David (China) contra Goliat (EEUU). La guerra de Libia

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David (China) contra Goliat (EEUU). La guerra de Libia

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Abr 30, 2011 2:35 pm

"Una cosa que hay que mostrar…. Es que la demonización no cae del cielo. Es difundida por medios que toman partido, a menudo sin decirlo. Sin embargo, es la primera pregunta que debería hacerse en una guerra ¿me han dejado escuchar a la otra parte?

¿Por qué en Europa y en EE UU los medios están todos de acuerdo sobre Gadafi? Y ¿por qué en América latina, en África, en Rusia, se denuncia por el contrario una nueva cruzada imperialista? ¿Se equivocan todos estos? ¿Son los occidentales los que saben mejor todo lo que pasa? ¿O es más bien que cada cual está influenciado por sus medios? Entonces ¿debemos seguir ciegamente a nuestros medios, o contrastarlos?

Estamos siendo abundantemente saturados sobre los aspectos negativos de Gadafi. Pero ¿se nos ha informado de sus aspectos positivos? ¿Quién nos ha informado de su ayuda a los proyectos de desarrollo africano? ¿Quién nos ha dicho que Libia conoce, según las instituciones internacionales, el más alto ‘índice de desarrollo humano’ de toda África, muy lejos de los favoritos del Oeste como Egipto o Túnez? Esperanza de vida, 74 años; analfabetismo reducido al 5%; presupuesto en educación, el 2% del PIB y el de defensa, el 1,1%."

Estas palabras están tomadas de un interesante análisis realizado por un especialista en estos temas internacionales como es Michel Collon, cuya traducción acompaña a este mensaje. Es algo largo, aunque merece la pena. Quien no se conforme con la "información" ofrecida por los medios oficiales financiero-políticos para saber en qué mundo vive y qué se le tiene preparado debe leer y confrontar. Los animales de granja sólo tienen una salida: el matadero.


[justify]Sobre la intervención contra Libia, para comprenderla
4 artículos de Michel Collon

Fuente:
http://www.ciaramc.org/ciar/boletines/cr_bol361.htm

1ª Parte: Preguntas que hay que plantearse en cada guerra
2ª Parte: Los verdaderos objetivos de EE UU van mucho más allá que el petróleo
3ª Parte: Pistas para actuar

Cinco advertencias sobre la intervención contra Libia

1ª Parte: Preguntas que hay que plantearse en cada guerra
Michel Collon
9 abril 2011

27 veces. Veintisiete veces ha bombardeado EE UU algún país desde 1945. Y cada vez se nos ha afirmado que estos actos de guerra eran “justos” y “humanitarios”. Hoy se nos dice que esta guerra es distinta a las precedentes. Lo mismo que se dijo de la anterior. Y de la anterior. Y de cada vez. ¿No es hora ya de poner negro sobre blanco las preguntas que hay que plantearse en cada guerra para no dejarse manipular?

Para la guerra ¿hay siempre dinero?

En el país más poderosos del globo, 45 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza. En EE UU, escuelas y servicios públicos se caen porque el Estado “no tiene dinero”. Así también en Europa, “no hay dinero” para las pensiones o para la promoción del empleo..

Pero cuando la avaricia de los banqueros provoca la crisis financiera, entonces, en cuestión de días, aparecen miles de millones para salvarlos. Esto ha permitido a los banqueros de EE UU repartir el año pasado 140 mil millones de dólares de beneficios y bonos a sus accionistas y especuladores.

También para la guerra parece fácil encontrar miles de millones. Ahora bien, son nuestros impuestos los que pagan estas armas y estas destrucciones. ¿Es razonable convertir en humo cientos de miles de euros en cada misil o despilfarrar cincuenta mil euros por hora de un portaviones? ¿O es porque la guerra es un buen negocio para algunos?

Al mismo tiempo un niño se muere de hambre cada cinco segundos y el número de pobres no cesa de aumentar en nuestro planeta a pesar de tantas promesas.

¿Qué diferencia hay entre un libio, un bahreiní y un palestino?

Presidentes, ministros, generales, todos juran solemnemente que su objetivo es únicamente salvar a los libios. Pero al mismo tiempo, ¡el sultán de Bahréin aplasta a los manifestantes desarmados gracias a los dos mil soldados saudíes enviados por EE UU! Al mismo tiempo, en Yemen, las tropas del dictador Saleh, aliado de EE UU, matan a 52 manifestantes con sus metralletas. Estos hechos nadie los pone en duda, pero el ministro de EE UU para la guerra, Robert Gates, acaba de declarar: “No creo que sea mi papel intervenir en los asuntos internos de Yemen”[1].

¿Por qué estas dos varas de medir? ¿Por qué Saleh acoge dócilmente la 5ª Flota USA y dice sí a todo lo que le ordena Washington? ¿Porque el régimen bárbaro de Arabia saudita es cómplice de las multinacionales petroleras? ¿Habrá “buenos dictadores” y “malos dictadores”? ¿Cómo EE UU y Francia pueden pretenderse “humanitarios”? Cuando Israel mató a dos mil civiles en los bombardeos sobre Gaza ¿declararon una zona de exclusión aérea? No. ¿Decretaron alguna sanción? Ninguna. Aun peor, Solana, entonces responsable de Asuntos exteriores de la UE declaró en Jerusalén: “Israel es un miembro de la UE sin ser miembro de sus instituciones. Israel es parte activa en todos los programas” de investigación y de tecnología de la Europa de los 27. Añadiendo aun: “Ningún país fuera del continente tiene el mismo tipo de relaciones que Israel con la Unión Europea”. En este punto, Solana tiene razón: Europa y sus fabricantes de armas colaboran estrechamente con Israel en la fabricación de drones, misiles y otros armamentos que siembra la muerte en Gaza.

Recordemos que Israel que expulsó a 700 mil palestinos de sus aldeas en 1948, se niega a devolverles sus derechos y continúa cometiendo innumerables crímenes de guerra. Bajo esta ocupación, 20% de la población palestina actual está o ha pasado por las cáceles israelíes. Mujeres encinta han sido obligadas a dar a luz atadas a la cama y reenviadas inmediatamente a sus celdas con sus bebés. Esos crímenes se comenten con la complicidad de EE UU y la UE.

¿La vida de un palestino o de un bahreiní vale menos que le de un libio? ¿Hay árabes “buenos” y árabes “malos”?

Para los que aún creen en la guerra humanitaria…

En un debate televisado que tuve con Louis Michel, antiguo ministro belga de Asuntos exteriores y comisario europeo para la Cooperación al desarrollo, éste me juró, con la mano en el pecho, que esta guerra pretendía “poner de acuerdo las conciencias de Europa”. Estaba apoyado por Isabelle Durant, dirigente de los Verdes belgas y europeos. ¡Así es como los ecologistas “peace and love” mutaron en belicistas!

El problema es que cada vez nos hablan de guerra humanitaria y que gente de izquierdas como Durant se dejan atrapar cada vez. ¿No harían mejor en leer lo que piensan los verdaderos dirigentes de EE UU en vez de mirar y escuchar la tele? Oigan, por ejemplo, a propósito de los bombardeos contra Iraq, al célebre Alan Greenspan, durante mucho tiempo director de la Reserva federal de EE UU. Escribe en sus memorias: “Me siento triste cuando veo que es políticamente incorrecto reconocer lo que todo el mundo sabe: la guerra en Iraq fue exclusivamente por el petróleo”[2] . Y añade: “Los oficiales de la Casa Blanca me respondieron: ’pues efectivamente, por desgracia no podemos hablar de petróleo’” [3].

Escuchen, a propósito de los bombardeos sobre Yugoslavia, a John Norris, director de comunicaciones de Strobe Talbot que por entonces era viceministro de EE UU de Asuntos exteriores encargado para los Balcanes. Norris escribe en sus memorias: “Lo que mejor explica la guerra de la OTAN es que Yugoslavia se resistía a las grandes tendencias de reformas políticas y económicas (quiere decir: se negaba a abandonar el socialismo), y ese no era nuestro compromiso para con los albaneses de Kosovo” [4].

Escuchen, a propósito de los bombardeos contra Afganistán, lo que decía el antiguo ministro de Asuntos exteriores, Henri Kissinger: “Hay tendencias, sostenidas por China y por Japón, para crear una zona de libre cambio en Asia. Un bloque asiático hostil, que combine a las naciones más pobladas del mundo con grandes recursos y algunos de los países industriales más importantes, sería incompatible con el interés nacional americano. Por estas razones América debe mantener su presencia en Asia…” [5]

Lo que venía a confirmar la estrategia avanzada por Zbigniew Brzezinski, que fue responsable de la política exterior con Carter y es el inspirador de Obama: “Eurasia (Europa+Asia) es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global. (…) La manera como EE UU ‘maneja’ Eurasia es de una importancia crucial. El mayor continente de la superficie del globo es también su eje geopolítico. La potencia que lo controle, controlará de hecho dos de las tres grandes regiones más desarrolladas y más productivas: el 75% de la población mundial, la mayor parte de las riquezas físicas, bajo forma de empresas o de yacimientos de materias primas, un 60% del total mundial” [6].

¿Nada se ha aprendido en las izquierdas de las falsimedias humanitarias de las guerras precedentes? Cuando Obama mismo lo dice ¿tampoco le creéis? Este mismo 28 de marzo Obama justificaba así la guerra de Libia: “Conscientes de los riesgos y de los gastos de la actividad militar, somos naturalmente reticentes a emplear la fuerza para resolver los numerosos desafíos del mundo. Pero cuando nuestros intereses y valores están en juego, tenemos la responsabilidad de actuar. Vistos los costes y riesgos de la intervención, tenemos que calcular cada vez nuestros intereses ante la necesidad de una acción. América tiene un gran interés estratégico en impedir que Gadafi derrote a los que se le oponen”. ¿No está claro? Entonces algunos van y dicen: “Sí, es verdad, EE UU no reacciona si no ve en ello su interés. Pero al menos, ya que no puede intervenir en todos los sitios, habrá salvado a aquella gente”. Falso. Vamos a demostrar que son únicamente sus intereses los que busca defender. No los valores. En primer lugar, cada guerra de EE UU produce más víctimas que las que había antes (un millón en Iraq, directas o indirectas). La intervención en Libia, se prepara para producir más…

¿Quién se niega a negociar?

