El cambio educativo. Carta a un amigo

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El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Lun Ene 10, 2011 6:28 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Hace tres semanas escribí a un amigo en respuesta a una carta suya relativa al cambio educativo. He pensado que podría ser motivo de reflexión para otros, aunque soy consciente de que en la misma se dan por supuestos temas como el de la previa existencia de la inciativa del gobierno de Franco, que fue quien inició la transformación que ha llevado hasta el punto actual, cuando estableció la Educación General Básica (E.G.B.) y duplicó el sueldo de los enseñantes de Secundaria y Primaria (por este orden), luego de que estos últimos se pusiesen en huelga para que se les equiparase en la subida a los primeros, obteniendo la victoria en sus pretensiones. Notemos, sólo a título recordatorio, que entonces a la Escuela Normal de Magisterio se podía acceder con 14 años, luego de haber aprobado la reválida del Bachillerato elemental y para realizar 3 años de estudios; y los profesores titulares de Secundaria habían de superar la reválida del Bachillerato Superior y el curso Preuniversitario y luego los cinco años de una carrera Universitaria, normalmente de Ciencias o de Filosofía y Letras. Con este y otros matices que se podrían añadir, mi pensamiento al respecto de la situación actual es el siguiente:

Querido amigo:

           Hace unos tres años puse en el foro lo que yo entendía que era la desafortunada raíz de todo el problema educativo: el hecho de que desde mediados de los 60, aprovechando el despegue económico, se pusieran institutos en todos los pueblos donde antes no los había (en Écija, el mío, que es grande, por ejemplo). Se desplazaba así la figura del maestro de la tríada de autoridad (junto al poder del alcalde) que solía ser básica: cura-médico (y/o boticario)-maestro.

           Los maestros, que habían de formar una base importante del recién nacido PSOE, iniciaron entonces una lucha igualatoria respecto a los profesores de instituto, buscando rebajar a éstos mejor al tiempo que procuraban su propia subida. Su fuerte fue la pedagogía (la que a ellos más les interesaba) que era lo que no se estudiaba -ni se estudió luego-en las Facultades de Ciencias o de Filosofía y Letras. Las propias Escuelas de Magisterio (donde estudió mi hermana) se convirtieron, a base de bajar los niveles, en Facultades de Ciencias de la Educación. Como por otro lado ello iba a favor de la corriente neoconservadora que arrancó de los años 80, no sólo se les dejó hacer sino que se les fomentó desde un partido, el PSOE, que apostó por la pedagogía a falta de ideología propia (destierro del marxismo con González). Contra la represión franquista en la que todo parecía que eran obligaciones, se impuso la política permisiva de los derechos del niño, de la mujer y de todo lo que oliese a reprimido, sin mirar los límites.

           La cultura se convirtió, de una forma exagerada, en espectáculo, abandonando su sentido profundo de represión y encauzamiento de las pulsiones naturales. Además, eso encajaba muy bien con nuestro espíritu antiguo, católico, de rechazo del trabajo (tripalium) como una virtud. El cabrón de Franco, que hizo trabajar a nuestros padres y no dejaba fornicar libremente, debía quedar desterrado de la memoria histórica. Con su muerte, pues, llegaron el destape, el célebre cambio de las tres C (coche, casa y coño) -que hizo famosa a esa primera generación de gobernantes de la democracia inventada por Willy Brand- y las subvenciones para llevar las cosas a su justo cauce católico: el mantenimiento de los lazos clientelares multiseculares, aunque cambiando parcialmente a los señoritos antiguos por otros más benévolos y a la Iglesia por la Banca.

           El sistema educativo sirvió perfectamente a ese fin: el Afeminamiento General Básico de la población, que debía de gozar y no pensar, y no como con el maldito Franco, que al nacer llegábamos a un valle de lágrimas donde había que ganarse el pan con el sudor de la frente propia y las mujeres debían de parir con dolor y ser sumisas con sus maridos. Afortunadamente el desarrollo de los anticonceptivos también jugó a favor de la nueva pedagogía educativa (y por supuesto de los Mercados, a los que les hacía el caldo gordo por el camino constitucional de la progresía). ¿Quién no cayó en esa trampa?

           Afortunadamente teníamos crédito y pedimos prestado durante años. Luego se cambió en el sentido de que hubo que vender las empresas nacionales para pagar la deuda (PP) y así poder empezar otra vez. A los alemanes les venía bien y nos ofrecieron meternos en el marco doble (ahora llamado euro) para que le compráramos sus cosas con el crédito de sus bancos, pensando ingenuamente que teníamos intención de devolver lo prestado con la ayuda de los fondos estructurales. Ingenuos: la moral de trabajo había desaparecido por completo, y en lugar de resucitarla nos dedicamos a traer 4 millones de extranjeros para que trabajaran mientras, en los años de mayor auge económico, manteníamos 2 millones de parados subsidiados. Apuntarse al paro era la ilusión de los chavales que tenían que haber estado siendo llevados al fastidioso estudio (cosa que no era políticamente correcta), pues les permitía tener moto o coche, botellonas y polvos de todo tipo.

           Evidentemente la Universidad no había de ser una barrera para ello y no lo fue. De ahí que cuando Europa nos ha impuesto una reforma (Plan Bolonia) ésta, que yo procuré desarrollar por mi cuenta en cuanto a metodología durante 20 años, no pudo tomar otra forma que la de volver a marcar el paso dentro de un sistema plenamente burocratizado del que siempre había procurado huir. Y huí en cuanto me ofrecieron la oportunidad de irme a mi casa pagándome como si estuviera dentro. Al fin y al cabo a ellos no les interesaba la docencia ni la investigación más que como medio (para cumplir con las apariencias) y no como objetivo. No sé si las cosas hubiesen podido ser de otra manera, pero te puedo decir que yo, en el entreacto, he disfrutado con la docencia más que con la investigación (a la que ahora me dedico casi en exclusiva por mi cuenta), y también he padecido, como profesor y como padre, viendo la degradación progresiva de todo el sistema.

           Ahora ya no quedan por vender, para pagar la última deuda (como los argentinos), más que los aeropuertos y las loterías (que nadie puede negar que siguen siendo rentables, pues todo el mundo invierte en suerte ya que no en creación de verdadera riqueza), y nos disponemos a hacerlo mientras que negamos la evidencia: de que vamos a ser intervenidos y obligados a trabajar por los que ya se han hartado de pagar nuestras fiestas. Sólo la enormidad de nuestra deuda (privada más que pública) podría salvarnos.

               Ya sé que no te he contado nada que tú no hayas vivido igual que yo (pertenecemos incluso a la misma clase trabajadora del franquismo, que nos ofreció el salto hacia arriba a cambio de nuestro esfuerzo) pero he sentido la necesidad de desahogarme y te he cogido como confesor involuntario. Perdona el tostón, pues.



(20/12/2010)

Saludos


Última edición por Genaro Chic el Lun Nov 18, 2013 4:03 pm, editado 2 veces

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Resultado constatado por la propia Administración: Problemas en los institutos

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Jul 05, 2014 2:52 pm

Editorial de Diario de Sevilla:

De los datos difundidos ayer (4.7.2014) por las universidades de Sevilla y Pablo de Olavide sobre la puntuación media obtenida por los distintos centros de Enseñanza Secundaria en la última convocatoria de Selectividad se extrae una inquietante conclusión: la brecha entre la educación privada-concertada y la pública crece cada vez más. De hecho, los ocho primeros centros que encabezan la lista son de titularidad privada y hay que esperar al puesto noveno para ver aparecer un instituto público. Lejos de explicaciones demagógicas que achacan a la educación privada una tendencia a hinchar las notas de sus alumnos por motivos crematísticos, lo cierto es que estos resultados nos ponen frente al problema del progresivo deterioro que ha ido sufriendo la calidad de la educación secundaria pública durante unas décadas en las que, paradójicamente, se han invertido cantidades astronómicas antes nunca soñadas.

Si, en los años setenta y ochenta, los institutos de enseñanza media eran instituciones prestigiosas que garantizaban a sus alumnos una contrastada calidad de enseñanza muy superior, incluso, a la mayoría de los centros privados, hoy nos encontramos con el desolador panorama de unos centros en los que los mismos profesores reconocen su impotencia ante la caída en picado de esta calidad e, incluso, de los viejos y añorados valores de respeto y educación tan caros a la vida académica. Las razones de esta debacle son múltiples y complejas y están muy vinculadas a los cambios sociales y económicos que ha experimentado España con la llegada de la Democracia. Sin embargo, cada vez parece más claro que un cierto adanismo pedagógico de corte progresista se ha empeñado en convertir a los institutos públicos en lugares de experimentación de teorías supuestamente igualitarias que, por contra, están acabando con la única esperanza que muchos jóvenes de las capas más desfavorecidas tienen de mejorar económica y socialmente en un mundo cada vez más competitivo. Ejemplo de este buenrollismo pedagógico fue la desaparición en su día de la figura del catedrático de instituto tomando por excusa una democratización del profesorado que lo único que trajo fue una mayor mediocridad a los seminarios de los institutos. Esta figura, a caballo entre la universidad y la enseñanza media pública, permitió que cualquier estudiante, por pobre que fuese, pudiese disfrutar del magisterio de figuras como Antonio Domínguez Ortiz o Antonio Machado, todo un lujo con el que hoy no se podría soñar. Quede claro que no es una cuestión de más fondos económicos, como cree cierta izquierda, sino, sobre todo, de volver a los grandes principios de la enseñanza de calidad: exigencia y reconocimiento del mérito, algo que no está reñido con la igualdad.

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1809686/problemas/los/institutos.html


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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Dom Jul 06, 2014 9:58 am

En respuesta a esta opinión, me escribe un amigo docente para decirme, entre otras cosas, lo siguiente:

Desde una falsa concepción de la igualdad y con una perversión del sistema que asocia aprobado con éxito, los institutos públicos se han convertido en fábricas de títulos. El problema llega cuando se hace la prueba del algodón pues muchos de los que tienen el título de Bachiller y se presentan a la PAU no alcanzan el nivel adecuado. Y ojo, que la selectividad la aprueban el 90% de los alumnos, lo que invita a pensar que la Universidad también pasa la mano.

Muchas veces el descenso de las notas medias en selectividad no responde tanto al descenso del nivel (que también) como al abaratamiento del aprobado (que es una forma de descenso de nivel). Esta es una corrupción del sistema como otras muchas. Al ser todos iguales, todos deben tener lo mismo. Aunque eso mismo sea un título.

Sin embargo, a mi manera de ver, los resultados de la selectividad demandan un análisis más profundo aún. ¿A alguien se le ha ocurrido mirar dónde están los centros con menos nota y menos alumnos presentados? ¿Hay una estadística con los alumnos que entran en su primera elección? ¿A qué asignaturas se han presentado estos alumnos? Estos datos requieren un análisis más exhaustivo y no tan basado en conclusiones pre-concebidas (y en gran medida ciertas). A ver si nos sentamos y ponemos en orden todas las ideas que nos llegan y que tenemos dentro.

