La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

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La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mayo 08, 2011 1:11 pm

Ser pobre no tiene mérito por sí mimo. La idea de que el rico es malo y el pobre es bueno es tan absurda como la contraria. Lo que sí tiene mérito es hacer de necesidad virtud o renunciar al disfrute personal exclusivo de la riqueza aunque no por ello se renuncie a ser rico. Al fin y al cabo esa es la postura que sostienen hoy los partidarios del decrecimiento económico como medio de salvar la vida humana en el planeta Tierra ( http://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento ).

Sólo el rico que renuncia al uso privado de su riqueza (no a ser rico necesariamente) poniéndola –como una gracia- al servicio de los demás desde su superioridad relativa puede sentirse realmente feliz, pues sabe que puede disfrutarla directamente cuando quiera pero no lo hace porque se realiza así (entregando) a través de los demás. Es la pobreza virtuosa, a la que Aristóteles (sin llamarla así) alude al decir que el hombre liberal ha de prestar, pero sin intereses materiales tangibles, simplemente por ofrecer un servicio comunitario: “lo propio de la liberación es, más bien, el dar cuando es preciso que el recibir cuando es preciso, y el no recibir cuando no procede. … Los hombres que con razón pueden llamarse generosos son los que dan; los que no aceptan lo que se les ofrece no son alabados por su liberalidad, aunque puedan serlo por su justicia. Los que reciben los donativos que se les hacen no merecen absolutamente ninguna alabanza. La liberalidad es quizá de todas las virtudes, la que más se hace amar, porque los que la poseen son útiles a sus semejantes, y lo son, sobre todo, los que hacen donaciones. ... Así, el hombre liberal y generoso dará porque es bello dar; y dará convenientemente, es decir, a los que debe dar, lo que debe dar, cuando debe dar, y con todas las demás condiciones que constituyen una donación bien hecha. … Cuando se da a quien no debe darse, o cuando no se da siendo bueno dar, y se hace un donativo por cualquier otro motivo no es uno realmente generoso, y debe dársele otro nombre, cualquiera que él sea.” (Ét. Nic., 4, 1). Siglos después veremos estas recomendaciones en los autores de los Evangelios, introduciéndoles un matiz de contabilidad del más allá propio de una religión salvadora que no plantea Aristóteles: “cuando hagas dádivas de misericordia, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tus dádivas de misericordia sean en secreto; entonces tu Padre que mira en secreto te lo pagará.” (Mateo 6: 2-4).

La virtud de la castidad ha de ir en la misma línea para que no se convierta en una simple regla represiva de un determinado poder. Igual que en el caso de la riqueza, no se trata de rehuir el sexo, sino de su renuncia a usarlo siempre que ello pueda representar una falta de respeto a una persona en particular o a un sistema de relaciones en general. El amor no se irrita (Pablo, 1 Corintios 13.5) por la renuncia voluntaria al sexo si se entiende que éste puede resultar dañino; de la misma manera que es hermoso practicarlo con la persona amada en un marco de libertad de conciencia. En cualquier el sexo virtual (el que en cualquier momento se puede usar pero también puede no usarse) puede generar más placer aún que el simple orgasmo físico, como vemos en las experiencias místicas, que no necesariamente han de ser religiosas. Lo que desde luego no parece tener sentido es renunciar sin más al sexo, que es una apetencia natural, si no es por una necesidad virtuosa, o sea por amor. Si es posible entregarse a él en un acto de amor, de entrega total, entonces realmente se puede decir que se está haciendo el amor, como culminación de una entrega total y no sólo para obtener el placer.

Y esto con o sin contrato matrimonial por medio, pues el matrimonio (como hecho cultural que él, de constitución de una sociedad basada en la privatización de las relaciones sexuales) no se basa en el amor, sino en la piedad, la pietas de los romanos (respeto y apoyo de las partes contratantes entre sí). Este matrimonio puede ser lo mismo un marco virtuoso para el amor como la jaula que lo ahoga. Tanto que puede resultar insoportable si no existe el mínimo amor en su seno. Sólo el perjuicio que puede provocar a los hijos o a otros seres queridos suele justificar en este caso su mantenimiento de cara a la sociedad.