Desde el momento en que os planteáis una duda sobre la oportunidad de esta guerra contra Libia, inmediatamente se os culpabiliza: “¿entonces rechazáis salvar a los libios de la masacre?” Asunto mal planteado. Supongamos que todo lo que se nos ha contado fuera verdad. En primer lugar ¿se puede parar una masacre con otra masacre? Ya sabemos que nuestros ejércitos al bombardear van a matar a muchos civiles inocentes. Incluso si, como a cada guerra, los generales nos prometen que va a ser “limpia”; ya estamos acostumbrados a esa propaganda. En segundo lugar, hay un medio mucho más sencillo y eficaz de salvar vidas rápidamente. Todos los países de América latina propusieron enviar inmediatamente una mediación presidida por Lula. La Liga árabe y la Unión africana apoyaban esta gestión y Gadafi la había aceptado (proponiendo él también que se enviasen observadores internacionales para verificar el alto el fuego). Pero los insurgentes libios y los occidentales rechazaron esta mediación. ¿Por qué? “Porque Gadafi no es de fiar”, dicen. Es posible. ¿Y los insurgentes y sus protectores occidentales son siempre de fiar? A propósito de EE UU, conviene recordar cómo se comportaron en todas la guerras anteriores cada vez que un alto el fuego era posible. En 1991, cuando Bush padre atacó Iraq porque éste había invadido Kuwait, Saddam Hussein propuso retirarse y que Israel se retirase también de los territorios ilegalmente ocupados en Palestina. Pero EE UU y los países europeos rechazaron seis propuestas de negociación. [7]

En 1999, cuando Clinton bombardeó Yugoslavia, Milosevic había aceptado las condiciones impuestas en Rambouillet, pero EE UU y la OTAN añadieron una, intencionadamente inaceptable: la ocupación total de Serbia. [8]

En 2001, cuando Bush hijo atacó Afganistán, los talibanes habían propuesto la entrega de Ben Laden a un tribunal internacional si se aportaban pruebas de su implicación, pero Bush rechazó la negociación.

En 2003, cuando Bush hijo atacó Iraq con el pretexto de las armas de destrucción masiva, Saddam Hussein propuso el envío de inspectores, pero Bush lo rechazó porque él sabía que los inspectores no iban a encontrar nada. Esto está confirmado con la divulgación de un memorándum de una reunión entre el gobierno británico y los dirigentes de los servicios secretos británicos en julio de 2002: “los dirigentes británicos esperaban que el ultimátum fuese redactado en términos inaceptables de modo que Saddam Hussein lo rechazase directamente. Pero no estaban seguros de que eso funcionara. Entonces tenían un plan B: que los aviones que patrullaban la ‘zona de exclusión aérea’ lanzaran muchísimas más bombas a la espera de una reacción que diera la excusa para una amplia campaña de bombardeos” [9] Entonces, antes de afirmar que “nosotros” decimos siempre la verdad y que “ellos” siempre mienten, así como que “nosotros” buscamos siempre una solución pacífica y “ellos” no quieren comprometerse, habría que ser más prudentes… Pronto o tarde, la gente sabrá lo que pasó cuando las negociaciones entre bastidores, y constatará una vez más que ha sido manipulada. Pero será muy tarde y a los muertos ya no los resucitaremos.

¿Libia es igual que Túnez o Egipto?

En su excelente entrevista publicada hace unos días por Investi’Action, Mohamed Hassan, planteaba la verdadera cuestión: “Libia ¿revuelta popular, guerra civil o agresión militar?” A la luz de recientes investigaciones es posible responder: las tres cosas. Una revuelta espontánea rápidamente recuperada y transformada en guerra civil (que ya estaba preparada), todo sirviendo de pretexto a una agresión militar. La cual, también, estaba preparada. Nada en política cae del cielo. Me explico…

En Túnez y en Egipto la revuelta popular creció progresivamente en unas semanas,
organizándose poco a poco y unificándose en reivindicaciones claras, lo que permitió echar a los tiranos. Pero cuando analizamos el encadenamiento ultrarrápido de los acontecimientos en Benghazi, uno queda intrigado. El 15 de febrero hubo manifestaciones de parientes de presos políticos de la revuelta de 2006. Manifestación duramente reprimida como ha sido siempre en Libia y en los demás países árabes. Apenas dos día después, otra manifestación, esta vez los manifestantes salen armados y pasan directamente a una escalada contra el régimen de Gadafi. En dos días, nada menos, una revuelta popular se convierte en guerra civil. ¿Totalmente espontánea?

Para saberlo hay que examinar lo que se oculta bajo el impreciso vocablo «oposición libia». En mi opinión, cuatro componentes con intereses muy diferentes: 1º Una oposición democrática. 2º Dirigentes de Gadafi “regresados” del Oeste. 3º Clanes libios descontentos del reparto de las riquezas. 4º Combatientes de tendencia islamista.

¿Quiénes componen esta «oposición libia»?

En toda esta maraña es importante saber de qué estamos hablando. Y sobre todo, qué facción es la aceptada por las grandes potencias…

1º Oposición democrática. Es legítimo tener reivindicaciones ante el régimen de Gadafi, tan dictatorial y corrompido como los otros regímenes árabes. Un pueblo tiene el derecho de querer sustituir un régimen autoritario por un sistema más democrático. Sin embargo, estas reivindicaciones están hasta hoy poco organizadas y sin programa concreto. Tenemos también, en el extranjero, movimientos revolucionarios libios, igualmente dispersos, pero todos opuestos a la injerencia extranjera. Por diversas razones que exponemos más adelante, no son estos elementos democráticos los que tienen mucho que decir hoy bajo la bandera de EE UU ni de la de Francia.

2º Dignatarios “regresados”. En Bengazhi, un “gobierno provisional” ha sido instaurado y está dirigido por Mustafá Abud Jalil. Este hombre era, hasta el 21 de febrero, ministro de Justicia de Gadafi. Dos meses antes, Amnistía lo había puesto en la lista de los más espantosos responsables de violaciones de derechos humanos de África del Norte. Es este individuo el que, según las autoridades búlgaras, había organizado las torturas de enfermeras búlgaras y del médico palestino detenidos durante largo tiempo por el régimen. Otro “hombre fuerte” de esta oposición es el general Abdul Faah Yunis, ex ministro del Interior de Gadafi y antes jefe de la policía política. Se comprende que Massimo Introvigne, representante de la OSCE (Organización para la seguridad y la cooperación en Europa) para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación, estime que estos personajes “no son los ‘sinceros demócratas’ de los discursos de Obama, sino de los peores instrumentos del régimen de Gadafi, que aspiran a echar al coronel para tomar su sitio”

3º Clanes descontentos. Como subrayaba Mohamed Hassan, la estructura de Libia continúa siendo tribal. Durante el periodo colonial, bajo el régimen del rey Idriss, los clanes del Este dominaban y se aprovechaban de las riquezas petroleras. Después de la revolución de 1969, Gadafi se apoyó en las tribus del Oeste y el Este se vio desfavorecido. Es lamentable; un poder democrático y justo debe velar por eliminar las discriminaciones entre las regiones. Se puede uno preguntar si las antiguas potencias coloniales no azuzaron a las tribus rebeldes para zapar la unidad del país. No sería la primera vez. Hoy, Francia y EE UU apuestan por los clanes del Este para tomar el control del país. Dividir para reinar, un viejo dicho clásico del colonialismo.

4° Elementos de Al-Qaeda. Cables difundidos por Wikileaks advierten que el Este de Libia era, proporcionalmente, el primer exportador en el mundo de “combatientes – mártires” a Iraq. Informes del Pentágono describen un escenario “alarmante” sobre los rebeldes libios de Bengazhi y Derna. Derna, una ciudad de apenas 80 000 habitantes, sería la fuente principal de yihaidistas en Iraq. Asimismo, Vincent Cannistrar, antiguo jefe de la CIA en Libia, señala entre los rebeldes muchos “extremistas islámicos capaces de crear problemas” y que “las posibilidades [son] muy altas de que los individuos más peligrosos puedan tener una influencia en el caso en que Gadafi caiga”.

Evidentemente todo esto se escribía cuando Gadafi era aun un “amigo”. Pero esto muestra la ausencia total de principios en el jefe de EE UU y de sus aliados. Cuando Gadafi reprimió la revuelta islamista de Bengazhi en 2006, lo hizo con las armas y el apoyo de Occidente. Una vez, estamos contra los combatientes tipo Ben Laden, otra vez, los utilizamos. A saber.

Entre estas diversas «oposiciones» ¿cuál prevalecerá? ¿Puede ser éste también un objetivo de la intervención militar de Washington, París y Londres: procurar que “los buenos” ganen? Los buenos desde su punto de vista, claro. Más tarde se utilizará la “amenaza islámica” como pretexto para instalarse de forma permanente. En cualquier caso una cosa es segura: el escenario libio es diferente de los escenarios tunecino o egipcio. Allí era “un pueblo unido contra un tirano”. Aquí estamos en una guerra civil, con un Gadafi que cuenta con el apoyo de una parte de la población. Y en esta guerra civil el papel que han jugado los servicios secretos americanos y franceses ya no es tan secreto…

¿Cuál ha sido el papel de los servicios secretos?