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Objetivo conseguido: La Universidad hundida. Todos iguales por abajo

Mensaje  Genaro Chic el Mar Jul 08, 2014 3:12 pm

El rebaje de los niveles buscado para equiparar los Institutos a las Escuelas lógicamente terminó repercutiendo en la Universidad, en la que se forman todos los docentes, empezando por los maestros de Escuela. Intereses que en principio eran de grupo, buscando la equiparación, a la postre pusieron en bandeja la mercantilización del sistema como única salida presuntamente posible ante el desmadre producido

Dos artículos de prensa dan testimonio de ello. El primero es más conocido y por ello sólo muestro el enlace digital:

La OCDE equipara el nivel de los estudiantes de instituto en Japón al de los universitarios españoles

El Ministro de Educación se reunirá esta tarde con representantes de la OCDE y la UE en la que abordarán el asunto para establecer un plan de acción de cara a favorecer el empleo de los jóvenes universitarios españoles.

http://vozpopuli.com/actualidad/46110-la-ocde-equipara-el-nivel-de-los-estudiantes-de-instituto-en-japon-al-de-los-universitarios-espanoles

Copio el segundo, que ha tenido menos difusión:

Los 8 males del profesor universitario: “es uno de los trabajos más tóxicos que existen”

Hasta hace relativamente poco, la de profesor universitario era una ocupación privilegiada. No sólo gozaba de una buena reputación entre todos los estamentos de la sociedad, sino que esta se correspondía con una gran influencia social y una remuneración acorde con el puesto. John Edward Masefield, poeta inglés, escribió que “hay pocas cosas terrenas más hermosas que la universidad: un lugar donde los que odian la ignorancia pueden luchar por el conocimiento, y donde quienes perciben la verdad pueden luchar para que otros la vean”.

No obstante, y de manera paralela al crecimiento de la población universitaria durante la segunda mitad del siglo XX, el profesor universitario parece estar sometido a más estresantes que nunca. No sólo ha perdido su categoría social, sino que también ha visto cómo su sueldo ha disminuido de manera inversamente proporcional al del estrés que ha de afrontar. Todo ello formando parte de una institución cuyas estructuras apenas han evolucionado en siglos.

“El trabajo del profesor universitario es uno de los más tóxicos”, recuerda con contundencia el psicólogo y profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá Iñaki Piñuel. “Se valora poco porque se cree que el trabajo del sector educativo es de guante blanco, pero contrariamente a ello, el entorno del profesor universitario produce niveles de estrés superior a otros y quiebra la capacidad laboral de muchos profesores a una edad más temprana”.

Hace ya ocho años que un estudio de la Universidad de Murcia puso de manifiesto que el 83,6% del profesorado sufría de estrés crónico, y aunque su autor, el profesor ya retirado de Psicopatología de la Universidad de Murcia José Buendía reconoce que “los datos son perecederos”, la situación parece haber empeorado tras la implantación del Plan Bolonia. Es una situación que se repite en otros países vecinos, como el Reino Unido, donde recientemente una investigación publicada por el UCU (Universitary and College Union) ponía de manifiesto que las enfermedades mentales habían aumentado sensiblemente entre la población académica.

El estudio sintetizaba algunos de los principales escollos para la felicidad del profesor, entre los que se encuentran el constante escrutinio externo, la imposibilidad de conciliar la vida personal con la laboral y la necesidad de proporcionar constantemente resultados positivos. Como recuerda la profesora titular de sociología de la Universidad de La Coruña Rosa Caramés, “se desprecia el valor del conocimiento por la eficiencia”. Estos son los principales “jinetes del Apocalipsis” a los que tiene que enfrentarse el profesor contemporáneo.

1. Es una institución del siglo XXI que sigue funcionando de manera medieval

Quizá la comparación más reveladora para definir la universidad sea la que utiliza Piñuel: las universidades siguen reflejando con gran fidelidad las características de la sociedad feudal en la que nacieron. “El feudalismo genera sus cabecillas y sus súbditos, que están obligados a respetar ciertos códigos ajenos al siglo XXI, como cuando te dicen ‘no te presentes a esta plaza porque ya está adjudicada’ o ‘tú no puedes publicar en esta revista hasta que yo lo haga”, explica el autor de La dimisión interior (Ed. Pirámide).

Como dejó escrito el administrador de la Universidad de Harvard Henry Rosovsky en The University: an Owner’s Manual, “las universidades aman los rangos jerárquicos tanto o más que el ejército”. El psicólogo añade que, a diferencia de la educación primaria o secundaria, la universidad está formada por alumnos ya adultos, “que son gente más exigente”, y el profesor está obligado a actualizarse continuamente. Ello da lugar a factores de riesgo psicosocial como  “la rivalidad, la competitividad, las camarillas de poder o las guerras intestinas”, frecuentes en el ámbito universitario y que minan poco a poco la resistencia del profesor.

2. El día que el profesor pasó a ser un burócrata

El Plan Bolonia ha traído consigo, entre muchas otras cosas, una burocratización de la enseñanza que ha provocado que los profesores pasen más tiempo rellenando formularios, pruebas y revisiones que dedicados a la preparación de sus clases y a sus proyectos de investigación. “Bolonia se ha implantado de manera desastrosa”, sintetiza Rosa Caramés. “Sólo se ha conseguido consumir el tiempo dedicado a la preparación de las clases y dedicar más tiempo a labores puramente administrativas”.

Piñuel se muestra de acuerdo: “Son un montón de horas de trabajo que sobrecargan a un profesor que ya está suficientemente sobrecargado de por sí. Para conseguir nada estamos incrementando una carga que no tiene mucho valor añadido. No por rellenar más papeles es mejor, al contrario, el tiempo disponible para preparar clases e investigar se emplea en reuniones y consignar papeles”. También disminuyen las horas de descanso y esparcimiento, vitales para el bienestar de cualquier trabajador.

Esta “maquinaria”, como la define el psicólogo, conlleva otro problema: el aumento de las pruebas sobre el control del profesorado. Algo que en principio tendría como objetivo garantizar la calidad de la enseñanza, se añade a las montañas de burocracia ya existentes y someten al profesor a un continuo escrutinio. “Es la paradoja tras la ilusión del control”, explica Piñuel. “Es un efecto de la centralización de las políticas de la UE que necesita sistemas de control. La idea de consignar papeles, documentos o comisiones da la sensación de que las cosas se están gestionando mejor. Es pura entelequia”.

Pablo, profesor durante quince años tanto en España como en Inglaterra, cree que ello ha provocado, no obstante, que haya un mayor control sobre el acceso a los puestos docentes. “Antes, cualquier catedrático o profesor con influencia podía enchufar a quien le diese la gana (te sorprendería saber en cuántos departamentos de la universidad pública hay padres e hijos o maridos y mujeres)”, explica. “Ahora, al menos, el enchufado ha de pasar un filtro, aunque sea un filtro de mínimos, no del todo exigente, discutible, etc.”

3. Acoso por parte de los alumnos… y por parte de los compañeros

Aunque el acoso por parte de los estudiantes no es tan frecuente como en la educación secundaria, los profesores también manifiestan ser víctimas de amenazas por parte de sus alumnos. El desprestigio reciente de la educación no ha ayudado precisamente: “En los últimos años ha entrado una corriente que desprestigia la labor del docente. En ocasiones parece haber un afán reduccionista, un tanto persecutorio, de la labor de las personas que se dedican a la docencia”, explica Rosa Caramés, que sugiere que muchas veces el profesor es acusado de una serie de cosas –“que no corrige bien, que tiene manía a los alumnos, que no sabe dar clase”– que tan sólo son ciertas en un número limitado de casos, pero que suele hacerse extensible a todo el cuerpo docente.

A este hay que añadirle el mobbing ocasionado por los propios compañeros: según el estudio anteriormente citado, realizado en la Universidad de Murcia en el año 2004, hasta el 44% del personal manifestaba sufrir acoso laboral. Algo que, como señaló en aquella ocasión el profesor José Buendía, “tiene como objetivo que se abandone el centro, puesto que al ser funcionarios, no se les puede despedir”. Piñuel añade que la creciente competencia provoca que las zancadillas sean frecuentes: “Quien no acata las reglas, se convierte en un chivo expiatorio y es perseguido”.  

4. Hay que luchar mucho para ascender

El del acceso a la docencia universitaria es un camino lleno de palos y piedras y, sobre todo, sacrificios obligados. Pasan años hasta que se pueda impartir clase, mucho más hasta que alguien se convierte en profesor titular y ya no digamos convertirse en catedrático. Abundan las horas extras, las asignaturas impartidas a cambio de nada o el “tráfico” de artículos que permite a algunos profesores seguir un año más aferrados a su puesto gracias a trabajos realizados por sus estudiantes.

El motivo de conflicto más grande que puede haber en un departamento es casi siempre las plazas”, explica Pablo, que matiza que al no haber plazas nuevas durante los últimos años, los conflictos han desaparecido. “En el pasado, cuando no existía el método de las acreditaciones, las plazas las decidía el catedrático de turno, y siempre terminaba favoreciendo a sus preferidos, mientras que los otros se jodían y tenían que esperar años hasta conseguir sacar su plaza. Aún hoy se ven rencillas entre profesores que vivieron ese sistema y que se enfrentaron unos a otros por plazas”.
Algo que, no obstante, no siempre es percibido de forma necesariamente negativa, especialmente como una solución al piloto automático que provoca la falta de ilusión entre los docentes de mayor edad. Luna Paredes goza de una beca FPU (Formación del Profesorado Universitario) e imparte clases de «Análisis y comentario de textos literarios» en la Universidad de Alcalá. “El hecho de que un becario imparta una asignatura completa me parecía a priori una irresponsabilidad”, explica. “Sin embargo, un becario también va a afrontar las clases con un entusiasmo que algunos profesores (no todos, no siempre) han perdido”.

El esfuerzo exigido a los primerizos, frente al de los funcionarios, “sólo puede traer cosas buenas”, señala, aunque “implica que las horas de preparación de una sola clase sean ingentes”. Como recuerda Pablo, que imparte ocho horas de clase a la semana, “preparar bien una hora de clase que impartes por primera vez puede llevarte entre ocho y diez horas”. “El becario debe hacerlo bien porque, en primer lugar, está inseguro y se esfuerza ante los alumnos y en segundo lugar, porque no quiere cagarla ante el director de tesis ni el departamento”, concluye Paredes.

5. Se cobra menos de lo que se piensa

El de los sueldos de los profesores universitarios es un tema complicado, en cuanto que estos varían sensiblemente dependiendo del centro, de la categoría del docente o de los diferentes incentivos autonómicos. Las categorías inferiores son las principales perjudicadas de un sistema que se complementa con los célebres quinquenios y sexenios –períodos dedicados a la investigación–, pero a los que no todo el mundo tiene acceso. El salario base puede llegar a encontrarse en unos 1.100 euros. Rosa Caramés recuerda que, aunque ella no pertenezca a dicho grupo, los más jóvenes sufren una mayor precariedad, “con contratos de muy pocas horas por las que se paga muy poco, a pesar de que el tiempo de preparación de las clases sigue siendo el mismo. La docencia se concentra en poco tiempo para ahorrar presupuesto”.

