feliz Navidad



Genaro Chic

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