En realidad, el asunto libio no empezó en febrero en Benghazi, sino en París el 21 de octubre de 2010. Según revelaciones del periodista Franco Bechis (Libero, 24 de marzo), fue ese día cuando los servicios secretos franceses prepararon la revuelta de Benghazi. Hicieron “volver” (o tal vez ya anteriormente) a Nuri Mesmari, jefe del protocolo de Gadafi, prácticamente su brazo derecho. El único que entraba sin llamar en la residencia del guía libio. En un viaje a París con toda su familia para una operación quirúrgica, Mesmari no se encontró con ningún médico, al contrario, tuvo encuentros con varios funcionarios de los servicios secretos franceses y con próximos colaboradores de Sarkozy, según el boletín digital Magreb Confidential.

El 16 de noviembre, en el hotel Concorde Lafayette, habría preparado una imponente delegación que debía viajar dos días más tarde a Benghazi. Oficialmente se trataba de responsables del ministerio de Agricultura y de dirigentes de las firmas France Export Céréales, France Agrimer, Louis Dreyfus, Glencore, Cargill y Conagra. Pero según los servicios italianos, la delegación incluía también a varios militares franceses camuflados en hombres de negocios. En Benghazi se encontraron con Abdallah Gehani, un coronel libio al que Mesmari les había presentado como dispuesto a desertar.

A mediados de diciembre, Gadafi, desconfiando, envía un emisario a París para intentar contactar con Mesmari. Pero es arrestado en Francia. Otros libios van de visita a París el día 23 de diciembre y son ellos los que van a dirigir la revuelta de Benghazi con las milicias del coronel Gehani. Además, Mesmari reveló cantidad de secretos de la defensa libia. De todo esto resulta que la revuelta en el Este no fue tan espontánea como se nos ha dicho. Pero esto no es todo. No sólo fueron los franceses…

¿Quién dirige actualmente las operaciones militares del “Consejo nacional Libio” anti-Gadafi? Un hombre justamente llegado de EE UU el 14 de marzo, según Al-jazzira. Presentado como una de las dos “estrellas” de la insurrección libia por el diario británico de derechas Daily Mail, Khalifa Hifter es un antiguo coronel del ejército libio pasado por EE UU. Fue uno de los principales comandantes de Libia hasta la desastrosa expedición al Chad a finales de los 80; emigró inmediatamente a EE UU y vivió los últimos veinte años en Virginia. Sin ninguna fuente de ingresos conocida, pero a muy poca distancia de las oficinas… de la CIA [10]. El mundo es un pañuelo.

¿Cómo puede un alto militar libio entrar con toda tranquilidad en EE UU unos años después del atentado terrorista de Lockerbie, por el que Libia fue condenada, y vivir durante veinte años tranquilamente al lado de la CIA? Por fuerza tuvo que ofrecer algo a cambio. Publicado en 2001, el libro Manipulations africaines de Pierre Péan, traza las conexiones de Hifter con la CIA y la creación, con el apoyo de la misma, del Frente Nacional de Liberación Libio. La única hazaña del susodicho frente será la organización en 2007, en EE UU, de un “congreso nacional” financiado por el National Endowment for Democracy [11], tradicionalmente el mediador de la CIA para engrasar a las organizaciones al servicio de EE UU…

En marzo de este año, en fecha no comunicada, el presidente Obama firmó una orden secreta que autoriza a la CIA a emprender operaciones en Libia para derrocar a Gadafi. El Wall Street Journal, que informa de ello el 31 de marzo, añade: “Los responsables de la CIA reconocen haber estado activos en Libia desde hacía varias semanas, al igual que otros servicios secretos occidentales”. Todo esto ya no es muy secreto, circula por internet desde hace algún tiempo; lo que es extraño es que los grandes medios no hayan dicho ni palabra. Sin embargo se conocen muchos ejemplos de “combatientes de la libertad” armados de este modo y financiados por la CIA. Por ejemplo, en los años 80, las milicias terroristas de la contra, organizadas por Reagan para desestabilizar Nicaragua y derrocar su gobierno progresista. ¿Nada se ha aprendido de la Historia? Esta “Izquierda” europea que aplaude los bombardeos ¿no utiliza internet? ¿Habrá que extrañarse de que los servicios secretos italianos ‘delaten’ así las hazañas de sus compañeros franceses y que estos ‘delaten’ a sus colegas americanos? Eso sólo si se cree en historias bonitas sobre la amistad entre “aliados occidentales”. Ya hablaremos…


Notas:

[1] Reuters, 22/3.
[2] Sunday Times, 16 septiembre 2007.
[3] Washington Post, 17 septiembre 2007.
[4] Collision Course, Praeger, 2005, p.xiii.
[5] Does America need a foreign policy?, Simon and Schuster, 2001, p. 111.
[6] Le Grand Echiquier, París 1997, p. 59-61
[7] Michel Collon, Attention, médias ! Bruxelles, 1992, p. 92.
[8] Michel Collon, Monopoly, - L’Otan à la conquête du monde, Bruxelles 2000, page 38.
[9] Michael Smith, La véritable information des mémos de Downing Street, Los Angeles Times, 23 juin 2005.
[10] McClatchy Newspapers (USA), 27 mars.
[11] Eva Golinger, Code Chavez, CIA contre Venezuela, Liège, 2006

Fuente: http://www.michelcollon.info/Comprender-la-guerra-de-Libia-1-3.html?lang=fr



2ª Parte. En esta guerra contra Libia, Washington persigue varios objetivos a la vez:
1. Controlar el petróleo. 2. Asegurar a Israel 3. Impedir la liberación del mundo árabe 4. Impedir la unidad africana 5. Instalar la OTAN como gendarme de África


Michel Collon
14 abril 2011

¿Cuáles son los verdaderos objetivos de EE UU? En este punto de nuestra reflexión, varios indicios permiten ya descartar definitivamente la tesis de la guerra humanitaria o de la reacción impulsiva ante los acontecimientos. Si Washington y París han deliberadamente rechazado toda negociación, si han estado “forjando” desde hace tiempo la oposición libia y preparado escenarios detallados de intervención, si los portaviones estaban preparados desde hacía tiempo, listos para intervenir (como lo ha confirmado el almirante Gary Roughead, jefe de la US Navy: “Nuestras fuerzas ya estaban posicionadas frente a Libia”, Washington, 23 de marzo), fuerza es pensar que esta guerra no se decidió en el último momento como reacción a súbitos acontecimientos, sino que estaba planificada. Porque esta guerra persigue unos objetivos que sobrepasan muy de lejos la persona de Gadafi. ¿Cuáles?

¿Parecen muchos objetivos? Sí. Exactamente igual que en las guerras precedentes: Iraq, Yugoslavia, Afganistán. Una guerra de este tipo, efectivamente, cuesta mucho y supone riesgos importantes para la imagen de EE UU sobre todo si no logran ganarla. Si Obama desencadena una guerra así, es porque espera obtener importantes ganancias.

Objetivo nº 1: Controlar todo el petróleo

Algunos dicen que esta vez no es una guerra por el petróleo porque las cantidades libias serían marginales en la producción mundial y que, de todas maneras, Gadafi ya vendía su petróleo a los europeos. Pero esta gente no entiende en qué consiste la “guerra mundial del petróleo”…

Con el agravante de la crisis general del capitalismo, las grandes potencias económicas están metidas en una pelea cada vez más encarnizada. En este juego de sillas las plazas son caras. Para garantizar una silla a sus multinacionales, cada potencia debe batirse en todos los frentes: conquistar mercados, conquistar zonas de mano de obra rentable, obtener grandes contratos públicos y privados, asegurarse monopolios comerciales, controlar a Estados que les concedan ventajas… Y sobre todo, asegurarse el dominio de las materias primas codiciadas. Y ante todo, del petróleo.

En el año 2000, al analizar las guerras que iban a venir, en nuestro libro Monopoly, escribíamos: “Quien quiera dirigir el mundo debe controlar el petróleo. Todo el petróleo. Donde quiera que esté.” Si eres una gran potencia, no te basta con asegurar tu propio aprovisionamiento de petróleo. Cada vez querrás más, querrás lo máximo. No sólo por los enormes beneficios, sino porque asegurándote un monopolio, estarás en condiciones de privar de él a tus rivales molestos y someterlos a tus condiciones. Tendrás el arma absoluta. ¿Chantaje? Sí.

Desde 1945, EE UU ha hecho todo por asegurarse este monopolio sobre el petróleo. Un país enemigo como Japón, por ejemplo, dependía al 95% de EE UU en su aprovisionamiento de energía. Con lo que garantizar su obediencia. Pero las relaciones de fuerza cambian, el mundo se hace multipolar y EE UU se enfrenta a la subida de China, a la recuperación de Rusia, a la emergencia de Brasil y otros países del Sur. El monopolio se hace cada vez más difícil de mantener.

¿Que el petróleo libio representa solamente el 1% o el 2% de la producción mundial? De acuerdo, pero es el de mejor calidad, de más fácil extracción y por tanto muy rentable. Y sobre todo está muy cerca de Italia, de Francia y de Alemania. Importar petróleo de Oriente Medio, de África negra o de América latina sale a un coste mucho mayor. Sí que hay pues guerra por el oro negro libio. Y más para un país como Francia tan comprometido en un programa nuclear cada vez con más riesgos.

En este contexto hay que recordar dos cosas: 1. Gadafi deseaba subir la participación del Estado libio en el petróleo del 30% al 51%. El 2 de marzo último, Gadafi se quejaba de que la producción petrolera de su país estaba en su nivel más bajo. Amenazó con sustituir las firmas occidentales que habían dejado Libia por sociedades chinas, rusas e indias. ¿Coincidencia? Cada vez que un país africano se vuelve hacia China, ya tiene problemas.

Otro indicio: Alí Zeidan, el hombre que largó lo de los “seis mil muertos civiles”, víctimas de los bombardeos de Gadafi, este hombre que es también portavoz del famoso CNL, el gobierno de oposición, reconocido por Francia. Pues bien, en este punto, Alí Zeidan declaró que “los contratos firmados serán respetados”, pero que el futuro poder ¡“tendrá en cuenta a las naciones que nos han ayudado”! Se trata pues ciertamente de una guerra del petróleo. Pero no se desarrolla únicamente en Libia…

¿Por qué estas rivalidades EE UU – Francia – Alemania?