6. Sistema educativo “marketinizado”: el estudiante siempre tiene la razón

Existe cierto consenso entre los profesores en señalar que el alumno ha pasado de ser un estudiante a convertirse en un cliente, algo en consonancia con la tendencia privatizadora del sistema universitario. Ello obliga a que el docente redefina sus tareas y se vea obligado a reinterpretar su labor, lo que en opinión de Rosa Caramés, da lugar a una relación “un tanto viciada”. “Todas las cosas materiales e inmateriales tienen un precio y un valor, que no tienen por qué coincidir”, explica la socióloga. “No se entiende que los conocimientos y su proceso de adquisición es un proceso mutuo. Como todo se ha mercantilizado, lo único que parece sustentar la relación entre profesor y alumno es el precio de la matrícula”.

Como señalaba el filósofo José Luis Pardo en 2008, “todo comenzó con la sustitución de las “asignaturas” por “créditos”. Piñuel lo interpreta como una liberación del estudiante de las cadenas que el sistema feudal le había impuesto. “Uno de los factores novedosos es que el profesor se tiene que poner al servicio del alumno, algo que antes no se entendía así, sino que se ponía énfasis en el profesorado. El alumno ha evolucionado a ser alguien que tiene derechos, que puede exigir, que puede pensar y reclamar”. Algo a priori positivo pero de lo que, sin embargo, el profesor no parece haberse beneficiado: “Precisamente, el burnout en el profesor genera situaciones de maltrato hacia los alumnos impropia de este tiempo, como arrogancia, prepotencia…”

7. La investigación, ¿sirve para algo?

A finales del año pasado, la comunidad científica se vio sacudida después de que el Premio Nobel Randy Schekman denunciase que el factor de impacto de las revistas –es decir, la puntuación recibida por cada publicación sobre el número de veces que sus artículos son citados– vicia la investigación, y crea burbujas en torno a determinados temas. Algo semejante ocurre con el funcionamiento de los diferentes departamentos de investigación, que se centran exclusivamente en aquellos temas que les pueden dar una mayor visibilidad, despreciando aquello que no está de moda.


La máquina de la producción científica no puede pararse. Como recuerda Pablo, en países como Inglaterra, “una parte importante de los ingresos de los departamentos se los juegan con la productividad de los miembros. Es decir, si un profesor se pasa tres años sin publicar un artículo de prestigio o sin conseguir un proyecto de investigación, baja los promedios del departamento y este pierde dinero”. No obstante, se trata de una situación que afecta más en el extranjero que en nuestro país. “Un profesor titular (y conozco no a uno o a dos, sino a muchos) puede tirarse, no tres años, sino toda una vida sin dar un palo al agua, excepto prepararse sus horas de clase semanales, corregir exámenes y punto”, explica el profesor.

8. Sentimiento de inutilidad

En una reciente investigación llamada It’s a Bittersweet Symphony, This Life: Fragile Academic Selves, el profesor de gestión de las organizaciones de la Universidad de Lancaster David Knights, tras analizar los problemas de identidad entre el cuerpo lectivo inglés, llegó a la conclusión de que la mayor parte de sentimientos de los profesores hacia sus centros estaban marcados por la ambivalencia. Por una parte, porque su idea del mundo académico estaba marcada por la pasión, por el entusiasmo y por unas elevadas expectativas. Pero, al mismo tiempo, estas se encontraban matizadas por una agria sensación de que muchas de sus aspiraciones parecían “irrealizables, si no irreales”.

“Los que tenemos más vocaciones de hacer cosas nos vamos desgastando”, afirma Pablo. “Muchos de estos profesores que sólo hacen docencia en realidad no tienen interés en nada y por eso no investigan, lo único que les apetece es leerse el periódico, hablar por teléfono y tomar cafés”. Es la última etapa de un proceso que erosiona poco a poco las ilusiones privilegias y que, como recuerda Piñuel, aparece mucho antes que en otras profesiones. “Si bien la respuesta a nivel institucional a sus esfuerzos no alcanzaba el reconocimiento jerárquico, social o por parte de los compañeros, la dulzura de una carrera potencialmente estimada y una identidad reconocida de manera pública disparó sus esfuerzos”, concluía el estudio sobre esos frustrados, pero ilusionados, profesores.

“Así como periódicamente hacemos una revisión de nuestro vehículo, deberíamos hacer la ITV psicológica de los profesores”, concluye Piñuel. “Tenemos entre nuestras manos el mejor capital simbólico del país”. No se trata únicamente de preservar la calidad de vida de los docentes, sino también, de evitar que el alumnado sea la última víctima de un sistema desencantado y cada vez más oprimido.

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Sobre el fracaso educacional

Mensaje  Genaro Chic el Lun Ene 05, 2015 11:32 am

Análisis de los elementos racionales que intervienen en el proceso educacional y su evidente falta de interconexión, plasmada en las endémicas tasas de fracaso escolar y en la escasa o nula implicación de las autoridades educativas.

El insuficiente apoyo institucional y ausencia de la necesaria flexibilidad laboral en las empresas para lograr la conciliación de la vida laboral y familiar ha favorecido la proliferación de guarderías infantiles públicas y privadas en las que el niño deberá pasar años decisivos para la formación de su personalidad y afectividad, lo que coadyuvará al desarraigo afectivo de los niños y tendrá implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo.

A ello se añadiría la inadecuada adquisición de hábitos básicos para la maduración personal del niño o incluso ausencia total de ellos en los casos más extremos: Citaremos la necesidad de unos horarios reglados; adecuada alimentación; motivación a la lectura; valoración del esfuerzo personal como vehículo de satisfacción y superación individual así como el fomento del ahorro ante el futuro mediato, lo cual conduce a la aparición de niños superconsentidos e hiperprotegidos con fácil tendencia a la frustración ante el menor revés o dificultad, aunado con los problemas de concentración e interiorización de los contenidos escolares como consecuencia del uso abusivo de todo tipo de medios audiovisuales en su entorno familiar.

En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales, quedando así reducidos los soportes tradicionales de transmisión del saber (comprensión lectora, producción escrita y razonamiento lógico-matemático) a la mera condición de rutina tediosa y monopolio exclusivo de la escuela anquilosada que deberá actualizar sus recursos didácticos.

Asimismo, hay que adjuntar el adelanto e intensificación de los rasgos típicos de la adolescencia (pasotismo y rebeldía) fruto de la imagen transmitida por la publicidad y los medios de comunicación que intentan acelerar la llegada de nuevos consumidores y la silenciosa revolución conocida como “Golpe de mano incruento” por parte de los adolescentes, convirtiéndose en muchos de los casos en vulgares déspotas y basando su actuación en la ley del mínimo esfuerzo y máximo provecho refrendado con la obtención de todo tipo de caprichos materiales y la falta de sintonía entre los idearios de la escuela y el resto de la sociedad, apareciendo la escuela como apéndice molesto de la sociedad al intentar transmitir valores en desuso, como la necesidad del diálogo y comunicación interpersonal para resolver conflictos y la valoración del esfuerzo personal para lograr metas concretas, utopías que se hacen añicos al contacto con la cruda realidad de la vida diaria.

A ello sumaremos la agudización del fenómeno de la inmigración, que conlleva la necesidad de ingentes medios materiales y humanos y el consiguiente aumento de las partidas presupuestarias que no siempre se materializan y como consecuencia inmediata, la enseñanza pública se ha convertido en la mayoría de los casos en guetos de inmigrantes y los centros concertados y privados han quedado como refugio de la excelencia educativa y las clases económicamente solventes, lo cual acelerará la previsible fractura social en un futuro próximo.

Todo ello tendría su reflejo en las tasas insultantes de fracaso escolar en la Educación Secundaria Obligatoria (31 %) y las raquíticas tasas de población escolar (21%) que alcanzan el nivel de Secundaria Pos-obligatoria (Bachillerato y FP de Grado medio) como consecuencia lógica de lo expuesto anteriormente y la aplicación de sucesivas reformas educativas (LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE) y futuras sopas de letras que basándose en la falacia de la promoción automática o semiautomática, falta de valoración del esfuerzo personal y pérdida vergonzante de la autoridad del profesor han conseguido tasas de fracaso escolar cercanas al 32% de la población escolar, jóvenes que no conseguirán la titulación mínima exigida para la incorporación al mundo laboral y que les llevará a convertirse en mano de obra no cualificada y fácilmente explotable.

Revitalización de la FP

La Formación Profesional siempre ha sido la gran Cenicienta de nuestro obsoleto sistema educativo, por lo que resulta imperioso un Redescubrimiento de la Formación Profesional por parte de la Sociedad y Autoridades Educativas y para lograrlo, deberá contar con las necesarias inversiones en equipamiento y material humano y estar interconexionada con empresas punteras en I+D, para así conseguir profesionales que puedan afrontar los retos de la vertiginosa revolución tecnológica de la sociedad virtual y global en que vivimos y evitar la proliferación irracional de Universidades públicas y privadas con escasa o nula vinculación con grupos empresariales innovadores, que acompañado de un descenso acusado de la tasa de población universitaria quedarán en la mayoría de los casos reducidas a meras expendedoras de títulos que conducirán al futuro licenciado a contratos seiscieneuristas e interinidad vitalicia, excepción hecha del funcionariado público y las élites universitarias.

De todo ello, se deduce la necesidad urgente de un Pacto educativo a tres bandas: (Asociaciones de Padres, Profesorado y Autoridades Educativas) para consensuar los valores que se deben transmitir, los mínimos educativos que se deben lograr así como establecer el calendario de aplicación de dicho pacto y la cuantificación económica del incremento de la inversión educativa, intentando que en breve plazo de tiempo se logre salir del furgón de cola educativo de Europa.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ

http://iniciativadebate.org/2015/01/04/sobre-el-fracaso-educacional/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+IniciativaDebate+%28Iniciativa+Debate+P%C3%BAblico%29


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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Dom Abr 26, 2015 2:02 pm

Si lo más importante para el éxito de la enseñanza es la calidad y el ánimo de sus maestros, nosotros estamos fracasando: prácticamente no hay medida que avance en esa línea, que ponga el acento en la función básica del profesor como eje absolutamente fundamental del proceso. Y miren que no es cuestión de medios. En otro de sus informes, Education Policy Outlook 2015, la propia OCDE señala que la ratio de estudiantes por profesor española está por debajo de la media, que los salarios de nuestros profesores son competitivos y que, tanto en Primaria como en Secundaria, las horas dedicadas a la enseñanza son las adecuadas. Entonces, ¿de dónde tan perfecto desastre? Pues más que probablemente de una filosofía educativa disparatada, en caída libre desde la funesta Logse de 1990.

Luisa Juanatey, profesional de larguísima experiencia, en su libro Qué pasó con la enseñanza. Elogio del profesor, subraya los síntomas fundamentales del despropósito: la depreciación de la idea de autoridad, el descrédito de la memoria, la horizontalidad impuesta en las aulas, la falta de autonomía del enseñante, la repulsa que provoca la noción de esfuerzo, el imperio de pedagogos pintorescos, la actitud hostil de los padres, la moda de no poder contrariar a los críos, el invento de la docencia como diversión, el exótico derecho al aprobado incondicional, tantas y tan graves estupideces que conforman el hoy de una escuela inútil, decepcionante y decepcionada.

