Por qué no hay "genias", sino sólo "genios"

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Por qué no hay "genias", sino sólo "genios"

Mensaje  Genaro Chic el Mar Sep 02, 2014 12:57 pm

Se habla siempre de "genios", como si sólo los hombres hubiesen destacado en la vida social, lo cual es evidentemente a todas luces falso. ¿Por qué no se habla también entonces de "genias"?

            Es evidente que la cultura que conocemos es básicamente masculina, estando, como están, los Estados montados sobre principios de fuerza y violencia.
Repito una vez más lo obvio: cultura es el conjunto de normas y creencias que apoyan la actuación sobre los instintos básicos con vistas a refrenarlos y reconducirlos de forma ordenada para lograr ventajas que no se tendrían si el orden natural actuase de la forma que normalmente se presenta. Por ejemplo, regulando a través de la institución cultural del matrimonio el reparto de los machos y las hembras en el interior de un grupo para evitar los choques continuos que se producirían para satisfacer los instintos sexuales. El matrimonio, con todos sus de fectos, permite desviar gran cantidad de energía desde la lucha interna a la consecución de otros objetivos, como por ejemplo la defensa del grupo y la obtención de botín (incluido el sexual) al tiempo que facilita la crianza de los hijos. Para ello es necesario que los individuos y comunidades se vean constreñidos forzosamente a ello. Represión y cultura (como represión y fuerza física, en la que destaca el hombre) están íntimamente unidos, aunque la interiorización de la sumisión a unas reglas culturales pueda dar la sensación de que el humano actúa libremente al tomar sus decisiones. Una libertad que no es más que la capacidad de moverse con soltura dentro de la jaula protectora marcada por los barrotes culturales. De ahí que se suela distinguir entre libertad y libertinaje, teniendo éste una consideración negativa, como ajeno a la actuación culta (cultivada). Que la fuerza haya sido durante mucho tiempo, antes de que la máquina automotora se desarrollase, atributo destacado del hombre, ha hecho que en buena medida la cultura haya tenido un matiz fuertemente masculino.

           En esta línea de cosas podemos empezar a entender por qué se habla de "genios" y no de "genias". En un proceso que no puedo exponer ahora, por ser largo y complicado, el hombre intentó desplazar a la mujer incluso de aquello que le era más evidentemente propio: su papel clave en el proceso reproductor. Antes de que se inventara el término, denigrante para la mujer, de "envidia del pene", podríamos hablar, si nos fijásemos más en los textos escritos antiguos de nuestra cultura, de "envidia de la vagina". Yo lo traté brevemente en un artículo que ha pasado casi desapercibido a los ojos de la comunidad universitaria (aunque es el que más gente, sobre todo mujeres, me ha leído): "El mito de la mujer, el horno, el hombre y el viento. Sobre el significado de las palabras 'fornicar' y 'follar'", al que es posible acceder y bajar a través del enlace http://www.angelfire.com/pq2/chic/chicweb/FOLLAR.pdf para que se pueda seguir mejor mi relato. Lo expongo en la nota 75, y está en relación con esa concepción machista del mundo (lo explica nada menos que Aristóteles).

           Ampliemos un poco lo allí expuesto para señalar, como hace Michiel De Vaan (Etymological Dictionary of Latin and the other Italic Languages, Leiden- Boston, Ed. Brill. 2008), que genius es una palabra que está íntimamente relacionada con el verbo latino gigno, -ere:  'crear, engendrar; dar a luz'.  De ella derivan muchas otras palabras: genitor (padre), genetrix (madre), genitalis, genetivus.... y también genius, que tiene el significado de 'espíritu masculino de una gens' -o sea de un clan- a la que le da la vida. Las fuentes nos dejan claro que en todo caso es el genio tutelar, protector particular de cada hombre (no de la mujer), por quien velaba desde el nacimiento: cada lugar, cada ciudad, cada estado, cada casa tenía su genio tutelar, a quien se invocaba, y a quien se ofrecían sacrificios y con el que se compartían alegrías y tristezas. El mes décimo del antiguo calendario (december) le estaba consagrado. La cama de matrimonio, a la que la mujer era llevada (ella no se casaba, la casaban) era el lectus genialis (cama genial, engendradora), porque allí se afirmaban los vínculos del matrimonio. 'Genial' tenía el sentido de alegre, gozoso, divertido, placentero, porque engendrar, crear, tiene ese sentido positivo.