Si la guerra contra libia es justa y humanitaria, no se comprende por qué los que la hacen se pelean entre ellos. ¿Por qué Sarkozy se precipitó por ser el primero en disparar? ¿Por qué se cabreó cuando la OTAN quiso llevar el control de las operaciones? Su argumento “La OTAN es impopular en los países árabes”, no se tiene en pie. ¡Como si él, Sarkozy, fuera tan popular después de haber protegido, como lo ha hecho, a Israel y a Ben Alí!

¿Por qué Alemania e Italia se mostraron tan reticentes ante esta guerra? ¿Por qué el ministro Frattini declaró al principio que hacía falta “defender la soberanía y la integridad territorial de Libia” y que “Europa no debería exportar la democracia a Libia”[1]? ¿Simples divergencias sobre la eficacia humanitaria? No, se trata aquí también de intereses económicos. En una Europa enfrentada a una crisis, las rivalidades son cada vez mayores también. Aun hace unos meses desfilaban todos a Trípoli para abrazar a Gadafi y embolsarse los buenos contratos libios. Los que los obtenían, no tenían ningún interés en derrocarlo. Los que no, sí tenían interés en ello. ¿Quién era el primer cliente del petróleo libio? Italia. ¿El segundo? Alemania. Continuemos con las inversiones y las exportaciones de las potencias europeas… ¿Quién había conseguido la mayoría de contratos en Libia? Italia. ¿Número dos? Alemania.

Era la firma alemana BASF la que había llegado a ser la principal productora de petróleo en Libia con una inversión de dos mil millones de euros. Era la firma DEA, filial del gigante del agua RWE, la que obtuvo más de 40 000 kilómetros cuadrados de yacimientos de petróleo y de gas. Era la firma alemana Siemens la que jugaba el papel más importante en las enormes inversiones del gigantesco proyecto “Great Man Made River”, el mayor proyecto de irrigación del mundo, una red de tuberías para llevar el agua desde los acuíferos de Nubia hasta el desierto del Sáhara. Más de 1300 pozos, a menudo a más de 500 metros de profundidad, que una vez terminados, suministrarían cada día 6,5 millones de metros cúbicos de agua a Trípoli, Benghazi, Sirte y otras ciudades [2]. ¡25 mil millones de dólares que atraían algunas codicias! Además de esto, Libia con sus petrodólares se había embarcado en un ambicioso programa para renovar sus infraestructuras, construir escuelas y hospitales y para industrializar el país.

Aprovechándose de su potencial económico, Alemania se había asociado con socios privilegiados de Libia, Arabia Saudita y los países del Golfo arábigo. No tenía pues ningún interés en manchar su imagen en el mundo árabe. En cuanto a Italia, hay que recordar que colonizó Libia con una brutalidad inaudita apoyándose en las tribus del oeste contra las del este. Ahora, con la mediación de Berlusconi, las sociedades italianas obtuvieron muy buenos contratos. Tienen pues mucho que perder. Al contrario, Francia e Inglaterra, que nunca habían logrado buenos trozos del pastel, se ponen a la ofensiva para lograr su parte en este pastel. Y la guerra de Libia es sencillamente la prolongación de la batalla económica por otros medios. El mundo capitalista, decididamente, no es muy bello.

La rivalidad económica se traduce en términos militares. En una Europa en crisis y dominada por una Alemania de altos rendimientos (gracias sobre todo a su política de bajos salarios), Francia rompe sus alianzas y se vuelve hacia Inglaterra para intentar reequilibrar la situación. París y Londres tienen más medios militares que Berlín e intentan jugar esta carta para contrarrestar su debilidad económica.

Objetivo nº 2: Asegurar a Israel

En el Oriente Medio, todo está ligado. Como nos explica Noam Chomski en una entrevista [3]: “A partir de 1967, el gobierno de EE UU viene considerando a Israel como una inversión estratégica. Como un distrito policial encargado de proteger a las dictaduras árabes productoras de petróleo”. Israel es el poli del Oriente Medio.

Sólo que el nuevo problema para Washington es que los numerosos crímenes cometidos por Israel (Líbano, Gaza, Flotilla humanitaria,…) lo aíslan cada vez más. Los pueblos árabes reclaman el fin de este colonialismo. De repente, es el “poli” el que necesita ser protegido. Israel no puede sobrevivir sin un entorno de dictaduras árabes que no tengan en absoluto en cuenta la voluntad de sus pueblos de ser solidarios con los palestinos. Por eso Washington protegía a Mubarack y a Ben Alí, y seguirá protegiendo a otros dictadores.

EE UU teme “perder” Túnez y Egipto en los próximos años. Lo que cambiaría la relación de fuerzas en la región. Después de la guerra contra Iraq en 2003, que era además una advertencia y una intimidación para los otros dirigentes árabes, Gadafi se sintió amenazado. Y entonces empezó a multiplicar las concesiones, a menudo exageradas, a las potencias occidentales y a su neoliberalismo. Lo que le había debilitado en el plano interior de las resistencias sociales. Cuando se cede al FMI, se hace daño a la población. Pero si mañana Túnez o Egipto virasen a la izquierda, Gadafi podría reconsiderar sus concesiones. Un eje de resistencia El Cairo – Trípoli – Túnez, haciendo frente a EE UU y decidido a hacer plegarse a Israel, sería una pesadilla para Washington. Hacer caer a Gadafi es pues una prevención.

Genaro Chic

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Parte 2

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Abr 30, 2011 2:38 pm

Objetivo nº 3: Obstaculizar la liberación del mundo árabe

¿Quién domina hoy sobre el conjunto del mundo árabe, su economía, sus recursos y su petróleo? No los pueblos árabes, ya se sabe. Pero tampoco los dictadores del lugar. Sí, ellos ocupan la escena, pero los verdaderos amos están detrás de la escena.

Son las multinacionales de EE UU y europeas las que deciden lo que hay que producir o no en estos países, qué salarios hay que pagar, a quién aprovecharán los beneficios del petróleo y qué dirigentes se les impondrán. Son las multinacionales las que enriquecen a sus accionistas a costa de las poblaciones árabes.

Imponer a tiranos al conjunto del mundo árabe tiene consecuencias muy graves: el petróleo, pero también los otros recursos naturales que sirven solamente al beneficio de las multinacionales, no a diversificar la economía local o a crear empleos. Además, las multinacionales marcan bajos salarios para el turismo, las pequeñas industrias y los servicios en subcontratas.

De repente las economías se hacen dependientes, desequilibradas y ya no responden a las necesidades de los pueblos. En los años que vienen, se va a agravar el paro porque el 35% de los árabes tiene menos de 15 años. Los dictadores son empleados de las multinacionales, son los encargados de asegurarles los beneficios y romper la contestación. Los dictadores tienen como rol impedir la justicia social.

Trescientos millones de árabes distribuidos en veinte países, pero considerándose a justo título, una sola nación, se encuentran pues ante una elección decisiva: ¿aceptar el mantenimiento de este colonialismo o hacerse independientes tomando un nuevo rumbo? Todo el mundo alrededor está en plena transformación: China, Brasil y otros países se emancipan políticamente, lo que les permite progresar económicamente. El mundo árabe ¿va a quedarse atrás? ¿Seguirá siendo una dependencia de EE UU y de Europa, un arma que estos utilizan contra las otras naciones en la gran batalla económica y política internacional? ¿O bien, sonará al fin para ellos la hora de la liberación?

Esta idea aterroriza a los estrategas de Washington. Si el mundo árabe y el petróleo se les van de las manos, se les acabó el domino del planeta. Porque EE UU, una potencia en declive económico y político, está cada vez más contestado: por Alemania, por Rusia, por América latina y por China. Además, numerosos países del Sur aspiran a establecer relaciones Sur – Sur, más ventajosas que la dependencia de EE UU.

Cada vez le cuesta más mantenerse como la mayor potencia mundial, capaz de rapiñar a naciones enteras y de llevar la guerra por todos los sitios a donde decida llevarla. Repitámoslo: si mañana el mundo árabe se une y se libera, si EE UU pierde el arma del petróleo, no será más que una potencia de segundo orden en un mundo multipolar. Pero eso será también un gran progreso para la humanidad: las relaciones internacionales tomarán un nuevo rumbo y los pueblos del Sur podrán por fin decidir su propio destino y terminar con la pobreza.

Aquellos para quienes la democracia es peligrosa

Las potencias coloniales o neocoloniales de ayer nos juran que han cambiado. Después de haber financiado, armado, aconsejado y protegido a Ben Alí y a Mubarak y compañía, he aquí que EE UU, Francia y otros nos inundan con declaraciones conmovedoras. Como Hillary Clinton: “Nosotros apoyamos la aspiración de los pueblos árabes a la democracia”.

Mentira total. EE UU y sus aliados no quieren en absoluto una democracia árabe, no quieren en absoluto que los árabes puedan decidir sobre su petróleo y demás riquezas. Han hecho todo para frenar la democratización, para mantener en el poder a los responsables del antiguo régimen. Y cuando eso no funciona, imponerles otros dirigentes encargados de desmovilizar las resistencias populares. El poder egipcio, por ejemplo, acaba de tomar medidas anti-huelga muy brutales.

Explicar la guerra contra Libia con la idea de que después de Túnez y Egipto, Washington y París habrían “comprendido” y quisieran lavar su conciencia o, en todo caso, mejorar su imagen, no es más que una gruesa mentira. En realidad, la política occidental en el mundo árabe forma un conjunto que se aplica bajo tres formas diferentes: 1. Mantener dictaduras represivas. 2. Remplazar a Mubarak y a Ben Alí por peones bajo su control. 3. Derrocar los gobiernos de Trípoli, Damasco y Teherán para recolonizar a estos países ”perdidos”. Tres métodos, pero un solo objetivo: mantener al mundo árabe bajo dominio para continuar explotándolo.