La profesión más hermosa del mundo se está convirtiendo en una profesión maldita. Y lo peor es que a casi nadie parece importarle demasiado.

Rafael Padilla

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2015234/una/profesion/maldita.html

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La educación mixta a debate

Mensaje  Genaro Chic el Miér Abr 29, 2015 10:37 am

Después de una larga historia de marginación educativa de las chicas, la coeducación, aplicada en toda nuestra área cultural, nos parece un logro liberador. Pero hay muchas voces en su contra

           No todos los defensores de la educación diferenciada son conservadores temerosos y ultras. Hay movimientos feministas que piensan que la coeducación perjudica a las chicas. En Suecia, la presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, Christ Heister, ha publicado un informe en el que afirma que la causa del fracaso escolar radica en la obstinación por negar las diferencias entre niños y niñas. Hace unos años, la conocida experta en educación Inger Enkvist, que fue invitada para asesorar en la Ley de Educación Catalana, mostró su perplejidad ante un texto que prohibía de forma expresa, un método, el de la educación diferenciada, “de cuyos resultados pedagógicos nadie podía objetivamente dudar”.

           La NACE (National Association for Choice in Education, anteriormente conocida como National Association for Single Sex Public Education) y la European Association for Single Sex Education (EASSE) son las más activas defensoras  de esta postura. Aducen que chicos y chicas maduran a distintas velocidades, tienen intereses y estilos de aprendizaje distintos, y, por ello, someterles a una educación uniforme perjudica a todos. Las niñas son más precoces verbalmente: a los seis meses de edad muestran más actividad cerebral en el hemisferio izquierdo, responsable de las habilidades del lenguaje. A los 20 meses tienen el triple de palabras que los niños. En el colegio escriben antes y con mayor perfección, adquieren más vocabulario y leen con más facilidad. Además, indican, el fracaso escolar de los chicos está 14 puntos por encima del de las chicas, y por cada alumna que repite lo hacen dos chicos. De las diez mejores escuelas de Inglaterra, sólo dos son mixtas. Entre las mejores cincuenta, hay 16 mixtas. Según la investigación de Lee y Bryk en el año 2003, con alumnos de 75 escuelas, los que estudiaban en escuelas separadas obtenían mejores notas. En Ontario, 10 de las 16 mejores escuelas con mejores calificaciones eran diferenciadas. En Australia se comprobó que los alumnos de educación diferenciada obtenían un resultado entre un 15 y un 22% mejor que los de escuelas mixtas. Estos son los argumentos de los críticos de la coeducación.

            En algunas naciones se ha intentado tímidamente poner en práctica  estas ideas. El senado de Berlín, a iniciativa de la ministra de Educación, Ingrid Stahmer, socialista, recomendó la separación, en un intento de discriminar positivamente a las chicas, en las clases de matemáticas y ciencias. La medida se implantó en más de ciento cincuenta colegios públicos. En EEUU se llegó a un acuerdo en el año 2001 para modificar la No Child Left Behind Act, y permitir aulas diferenciadas. En la actual Administración americana, Arne Duncan, colaborador de Barack Obama, es partidario de la separación. La Corte Suprema de EEUU declaró la constitucionalidad de la educación diferenciada en las escuelas públicas en 1996, con una serie de garantías, como la facilitación de cursos, servicios e instalaciones similares para ambos sexos. Desde entonces, aumentan los centros que la imparten. Sin embargo, un estudio titulado “The Pseudoscience of single sex schooling”, publicado por científicos que forman parte del American Council for Co-Educational Schooling, considera que no son ciertas las ventajas que se atribuyen a la educación diferenciada.

           El mayor argumento a favor de la educación mixta es que favorece la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, no parece haberse conseguido. Encuestas recientes muestran que en nuestras aulas se reproducen los estereotipos de género. En toda Europa cunde la preocupación por la falta de interés de las chicas en carreras de ingeniería, matemáticas, informática o física, porque se consideran carreras masculinas. Dado que estas profesiones van ser las más demandadas en el futuro, este sesgo resulta perjudicial para las chicas. En un reciente informe de la OCDEThe ABC of Gender Equality in Education–​ se dice que la educación diferenciada puede servir para solucionar los estereotipos sexuales que existen aún en las escuelas. En concreto afirma que “las chicas en colegios separados por sexo obtienen mejores resultados en matemáticas y son más proclives a asumir riesgos en sus tareas escolares”. Otros autores –como Cristina Hoff en su libro "The War Against Boys: How Feminism Is Harming Our Young Men– consideran, en cambio, que son los chicos los más perjudicados  por la educación mixta. Business Week, en mayo de 2003, publicó un preocupante artículo sobre cómo los chicos están siendo "marginados" por el sistema educativo, frente a unas chicas que, en igualdad de edad, los superan en capacidades. El psicólogo Michael Thompson, autor de diversos libros en la materia, confiesa su satisfacción por el renacer de las escuelas masculinas pues considera que "en los colegios para chicos estudiar es cosa de hombres, mientras que en los mixtos se corre el riesgo de que estudiar sólo sea cosa de chicas".

           Hay otra razón más sutil en la influencia de la escuela mixta. Varios autores detectan que en la adolescencia la educación mixta fomenta una asunción de roles de género inadecuados. Resulta extraño que a pesar de tener mejores resultados académicos, la autoestima de las chicas disminuya durante la educación secundaria. Mary Pipher, en su best-seller Cómo ayudar a su hija adolescente, escribe: “La mayoría de las niñas entre 7 y 11 años se interesan por todo, pero pasada esa edad, algo les pasa en su primera adolescencia. Saben que algo malo les está pasando, pero no saben cómo manejarlo. Una adolescente decía de sí misma: 'Todo lo bueno que había en mí murió al comenzar la secundaria'”. Simone de Beauvoir lo explicó en una sola frase: “Las muchachas que son sujetos de sus propias vidas se convierten en objetos de otras vidas”. Y concluyó: “Dejan de ser y comienzan a parecer”.

            Por otra parte, el machismo parece no haber descendido, sino al contrario. El 33% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años, es decir, uno de cada tres, considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias o amistades, no permitirles que trabajen o estudien o decirles lo que pueden o no pueden hacer. Es la conclusión más llamativa de un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) por encargo del Ministerio de Sanidad para conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y jóvenes (“Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud”), continuación de otro similar realizado el año pasado con personas de todas las edades. Si se comparan los resultados de ambos trabajos, la conclusión es aún más preocupante, pues los jóvenes son menos críticos que los mayores con este tipo de actitudes machistas dentro de las parejas: el 32% de las chicas las toleran frente al 29% de la población femenina general, mientras que el 34% de los chicos las consideran aceptables, cuatro puntos más que el conjunto de hombres de todas las edades. Siete de cada diez adolescentes creen que los celos “son expresión de amor”, y el 60% de las chicas recibe insultos machistas de sus parejas por el móvil. Según la socióloga Verónica de Miguel, coordinadora del estudio, los jóvenes rechazan las agresiones físicas, “pero no la violencia de control, que también debe considerarse violencia de género”.

           Hay autores que relacionan esa violencia precisamente con la educación mixta. Es la opinión de María Calvo, que ha defendido en varios libros la educación diferenciada. Considera que el peor desempeño de los chicos en el ámbito educativo les impulsa a compensarlo con comportamientos más agresivos o chulescos.

           Este es un resumen de los planteamientos actuales. ¿Cuál es su opinión? ¿Los chicos con las chicas o separados? Comienza el debate.

José Antonio Marina

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2015-04-28/los-chicos-con-las-chicas-o-no-jose-antonio-marina_783558/

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Nadie hablará de nosotros (los profesores) cuando estemos muertos

Mensaje  Genaro Chic el Vie Mayo 01, 2015 2:50 pm

Este es un artículo que no se tendría que haber escrito pero que he acabado escribiendo por vergüenza. Porque siento auténtica vergüenza de que las únicas palabras que ha recibido Abel Martínez, el primer profesor muerto en España en acto de servicio (como gustan decir cuando muere un soldado), se las haya dedicado Luis Azcárate Iriarte en una carta al director publicada en El Mundo.

           En acto de servicio, fíjense, murió un soldado por un error de Israel. Un soldado. No voy a entrar en si unos valen más que otros, sino por qué todo lo que rodea a la noticia ha pasado prácticamente desapercibido. Mi pregunta es por qué la muerte de una persona cuya lucha era la de sacar vidas adelante, construirlas y prepararlas para el “gran infierno del mundo” apenas merece un titular que oculta su nombre.

           Como profesor que soy también estuve tentado de escribir en caliente. Pensé, ingenuo de mí, que dada la gravedad del asunto saldrían sesudos análisis en columnas de varios diarios. Que la tele nos bombardearía con entrevistas a compañeros y que incluso algún periodista radiofónico iría a hablar con profesores. Pero nadie se hizo eco de ello. Ni aquel día, ni al día siguiente, ni en los que siguieron. Ninguna consejería de educación dictaminó un solo minuto de silencio e incluso en algunos centros lo disfrazaron con la tragedia de los muertos en el Mediterráneo. Ya ven, 23.000 muertos después y ahora hacen un minuto de silencio por ellos.

           En unas semanas nadie se acordará ya de Abel Martínez. Su nombre no estará en la placa de ningún aeropuerto al que no vayan aviones, ni en ningún mercado moderno pagado con sobrecostes. Ni veremos en televisión un perfil trazado al milímetro acerca de su dieta, sus relaciones de amistad, de pareja o de por qué decidió meterse a profesor. Porque ni tan siquiera para las miserias se han preocupado de indagar. No pilotaba un avión y lo hizo estrellar. No estaba en un museo haciendo de turista-soy-del-primer-mundo-a-mí-qué-me-va-a-pasar en Túnez. No hacía alpinismo en Nepal.

           Estaba dando clase. Un maldito privilegiado, ¿verdad? Porque de eso va el asunto. Eso es lo que los medios silencian. Lo que no nos quieren contar es que el Rey está desnudo.

          No quieren contar que esto no es simplemente un “es que el chaval estaba mal de la cabeza”. No es tan solo “mira, como en Estados Unidos”. Porque esto no es Estados Unidos y nuestros esquemas mentales, a pesar de la aculturización más superficial que real, son bien diferentes.

           Hay algunas cosas de las que no se quiere hablar. Por ejemplo de que el Estado y los políticos que lo gestionan han ido gestando durante décadas una imagen del funcionario público como una casta de privilegiados que viven a cuerpo de rey. No cuentan que se acaba atrapado, por cómo está la puta vida, en una profesión que te gusta pero que no puedes ejercer y donde encima te menosprecian y te juegas la vida y la salud en clase y en la carretera. No se habla del desprecio intergeneracional, interprovincial, intermunicipal, interclase entre los profesores. Ni del odio y el rencor como sistema social, que así funciona todo. Así funciona el fútbol, la política, la educación y la economía. Y cuando hay uno al que se le cruzan los cables, porque se habla poco y mal de la drogadicción blanda y el alcoholismo de los chavales, pues pasa esto.