            Pero volvamos a la explicación del tema que nos ofrece Aristóteles. Según la misma (los datos concretos se pueden ver en el archivo adjunto) el hombre es el que engendra (la palabra genio -recuérdese-  indica eso) porque es el que folla, el que mete -como si fuese un fuelle- el aire vital, impregnado de sacralidad (el spiritus sanctus, dicho en latín), en el horno de la mujer, mediante la fornicación o utilización del horno que es su vagina. Lo principal, el espíritu (palabra que significa 'soplo', 'aire') vital, lo introduce el hombre disuelto en el líquido de la semilla (semen en latín, sperma en griego) en el cuerpo de la mujer, que actúa como la tierra que permite que esa semilla se transforme en un ser desarrollado. La mujer, por tanto, que no es más que el receptáculo, una maceta, no tiene genius, principio engendrador, sino fuerza mágica (iunx, de donde viene la palabra Juno, nombre que se le da a la diosa del matrimonio). Dejo a las brujas (las mujeres excelentes) que me lean la revisión de esos conceptos, fácil de hacer desde que en los siglos de la Ilustración se desarrolló la técnica que ha permitido conocer la existencia y el funcionamiento tanto del óvulo (1827) como de los espermatozoides (literalmente, "los bichitos que hay en el semen o semilla") (1677). Me limito aquí a poner el hecho en evidencia por si alguna persona tiene interés en profundizar en este, para mí, apasionante tema.

           Observando el mundo académico da la sensación de que no se tiene interés en que se sepa qué significa "follar" y "fornicar", y que no hay por qué explicar la etimología, el origen histórico -no sólo lingüístico- de estas palabras, por seguir contaminadas de su carácter tabú (sagrado), lo que explica que existan los chistes verdes y los tacos 'sexuales' (que no tendrían sentido si no se considerasen irreverentes, 'sucios'). Que todo el mundo sepa su significado actual no quiere decir que no merezca la pena saber por qué se ha llegado al mismo. Las palabras en cuestión es evidente que siguen envueltas en tabú, y sólo los 'sacrílegos' nos atrevemos a realizar esa peligrosa operación de tocar lo  sagrado, lo sacer (equivalente latino de la palabra polinesia 'tabú', sagrado, intocable), porque está tan lleno de ser, tan lleno de gracia, que tocar lo sagrado (lo que tiene tanta fuerza que no se puede olvidar, que es 'verdadero' -palabra que a su vez significa "lo que no se puede olvidar"-) es tan peligroso como tocar sin precaución (como sí hace el 'sacer-dote', el dotado de sacralidad) una torreta de alta tensión eléctrica: te puede matar.

           Me gusta utilizar el método de conocimiento racional (o lógico) y me gusta cumplir las leyes razonables, y por ello no me gusta el sentido restrictivo de los tabúes
(a los que hay que obedecer de forma ciega so pena de caer en la culpa señalada por el pecado). Prefiero la responsabilidad razonada. De ahí que el artículo que acompaña tenga un sentido desacralizador que entiendo que no sea del gusto de quienes prefieren entregarse al misterio en vez de intentar desentrañarlo. El misterio puede ser -y sin duda muchas veces lo es- hermoso, pero desentrañarlo no lo es menos. Aunque posiblemente más efímero, lo que hace comprensible que no todos tengan gusto por ellos. Optar por la muerte, aunque sea de un mito, no suele ser bien acogido. Lo comprendo y lo respeto, aunque no me guste. En realidad la razón no mata al mito, sino que lo simplifica transformándolo; porque la muerte en realidad es una parte de la vida, no la negación de la misma. La madre muere, pero su cría continúa la vida.

            El lastre machista que arrastra nuestro idioma (como casi todos) explica pues, según creo, que no pueda haber "genias", sino sólo "genios". Pienso que a much@s académic@s no les ha pasado aún el 'mal genio'.



Genaro Chic

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