La democracia es peligrosa cuando se representa solamente los intereses de una pequeña minoría social. Lo que más miedo da a EE UU es que el descontento social haya estallado en casi todas las dictaduras árabes… En Iraq (nuestros medios no han dicho nada) numerosas huelgas han afectado al petróleo, al sector textil, electricidad y otros sectores. En Kut, tropas de EE UU incluso cercaron una fábrica textil en huelga. Ha habido manifestaciones en 16 de las 18 provincias, con todas las comunidades juntas, contra el gobierno corrupto que abandona en la miseria a su pueblo. En Bahréin, bajo la presión de la calle, el rey terminó por prometer una ayuda especial de 2650 dólares a cada familia. En Omán, el sultán Qaboos bin Said, cambió a la mitad del gobierno y aumentó el salario mínimo un 40% y ordenó crear 50 000 empleos. El mismo rey saudí, Fahd, desbloqueó 36 mil millones de dólares para ayudar a las familias con bajos ingresos.

Evidentemente, una cuestión surge entre la gente sencilla: ¿cómo es que tenían todo este dinero? ¿por qué lo tenían guardado en sus cofres? Y la siguiente pregunta: ¿Cuántos miles de millones más habrán robado a sus pueblos con la complicidad de EE UU ? Y la última : ¿Cómo poner fin a todo este robo?

“Las «revoluciones Facebook», ¿un gran complot made in USA o auténticas revoluciones?

Una interpretación errónea se está difundiendo por internet: las revoluciones árabes habrían sido desencadenadas y manipuladas por EE UU, que habría ido tirando de las cuerdas con el fin de provocar cambios muy controlados y así poder atacar Libia, Siria, Irán. Todo habría sido “fabricado”. El argumento de esta hipótesis: organismos más o menos oficiales habían invitado a ir a EE UU y formado a ‘cyberactivistas’ árabes que han jugado un papel puntero en la circulación de infos y que han simbolizado una revolución de nuevo tipo, ‘la revolución facebook’.

La idea de este gran complot no se sostiene. En realidad, EE UU ha hecho todo por mantener el mayor tiempo posible a Mubarak, un dictador muy útil. Sin embargo, EE UU lo sabía con muy mala salud y ‘acabado’. En este tipo de situaciones, EE UU prepara evidentemente un ‘plan B’ e incluso un ‘plan C’. El plan B consistiría en remplazar a Mubarak por uno de sus adjuntos. Pero esto no tenía muchas posibilidades de funcionar vista la cólera del pueblo egipcio.

Así pues, EE UU tenía uno, o muchos, Plan C, como lo suelen hacer, por otra parte, en prácticamente cualquier país que quieren controlar. ¿En qué consiste? Compra por adelantado a algunos opositores e intelectuales – sean o no conscientes – e ‘invierte’ en futuro. Llegado el día, empuja a esta gente hacia delante de la escena. Cuánto tiempo funcionará esto, es otra cuestión desde el momento en que la población se moviliza y un régimen, incluso remaquillado, no es capaz de resolver las reivindicaciones populares cuando su objetivo es mantener la explotación de la gente.

Hablar de ‘revolución facebook’ es un mito que le viene bien a EE UU. Igual que hemos señalado desde hace mucho tiempo la importancia de los nuevos métodos de información y movilización por internet, igualmente consideramos absurda la idea de que Facebook sustituya las luchas sociales y las revoluciones. Esta idea les viene bien a los grandes capitalistas (de los que Mubarak era buen representante), pero en realidad lo que ellos temen por encima de todo es la contestación de los trabajadores, porque pone directamente en peligro su fuente de beneficios.

El papel de los trabajadores

Facebook es un método de lucha, pero no es la esencia de la revolución. Esta presentación pretende escamotear el papel de la clase obrera (en sentido amplio), que sería sustituida por internet. En realidad, una revolución es una acción mediante la cual los de abajo liquidan a los de arriba. Con un cambio radical no sólo del personal político sino sobre todo en las relaciones de explotación social.

¡Ay! Según nuestros grandes pensadores oficiales hace tiempo que no tendríamos ya el derecho de usar el término ‘lucha de clases’, que está ya anticuado y hasta es un poco obsceno. No tenéis suerte, el segundo hombre más rico del mundo, el gran banquero Warren Buffet, lo soltó hace ya tiempo: ”De acuerdo, hay una lucha de clases en América. Pero es mi clase, la clase de los ricos, que hace la guerra y la hemos ganado”[4]. Señor Buffet, ¡eso no se debe jurar nunca antes de ganar la partida! El último que ríe…

Pero las realidades tunecinas y egipcias confirman la actualidad de la lucha de clases, de acuerdo con el señor Buffet… ¿Cuándo Ben Alí tuvo que hacer sus maletas ? El 14 de enero, cuando los trabajadores tunecinos estaban metidos en una huelga general. ¿Cuándo dejó Mubarak su trono? Cuando una potente huelga de los obreros egipcios paralizó las fábricas del textil, correos y hasta los medios oficiales de comunicación. Explicación de Joel Beinin, profesor en la Universidad Stanford y antiguo director de la universidad americana del Cairo: “Estos diez últimos años, una ola de protestas sociales venía afectando a más de dos millones de trabajadores en más de tres mil huelgas, sentadas y otras formas de protesta. Ese fue el telón de fondo de todo este levantamiento revolucionario de las últimas semanas… Pero es que en los últimos días, se ha visto a decenas de miles de trabajadores ligar sus reivindicaciones económicas a la exigencia de abolir el régimen de Mubarak…”[5]

La revolución árabe no ha hecho más que comenzar. Después de las últimas victorias populares, la clase dominante, siempre en el poder, intenta apaciguar al pueblo con algunas pequeñas concesiones. Obama deseaba que la calle se calmara lo antes posible y que todo quedara como antes. Eso puede funcionar un tiempo, pero la revolución árabe está en marcha. Podrá tomar años, pero será muy difícil pararla. [¿Y el papel de China, esperando ver pasar el cadáver de su enemigo y deudor americano?]

Objetivo nº 4: Impedir la unidad africana

África es el continente más rico del planeta en abundancia de recursos naturales, pero es también el más pobre. 57% de su población vive bajo el umbral de la pobreza, es decir, con menos de 1,25 € al día. ¿La clave de este misterio? Justamente que las multinacionales no le pagan estas materias primas, se las roban. En África rapiñan los recursos, imponen bajos salarios, acuerdos comerciales desfavorables y privatizaciones nocivas, ejercen toda suerte de presiones y chantajes a Estados débiles, los estrangulan con una deuda injusta, instalan a dictadores complacientes, provocan guerras civiles en las regiones apetitosas…

África es estratégica para las multinacionales porque su prosperidad está basada en el pillaje de sus recursos. Si se pagara un precio correcto por el oro, el cobre, el platino, el coltán, el fosfato, los diamantes y los productos agrícolas, las multinacionales serían mucho menos ricas pero las poblaciones locales podrían alejarse de la pobreza.

Para las multinacionales de EE UU y de Europa es pues vital impedir que África se una y se emancipe. Tiene que seguir dependiente. Un ejemplo, muy bien expuesto por un autor africano, Jean-Paul Pugala… “La historia comienza en 1992 cuando 45 países africanos crean la sociedad RASCOM para disponer de un satélite africano y hacer caer los costes de comunicación en el continente. Telefonear desde o hacia África tiene la tarifa más alta del mundo ya que había un impuesto de 500 millones de dólares que Europa cobraba al año sobre las conversaciones telefónicas, incluso al interior del mismo país, por el tránsito de voz por los satélites europeos como el Intelsat.

Un satélite africano costaba justamente 400 millones de dólares pagables de una vez y no los 500 millones de alquiler al año. ¿Qué banquero financiaría tal proyecto? Pero la ecuación más difícil de resolver era: ¿cómo puede el esclavo liberarse de la explotación servil de su amo solicitándole su ayuda para lograrlo? Así estuvieron el Banco Mundial, el FMI, EE UU, la Unión Europea enredando inútilmente a estos países durante catorce años. Fue entonces cuando Gadafi, en 2006, puso fin al suplicio de esta inútil mendicidad a países occidentales pretendidamente bienhechores, practicantes de préstamos a intereses de usura; el guía libio puso encima de la mesa 300 millones de dólares, el Banco Africano de Desarrollo, 50, el Banco Oeste-Africano de Desarrollo, 27; y así es como África, desde el 27 de diciembre de 2007, tiene su primer satélite de comunicación de su historia. Enseguida China y Rusia se implicaron, en este caso cediendo su tecnología, lo que permitió el lanzamiento de nuevos satélites, sudafricano, nigeriano, angoleño, argelino; incluso un nuevo satélite africano fue lanzado en julio de 2010. Se espera para 2020 que el primer satélite tecnológicamente 100% africano sea construido en suelo africano, concretamente en Argelia. Este satélite está previsto que compita con los mejores del mundo, pero a un coste diez veces menor; un auténtico desafío.

He aquí cómo un simple gesto simbólico, de unos 300 millones, puede cambiar la vida de todo un continente. La Libia de Gadafi hizo perder a Occidente, no sólo los 500 millones de dólares al año, sino los miles de millones de dólares en deuda e intereses que esta misma deuda permite generar hasta el infinito y a escala exponencial, contribuyendo así a mantener oculto el sistema de expolio de África. (…) Es la Libia de Gadafi la que ofrece a toda África su primera revolución verdadera de los tiempos modernos: asegurar la cobertura universal del continente por telefonía, televisión, radiodifusión y muchas más aplicaciones como la telemedicina y la educación a distancia. Por primera vez una conexión a bajo coste está disponible en todo el continente, hasta en las zonas rurales gracias al sistema puente por radio WMAX. [6]

Ya ven, ¡algo que nunca se nos había contado del malo de Gadafi! Que ayudaba a los africanos a emanciparse de la ahogadora tutela de los occidentales. ¿Y no habrá otras cosas más de este género nunca dichas?