           No se menciona a esos padres que financian e incluso compran el alcohol a sus hijos menores (a veces muy menores) bajo la excusa de que de este modo saben qué es lo que beben (prostitúyanlos y así sabrán también con quién lo hacen). No se habla de la excesiva tolerancia con un porro que “eso casi no es droga”. No se menciona nada de eso porque lo que los medios quieren silenciar hablando a gritos de psicóticos y leyes educativas es que el emperador no tiene traje, que nuestro sistema de valores ha colapsado hace tiempo, que la ilusión de la sociedad ha fracasado porque el contrato social que suscribimos está totalmente roto bajo el único motor del sálvese quien pueda.

           Se menciona con frecuencia a aquellos elementos que son incontrolables para justificar la inopia, que sí es responsabilidad nuestra. Por ejemplo, se mencionan las nefastas leyes educativas, los programas de televisión con audiencias desorbitadas (alguien los verá, quizá los mismos que votan a partidos que luego dicen no haber votado), la desestructuración familiar, la crisis… y así una retahíla de monstruos distante, adimensionales, como aquel “sistema” al que se culpa de todo.

           ¿Y qué es el sistema? Dices mientras clavas tu pupila en mi pupila azul. El sistema eres tú.
El “sistema” me cuenta un compañero de Barbate es la tolerancia con alumnos menores de edad que faltan unos días fijos a clase para recoger fardos de droga en la playa. Y luego se pasean, repito, siendo menores de edad, en su propio BMW. A lo mejor lo han visto en The Wire. Pero no es Baltimore, sino un pueblo de Cádiz. El sistema es la tolerancia sistemática de los diferentes gobiernos municipales, provinciales, autonómicos y nacionales con la Economía del Mal, que permite evitar políticas reales de empleo. Mientras se regule la válvula de lo ilegal con alguna redada de vez en cuando, todos contentos.

           Todos contentos menos los profesores del Estrecho, que viven amenazados y tienen auténticos criminales en clase. Para ellos su labor no es enseñar ni educar, sino arriesgar el pellejo en lo que en otros sitios sería un correccional. Porque me cuenta otro compañero que alguna vez ha visto navajas en clase.

           Puestos a hablar de armas, a otro le ofrecieron pistolas de saldo en Sevilla porque a la alumna le había llegado un chivatazo de que iban a asaltar su casa y se iban a llevar el arsenal que su familia tenía para traficar. En el mismo centro unos alumnos entraron en horario no lectivo, arrasaron con todo y luego le ofrecieron desde la Administración un guardia privado para callarles la boca y que no trascendiera a los medios. Por no hablar del alumno al que reventaron la mandíbula de una patada en la boca o del profesor amenazado por un padre casco en mano por haber expulsado a su hijo de clase.

           Los profesores de un gran número de centros en España viven bajo una amenaza constante porque no se respeta lo que no tiene poder. El triunfo de un determinado tipo de políticas mal llamadas “sociales” a partir de los 60 trajo consigo el enarbolamiento de la mediocridad. Todos podían aspirar a igualarse en el punto más bajo porque la finalidad era la de ser iguales en la religión del consumo y el endeudamiento. El propio diseño de la EGB y el BUP en la España de Franco demostraba esta finalidad: educación básica y gratuita hasta la edad de trabajar; a partir de ahí, quien pueda pagarlo.

           En los 80 se labró en bronce el lema del “hijo del obrero a la universidad”. El objetivo era destruir un modelo universitario para imponer progresivamente una universidad llena de puestos digitales, endogámicos y burocratizados. En lugar de abrir la elite del profesorado universitario a nueva sangre, se abrió a nuevas clientelas. Su modelo fue el del resto del país en el siglo XX: imbricar elites viejas con nuevas, ya que muchos de los “nuevos” aspiraban, como la burguesía decimonónica, a convertirse en aristocracia.

           Fue así como la educación, aquí y en otros países, se convirtió en algo secundario. Todo debía ser economía. En los 80, en los 90, en las políticas de todos los partidos, la obsesión era el crecimiento económico, ya fuera legal, alegal o ilegal.

           En todo ese proceso, cuando hizo falta abrir la mano, construir institutos y contratar profesores, se hizo. El dinero lo calla todo.
Los supuestos privilegios difundidos desde la administración hacia el elemento de la cultura popular harían que pudieran pasarse por alto los alumnos que van por la mañana a traficar con droga al centro y por la tarde a Proyecto Hombre. Podrían pasar por alto a esa madre que viene a traerte el niño expulsado por amenazar a un profesor porque ella no lo quiere tener en su casa, que lo aguantemos nosotros “que nos pagan por ello y a ella no le dan nada por tenerlo” (literal, oído por quien les escribe). Porque la culpa es nuestra, como se encargaron de decir los que en los 80 introdujeron la palabra “motivación” en el lenguaje pedagógico, como si en la vocación y en la pasión por lo que uno hace no fuera implícito el hecho de la motivación.

           Ahora, que tanto se habla de empoderamiento, les pregunto, ¿qué poder tiene un profesor cuando lo que hace no vale para nada según el contrato social? Se respeta solo lo que tiene poder. Por eso nadie usa una ballesta contra Rato, o contra Blesa, Chaves, Mar Moreno, o contra toda la caterva que ha robado, defraudado, estafado y llevado a este país a la ruina. Porque a pesar de todo, todos saben que lo que han hecho lo han hecho por poder.

           Abel Martínez no tenía ningún poder. No lo tiene ningún profesor cuando te dicen “yo cargando con droga gano más que tú en un año”. No puede tenerlo cuando un alumno de 14 años puede permitirse el lujo de cogerte por el cuello e irse riendo una hora más tarde porque su castigo es irse expulsado 1 mes (o no tener ningún castigo). No puede tenerlo cuando quien tiene poder no tiene estudios, ni se avergüenza por ello. Cuando ni siquiera entre los propios representantes de lo público se defienden entre sí.

          No se puede tener poder en esta cultura del “pobrecito”. Se olvida tantas veces que uno de los grandes logros de nuestro “sistema” es precisamente la oferta de oportunidades. Nunca en la historia de este país un alumno ha tenido tantas oportunidades para salir adelante. Orientadores, tutores, servicios sociales, planes de atención a la diversidad, adaptaciones curriculares, repeticiones de curso, exámenes de recuperación… No se hacen ustedes a la idea de lo poco que hay que hacer para tener un mínimo de estudios en España.

           Sin embargo, todos son “pobrecitos”. Pobrecito por su familia, por su medicación, por su entorno, porque toma drogas, porque se emborracha con el alcohol que le compran los padres, porque su padre es otro hijo de puta encerrado en la cárcel por pegarle a su madre… Y es el profesor, que no es un pobrecito sino un privilegiado, quien tiene que cargar con sus iras en clase, con las psicosis. Pobrecito porque en vez de estar atendido en un centro adecuado la administración ha decidido que es mejor (y más barato) que esté donde están todos. Pobrecito porque los 3345 profesores agredidos en 2014 fueron golpeados, vejados y amenazados por pobrecitos con miles de oportunidades regaladas que no han querido aprovechar.

           Porque, ¿son los profesores quienes disfrutan de sus cuentas en Suiza, de tablets y móviles regalados al entrar a dedo y por clientelas en sus puestos? ¿Gozan de los privilegios de una pensión vitalicia por unos meses de trabajo en su vida?

          Son héroes, que nos llamó Susana Díaz. Mire usted, no aspiramos a ser héroes porque los héroes mueren. Ser profesor no puede ser un acto de heroicidad. Y eso es de lo que ningún medio quiere hablar. No quieren hablar de la ruptura del contrato social que solo se sostiene porque aún somos un país que mira hacia arriba con respeto (tal vez con envidia) y hacia abajo con desprecio.

           Si mañana alguien con una ballesta hecha en su casa matara a un solo político, a un único banquero, cientos de tertulias abrirían durante semanas con su semblanza. Pero si usted es profesor, sepa que nadie lo hará cuando esté muerto.

Aarón Reyes (@tyndaro)

http://revistadistopia.com/politica-y-sociedad/opinion/abelmartinez/


           NOTA MÍA: Habrá quien quiera ver en este artículo una manifestación de espíritu corporativo. Es de esperar, con el tipo de sociedad en la que -como señala el articulista- vivimos.

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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Lun Oct 10, 2016 8:55 pm

El PSOE y la enseñanza


El PSOE siempre ha considerado la educación como su buque insignia. Es su terreno. Presumen de que les preocupa la educación. De que ellos han sido los que han generalizado y universalizado el acceso a la educación en España. De que antes de ellos esto era un páramo.

¿Pero qué han hecho los gobiernos socialistas en educación?

Pues efectivamente, ellos han generalizado… no la educación, sino la palabra 'educación', con la que han sustituido el vocablo 'enseñanza'. Enseñanza y educación no son exactamente sinónimos. Enseñanza es instrucción, transmisión de conocimientos. Y educación es, sobre todo (para ellos), adoctrinamiento. De hecho, hasta les han cambiado el nombre a los colegios públicos, que antes eran "de Enseñanza General Básica" y ahora "de Educación Primaria". O a los institutos, que fueron "Institutos Nacionales de Enseñanza Media", pasaron a ser "Institutos de Enseñanza Secundaria" y ya son "Institutos de Educación Secundaria". Y no crean que esto es un melindre filológico: tiene más importancia de lo que parece.

El caso es que el PSOE es el responsable de la Logse, promulgada en 1990, una ley que profundizó de manera radical y catastrófica en los males de la enseñanza española, que, para ser justos, ya venían apuntando desde antes, sobre todo desde la Ley General de Educación (1970) del tardofranquismo.

La Logse es una ley dogmática, que consagra una doctrina pedagógica como la única posible. La enseñanza 'comprehensiva' (de vieja raigambre progre anglosajona), según la cual a los alumnos hay que agruparlos por edad, y no por conocimientos, es la piedra angular del arco logsiano. Los socialistas presumen de que ellos introdujeron la enseñanza obligatoria hasta los 16 años. Antes de la Logse la obligatoriedad era hasta los 14, pero lo cierto es que muy pocos alumnos abandonaban antes de los 16. O sea, la generalización no fue llevar 'a la escuela' a grandes masas de chicos que estaban fuera, sino obligar a quedarse hasta los 16 a un pequeño porcentaje de alumnos que resultó que sí, que se quedaron, pero fundamentalmente para obstruir el 'derecho a la educación' de los demás y para reventar las clases. La caída en picado de la disciplina a partir de la Logse fue vertiginosa. Porque a este pequeño porcentaje de chicos, que realmente no tenían interés por estudiar, no se le dio una salida práctica, sino que se les mantuvo en las mismas aulas que el resto. E imaginen lo que un adolescente aburrido puede liar durante seis horas diarias sentado en un aula recibiendo lecciones que ni entiende ni le interesan.

Otro aspecto básico de la Logse socialista es la ausencia de pruebas de nivel externas. Es decir, de reválidas. Pero ojo, porque las reválidas no las quitó el PSOE. Las reválidas las quitó Franco. Así como suena. Las reválidas, exámenes estatales o como ustedes quieran llamarlas, existían en la República y Franco las mantuvo… hasta que en 1970 se las cargó. Y, claro, se acabó el 'control de calidad' del sistema.