A diferencia de la economía de mercado, que se basa en la competencia sobre principios racionales, egoístas, la economía de prestigio, como supo apreciar Aristóteles (y que si no lo vemos es porque no nos interesa, y no porque no sea claro al respecto) se basa en el sentimiento del amor común, siendo el mercado respecto a ella un subordinado, como bien apreciaba Cicerón (Sobre los oficios, 1, 150-151). Por supuesto, si esa base de entrega falla, se puede convertir en algo odioso, hasta el punto de encontrar en las limitaciones del mercado una salida a los abusos de confianza que se pueden dar en su marco. Al menos en principio en éste otro sistema las deudas no son eternas. Tal vez por eso podamos concluir con una nueva cita de Aristóteles (Ética a Nicómaco, II, 6, 44-45):

“Ninguno de estos sentimientos opuestos son buenos. Pero saber ponerlos a prueba como conviene, según las circunstancias, según las cosas, según las personas, según la causa, y saber conservar en ellas la verdadera medida, esto es el medio, esta es la perfección que sólo se encuentra en la virtud”.

No me gusta la gente obediente, pero sí la entregada al servicio de los demás.


Última edición por Genaro Chic el Dom Jun 05, 2011 3:28 pm, editado 1 vez

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Re: La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

Mensaje  FabiánPP el Mar Mayo 10, 2011 3:10 am

Hasta la generosidad parece tener sus reglas, sus límites que dibujan donde puede estar el regalo sentido, el detalle acertado, el presente desmedido e incluso hasta un sutil menosprecio. Muchas veces he leído en este foro el modo en cómo en nuestro sistema capitalista de intercambio mercantilista, se conservan trazas de mercado de prestigio, cuyo intercambio se mide por otras cuestiones que no son estrictamente cuantificables, sino valoradas emocional o cualitativamente. Pero ¿existe también a la inversa? ¿Hay algún sistema de cuantificación en la economía de prestigio?

Apunta don Genaro Chic la cita de Aristóteles: “Así, el hombre liberal y generoso dará porque es bello dar; y dará convenientemente, es decir, a los que debe dar, lo que debe dar, cuando debe dar, y con todas las demás condiciones que constituyen una donación bien hecha… Cuando se da a quien no debe darse, o cuando no se da siendo bueno dar, y se hace un donativo por cualquier otro motivo no es uno realmente generoso, y debe dársele otro nombre, cualquiera que él sea.” (Ét. Nic., 4, 1). Luego la generosidad tiene medida, y fuera de ella es entonces des-medida. Quizás la medida provenga de la dirección de la generosidad: del rico al pobre. Pero en las sociedades igualitarias las diferencias no se identifican en cuánto, sino en cuáles… y también parece haber medidas. Transcribo de Marvin Harris:
“como descubrió Robert Dentan en sus trabajos de campo entre los semais de Malasia central, nadie da jamás las gracias por la carne recibida de otro cazador (…) Dentan explica que expresar agradecimiento por la ración recibida indica que se es el tipo de persona mezquina que calcula lo que da y lo que recibe. En este contexto resulta ofensivo dar las gracias, pues se da a entender que se ha calculado el valor de lo recibido y que, por añadidura, no se esperaba del donante tanta generosidad. (…). Richard Lee nos cuenta (un revelador incidente que a él mismo le ocurrió al querer complacer a los ¡kung pues) quiso comprar un buey de gran tamaño y sacrificarlo como presente. Después de pasar varios días buscando por las aldeas rurales bantúes (…) adquirió uno que le parecía un espécimen perfecto. Pero sus amigos les llevaron aparte y le aseguraron que se había dejado engañar al comprar un animal sin valor alguno. le dijeron. Pero cuando sacrificaron la res de Lee, resultó estar recubierta de una gruesa capa de grasa. Más tarde sus amigos le explicaron la razón por la cual habían manifestado menosprecio pos su regalo, aún cuando sabían mejor que él que había bajo el pellejo del animal:
.”
" (Jefes, Cabecillas y Abusones. Alianza Cien. pp. 7-9).
El amor común de las partes es el que asegura acertar en la medida, quedando a este criterio subordinado el mercado, como apunta el profesor Genaro.