Gadafi ha desafiado al FMI y Obama juega a carterista

Sí. Al sostener el desarrollo del «Fondo monetario africano» (FMA), Gadafi cometió el crimen de desafiar al FMI. Ya sabemos que el FMI, controlado por EE UU y Europa, presido por Dominique Strauss-Kahn, ejerce un verdadero chantaje sobre los países en desarrollo. Les presta dinero solamente a condición de que esos países acepten deshacerse de sus empresas en beneficio de las multinacionales, de cursar pedidos sin provecho o de reducir sus presupuestos en salud y educación. En una palabra, este banquero FMI es muy nocivo.

Pues bien, al igual que los Latinos lanzaron su propio Banco Sur, para contrarrestar los chantajes arrogantes del FMI y decidir por sí mismos qué proyectos realmente útiles quieren financiar, el FMA podría comenzar a ofrecer una vía más independiente a los africanos. ¿Y quién financia el FMA? Argelia ha aportado 16 mil millones y Libia 10 mil millones. Es decir, el 62% de su capital.

Por contra, con la mayor discreción mediática, Obama acaba sencillamente de robar treinta mil millones al pueblo libio. ¿Cómo? El 1º de marzo (mucho antes de la resolución de la ONU), dio orden al Tesoro USA de bloquear los depósitos de Libia en EE UU. Después, el 17 de marzo, se las apañó para incluir en la resolución 1973 de la ONU una pequeña frase que autoriza a congelar los haberes de la banca central libia así como los de la compañía nacional libia de petróleo. Ya sabemos que Gadafi ha amasado un tesoro petrolero que le ha permitido invertir en grandes sociedades europeas, en grandes proyectos de desarrollo africano ( y tal vez también en algunas campañas electorales europeas [en España en concreto la de los andalucistas], ¡pero esto no parece constituir una forma eficaz de seguro de vida!...)

En suma, Libia es una país demasiado rico (200 mil millones de dólares en reservas) que ha atraído las ambiciones de una potencia híper-endeudada, EE UU. Entonces, para desviar las decenas de miles de millones de dólares de la banca nacional libia, es decir, afanando en los bolsillos del pueblo libio, Obama bautizó así, sencillamente, todo esto de “fuente potencial de financiación del régimen Gadafi” con lo que la jugada estaba hecha. Un auténtico ratero. A pesar de todos sus esfuerzos para ablandar a Occidente multiplicando las concesiones al neoliberalismo, Gadafi seguía inquietando a los dirigentes de EE UU. Un cable de la embajada de EEUU en Trípoli, con fecha de noviembre 2007, lamenta esta resistencia: “Los que dominan la dirección política y económica de Libia llevan políticas cada vez más nacionalistas en el sector de la energía”. Rechazar toda privatización ¿justifica los bombardeos? La guerra es ciertamente la continuación de la economía por otros medios.

Objetivo nº 5: Instalar la OTAN como gendarme de África

En principio la OTAN se pensaba que estaba para proteger a Europa contra las “amenaza soviética”. Desaparecida la URSS, la OTAN debería desaparecer también. Pero sucedió lo contrario…

Después de haber bombardeado Bosnia en 1995, Javier Solana, secretario general de la OTAN, declaraba: “La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras de la OTAN”. Por entonces, yo escribí: “la OTAN reclama de hecho una zona de acción ilimitada. Yugoslavia ha sido un laboratorio para preparar próximas guerras. ¿Dónde tendrán lugar?[7]” Y avanzaba esta respuesta: “Eje nº 1: Europa del Este. Eje nº 2: Mediterráneo y Oriente Medio. Eje nº 3: el Tercer mundo en general”. En ello estamos, es el programa que hoy se está realizando.

Desde 1999, la OTAN bombardeaba Yugoslavia. Una guerra para someter a un país al neoliberalismo como hemos visto. Estudiando los análisis de los estrategas USA, yo subrayaba entonces esta frase de uno de ellos, Stephen Blank: “Las misiones de la OTAN serán cada vez más ‘out of area’ (fuera de la zona de defensa). Su función principal, ser el vehículo de la integración de regiones cada vez más numerosas en la comunidad occidental económica, de seguridad, política y cultural”[8].

¡Someter regiones cada vez más numerosas a Occidente! Entonces yo escribí: “La OTAN es el ejército al servicio de la globalización, el ejército de las multinacionales. Paso a paso, la OTAN se transforma efectivamente en gendarme del mundo”[9]. E indicaba los próximos objetivos probables: Afganistán, Cáucaso, vuelta a Iraq… Esto para empezar.

Hoy que todo esto se ha cumplido, algunos me preguntan: ¿Tiene usted una bola de cristal?». No es necesaria la bola de cristal, basta con estudiar los documentos del Pentágono y de los altos despachos de estrategia USA, que ni siquiera son secretos, y deducir y comprender su lógica.

Y esta lógica del Imperio de hecho es muy simple : 1. El mundo es una fuente de beneficios. 2. Para ganar la guerra económica ha que ser la superpotencia dominante. 3. Para ello, hay que controlar las materias primas, las regiones y las rutas estratégicas. 4. Toda resistencia a ese control debe ser rota: mediante la corrupción, el chantaje o la guerra, no importa los medios. 5. Para continuar siendo la potencia dominante, hay que impedir absolutamente que los rivales se alíen en contra del amo.

Expansión de la OTAN ¡ya en tres continentes!

Para defender estos intereses económicos y convertirse en gendarme del mundo, los dirigentes de la OTAN siembran el pánico: “Nuestro mundo sofisticado, industrializado y complejo ha sido asaltado por muchas amenazas mortales: cambio climático, sequía, hambrunas, ciber-seguridad, cuestión energética”[10]. Así, problemas no militares, sino sociales y medioambientales, se utilizan para aumentar el armamento y las intervenciones militares.

El objetivo de la OTAN de hecho es sustituir a la ONU. Esta militarización del mundo hace nuestro futuro cada vez más peligroso. Y esto a un coste terrible: EE UU prevé para 2011 un presupuesto militar récord de 708 mil millones de dólares. Es decir, 2.320 dólares por habitante. Dos veces más que en los comienzos de Bush. Además, el ministro USA de la Guerra, Robert Gates, no cesa de empujar a los europeos para que gasten más: “La desmilitarización de Europa constituye un obstáculo para la seguridad y para una paz duradera en el siglo XXI”[11]. Los países europeos han tenido que comprometerse con Washington a no disminuir sus gastos militares. Todo en provecho de las firmas de armamento.

La expansión mundial de la OTAN no tiene nada que ver con Gadafi, Sadam Hussein o Milosevic. Se trata de un plan global para continuar el dominio sobre el planeta y sus riquezas, para mantener los privilegios de las multinacionales e impedir a los pueblos elegir su propio destino. La OTAN protegía a Ben Alí, a Mubarak y a los tiranos de Arabia Saudita, la OTAN protegerá a quienes les sucedan, la OTAN destrozará solamente a los que se resistan al Imperio.

Para llegar a ser el gendarme del mundo, la OTAN avanza efectivamente paso a paso. Una guerra en Europa contra Yugoslavia, una guerra en Asia contra Afganistán y, ahora, una guerra en África contra Libia. ¡Ya, tres continentes! Hubiera querido intervenir también en América latina organizando maniobras en Venezuela hace dos años. Pero ahí, era demasiado arriesgado, pues América latina está cada vez más unida y rechaza “gendarmes” americanos.

¿Por qué Washington quiere absolutamente instalar la OTAN como gendarme de África? A causa de las nuevas relaciones de fuerza mundiales analizadas más arriba: EE UU en declive, contestado por Alemania, Rusia, América latina y China, incluso por pequeños países del Tercer mundo.

¿Por qué no se habla de AFRICOM?

Lo que más inquieta a Washington es la potencia creciente de China. Al proponer relaciones más igualitarias a los países asiáticos, africanos y latino-americanos, comprando sus materias primas al mejor precio y sin chantaje colonial, ofreciendo créditos más interesantes, haciendo trabajos de infraestructura útiles al desarrollo, China les está ofreciendo una alternativa a la dependencia de Washington, Londres o París. Entonces ¿qué hacer para contrarrestar a China?

El problema es que una potencia en declive tiene menos medios de presión financiera incluso sobre los países africanos; EE UU por tanto ha decidido utilizar su mejor arma: la baza militar. Hay que saber que sus gastos militares sobrepasan los de todos los otros países del globo juntos. Desde hace años vienen avanzando sus peones poco a poco sobre el continente africano. El 1º de octubre de 2008, montaron el “Africom” (Africa Comand). Todo el continente africano, menos Egipto, quedó bajo un único comando USA unificado que reagrupa a la US Army, US Navy, la US Air Force, los marines y las ‘operaciones especiales’ (desembarcos, golpes de estado, acciones clandestinas…) La idea es repetir el mecanismo con la OTAN para apoyar a las fuerzas USA.

Washington, que ve terroristas por todas partes, también los ha encontrado en África. Como por casualidad, en los alrededores del petróleo nigeriano y de otros recursos naturales ambicionados. Así pues, si queréis saber dónde se desarrollarán los próximos episodios de su famosa “guerra contra el terrorismo”, buscad en el mapa del petróleo, el uranio y al coltán, y allí lo encontraréis. Y como el Islam está expandido en numerosos países africanos, entre ellos Nigeria, ya tenéis el próximo escenario…

¿El objetivo real del Africom? ‘estabilizar’ la dependencia de África, impedir su emancipación, impedirle llegar a ser un actor independiente que pudiera aliarse con China y América latina. Africom constituye un arma esencial en los planes de dominación mundial de EE UU que quiere poder apoyarse en una África y en unas materias primas bajo su control exclusivo en la gran batalla que se ha desatado por el control de Asia y el control de sus rutas marítimas. Efectivamente, Asia es el continente donde se juega en adelante la batalla económica decisiva del siglo XXI. Pero es un bocado duro con una China muy fuerte y un frente de economías emergentes que tienen interés en formar un bloque. Washington quiere por lo mismo controlar África del todo y cerrar esa puerta a los chinos.