Por supuesto, los socialistas se muestran muy contrarios a las reválidas, pruebas que permitían, entre otras cosas, que el Estado validara las notas y los títulos obtenidos en los centros privados. Los alumnos de coles de pago tenían que presentarse (junto con los de institutos nacionales) a la reválida. No se les daba el título si no aprobaban. Así que había que prepararlos bien. Y había que exigirles. Y no se podían regalar las notas. Eso se acabó en 1970 por obra de Franco, insisto. Y los socialistas, encantados con la cacicada franquista.

Por cierto, para evitar equívocos: la Logse sigue en vigor. Las leyes posteriores son remodelaciones o repellados mínimos del muro logsiano. Incluidas las del PP. Ahora se llama Lomce, pero es la Logse con colorines. Y las timiditas reválidas que Wert introdujo, de momento, ya no se van a aplicar. Porque, además, otro de los grandes logros socialistas (con ayuda, también, del PP) es la fragmentación de las competencias educativas. El Ministerio de Educación se ha quedado en nada. Ahora son los sátrapas taifeños los que hacen y deshacen. Sobre todo, en un asunto crucial como la lengua vehicular. El apoyo socialista (y de la izquierda en general) a la inmersión lingüística obligatoria ha sido entusiasta. Y la derecha pepera también ha contribuido, porque los abusos se han producido no solo en Cataluña (donde han llegado al extremo totalitario de negar la enseñanza en lengua materna al 55% de la población), sino en otras comunidades autónomas gobernadas por el PP, que, en distintos grados, también han dificultado o impedido la elección de lengua.

Los socialistas presumen de que buscan la igualdad entre los españoles, y repiten insistentemente que la educación pública es una inversión social destinada a ayudar a los desfavorecidos… Pero lo cierto es que el resultado de sus políticas ha sido justamente el contrario. No hay ley que haya beneficiado más a la enseñanza privada que la Logse. Para huir de la ruina logsiana muchos padres han hecho economías y han metido a sus hijos en la privada. El prestigio de los institutos nacionales se ha venido abajo estrepitosamente. Hubo un tiempo en que las familias pudientes enviaban a sus hijos a los institutos, que contaban con unos profesores, en general, mucho más preparados que los de los colegios privados. Había catedráticos y agregados que pasaban unas duras oposiciones nacionales. La Logse se cargó el acreditado cuerpo de catedráticos de instituto (los últimos están a punto de jubilarse). También el de agregados. Se hizo un 'remix' con el cuerpo de profesores de Formación Profesional. Y con el de maestros de Primaria, a los que se permitió optar a plazas de institutos de Secundaria, mientras por arriba se cegaban las vías de acceso del profesorado de Secundaria a la Universidad. Las oposiciones se 'autonomizaron' y se descafeinaron. Los profesores ya no son, en la práctica, funcionarios del Estado, sino de la autonomía. Además, ahora para opositar a profesor es mucho más importante el dominio de la jerga pedagógica que el de los contenidos de la asignatura. Cualquier parecido entre las oposiciones de los años 70 y las actuales es mera coincidencia.

Por otro lado, la posibilidad de que los hijos de los obreros, con su esfuerzo (y con las becas por nota, que también se cargó el PSOE), se abran camino en la vida se dificultó muchísimo con las leyes socialistas. Es que bajar los niveles a quienes más perjudica es a los de abajo. Los títulos ya no valen nada. Incluso muchos títulos universitarios son papel mojado. El que quiere preparación necesita la pasta de papá para irse al extranjero o costearse un máster. O dos, mejor.

La enseñanza pública durante mucho tiempo había sido un 'ascensor social'. Pero la falta de rigor, el buenismo y la 'comprehensividad' la han convertido en un aparcamiento de jóvenes. La profundidad de los contenidos y el rigor académico han ido adelgazando o desapareciendo desde la Logse, hasta que han pasado pasado a convertirse, en el mejor de los casos, en un tenue barnicillo cultural. Y, por supuesto, donde esto se ve de manera más clara es precisamente en las comunidades autónomas gobernadas más tiempo por los socialistas. Andalucía, a la cabeza. Extremadura, inmediatamente detrás. Y Castilla-La Mancha, muy cerca.

Los logros socialistas en educación son todos mentira podrida. El PSOE, los sindicatos de izquierda, las Asociaciones de Padres (ahora Ampas) manejadas por ellos reaccionan con una crispadísima sobreactuación contra cualesquiera medidas encaminadas a limpiar mínimamente el tinglado infecto en que se ha convertido la enseñanza pública. Es imposible cualquier reflexión serena, cualquier pacto, cualquier reparación o cualquier parche en este chiringuito educativo. El terreno de la educación, como dije al principio, es 'de ellos'. Sin discusión. La charca pestilente la han llenado 'ellos', con demagogia, con sectarismo, con desatino y con estupidez extrema. Y con la ayuda de los nacionalistas, por supuesto. Y con la del PP, partido ya despojado de cualquier enjundia ideológica, que ha abandonado vergonzosamente la batalla de las ideas y que ha entregado la legitimidad a la izquierda. Ah, y la de Ciudadanos, que lleva tiempo ya instalado también en el maricomplejinismo.

Así que cuando me dicen que el PSOE trabaja por la educación, por la igualdad de los españoles, por la cultura y por la ciencia, me entran unas irrefrenables ganas de reír. O de vomitar.

José Aguilar Jurado

http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-aguilar-jurado/el-psoe-y-la-ensenanza-80222/

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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Dom Oct 23, 2016 7:45 pm

LA EDUCACIÓN DURANTE LA TRANSICIÓN EN ESPAÑA

(Comentario al texto anterior)

Un modelo educativo responde a un modelo de sociedad que se pretende llevar adelante. El hecho de que la transformación del sistema educativo es España comenzara durante el mandato del general Franco (Ley General de Educación de 1970: EGB, Bachillerato Unificado y Polivalente; FP), cuando en el gobierno tenían mucha influencia los tecnócratas del Opus Dei, indica que la transición socioeconómica del tradicionalismo al liberalismo había comenzado bastante antes de que se impusiese formalmente el modelo político democrático. Éste a su vez no surgió desde luego de la nada tras la muerte del Caudillo, sino que  se fraguó dentro del Régimen, que entró en evidente transformación desde que EEUU se convirtieron interesadamente en protectores del general.

El proceso es largo y fue bastante exitoso: la Transición fue relativamente tranquila y en ella el nuevo PSOE (que no era el de la República, que quedó relegado) jugó un papel fundamental, aunque no tan trascendental como se quiere hacer ver hoy en día.

Se trataba de hacer, a través de la educación, una sociedad de consumo mucho más individualista que la que se dejaba atrás, en la que la educación se encomendaba a la familia, considerada eje fundamental de la sociedad, según el pensamiento antiguo. En la nueva sociedad que se quería formar la horizontalidad (democracia) debía sustituir a la verticalidad (dictadura) y el principio de igualdad era para ello básico. La mujer, por ejemplo, había de ser transformada de reproductora (en el marco jerárquico del matrimonio) a productora-consumidora en el marco de la economía de mercado. Habría de depender menos, en la nueva sociedad industrializada del desarrollismo, del marido y de los hijos. La liberación femenina fue por ello fundamental. El divorcio se convirtió en una herramienta importante en el proceso. Pero ello implicaba, con el desarrollo del individualismo, que la educación pasase a depender más del Estado que de la comunidad estructurada en familias.

Hoy el proceso ya ha culminado. El número de matrimonios ha descendido notablemente y también el número de hijos. Las parejas, casadas o no, son mucho menos estables, y el hecho de que ambos miembros trabajen fuera del hogar dificulta mucho la educación de los hijos, por lo que el Estado ha de dejar de centrarse en la enseñanza para dedicarse a la educación de la sociedad, ya que alguien tendrá que hacerlo.

Como antes decía, el proceso es largo y complejo, y no conozco ningún buen estudio sobre el mismo. Que las características sociales de la España que se estaba transformando fuesen las que eran (en la que el maestro de educación primaria, con pocos estudios, era una autoridad en los pueblos que se vio desplazada por la del licenciado, que venía a sustituirlo en la escala social en la difusión y generalización de la enseñanza tuvo mucho que ver -o al menos así lo entiendo- con el rumbo que tomó la transformación o transición democrática). Que el PSOE fuera el partido de los maestros en la etapa formativa del cambio, fue sólo un reflejo de esa realidad. Cumplió su papel en esta representación en la que les tocó ser los actores principales, pero desde luego no creo que fueran los que escribieran el libreto de la obra de teatro que representaban a escala social. Que fueran buenos o malos actores es otra cosa. Y esa cosa dependía de la cantera de actores que ofrecía una sociedad atrasada respecto a los modos que se pretendían implantar en la nueva obra dramática proyectada.

Genaro Chic

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La insoportable levedad de los deberes

Mensaje  Genaro Chic el Miér Nov 30, 2016 11:59 am

La insoportable levedad de los deberes
 
           Tras algo más de diez años dando clases de geografía e historia en el sistema educativo público español puedo afirmar con rotundidad que actualmente los deberes no son necesarios. Han leído bien. Repito: los deberes no son necesarios en el actual sistema educativo público español.

           ¡Blasfemo! ¡Satanás! ¡Facha! ¡Trump! ¿Pero cómo es posible? ¿Cómo puede afirmarse tal cosa? Que lo afirme un alumno puede entenderse, ¿pero un profesor de instituto? Siendo hombre seguro que además es machista.


           Estoy plenamente convencido de mi afirmación. Ésta no está basada en pseudoteorías pedagógicas de individuos e individuas que no han cogido nunca un tizo ni una tiza en un aula de un centro de secundaria. Está basada, precisamente, en los propios hechos y acontecimientos que nutren el día a día en las aulas de los centros de enseñanza secundaria de España o, al menos, en los de Andalucía que son los que conozco directamente. Son los mismos hechos y acontecimientos que no salen en las televisiones y que las autoridades, partidos políticos y sindicatos ocultan, salvo que su grado de sensacionalismo sea tan grande que no puedan impedir que los medios de comunicación los usen para regocijarse como cerdos en el barro.

           En realidad, ¿para qué son los deberes? Piénsenlo diez segundos a lo sumo y vuelvan a este texto. Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno. Ya. Tanto si han reflexionado como si no, les doy mi opinión: los deberes son actividades prácticas mediante las cuales los alumnos pueden desarrollar, comprobar y mejorar los conocimientos que se han impartido en el aula, así como desarrollar, comprobar y mejorar sus habilidades cognitivas, intelectuales, expresivas, etc.

           ¿Todavía no comprenden aún por qué creo, entonces, que los deberes no tienen sentido en el actual sistema educativo público español? La palabra “actual” debería haberles dado una pista. Esa clase de actividades, esos deberes que impiden más cenas en familia, sólo tendrían sentido si el objetivo real del sistema educativo fuese, no el que se describe en las leyes que luego los propios políticos de los ministerios, consejerías y delegaciones provinciales de educación se encargan de despreciar y triturar, sino la formación intelectual de los alumnos, el desarrollo de un pensamiento crítico y de una personalidad madura.

