Viridiana, los hombres y su mundo

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Viridiana, los hombres y su mundo

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mayo 17, 2015 10:14 am


Viridiana, película de Luis Buñuel

Argumento
         
           La novicia Viridiana (Silvia Pinal), a punto de tomar los hábitos, debe abandonar el convento para visitar a su tío don Jaime (Fernando Rey), quien le ha pagado los estudios. Durante su visita, don Jaime, impresionado por el parecido entre Viridiana y su difunta esposa, la adormece e intenta poseerla, pero finalmente no se atreve. Posteriormente, intenta retenerla cuando ella quiere volver al convento; le miente diciéndole que ya no podrá ordenarse monja, porque la ha poseído mientras dormía. Esto aleja aún más a Viridiana de su tío, que, tras la marcha de esta, se suicida. Viridiana, que se siente culpable de la muerte de su tío, renuncia a ser monja y se queda en la mansión a practicar la caridad cristiana, acogiendo a un grupo de vagabundos, a quienes brinda refugio y alimento pero que son, a fin de cuentas, quienes la atacarán y robarán. La llegada de Jorge (Francisco Rabal), hijo natural de don Jaime, cambiará definitivamente el destino de la joven.

Comentario
                     
           La contemplación reciente de la película "Viridiana" (1961) me ha producido una tormenta de ideas al poner todas juntas una serie de reflexiones que me he venido haciendo a lo largo del tiempo. Para mí, muestra con claridad de una forma práctica lo que no se puede decir de forma teórica: lo que es la vida del hombre. Por eso sólo fue prohibida por la censura franquista cuando el Vaticano se dio cuenta del enorme potencial que tenía y la denunció. Haré sólo un esquema para reflexionar.

           Plantea el choque, en forma racional pero vestido de fuerte irracionalidad (de ahí el genio de Luis Buñuel), entre lo que es de forma natural y lo que debe ser de forma cultural. Mezcla reflexiones, en el fondo coincidentes, entre varios temas. Uno de ellos es la diferencia que hay entre un pobre y un mendigo, entendiendo por éste, de forma genérica, el que prefiere vivir mal con tal de poder hacer en cuanto puede su santa voluntad. En cambio del pobre se espera que lo sea de solemnidad, o sea que sea sumiso y agradecido, que es lo que Viridiana espera cuando, domesticada por la cultura (representada en la ideología religiosa del convento), acoge bajo su protección a una serie de mendigos (que tienen el atractivo de su rebeldía social al no querer trabajar para integrarse en el sistema) para que sean sus pobres. Algo que resultará un absoluto desastre como en el fondo era de esperar en una sociedad dominada por la cultura.

(El mendigo no ama el trabajo, el pobre sí. El trabajo se vende ideológicamente como un castigo divino que ha de ser cumplido.)

            Por otro lado el hidalgo español, que representa al poderoso que tampoco cree en la ideología cultural más que como medio de predominio. Sabemos muy poco de él, salvo que se le murió entre sus brazos la mujer en medio de la pasión de la primera noche de la que tanto esperaba. Su sobrina Viridiana, que tanto se parecía a ella -como mostrará un retrato- le hace revivir aquel sueño y busca conquistarla a pesar de todos los inconvenientes de la represión cultural (el sentido de culpa) que ella arrastra. No lo consigue directamente, pero lo consigue con la plena entrega que significa su suicidio, que hace despertar en ella algo que llevaba dormido por la ideología: el poder de sentirse deseada. Visto desde su perspectiva femenina ese desvelamiento del instinto reproductivo podría tal vez ser visto así: Las mujeres, sin que la cultura las marque, pues ya lo traen en los genes, tienen una predisposición a cuidar de los demás. A los padres, a los hijos... y esta mujer tenía necesidad de cuidar a los demás. Al no tener hijos, ni marido, ni otra familia, se buscó instintivamente a los mendigos (no sólo pobres) dentro de los esquemas caritativos que había aprendido. Al ver el fracaso, se entregó a la evidencia de que tenía que tomar otro camino, como muestra la película.

            La convivencia entre el hijo adulterino (Jorge) y la recién exclaustrada -que resultarán herederos del suicidado señor- es genial. Me trae a la cabeza lo mismo que se muestra con los mendigos pero llevado a las relaciones de pareja. Me ha recordado algo que tenía presente: la diferencia entre la mujer (en el caso de la película está mostrado desde la perspectiva femenina, pero en el fondo -aunque sólo sea en el fondo- es lo mismo) que hace vibrar tu cuerpo y tu alma como amante, hasta el punto de que cuando tienes sexo con ella se te olvida todo, y la esposa cariñosa, fiel y sumisa (como los pobres). Y lo difícil que es reunir a las dos mujeres en la misma persona. Aquí el picha-brava del hijo logra volver locas  a todas las mujeres, actuando siempre con la valentía de quien sabe que, si se lo propone, todas van a querer "jugar a las cartas" con él (que es la imagen final de la película), incluso sabiendo que ellas van a aguantar, con tal de jugar, la humillación de no ser la única.

             Dándole la vuelta, y poniéndolo en la perspectiva masculina (fundida magistralmente con la femenina en la película) la diferencia entre ser un buen marido, que sea respetuoso, cariñoso y lo suficientemente ordenado como para que te permita criar hijos; y el buen amante que se desea en el fondo, sin conciencia de ello, para que transmita a los hijos unos genes poderosos. Porque el matrimonio, un hecho cultural, no será equivalente a la coyunda, pero en el fondo se basa en ella.

             Llevando las cosas a otro plano, más allá, he estado pensando que esto mismo se puede llevar a los juegos del poder político. Si es casi imposible ser buen marido y buen amante a la vez, porque se tienen que conjuntar los intereses y predisposiciones coincidentes de los dos miembros de una pareja al mismo tiempo, debe ser igualmente difícil conjuntar el poder ejecutivo con un magnífico sistema de información (tipo CIA, por ejemplo) porque uno intentará sobreponerse al otro si la ambición de poder no está equilibrada y puesta en la misma dirección.

          Pienso que el simbolismo que domina la escena en todo momento, bastante claro por demás, se debe a la genialidad de Buñuel -que podía evitar lo explicito sin ser ñoño- no a la censura, como se ha dicho, la cual al final termino prohibiendo la película entera cuando el Vaticano le explicó al régimen de Franco el profundo mensaje ácrata, aunque sea desencantado, que creo que encierra. Me gusto mucho la escena de la compra del perro, acostumbrado como estaba a la sumisión y que quería seguir amarrado al carro. O la de la mendiga cuando se pone a follar con otro mendigo distinto del ciego (Jesucristo en la escena de la Santa Cena) y se escusa por haber provocado la ira de éste al ver que perdía el dominio sobre ella: "después de todo ni es oficialmente mi hombre ni me ha dado nada importante". La vuelta a la cultura.

Genaro Chic

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