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Re: La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

Mensaje  FabiánPP el Mar Mayo 10, 2011 3:24 am

Lo que más tarde sus amigos le explicaron a Lee, y que era la razón por la cual habían manifestado menosprecio pos su regalo, aún cuando sabían mejor que él que había bajo el pellejo del animal, era:

Sí, cuando un hombre joven sacrifica mucha carne llega a creerse un gran jefe o gran hombre, y se imagina al resto de nosotros como servidores o inferiores suyos. No podemos aceptar esto, rechazamos al que alardea, pues algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. Por esto siempre decimos que su carne no vale nada. De esta manera atemperamos su corazón y hacemos de él un hombre pacífico.”
Marvin Harris. Jefes, Cabecillas, Abusones. Alianza Cien. p.9.

Será entonces el amor común de las partes el que asegura acertar en la medida, quedando a este criterio subordinado el mercado, como apunta el profesor Genaro.

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Re: La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

Mensaje  Genaro Chic el Mar Mayo 10, 2011 7:16 pm

Pregunta, con buen criterio, Fabián si hay algún sistema de cuantificación en la economía de prestigio. Creo que sí, aunque hasta hace poco no he tenido las ideas claras al respecto. Creo que hasta ahora lo había planteado mal siguiendo la tendencia general.

Según esta tendencia se ha venido sosteniendo de una forma bastante clara que "La investigación cuantitativa es aquella en la que se recogen y analizan datos cuantitativos sobre variables. La investigación cualitativa evita la cuantificación. (...) La investigación cualitativa trata de identificar la naturaleza profunda de las realidades, su sistema de relaciones, su estructura dinámica. La investigación cuantitativa trata de determinar la fuerza de asociación o correlación entre variables, la generalización y objetivación de los resultados a través de una muestra para hacer inferencia a una población de la cual toda muestra procede. Tras el estudio de la asociación o correlación pretende, a su vez, hacer inferencia causal que explique por qué las cosas suceden o no de una forma determinada".

Así lo expresan de forma muy sucinta S. Fernández Pita y S. Pértegas Díaz en “Investigación cuantitativa y cualitativa”, Cad. Aten. Primaria, 9, 2002, p 76 [pp. 76-78].

Pero ante una reflexión coincidente con la de Fabián, relativa al versus que establecí entre lo que llamé economía de prestigio en relación con la que denominé de mercado, creo ahora que hay que plantearlo de otro modo. Es así que pienso ahora que hay una cuantificación racional y otra emocional, como plantea Fabián. Así, si lo aplicamos a la cuantificación por ejemplo del tiempo, vemos que existe una racional (la hora, p.ej.) y otra emocional (rato, p. ej.), y es evidente que todos vivimos con las dos a la vez. Lo que las diferencia es la precisión. El tiempo emocional, como yo mismo expuse en El comercio y el Mediterráneo en la Antigüedad, p. 28, es finito (termina), pero consta a la vez de límites imprecisos (lo contrario que el racional. (Puede verse este libro, si se desea, en http://books.google.es/books?id=eTjYP6Bf_XQC&printsec=frontcover&dq=El+comercio+y+el+Mediterr%C3%A1neo+en+la+Antig%C3%BCedad&source=bl&ots=yEVQPeFjag&sig=2qApb8qLmjwmo_X7NKbqKRSiUb0&hl=es&ei=zJpjTMqwLcmj4Qai4_nNCg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CBgQ6AEwADgK#v=onepage&q=El%20comercio%20y%20el%20Mediterr%C3%A1neo%20en%20la%20Antig%C3%BCedad&f=false ).

Por consiguiente, más preciso que hablar de economía de prestigio y economía de mercado (impersonal) pienso que podría ser, por ejemplo, hablar de Mercados emocionales (cuyo elemento de cambio es la gracia) y Mercados racionales (basados en algo objetivo como la moneda).

Le agradezco a Fabián su comentario.

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Re: La virtud de la pobreza, el sexo, el amor y la economía de prestigio

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