           ¿Acaso no es ése el objetivo? En mi opinión no lo es. Todo lo que puede leerse en esas tediosas e infumables primeras páginas de las leyes educativas españolas no es más que papel mojado infumable. Pura palabrería. Pura charlatanería. Nubes de humo. Si dejamos de lado el mundo de Bambi y los osos amorosos en el cual creemos que vivimos, dentro de nuestra burbuja occidental de consumo, bienestar y seguridad, nos damos cuenta rápidamente que el objetivo del sistema educativo actual es otro. Puede resumirse en tres palabras: conseguir un título. Sólo eso. No hay más. Conseguir el título educativo es la única razón y motivación, el único fin verdadero, para los políticos legisladores, los padres y los alumnos. Además, para alcanzar dicho fin, cualquier medio es lícito, y si hay que abandonar un sistema educativo que busque el desarrollo intelectual y madurativo de los alumnos, se abandona en la cuneta o se tira de la cadena. Nadie lo echará en falta: ni políticos, ni padres, ni alumnos. ¿Qué sentido tienen, entonces, los deberes?
Es muy curioso cómo frente al desprestigio que tiene actualmente el sistema educativo entre la sociedad, cada vez que ocurre algún suceso que crea “alarma social” (acoso escolar, accidentes de tráfico, problemas con las drogas, violaciones, violencia de género, etc.) siempre se acude al comodín del sistema educativo para que lo solucione. Sin embargo, la educación en los centros escolares no es el lugar para tratar estos temas, o al menos no debería ser el único ni el máximo responsable. Pero como se le ha vaciado su contenido, como se le ha quitado su auténtico sentido, es decir, el lugar donde instruir a los jóvenes de conocimientos y habilidades para su formación intelectual y desarrollar su pensamiento crítico, de algo habrá que llenarlo, ¿no? La verdad es que no sólo se llena de esos contenidos “externos” sino que, en muchas ocasiones, se responsabilizan a los propios centros educativos, más concreta y directamente a los profesores, de una parte importante de dichos sucesos: si supieran motivar y educar a los hijos de los demás no sucederían tantos hechos lamentables.

           ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Acaso han sido los políticos, fascistas bastardos, opresores del pueblo, los que han modificado el sentido de la educación para tener a la población adormecida y amaestrada? Mi opinión es la contraria.

           Voy a hacer un pequeño paréntesis. No sé si habrán leído Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury. No se preocupen, sólo voy a hacer un breve resumen que no les estropeará una posible lectura. En esta obra distópica, su autor describe un mundo futurista donde los libros están prohibidos. Para ello se dispone de un cuerpo de bomberos que acude ante cualquier alarma provocada por la sospecha de la existencia de libros. Cuando éstos llegan al lugar del crimen, queman los libros. ¿Cómo se llegó a esa situación? Sorpresa: no fue el gobierno quien lo impuso, sino la sociedad misma la que, desmotivada y apática hacia la cultura y el conocimiento, con un profundo sentimiento de desprecio por ellas, empezó a dejar de leer. En un principio fueron los textos más complejos y extensos. A continuación, las novelas cortas. Luego los cuentos. Por último, cualquier párrafo literario, cualquier verso. Lo que hizo el gobierno fue aprovecharse de dicha situación, propiciada previamente por la propia sociedad, para acabar con la cultura, la cual puede ser un peligroso instrumento de crítica a la autoridad y lo establecido. (Como ven, tampoco he destripado mucho, así que compren la novela y, sobre todo, léanla).

           Volviendo a nuestra tópica realidad, es cierto que las leyes educativas actuales han sido realizadas, en general, por una gran mayoría de individuos que carecen de la experiencia docente necesaria, pero, en mi opinión, la principal razón de la falta de calidad de nuestro sistema educativo es la inexistencia de una demanda de excelencia en la enseñanza pública por parte de la sociedad. ¿Se imaginan a un padre exigiendo hablar con el tutor, algún otro profesor o miembro del equipo directivo de un centro, para quejarse de que su hijo está en tercero de la ESO y no sabe colocar correctamente las provincias de Andalucía? Podrán imaginarlo, pero tengan por un hecho seguro que nunca lo hallarán en la sociedad actual.

          Continuamente oímos y vemos en los medios de comunicación y redes sociales a políticos, padres y alumnos hablando y demandando un sistema educativo público de calidad. ¿Pero a qué se refieren con lo de calidad? Yo se los voy a decir: tecnología, mucha tecnología, becas (gratuidad, aunque luego lo paguemos vía impuestos), muchas becas, y títulos, muchos títulos. Nada más. ¿Qué pasa con la calidad y la excelencia de los conocimientos y las habilidades que se consideran básicos para el desarrollo intelectual de una persona, de su madurez y de su espíritu crítico? Simplemente no existen en las mentes de los políticos, padres y alumnos. Si no les importan y no los estiman, ¿cómo los van a demandar? La excelencia intelectual y cultural es vista, por una mayoría de la sociedad española, como una aspiración elitista de un grupo social (facha por supuesto) que sólo desea que ellos y los suyos tengan títulos educativos. Y hasta ahí podíamos llegar.

           Nuestra sociedad está enferma de “titulitis”. Es lo único que estima y le importa. En algunos casos, se ha desarrollado hasta un extremo patológico que yo denomino “titulitis obsesiva compulsiva”, también conocido como “complejo de currículum vitae”. Parafraseando el estúpido e impresentable eslogan de una empresa multinacional de muebles de ínfima calidad: “merecemos menos deberes y más títulos”.

           Muy lejos quedan aquellos objetivos y motivaciones por los que los alumnos acudían a las aulas de enseñanza hace algunas décadas, como el aumento del bienestar, la búsqueda de la sabiduría, etc. Hace algunas generaciones (aunque no tantas) el sistema educativo era visto por parte de muchas familias, sobre todo, las más humildes, como una forma, por no decir la única, para mejorar la situación socioeconómica heredada. Recuerdo unas palabras del escritor Antonio Muñoz Molina. Académico de número de la RAE desde 1996 y ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2013, el escritor jienense siempre ha expuesto que si ha llegado donde ha llegado ha sido gracias a la exigencia y la excelencia que tenía el sistema educativo que había en sus años de estudiante. Hijo y nieto de trabajadores rurales, si no hubiera sido por dicho sistema y, sobre todo, por su exigencia y su nivel académico, no habría alcanzado el bienestar que hoy posee, tanto socioeconómico como cultural.

          Desgraciadamente, el actual sistema educativo no dispone de dicho nivel de excelencia y los más perjudicados (abran los ojos de una puñetera vez) son los miembros de las familias de menor nivel socioeconómico. Sólo un sistema educativo exigente, de elevado nivel de conocimientos, que permita desarrollar todas las potencialidades del alumno, puede permitir que un estudiante que provenga de una familia desfavorecida o desestructurada pueda alcanzar un mayor nivel socioeconómico, un mejor bienestar, ya que fuera de dicho sistema público nunca podrá alcanzarlo. Los alumnos de familias con mejores y mayores recursos siempre podrán alcanzar dicho nivel de formación fuera del sistema educativo público ya que sus familiares pueden costeárselo de manera privada. Sin embargo, los hijos de una familia más humilde, no.

           Resulta curioso cómo esta situación no es denunciada por los políticos que se autoproclaman de izquierdas, los que se dan golpes proletarios en el pecho, ni por dichas familias. Quizás esta situación tenga algo que ver con que hoy en día, la mayor parte de la sociedad, afortunadamente, dispone de un aceptable nivel de bienestar, incluso en situaciones de paro. Y esto está al alcance de todo el que quiera verlo: un alumno de una familia social baja e, incluso, desestructurada, dispone de móvil propio, consola de videojuegos, televisión propia en su propio dormitorio, zapatillas de marca, ropa para vestir a un bloque entero, bicicleta, patines, etc. Aquello con lo que soñaban los abuelos y los padres para sus nietos hace varias generaciones, ya lo tienen los alumnos actuales sin estudiar, trabajar ni esforzarse. También es cierto que, desgraciadamente, en este país inculto, la preparación y la formación educativas no siempre van acompañadas de una mejora social y económica, así que: ¿para qué estudiar y esforzarse si ya disponen de un nivel aceptable de confort?

           Luego están la cultura y la sabiduría. ¿No hay alumnos que estudien por el simple placer de ampliar sus conocimientos, su cultura, su sabiduría? No los hay. Podría objetarse que a esas edades es algo comprensible. En parte lo acepto, pero también es un hecho clamoroso que sus padres tampoco los motivan en dicha dirección, ni, lo que es más importante, al no estar preocupados por ello, lo demandan: ¿se imaginan a un padre exigiendo hablar con el tutor, algún profesor o miembro del equipo directivo de un centro para quejarse de que su hijo de tercero de la ESO está leyendo una adaptación de El lazarillo de Tormes en lugar del original? ¿Se imaginan poniendo una reclamación en la Consejería de Educación?

           Soy de la misma opinión que don Arturo Pérez-Reverte: España es un país inculto, gozosamente inculto, que alardea de su incultura. La cultura, el conocimiento, la sabiduría, son conceptos atacados con una violencia desenfrenada por la inmensa mayoría de la sociedad española.

           Diversos sectores van a degüello contra ellos: no pueden quedar supervivientes. Esta actitud terrorista es desarrollada no sólo desde las instituciones políticas sino, incluso, desde algunas instituciones culturales. En nuestra sociedad de consumo, la cultura es un producto más, y sólo interesa la ganancia y el beneficio. Cuantos más consumidores, mejor. Si los consumidores exigen basura, se les da basura. Vean cualquier lista de los libros más vendidos, llenas de pest sellers, libros de autoayuda, novelas pseudoeróticas, etc. Esta obsesión ganancial y especulativa ha alcanzado hasta los premios literarios. Vean el Premio Planeta. Da risa y aún da más pena, y no sólo por la calidad de las obras de los últimos premios, sino también porque la propia organización del premio dirige las temáticas de las que deben tratar los futuros libros premiados. Saben qué tipo de literatura demanda la masa y se la da. Para ello, incluso, le ponen el lacito del premio literario: así los lectores son más cool.

           No se engañen: en esta sociedad en la que vivimos y que estamos construyendo no hay lugar para demandar un sistema educativo público de excelencia cultural e intelectual. Y si la sociedad no lo demanda, los políticos miran para otro lado. Ellos sólo se preocupan de alcanzar el poder y, una vez están instalados en el mismo, hacer todo lo posible para mantenerse en él el mayor tiempo posible. Si la sociedad no exige un aumento y una mejora del nivel intelectual y de los conocimientos en nuestros centros educativos, sino un sistema educativo vacío intelectualmente pero lleno de pizarras digitales, ordenadores, internet, muchas becas y libros gratuitos, y títulos, muchos títulos, los políticos (ninguno, ni los del pueblo y la sonrisa) tampoco. ¿Qué sentido tienen, entonces, los deberes? Ninguno.

           Estamos enfermos de esa “titulitis” anteriormente citada. Es lo único que actualmente importa a los políticos, padres y alumnos. La mayor parte de las reclamaciones (casi todas, o todas) que hay en los centros educativos tienen que ver con la posibilidad de que algún alumno no pueda obtener el título. Da igual que no estudie, que suspenda la mayoría de las materias, que no lleve el material, que no se calle en clase, que moleste, que interrumpa, que insulte o agreda. Si un adolescente entra en un centro educativo, tiene que salir con el título bajo el brazo: se lo merece.

