El regreso a la caridad como medio de control social

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El regreso a la caridad como medio de control social

Mensaje  Genaro Chic el Miér Oct 16, 2013 6:52 pm

Si hay algo que diferencia bien el Antiguo Régimen del Nuevo es que la caridad fue sustituida por los derechos. La primera, caridad, es una palabra correspondiente al lenguaje emocional: Derivada del griego kharis (en latín gratia) implica que hay personas que tienen mayor calidad de ser, que tienen más gracia, y lo hacen patente derramándola sobre los que tienen menos, que de esta manera quedan agradecidos, o sea endeudados de gracia, hacia los que generosamente la derraman sobre ellos. Y todas las deudas, sean cualitativas como éstas o cuantitativas como las que pertenecen al ámbito del lenguaje racional, se entiende que hay que pagarlas. En este caso entrando de facto en las clientelas de los poderosos.

Hoy el dinero es deuda, pues se genera fundamentalmente en el seno de unos bancos que lo prestan sin tenerlo realmente [porque la gente cree que sí lo tienen, como la gracia] con objeto de entregarlo a quienes lo soliciten y crean que lo pueden devolver, en el mejor de los casos. Cuanto más dinero se cree, mayor será la deuda puesta en circulación y mayor la dependencia creada por los que la adquieren. En esto no hay diferencia entre el lenguaje emocional de la gracia y el racional del dinero.


De hecho entiendo que la diferencia entre el Viejo y el Nuevo Régimen es más de formas que de fondo. El nuevo fue patrocinado por las nuevas élites que fueron desarrollándose a medida que el dinero fue haciéndose más abundante conforme aumentaban las cantidades de plata en circulación en la época que hemos dado en llamar Renacimiento, cuando la usura dejaba de ser paulatinamente una actividad de los malditos judíos desclasados para convertirse en una actividad cada vez más prestigiosa. Sobre todo desde el momento en que el dinero comenzó a circular regularmente sin necesidad de recurrir a la moneda metálica, como pasaba antaño. Bastaban los apuntes contables, tan corrientes hoy día, cuando el dinero ha pasado a ser tan intangible como lo era la gracia de los señores de la nobleza.

Una nobleza que hacía manifestación de su grandeza cuando recurría a la caridad (limosna) en caso de alegría por celebraciones de los poderosos o de penuria extrema de los inferiores. La gente entendía que, como en la Naturaleza siempre sucede, había una jerarquía o principio sagrado (que es lo que su nombre significa) que hacía que los poderosos fuesen superiores por principio. Y resultaba muy difícil para los que habían llegado a ser poderosos por su dinero pero no por sus títulos tradicionales de nobleza cambiar las mentes de las gentes. Hubo por ello que recurrir a difundir, al ritmo del desarrollo de la razón (el papel de la imprenta fue fenomenal para ello), nuevas teorías de vida que cambiaran el sentido del poder y la soberanía. La soberanía había que hacerla reposar en el pueblo, el cual, situado en un plano teórico de igualdad racional, elegiría a sus jefes y no al contrario. Había que implantar la democracia para que el poder de las nuevas clases poderosas emergentes pudiese resaltar y les permitiese ofrecerse como los defensores de un nuevo orden en el que la caridad de los poderosos habría de ser sustituida por los derechos sociales de los miembros del pueblo soberano.

El estado de bienestar, en el nuevo planteamiento, pasaba a ser un derecho y no una concesión momentánea de los poderosos (civiles, militares o religiosos).
Sería en adelante el Estado democrático el que atendiese a cubrir las necesidades básicas de seguridad jurídica, alimentación básica y sanidad de la población trabajadora.

Desde hace un par de siglos la victoria de la nueva clase racionalista, ligada a la industrialización, se fue haciendo cada vez más arrolladora, como lo manifiestan las distintas constituciones que regulaban o suprimían el poder de los sistemas nobiliarios anteriores. En Europa el siglo XX supuso el triunfo pleno de tales planteamientos, salvo en el caso de la Iglesia Católica, que quedó como reservorio, en cierto modo, de las viejas ideas con su corte vaticana.

Pero la naturaleza de los seres humanos no había cambiado, de forma que, en cuanto le fue posible, la nueva clase poderosa dominadora del dinero se fue cerrando en sí misma y haciendo que las clases medias –elemento fundamental en la época de la transición de un Régimen al otro- fuesen adelgazándose y recreándose el profundo foso que antaño separaba a los poderosos de los humildes. En esas estamos, y por ello vemos que la democracia se va convirtiendo de forma acelerada en unas simple cáscara vacía que cada vez constriñe menos a las élites del dinero y a sus representantes políticos.

