La sumisa población desprecia la bisoñez de cualquier propuesta utópica

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La sumisa población desprecia la bisoñez de cualquier propuesta utópica

Mensaje  Genaro Chic el Lun Ene 09, 2012 12:12 pm

Por su interés traslado aquí la opinión recogida por Luis Carlos Nogués en su blog. Quiero resaltar la juventud de su autor (27 años) para dejar en evidencia que sí hay una juventud bien formada entre nosotros (fundamentalmente la que está entre 25 y 35 años) que, si se mueve, puede hacer que cambien mucho las cosas. Copio.

DESMONTANDO TÓPICOS: LAS UTOPÍAS

El concepto de ‘utopía’ ha ido adquiriendo a lo largo de los siglos un sentido peyorativo. Desde que, supuestamente, lo empleó por vez primera el londinense Thomas Moore, (voy a omitir la odiosa práctica de castellanizar nombres y apellidos), en su De Optimo Republicae Statu deque Nova Insula Utopia, hasta nuestros días, el término ha sufrido el vilipendio y el acoso y derribo de muchos ideólogos, teóricos e iluminados varios. Alto fue el precio que los denominados ‘utópicos’ tuvieron que pagar por soñar una sociedad idealizada y perfecta, y por intentar acercar esa fantástica visión al vulgo. Particularmente dañina para la imagen de una sociedad utópica fue la dura crítica desde el socialismo científico o marxismo y sus defensores, (o tal vez cabría decir fanáticos). Al socialista utópico Robert Owen lo descabezaron. El anarquista Bakunin y los suyos acabaron ‘a hostias’ con los autoritarios marxistas de la Internacional. Todo lo que oliera ligeramente a libertad o libre albedrío era inaceptable para unos socialistas científicos que menospreciaban la supuesta inocencia de las reflexiones de Saint Simon, Charles Fourier o del propio Robert Owen.

Pero la Historia sería testigo, algo más tarde, de la consideración casi generalizada del marxismo como una doctrina utópica, cuyos ensayos políticos han fracasado estrepitosamente. Con el tiempo, se fue usando la palabra ‘utopía’ para designar cualquier acontecimiento de imposible realización, incluido un régimen político comunista. El paraíso anarquista no correría, obviamente, mejor suerte.

Y es que en sociedades cada vez más pragmáticas y superficiales, (en el marco de una crisis de valores peor aún que la económica), todo aquello que huela a lejana ensoñación etérea e inasible es susceptible de enviar directamente a la cruz, sin juicio previo. La sumisa población desprecia la bisoñez de cualquier propuesta utópica, (ya con su significado negativo de imposible o ridículo), por muy elevada o ecuánime que sea. Los poderes fácticos han conseguido transmitir a su dócil rebaño el odio, (y el miedo), a una sociedad justa y equilibrada, haciendo que éste prefiera vivir en una jungla urbana donde prevalece la arcaica ley del más fuerte. La enfermedad, crónica ya, de las sociedades occidentales actuales, (que son las que nos tocan en suerte), puede mensurarse por la mayor o menor fobia a estos proyectos utópicos, sean de la índole que sean. Sociedades donde el desafortunado pensamiento de Thomas Hobbes, (inspirado en Tito Macio Plauto), se ha impuesto: Homo hominis lupus, (el hombre es un lobo para el hombre); donde triunfa el decimonónico pensamiento canovista, (La política es el arte de lo posible). El borrego alienado medio asume pues su lucha en solitario, instintiva, por su supervivencia y por la de su prole. Renuncia por completo a su humanidad, (entendida como la capacidad única del hombre de racionalizar), y se entrega por completo a las bajas pasiones y a los básicos instintos propios de los animales salvajes. Todo ello, instigado por unos gobernantes lacayos de los intereses económicos, a quienes no conviene la fraternidad y unión de los gobernados, esto es, la inmensa mayoría de la población.