La guerra contra Libia es pues una primera etapa para imponer el Africom a todo el continente africano. Abre una era no de pacificación del mundo sino de nuevas guerras. En África y en Oriente medio, pero también alrededor del Océano Indico, entre Africa y China.

¿Por qué el Océano Índico? Porque si miran un mapa, verán ustedes que es la gran puerta de China y de toda Asia. Así pues, para controlar este océano, Washington intenta dominar varias zonas estratégicas: 1. Oriente Medio y el Golfo Pérsico, de ahí su nerviosismo a propósito de países como Arabia saudita, Yemen, Bahréin e Irán. 2. El Cuerno de África, de donde su agresividad hacia Somalia y Eritrea. Volveremos más adelante sobre estas geoestrategias en el libro Comprendre le monde musulman: Entretiens avec Mohamed Hassan que estamos preparando para muy pronto.

El gran crimen de Gadafi

Volvamos a Libia. En el marco de la batalla por controlar el continente negro, África del Norte es un objetivo mayor. Al desplegar una decena de bases militares en Túnez, Marruecos y Argelia, así como en otras naciones africanas, Washington se abriría la vía para establecer una red completa de bases militares que cubriría todo el continente.

Pero el proyecto Africom se ha encontrado con una seria resistencia de los países africanos. De manera altamente simbólica, ninguno ha aceptado acoger en su territorio la sede central de Africom. Y Washington ha tenido que mantener su sede en… Stuttgart, Alemania, lo que era muy humillante. En esta perspectiva, la guerra para derrocar a Gadafi en el fondo es una advertencia muy clara a los jefes de Estado africanos que tuvieran la tentación de seguir una vía demasiado independiente.

Este es el gran crimen de Gadafi: Libia no había aceptado ningún lazo con Africom o con la OTAN. En el pasado, EE UU poseían una importante base militar en Libia. Pero Gadafi la cerró en 1969. Es evidente, la guerra actual tiene sobre todo como objetivo recuperar Libia. Sería una avanzada estratégica que le permitiría intervenir militarmente en Egipto si éste se escapara del control de EE UU.

¿Cuáles son los próximos objetivos en África?

La pregunta siguiente será pues: ¿después de Libia a quién le toca? ¿Qué países africanos podrían ser atacados por EE UU? Es muy sencillo. Sabiendo que Yugoslavia había sido también atacada porque rechazaba entrar en la OTAN, basta con mirar la lista de países que no han aceptado integrarse en Africom, bajo el mando militar de EE UU. Cinco son: Libia, Sudán, Costa de Marfil, Zimbabwe, Eritrea. Estos son los próximos objetivos.

Sudán está dividido y bajo la presión de sanciones internacionales. Zimbabue está también bajo sanciones. Costa de Marfil se ha visto inmersa en una guerra civil fomentada por Occidente. Eritrea, obligada a una guerra contra Etiopía, agente de EE UU en la región, actualmente también está bajo sanciones.

Todos estos países han sido o van a ser objetivo de campañas de propaganda y desinformación. Sean dirigidos o no por dirigentes virtuosos y democráticos, eso no tiene nada que ver. Eritrea está intentando una experiencia de desarrollo económico y social autónomo y rechaza las ‘ayudas’ que le puedan venir impuestas por el Banco Mundial y el FMI controlados por Washington. Este pequeño país está cosechando los primeros éxitos de su desarrollo, pero sigue bajo la amenaza internacional. Otros países, si ‘se portan mal’, están también en la mira de EE UU. Argelia concretamente. De hecho no es bueno seguir la propia vía…

Y para los que aun creen que todo esto no es más que una ‘teoría del complot’, que EE UU no tiene programado tanta guerra, sino que improvisa reaccionando según lo que ocurre, recordemos lo que había declarado en 2007 el ex general Wesley Clarck (comandante supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa entre 1997 y 2001, que dirigió los bombardeos sobre Yugoslavia): “En 2001, en el Pentágono, un general me dijo: vamos a tomar siete países en cinco años, empezando por Iraq, seguido de Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán para terminar con Irán”[12]. De los sueños a la realidad hay un margen, pero los planes están ahí. Solamente que retardados.

Notas:
[1] Marianna Lepore, The war in Libya and Italian interests, inaltreparole.net, 22 février.
[2] Ron Fraser, Libya accelerates German-Arabian peninsula alliance, Trumpet.com, 21 mars
[3] Michel Collon, Israël, parlons-en !, Bruxelles 2010, p. 172.
[4] New York Times Magazine, novembre 2006.
[5] Interview radio Democracy now, 10 février.
[6] J-P Pougalas, Les mensonges de la guerre contre la Libye, palestine-solidarite.org, 31 mars
[7] Michel Collon, Poker menteur, Bruxelles, 1998, p 160-168.
[8] Nato after enlargement, US Army War College, 1998, p. 97.
[9] Michel Collon, Monopoly – L’Otan à la conquête du monde, Bruxelles 2000, pp. 90 et 102).
[10] Assemblée commune Otan – Lloyd’s à Londres, 1er octobre 2009.
[11] Nato Strategic Concept seminar, Washington, 23 février 2010.
[12] Interview radio Democracy Now, 2 mars 2007

Fuente: http://www.michelcollon.info/Comprender-la-guerra-de-Libia-2-3.html?lang=fr
Traducción: José Mª Fernández Criado

3ª Parte: Pistas para actuar

Michel Collon
14 abril 2011

En cada guerra siempre es lo mismo. Al principio, es casi imposible oponerse. El machaqueo mediático es tal que inmediatamente se te cataloga como cómplice de un monstruo. Después de un tiempo, cuando llegan los ‘errores’, los muertos civiles, los fracasos militares y las revelaciones sobre ‘nuestros amigos’, el debate termina al final por abrirse. Pero al principio es muy duro.

Para desbloquear este debate, la batalla de la información, como decíamos aun hace una semana[1], es la clave. Y esta batalla no puede llevarse a cabo más que por cada uno de nosotros, donde estemos, en función de las personas con las que nos encontremos, escuchando bien lo que les influencia, verificando la información con ellos, pacientemente… Para llevar eficazmente este debate, es muy importante estudiar la experiencia de la desinformación en las guerras precedentes.

Los 5 principios de la propaganda de guerra aplicados a Libia

Esta experiencia, la hemos resumido en los «cinco principios de la propaganda de guerra», expuestos en nuestro libro Israel, parlons-en! En cada guerra, los medios quieren persuadirnos de que nuestros gobiernos está obrando bien y para ello aplican estos cinco principios: 1. Ocultar los intereses económicos. 2. Invertir la víctima y el agresor. 3. Ocultar la historia. 4. Demonizar. 5. Monopolizar la información.

Estos cinco principios se han vuelto a aplicar contra Libia; ya nos dimos cuenta en las páginas precedentes. Para terminar, llamamos la atención sobre el cuarto: la demonización del adversario. Los guerreristas siempre tienen que persuadir a la opinión de que ellos no actúan para obtener ventajas económicas o estratégicas, sino para eliminar una grave amenaza. En cada guerra, desde hace decenios, el dirigente contrario ha sido siempre presentado como cruel, inmoral y peligroso, con las peores descripciones de sus atrocidades. Más tarde, muchos de esos relatos, a veces todos, se van deshinchando; pero no importa, ya hicieron su labor: manipular la emoción del público para impedirle analizar los intereses que están realmente en juego. Imposible ya volver atrás.

No hemos tenido los medios para estar presentes en Libia. Pero estuvimos en Yugoslavia, bajo las bombas de la OTAN, y pudimos constatar, y probar, que la OTAN había mentido sistemáticamente [2]. Lo constatamos también en Iraq. En cuanto a Libia, la cosa se parece mucho, pero hasta ahora no hemos tenido los medios para proceder a contrastar las informaciones presentadas. Nuestro equipo de Investig’Acttion no tiene los medios necesarios. Pero varios observadores ya han detectado muchos indicios de desinformación. Por ejemplo, los “seis mil muertos supuestamente víctimas de los bombardeos de Gadafi sobre la población civil”. ¿Dónde están las imágenes? ¿No había ninguna cámara, ningún teléfono móvil allí, como los hubo en Gaza, en la plaza Tahrir, en Túnez o en Bahréin? Ninguna prueba, ningún testimonio fiable, desmentidos de los satélites rusos o de los observadores de la UE, y sin embargo, la información se cerró en banda incansablemente y ya nadie se atreve a contradecirla so pena de ser tachado de ‘complicidad’.

En una guerra civil no es hacer filtiré, y esto es cierto por ambas partes. Una información parcial siempre intentará hacernos creer que las atrocidades se cometen de solo un lado y por tanto hay que apoyar al otro. Pero conviene ser prudentes sobre este tipo de relatos.

¿Quién nos informa?

Una cosa que hay que mostrar…. Es que la demonización no cae del cielo. Es difundida por medios que toman partido, a menudo sin decirlo. Sin embargo, es la primera pregunta que debería hacerse en una guerra ¿me han dejado escuchar a la otra parte?

¿Por qué en Europa y en EE UU los medios están todos de acuerdo sobre Gadafi? Y ¿por qué en América latina, en África, en Rusia, se denuncia por el contrario una nueva cruzada imperialista? ¿Se equivocan todos estos? ¿Son los occidentales los que saben mejor todo lo que pasa? ¿O es más bien que cada cual está influenciado por sus medios? Entonces ¿debemos seguir ciegamente a nuestros medios, o contrastarlos?

