¿Poner todos los días de fiesta los lunes para suprimir puentes?

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¿Poner todos los días de fiesta los lunes para suprimir puentes?

Mensaje  Genaro Chic el Mar Dic 06, 2011 12:04 pm

En la Naturaleza el tiempo es cíclico, o sea circular, no teniendo un principio ni un fin concreto, como sí lo tiene el racional, que es rectilíneo. Todo el mundo sabe que después del otoño viene el invierno y que la duración desigual de los días vuelve a crecer de nuevo sin solución de continuidad respecto a la estación anterior.

La Naturaleza es pues lo sagrado, o sea aquello cuya realidad se siente más que se razona. Por ello, el día de la Natividad o nacimiento del Sol es algo que se renueva, como toda la Naturaleza, periódicamente, predominando la idea de “regreso” sobre la de “progreso”. Por tanto su fiesta (ruptura de la monotonía del tiempo siempre igual) no se conmemora sino que se revive en el plano religioso. Es algo así como cuando Jesús de Nazaret dice que el consumo orgiástico de su carne y su sangre vuelve a tener la misma efectividad de la primera vez cada vez que se realiza en la unión común (comunión): no es un recuerdo en el sentido nuestro habitual, sino una renovación. Mircea Eliade, en su Lo sagrado y lo profano, supo entender muy bien esta manera de sentir –que no razonar- la realidad.

Se ha comentado con anterioridad cómo la cultura, en cuanto lucha con el orden natural normal de la vida, o sea contra lo sagrado, es profana (está fuera del fanum o espacio-tiempo sagrado). Y que el principal elemento de transformación de la Naturaleza, aquello que lo desacraliza, es el trabajo. Por él se hizo posible, por ejemplo, la agricultura, que permite ampliar el tiempo relativo de la vida del individuo humano (no el de la especie).

Por tanto la fiesta, en cuanto celebración de la sacralidad de la Naturaleza, es lo contrario del trabajo, como bien supo ven George Bataille (El erotismo). Nosotros, con nuestro racionalismo que sustituye a la religión, entendemos hoy la fiesta como el día en que tenemos derecho a descansar. En el mundo religioso, sin embargo, la ausencia de trabajo no es un derecho, sino una obligación, pues el trabajo (o esfuerzo regular condicionado) es un insulto a la Naturaleza.

Tal vez por eso a los mayores, que ya no tenemos las mismas fuerzas para trabajar, se nos concede la jubilación: el júbilo de no trabajar y poder vivir continuamente en la fiesta. Que para eso nos queda poco tiempo que estar en la vida.

Feliz Navidad te desea este jubilado. Ojalá que también tú puedas vivir un sagrado tiempo de Navidad.

NOTA: Vuelvo a retomar este texto que algunos conocerán porque creo que es necesario volver sobre el tema en momentos como éste en que el racionalismo (económico en este caso) quiere acabar con la sacralidad de la fiesta como opuesta al trabajo, que es la virtud cultural por excelencia (por eso el progreso técnico, en vez de disminuirla, ha aumentado la necesidad de trabajar y endeudarse, o sea esclavizarse). Antes la fiesta era intocable por ser sagrada; si se desacraliza es más fácil primero desplazarla y luego hacerla desaparecer.

Es evidente que desde el punto de vista racional todas las personas son iguales, como lo son los días. Pero hay también unas personas a las que se les siente con más fuerza que a otras, o sea de una manera especial, y por eso son sagradas para nosotros. Lo mismo pasa en todos los órdenes de la vida. Si no te lo crees, mira este precioso video:

http://www.youtube.com/watch?v=Orv0nbXLZyc&feature=youtu.be


Genaro Chic

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