Sin embargo, y como en todas las historias, siempre hay una contradicción. Imaginemos un mundo regido por la oferta y la demanda, donde los Estados han depositado toda la confianza en los empresarios o grupos empresariales que han hecho ingentes fortunas a lo largo de los años o siglos. En estos hombres, (o mujeres), descansa la responsabilidad de mantener y desarrollar el Estado de Bienestar, procurar el correcto funcionamiento de la sanidad, la educación, y demás servicios que antaño se entendían públicos, pero que un Estado cada vez más débil ha ido delegando en quienes manejan los retorcidos entresijos de la economía. La creación de empleo, por supuesto, depende única y exclusivamente de estos potentados, y debemos esperar que no sólo creen puestos de trabajo, sino que además sean fijos, bien dignos y bien remunerados. En resumen, mínima intervención estatal y máxima intervención privada. Máximo protagonismo en el devenir de las sociedades de unos empresarios que han hecho fortuna a base de aplastar y engullir a sus competidores. Vamos, que ni son hermanitas de la caridad, ni reparten caramelitos de limón. O sea, que el Estado delega nuestro futuro y nuestras obligaciones comunitarias en insaciables tiburones insolidarios … ¿no constituye esto una ingenuidad en sí mismo? ¿acaso no estamos imaginando una sociedad utópica? ¿no es el paraíso neoliberal una utopía semejante al comunista o al anarquista?

Obviamente, y a tenor de los resultados de los ensayos políticos neoliberales, sí que lo es. No obstante, el Estado neoliberal que se está imponiendo como modelo en toda Europa se libra de esta incómoda etiqueta que es la utopía. Los que mandan, (es decir, los que dejamos que manden), han hecho creer ‘a todo Cristo’ que su UTOPÍA sí es posible, aún a sabiendas que no lo es, pero al menos esta creencia conserva a buen recaudo sus patrimonios e intereses, que al fin y al cabo, es lo que cuenta para ellos.

Luis Carlos Nogués
http://lanuevahistoria.wordpress.com/2012/01/08/desmontando-topicos-las-utopias/

ADDENDUM: Aunque no es fácil, hay veces en que un vídeo de tres minutos consigue hacerle entendible a la ciudadanía cosas bastante complejas, sin simplificarlas o tergiversarlas y evitar así caer en la demagogia. El vídeo cuyo enlace os copio más abajo creo que consigue hacernos entender qué están haciendo los políticos con nosotros, incluidos los que dicen que no nos mienten:

http://www.vimeo.com/15248048

Genaro Chic

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La utopía del cristianismo

Mensaje  Genaro Chic el Lun Ene 30, 2012 1:59 pm

Decía Heráclito, en el siglo VI a.C., que “hay que saber que la guerra es común, y la regla es la disputa y que todo se produce por la discordia, y que así es necesariamente” (Fragm. 80 Diels). Desde que el hombre razona de modo autónomo ha estado claro que el progreso cultural ha estado ligado a la competencia y la guerra (los inventos se desarrollan en gran medida para ella) y a la deuda (que implica la esclavitud voluntaria a través del tiempo futuro del deudor, que se obliga a sí mismo a pagar) que hace posible la inversión en el presente hipotecando el futuro.

Creo que el carácter utópico del cristianismo queda manifiesto en una serie de frases evangélicas:

- “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37). [Contra la guerra]

- “Perdónanos nuestras deudas, como también perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). [Contra la sumisión por deudas, monetarias o no]

- “Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os preocupéis, diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿qué beberemos?" o "¿con qué nos vestiremos?" Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas” (Mateo 6: 25-34). [Contra la sumisión al trabajo]

Pese a su carácter evidentemente utópico, el mensaje se viene repitiendo desde hace 40 siglos. ¿Para qué sirve la utopía pues? Te recomiendo la ingeniosa respuesta de Eduardo Galeano:

http://www.youtube.com/watch?v=m-pgHlB8QdQ

Genaro Chic

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El enigma de la docilidad

Mensaje  Genaro Chic el Vie Jun 22, 2012 1:57 pm

La utopía anarquista ligada a la educación queda manifiesta en un trabajo de P. Gª O. (mirar nombre en el enlace, pues la página no me permite ponerlo entero) que, por su interés reflexivo, copio a continuación:

EL ENIGMA DE LA DOCILIDAD

Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia


Auschwitz no fue un resbalón de la Civilización, un paso en falso de Occidente, un extravío incomprensible de la Razón Moderna, una enfermedad por fin superada del Capitalismo, lacra de unos hombres y de unos años felizmente borrados de la Historia; sino una referencia que atraviesa el espesor del tiempo y mira hacia el futuro, que nos acompaña y casi nos guía, llevándose sospechosamente bien con el corazón y la sangre de nuestros regímenes democráticos. Auschwitz fue un signo de lo que cabe esperar de nuestra Cultura: el exterminio global de la Diferencia. Sobrevendrán (y de hecho ya se están dando) otras Persecuciones de la Alteridad, otros Aniquilamientos de la Discrepancia, otros Holocaustos, mientras nosotros, cada día más instalados en la conformidad y en la indistinción, individuos misteriosamente dóciles, cerraremos impasibles los ojos...