Estamos siendo abundantemente saturados sobre los aspectos negativos de Gadafi. Pero ¿se nos ha informado de sus aspectos positivos? ¿Quién nos ha informado de su ayuda a los proyectos de desarrollo africano? ¿Quién nos ha dicho que Libia conoce, según las instituciones internacionales, el más alto ‘índice de desarrollo humano’ de toda África, muy lejos de los favoritos del Oeste como Egipto o Túnez? Esperanza de vida, 74 años; analfabetismo reducido al 5%; presupuesto en educación, el 2% del PIB y el de defensa, el 1,1%.

Distinguir dos cuestiones diferentes

Hay mucha intimidación intelectual en el debate sobre Libia. Si denuncias la guerra contra Libia, se te acusa de todo lo que ha hecho Gadafi. Pues no. Hay que distinguir dos problemas muy distintos.

Por una parte, los libios tienen absolutamente el derecho de elegir a sus dirigentes y de cambiarlos por los medios que ellos consideren necesarios. ¡Los libios! No Obama, ni Sarkozy. Después de hacer una separación de las acusaciones contra Gadafi, lo que está verdaderamente atestiguado y lo que es más bien propaganda interesada, un progresista puede perfectamente desear que los libios tengan un dirigente mejor.

Por otra parte, cuando Libia es atacada porque unos piratas quieren dar un golpe de mano en su petróleo, sus reservas financieras y su posición estratégica, entonces hay que decir que el pueblo libio va a sufrir aun más bajo el poder de estos piratas y sus marionetas. Libia perderá su petróleo, sus empresas, las reservas de su banco nacional, sus servicios sociales y su dignidad. El neoliberalismo le aplicará sus sucias recetas que han hundido ya a tantos otros pueblos en la miseria.

Ahora bien, un ‘buen dirigente’ nunca llega sino en las maletas de los invasores y a golpe de bombas. Es lo que EE UU llevó a Iraq, un Al-Maliki y un pequeño grupo de corruptos que venden su país a las multinacionales. En Iraq ya tienen la democracia, pero además han perdido el petróleo, la electricidad, el agua, las escuelas y todo lo que permite una vida digna. Es lo que EE UU llevó a Afganistán, un Karzai que reina sobre nada, si acaso sobre un barrio de Kabul, mientras que las bombas USA machacan aldeas, fiestas de bodas, escuelas y el comercio de la droga está más boyante que nunca.

Los dirigentes que se impusieran en Libia mediante las bombas occidentales, serán aun peores que Gadafi. Por lo tanto, hay que apoyar al gobierno legal libio cuando se resiste a lo que es una auténtica agresión neocolonial. Porque todas las soluciones previstas por Washington y sus aliados son malas: sea el derrocamiento o el asesinato de Gadafi, sea la escisión del país en dos o la ‘somalización’, es decir, una guerra civil de baja intensidad y larga duración. Todas estas soluciones traerán sufrimiento a las poblaciones.

La única solución de interés para los libios es la negociación, con mediadores internacionales desinteresados que no sean parte del conflicto, como Lula. Un buen acuerdo implica el respeto de la soberanía libia, el mantenimiento de la unidad del país, la preparación de las reformas para la democracia y poner fin a las discriminaciones regionales.

Hacer respetar el derecho, lo contrario al ‘derecho de injerencia’

Este delicado debate político hay que intentar traerlo siempre a los principios de base de la vida internacional: soberanía de los estados, coexistencia pacífica entre los diferentes sistemas, no injerencia en los asuntos internos. A las potencias occidentales les gusta presentarse como que buscan hacer respetar el derecho. Es totalmente falso.

Se nos dice que EE UU es hoy mucho más respetuoso del derecho internacional de lo que era cuando el cow-boy Bush, y que esta vez ha habido una resolución de la ONU. No es aquí el sitio de discutir si la ONU representa verdaderamente la voluntad democrática de los pueblos y si los votos de numerosos estados no son objeto de compra o de presiones. Simplemente detallar que esta resolución 1973 viola el derecho internacional y, en primer lugar, la Carta Fundamental… de la misma ONU.

Efectivamente, su artículo 2 § 7, estipula: “Ninguna disposición de la presente Carta autoriza a las naciones Unidas a intervenir en los asuntos que pertenecen esencialmente a la jurisdicción interna de un Estado”. Reprimir la insurrección armada es competencia de un Estado, aun si hubiera que lamentar las consecuencias. De todos modo, si bombardear a rebeldes armados es considerado como un crimen intolerable, entonces hay que juzgar de urgencia a Bush y a Obama por lo que han hecho en Iraq y en Afganistán.

Igualmente, el artículo 39 limita los casos en que la coerción militar es autorizada: “La existencia de una amenaza contra la paz, de una ruptura de la paz o de un acto de agresión”. Hay que señalar, aunque solamente sea por reírnos, que incluso el tratado de la OTAN precisa en su artículo 1: “Las partes se comprometen, tal y como está estipulado en la Carta de la Naciones Unidas, a reglar por medios pacíficos todos los diferendos internacionales en los que pueda verse implicados”.

Se nos presenta este “derecho de injerencia humanitaria” como una novedad y un gran progreso. En realidad, el derecho de injerencia ha venido siendo practicado durante siglos por las potencias coloniales contra los países de África, de Asia y de América latina. Por los fuertes contra los débiles. Y es precisamente para poner fin a esta política de la cañonera por lo que fueron adoptadas en 1945 nuevas reglas del derecho internacional. Concretamente la Carta de Naciones Unidas ha prohibido a los países fuertes invadir a los países débiles y este principio de la soberanía de los Estados constituye un progreso en la Historia. Anular esta conquista de 1945 y volver al derecho de injerencia, es volver al tiempo de las colonias.

Entonces, para hacer que se apruebe una guerra muy interesada, se toca la cuerda sensible: el derecho de injerencia sería necesario para salvar a las poblaciones en peligro. Tales pretextos también eran utilizados en su tiempo por las colonialistas Francia, Inglaterra y Bélgica. Y todas las guerras imperiales de EE UU se han hecho con este tipo de justificaciones.

Con EE UU y sus aliados como gendarmes del mundo, el derecho de injerencia pertenecerá evidentemente a los fuertes contra los débiles, nunca al revés. ¿Tiene acaso Irán el derecho de injerencia para salvar a los palestinos? ¿Tiene Venezuela el derecho de injerencia para poner fin al sangriento golpe de Estado en Honduras? ¿Tiene Rusia el derecho de injerencia para proteger a los bahreinís?

En realidad, la guerra contra Libia es un precedente que abre la vía a la intervención armada de EE UU o de sus aliados en no importa qué país árabe, africano o latino-americano. Hoy se va a matar a miles de libios “para protegerles” y mañana se irá a matar a civiles sirios o iraníes o venezolanos o eritreos “para protegerles”, en tanto que los palestinos y todas las demás víctimas de los “fuertes” continuarán sufriendo dictaduras y masacres…

Mostrar que la intervención occidental viola el derecho y nos vuelve al tiempo de las colonias, me parece que es un tema que hay que poner en el centro del debate.

¿Qué hacer?

EE UU bautizó la guerra contra Libia de «Aurora de la Odisea». Ahora bien, sus nombres codificados contienen siempre un mensaje dirigido a nuestro inconsciente. La Odisea, el gran clásico de la literatura griega, relata el viaje durante veinte años emprendido por Ulises a través del universo. Con medias palabras se nos está diciendo que Libia hoy es el primer acto de un largo viaje de EE UU para (re)conquistar África.

Intentan así parar su declive. Pero al final, será en vano. EE UU perderá inevitablemente su trono. Porque este declive no es debido al azar o a circunstancias particulares, es debido a su mismo modo de funcionamiento. En 1865, el célebre teórico del capitalismo, Adam Smith, apoyó [con sus argumentos] al presidente USA, Abraham Lincoln, en la abolición de la esclavitud: “La economía de cualquier país que practique la esclavitud está iniciando un descenso hacia el infierno que será muy duro el día que otras naciones se despierten”.

De hecho EE UU ha remplazado una esclavitud por otra. En el siglo XX levantó su prosperidad sobre la dominación y el pillaje de países enteros, vivió como parásito y por lo mismo debilitó sus capacidades económicas internas. La humanidad tiene gran interés en que ese sistema se acabe definitivamente. La misma población de EE UU tiene interés en ello. Para que se deje de cerrar fábricas, de destruir empleo y de confiscar sus casas para pagar bonos de banqueros y gastos de guerra. La población europea tiene también interés en una economía no al servicio de las multinacionales y sus guerras, sino al servicio de la gente.

Estamos pues en una encrucijada. ¿Qué ‘albar’ queremos elegir? ¿La anunciada por EE UU que nos llevará durante veinte o treinta años por guerras incesantes en todos los continentes? ¿O más bien un ‘alba’ verdadera, otro sistema de relaciones internacionales en las que nadie imponga a nadie sus intereses por la fuerza y donde cada pueblo pueda elegir libremente su camino?

Como en cada guerra de los últimos veinte años, una gran confusión reina en la izquierda europea. Los discursos seudo-humanitarios difundidos por los medios ciegan porque nos olvidamos de escuchar la otra versión, de estudiar las guerras precedentes, de contrastar la información.

Notas:

[1] S’informer est la clé - Michel Collon lanza un llamamiento, www.michelcollon.info/S-informer-c- ...
[2] Kosovo, Otan et médias, debate entre Michel Collon, Jamie Shea (portavoz de la Otan) y Olivier Corten (profesor de derecho internacional), 23 de junio de 2000, DVD Investig’Action.

Fuente: http://www.michelcollon.info/Comprender-la-guerra-de-Libia-3-3.html?lang=fr

Traducción: José Mª Fernández Criado

Aunque tenga un aire sensacionalista puede verse en Youtube http://youtu.be/LFmaGghY1ZU . No es materia de fe, desde luego, pero cosas más gordas se han visto.
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Genaro Chic

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