Una prueba que entiendo sintomática de ello es la rapidez con la que se están reproduciéndose, a través de la televisión, los programas en los que se obvia el tema de la justicia social para recurrir progresivamente a la llamada a la caridad para solventar problemas concretos. Se está volviendo a dar peces en lugar de enseñar a pescar.
Me refiero a programas como Esto tiene arreglo, de la televisión andaluza (en manos de la izquierda), que está teniendo un gran éxito de público en un momento en que la gente, poco formada, prefiere más que nunca que le den las cosas (panem et circenses) en vez de luchar por ellas. Tanto éxito que este programa tan barato ha sido importado por la televisión española (en manos de la derecha de la misma cosa o régimen) bajo el título de Entre todos, fichando incluso a la "fraila" benéfica que lo dirigía en el Canal Sur.

Si alguien aún no cree que la historia se repite, aunque a otro nivel como pasa en las espirales, no tiene más que echar una ojeada a su alrededor y ver cómo hemos vuelto, con luz eléctrica y aspirinas, a situaciones de fondo que nunca en realidad habían desaparecido pero que nos habían permitido soñar con que así fuera.

Y lo curioso es que mientras esto es evidente, vemos a la Iglesia Católica, dirigida por vez primera por un papa jesuita, echar mano de la teología de la liberación –y su interés por la justicia social- aunque no se confiese abiertamente. rompiendo con su tradición. Los gérmenes antiguos parecen rebrotar apareciendo como nuevos en la institución más tradicional de Occidente.
Es algo a lo que también nos tiene acostumbrados la historia: a que la luz se haga notar desde los estratos más olvidados para representar una vida nueva.  Avanzar en espiral conlleva que progreso y regreso se confundan, pues siempre se va hacia atrás a medida que se avanza. La Historia es una Ciencia del Caos. Es por ello por lo que hice esa construcción teórica del sistema estructural de horizontes mentales integrados de la que vengo hablando, que nos recuerda al mundo de los fractales.

Genaro Chic

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la caridad

Mensaje  jorge bs el Sáb Oct 19, 2013 12:23 pm

Comentario al vuelo sobre idea que he tenido pero no he desarrollado

Para mi, la caridad no es sino un primitivo recurso para redistribuir los excedentes. Nadie da lo que no tiene o tiene en cantidad limitada. Quien hace caridad lo hace por su propia salvación, no por la salvación del otro ni por justicia.La caridad es fundamental en las religiones del libro y su signifiado seguramente fue recogido a partir de costumbres anteriores.

Fue más importante en el ANTIGUO RÉGIMEN (gobiernos amparados por la gracia de dios) porque el nuevo, a partir de la revolución francesa (NUEVO RÉGIMEN, gobienro de la sociedad civil), pienso que la caridad se convirtió en solidaridad. A esta la llamo simplemente CARIDAD LAICA. Actualmente ha sido adoptada y adaptada a través de las ONG, como una unidad vinculada a las empresas cuyos excedentes en forma de impuestos en lugar de ir a las arcas del estado o de la iglesia, son recursos controlados por los bancos y empresas en su beneficio más que en beneficio de los necesitados. La publicidad que supone la actividad de una ONG y la construcción de una imagen (MARCA) interesa en alto grado a las empresas.

Durante el siglo XIX y principios del XX la caridad adquirió forma en las Sociedades de Beneficiencia (la lotería resultó un invento eficiente), también gestionadas por la iglesia y/o los grupos de sus devotos. Asi se construyeron algunas viviendas y se desarrollaron actividades de "ayuda humanitaria"

Actualmente, se promociona la sociedad de los consumidores, no de los ciudadanos y, como algunos aunque sean pocos no pueden serlo ni en niveles mínimos, se los apoya con subvenciones entregadas por ejemplo a CARITAS para convertirlas en caridad en especies o en alimentos. No en metálico. Así es como quines carecen de recursos reclaman su derecho a la vivienda y a la obtención de servicios porque se consideran los beneficiarios de la BENEFICIENCIA, o sea de la caridad. En este sentido, se ha dado la vuelta nuevamente al círculo para llegar al punto de partida: la caridad en diferentes manifestaciones.

Como se ve, recursos de redistribución de exedentes que adquieren diferente expresión según su origen (religioso, laico, empresarial o laico), según su magnitud (el estado no hace caridad), sus caracteristicas (especies, alimentos, ropa, dinero, servicios) y su tiempo (las sociedades de beneficiencia ya no se llevan, se llevan las ONG)

jorge bs
Invitado


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