Considero que las democracias liberales avanzan, por caminos inéditos, hacia un modelo de sociedad y de gestión política que, a falta de un término mejor, denominaría neofascismo o fascismo de nuevo cuño. Esta formación socio-política venidera se caracterizaría, en lo exterior, por la beligerancia (afán de hegemonía universal); y, en lo interior, por una enigmática e inquietante docilidad de la población (letargo del criticismo y de la disidencia), circunstancia que haría casi innecesario el actual aparato de represión física al ejercer cada hombre, en suficiente medida, como un policía de sí mismo. Por compartir con los antiguos fascismos de Alemania e Italia estos dos rasgos -expansionismo exterior y ausencia de resistencia interna-, quizás esa sociedad de mañana, si no ya de hoy, confirme la incomodante intuición de P. Sloterdijk, para quien vivimos “en la eterna víspera de aquello que ya ha sucedido”. Víspera de un horror que recordamos y con el que probablemente acabaremos hermanándonos...

Quisiera subrayar la responsabilidad de la Escuela en este adocenamiento planetario del carácter; su implicación en la forja de la Subjetividad Única, una forma global de Conciencia -sustancialmente igual a sí misma a lo largo de los cinco continentes- replegada sobre el asentimiento mecánico y el pánico a diferir. Quisiera apuntar, contra el cotidiano trabajo homogeneizador de las Escuelas, los Hogares, los Empleos y los Gobiernos, una intempestiva defensa de la no-colaboración y de la Fuga, de la Existencia Irregular y de la Vida Nómada. Me gustaría abogar por el Peligro, ya que pronto no habrá nada en sí mismo más temible que el hecho de vivir a salvo.

P. Gª O. Conferencia celebrada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla el 28 de marzo de 2001.

NOTA MÍA: Entiendo que el enigma de la sumisión sólo se puede plantear desde una perspectiva ultraliberal individualista. En realidad no se trata más que el instinto de conservación, base de la cultura (que es la que hace posible leer en este medio, p. ej. La antigua anarquía comunitaria daba por sentado que para que exista la comunidad debe existir previamente la capacidad de obedecer los designios de la mayoría, que es la que debe tener el poder y no los jefes, que sólo deben tener autoridad (capacidad para convencer a la comunidad, siendo ésta la que toma sus decisiones). El equilibrio entre poder y autoridad se impone pues en un marco colectivo. El único en el que el ser humano puede vivir hoy por hoy.

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Más información sobre este interesante tema:

“El enigma de la docilidad” (artículo) puede leerse en el n.º 31 del periódico Pandora (Vitoria, enero de 2004). Constituye un pasaje del libro El enigma de la docilidad. Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la Disensión y de la Diferencia, publicado por Virus Editorial. Transcribimos el artículo en su totalidad:

Isaac Babel, corresponsal de guerra soviético, cronista de la campaña polaca desplegada por el Ejército Rojo en torno a 1920, contempla atónito las matanzas gratuitas llevadas a cabo en nombre de la Revolución. Cuarenta soldados polacos han sido detenidos. Los reclutas cosacos preguntan a Apanassenko, su general, qué hacen con los prisioneros, si pueden disparar contra ellos de una vez. Apanassenko, educado en el internacionalismo proletario y en la universalización de la Revolución, responde: “No malgastéis los cartuchos, matad con arma blanca; degollad a la enfermera, degollad a los polacos”. Babel se estremece y mira hacia otro lado. Esa noche escribirá en su diario algo que no será ajeno a su posterior encarcelación y a su fusilamiento acusado de actividades anti-soviéticas: “La forma en que llevamos la libertad es horrible”. Días después se repite la escena, pero ya sin necesidad de que los soldados cosacos pierdan el tiempo preguntando qué deben hacer a su general: degüellan a una veintena de polacos, mujeres y niños entre ellos, y les roban sus escasas pertenencias. A cierta distancia, Apanassenko, que se ha ahorrado la orden, los premia con un gesto de aprobación y de reconocimiento. Babel mira a los cosacos, sonrientes después de la matanza; los mira como se mira algo extraño, indescifrable, algo misterioso en su horror, algo terrible y, sobre todo, enigmático: “¿Qué hay detrás de sus rostros; qué enigma de la banalidad, de la insignificancia, de la docilidad?”, anota, al caer la tarde, en su Diario de 1920. Yo me pregunto lo mismo, me interrogo por este “enigma de la docilidad” que nos aboca, todos los días, a la infamia de una obediencia insensata y culpable. He mirado a mis ex-compañeros de trabajo, profesores, cosacos de la educación, como se mira algo extraño, indescifrable, algo misterioso en su horror (horror, por ejemplo, de haber suspendido al noventa por ciento de la clase; de haber firmado un “acta de evaluación”, con todo lo que eso significa: ¿cómo se puede firmar un “acta de evaluación”, aunque nos lo pida el Apanassenko de turno- “matad con arma blanca”?). Ante las pequeñas ‘unidades’ de profesores, avezadas en ese degüelle simbólico del “examen”, me he preguntado siempre lo mismo: “¿Qué hay detrás de sus rostros; qué enigma de la banalidad, de la insignificancia, de la docilidad?”. “Docilidad” también del resto de los funcionarios, de tantísimos estudiantes, de los trabajadores, de los pobres...

Recientemente, Daniel J. Goldhagen, en Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto, ha subrayado, de un modo intempestivo, la culpabilidad de la sociedad alemana en su conjunto ante la persecución y el exterminio de los judíos; ha remarcado la participación de los alemanes ‘corrientes’, afables padres de familia y buenos vecinos por lo demás, gentes completamente normales (como reza el título de un libro de Christopher R. Browning, que constata también la cooperación -de manera voluntaria, desprendida, ‘generosa’- de muchísimos alemanes “del montón” en la empresa nacional del Holocausto), en todo lo que desbrozó el camino a Auschwitz. Estos alemanes corrientes, lo mismo que los cosacos de Apanassenko, torturaron y mataron a sangre fría, sin que nadie los obligara a ello, sin necesitar ya el empujoncito de una ‘orden’, deliberadamente, en un gesto supremo, y horroroso, de docilidad -seguían, sin más, la moda de los tiempos, se dejaban llevar por las opiniones dominantes, calcaban los comportamientos en boga, se apegaban blandamente a lo establecido... No es ya, como solía decirse para disculpar su aquiescencia, que ‘cerraran los ojos’ o ‘miraran hacia otra parte’ -eso lo hizo, mientras pudo, Babel-: abrían los ojos de par en par, miraban fijamente a los judíos que tenían delante, y los asesinaban. Es un hecho ya demostrado, por Goldhagen, Browning y otros, que estos homicidas no simpatizaban necesariamente con la ideología nazi, no eran siempre funcionarios del Estado (policías, militares,...), no ‘cumplían órdenes’, no alegaban ‘obediencia debida’: eran alemanes corrientes, de todos los oficios, todas las edades y todas las categorías sociales, hombres de lo más normal, tan ‘corrientes’ y ‘normales’ como nosotros; gentes, eso sí, que tenían un rasgo en común, un rasgo que muchos de nosotros compartimos con ellos, que nos hermana a ellos en el consentimiento del horror e incluso en la cooperación con el horror: eran personas “dóciles”, misteriosa y espantosamente dóciles. Toda “docilidad” es potencialmente homicida...

Aquellos jóvenes que, en un movimiento incauto de su ‘obediencia’, se dejaron “reclutar” y no se negaron a realizar el Servicio Militar, cuando la ‘objeción’ estaba a su alcance, sabían, ya que no cabe presuponerles un idiotismo absoluto, que, al dar ese paso, al erigirse en “soldados”, en razón de su ‘docilidad’, podían verse en situación de disparar a matar (en cualquier ‘misión de paz’, por ejemplo), podían matar de hecho, convertirse en asesinos, qué importa si con la aprobación y el aplauso de un Estado. La “docilidad” mata con la conciencia tranquila y el beneplácito de las Instituciones. Goldhagen lo ha atestiguado para el caso del genocidio... En general, puede concluirse, parafraseando a Ciorán, que la ‘docilidad’ hace de los hombres unos “aspirantes taimados a la dignidad de monstruos”.

http://www.literatura.com/enigma.htm


Genaro Chic

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