           ¿Cómo conseguirlo?
Para responder a dicha pregunta voy a exponer la parábola de la canasta con la cual espero (¿por qué no?) conseguir el Premio Nobel de Literatura. Un baloncestista tira a canasta y no encesta. ¿Qué se hace? ¿Está pensando que debe seguir entrenando? ¿Que tiene que esforzarse más? ¿Pero qué clase de esclavista es usted? ¿Es que quiere que no desconecte en todo el día? ¿Quiere humillarlo? ¿Es eso? ¿No quiere que sea feliz? No, flagélese y olvídelo: eso sería elitismo fascista. Se le baja la canasta. Si sigue sin encestar, se le baja aún más. Si la criatura mide 1’25 de altura, se le baja la canasta hasta que pueda hacer un mate. Pero, ¿y si realmente no quiere encestar? No se preocupen, todo está bajo control: se le concede los dos puntos de la canasta sin tirar. Lo importante es que a la salida el entrenador le entregue un documento donde diga que es baloncestista. Que no lo sea es irrelevante. ¿Acaso a alguien le importa? ¿Es que algún energúmeno no quiere sea feliz? ¡Huelga de tiros a canasta, hombre ya!

          Así funciona el sistema educativo público en España: un sistema que regala títulos vacíos de formación y contenido cultural alguno. Voy a ponerles otro ejemplo, algo controvertido. Hace poco se publicó una noticia en la que se informaba de un instituto en el que el claustro de profesores se había opuesto a darle el título de la ESO a un alumno con síndrome de Down. ¡Horror faccioso! Si son de esta misma opinión, yo les pregunto: ¿de qué sirve un título cuando se sabe que detrás de él no está la formación ni el nivel intelectual que lo deberían acompañar? ¿Se trata simplemente de jugar al sistema educativo? Ese chico y su familia deben tener el derecho de exigir un sistema educativo público que atienda a sus necesidades y que desarrolle todas sus potencialidades al máximo, para que así pueda desarrollar su vida de la mejor manera posible. Si el chico en cuestión fuera capaz de alcanzar los objetivos establecidos para la concesión del título, perfecto, se le debería dar, se lo ha ganado, pero si el chico no llega al nivel exigido, no. Lo contrario es vender humo y desprestigiar lo que representa dicho título.

           En España se han regalado y se siguen regalando tantos títulos que cualquiera que no quiera ponerse una venda en los ojos sabe que una gran parte de ellos son una gran farsa. En nuestro sistema educativo (hablo en especial del caso andaluz y de los institutos de secundaria) a un alumno que no venga a clase sólo puede ponérsele un uno como nota (el cero no tiene cabida en nuestro sistema educativo: ¡por fascista!); las notas de los exámenes no pueden superar el 50% de la nota final en secundaria; que un alumno esté sentado y callado es motivo de aumento de la nota (como si un médico me aplaudiera y me diera una piruleta por tomarme la médica que me ha prescrito); etc.

           ¿Saben por qué se han movilizado tantos padres, alumnos y políticos para que no se realizaran las mal llamadas “reválidas”? Porque sacarían las vergüenzas y las miserias del sistema educativo al público: las ratas, que saldrían del barco que se hunde, se lanzarían a nuestra cara para mordernos y despertarnos del sueño. Si un estudiante de primaria, secundaria o bachillerato, ha aprobado todas sus materias: ¿por qué tanto miedo de pasar por dichas pruebas? Muy fácil: un alto porcentaje de dichos alumnos titulados (apostaría por una cifra en torno al 50%) no las pasaría. ¿Por qué? Porque sus títulos no recogen la realidad, sino que la disfrazan con bellas ropas: dichos alumnos no tienen el conocimiento que les presupone sus títulos. Si no me creen, pidan al centro de secundaria más próximo a su casa que les dejen entrar, por ejemplo, en un aula de primero de la ESO: verán un alto porcentaje de alumnos que con 11 y 12 años leen silabeando un párrafo de tres renglones y son incapaces de deducir la idea principal, no saben escribir su nombre sin faltas de ortografía, ni tampoco multiplicar ni dividir números de dos cifras. Estos alumnos han llegado a un centro de secundaria con el título de Primaria y sin repetir. No miren hacia otro lado y saquen conclusiones. Lo triste es que ningún padre se escandaliza porque su hijo llegue a dicho curso en esa situación. Al contrario, se habría indignado porque, a pesar de dichas carencias, no se le hubiera dado el título de educación primaria con lo bueno que es y lo bien que se porta en casa, y sabiendo hacer unos murales con cartulinas y macarrones chupiguays.

           Siendo éstos el sistema educativo público español y la sociedad en la que vivimos, ¿siguen pensando que los deberes son necesarios? ¿Para qué? Seamos sinceros: no son necesarios. Su existencia sólo estaría justificada, vuelvo a repetir, en un país donde la sociedad demandara y exigiera a los políticos y legisladores educativos un sistema educativo público de verdadera calidad, cuyo objetivo fuese que los alumnos adquieran un conjunto de conocimientos y conceptos básicos para desarrollar todas sus habilidades cognitivas y expresivas potenciales de los mismos. Esto no se demanda, y si no se demanda ningún político va a mover un dedo.

           Entre las cosas que recuerdo de mi paso por la universidad, están estas palabras del profesor Genaro Chic García: lo importante no es pasar por la universidad, sino que la universidad pase por uno. Todo el sistema educativo de España está en las antípodas de esta frase. La base que debiera justificar la educación es la formación integral de una persona. No se trata de estar unas horas sentado en una silla, sacar un cuaderno y un libro, escribir una redacción o hacer unas operaciones. Nada de eso tiene sentido si el objetivo no es que el alumno que lo realice adquiera mediante esas prácticas educativas unos conocimientos a partir de los cuales madurar y desarrollar su pensamiento crítico. Pero repito: la sociedad no exige ni demanda esta formación. ¡Con qué facilidad nos reímos de los norteamericanos que sitúan a España en México, mientras que nos parece muy gracioso que un chico español de 16 años, que acaba de obtener el título de educación secundaria, escriba una redacción con cuarenta faltas de ortografía y no sepa situar las provincias españolas en un mapa político!

           Sin duda, tenemos lo que nos merecemos. La televisión basura se sostiene por la demanda de una sociedad basura. Los políticos incompetentes y corruptos se sostienen por unos votantes que aceptan dichas cualidades. Si nuestro sistema educativo se ha convertido en un cenagal absurdo y vacío de contenido es porque la sociedad no demanda otro sistema. No huyamos de nuestra responsabilidad: todos los españoles somos responsables de la miseria educativa, intelectual y cultural que hay en nuestro país.

           Este nivel de irresponsabilidad, de buscar excusas y chivos expiatorios, es propio de sociedades infantiles. Esta enfermedad (el infantilismo) es otro de los síntomas de nuestra sociedad que sólo sería posible curar con un sistema educativo complejo y exigente. Frente a ello, desde la sociedad y las instituciones políticas se exige que todo el proceso educativo sea una fiesta permanente. Por ello, hoy en día, cualquier actividad educativa que exija esfuerzo, dedicación, silencio, soledad y concentración ante los contenidos y las operaciones, etc., es objeto de un bombardeo digno de la mismísima Luftwaffe. El que enseña jugando, termina jugando a enseñar, decía don Miguel de Unamuno. Palabras premonitorias.

           Que no les quepa ninguna duda de que lo terminaremos pagando, si es que no lo estamos pagando ya. Desde nuestro fatuo sentimiento de superioridad intelectual nos llevamos las manos a la cabeza porque en Estados Unidos han elegido como presidente a un individuo de la calaña de Donald Trump.
No creo que estemos tan lejos de la misma situación. ¿Acaso tenemos los españoles herramientas intelectuales para enfrentarnos a las propuestas sensacionalistas y populistas de los políticos actuales? No las tenemos. Incluso diría que ni las queremos ni las deseamos. Estamos muy felices de habernos conocido. Al creernos dioses, no queremos mejorar, ya que no es posible la mejora en algo que ya es perfecto. Nos queremos tal cual somos: carne de cañón imbécil preparada para que cualquier político nos diga lo que queremos oír, en pocas palabras, que merecemos ser felices y que si no lo somos es por la culpa de los “otros”, los cuales lo van a pagar bien caro.

           Si tipos como Trump han llegado en la política hasta donde han llegado es porque hay una masa social mayoritaria que lo demanda. Quien quiera vivir en su burbuja perfecta, ideal, bambiniana y coelhiana, en la cual todo lo malo siempre es por culpa de grupos judeomasónicos y neoliberales capitalistas que mueven los hilos para sus intereses, que disfrute mientras la realidad no le estalle en la cara. Pero se está engañando. La sociedad misma es la primera y máxima responsable. Es nuestra sociedad la que no quiere aspirar a otro tipo de existencia más culta, más madura, más responsable.

           Sólo un sistema educativo exigente, que fomente el esfuerzo y el trabajo, nos permitiría adquirir, mediante los deberes correspondientes, unos conocimientos básicos (históricos, políticos, sociales, económicos, científicos, etc.) y desarrollar un pensamiento maduro y crítico para no caer en las garras de tipos como Trump.

           Otras palabras que siempre recordaré de mi paso por la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, son las del también profesor don José Manuel Macarro Vera. Un día mientras comentaba algunas circunstancias de la Guerra Civil española dijo: Dios nos libre de vivir tiempos emocionantes. Desgraciadamente estamos en la antesala de uno de estos momentos y no tenemos armas para luchar contra ellos.

           Eso sí, al menos los alumnos que acceden a los centros educativos españoles no tienen deberes, pero sí más cenas en familia. Son felices. Somos felices… Somos estúpidos, gozosamente estúpidos.


Valentín Aranda Vela.
@walenti82

http://revistadistopia.com/politica-y-sociedad/sociedad/la-insoportable-levedad-los-deberes

Hago mías todas sus apreciaciones

Genaro Chic

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Comentario al artículo "La insoportable levedad de la educación"

Mensaje  Joanfer el Vie Dic 02, 2016 5:56 pm

Aún estando completamente de acuerdo con la idea fundamental del artículo sobre la fundamental importancia de la educación en el desarrollo integral de las personas, hay un párrafo cuya idea se desprende no comparto en absoluto, por sus tintes (sin quererlo imagino) elitistas, clasistas o simplemente pesimistas.

Sin duda, tenemos lo que nos merecemos. La televisión basura se sostiene por la demanda de una sociedad basura. Los políticos incompetentes y corruptos se sostienen por unos votantes que aceptan dichas cualidades. Si nuestro sistema educativo se ha convertido en un cenagal absurdo y vacío de contenido es porque la sociedad no demanda otro sistema. No huyamos de nuestra responsabilidad: todos los españoles somos responsables de la miseria educativa, intelectual y cultural que hay en nuestro país.

¿Cómo que tenemos lo que nos merecemos? Y que hay de la represión en nuestro país*, ¿acaso no tiene un peso importante en la supresión de iniciativas de cambio? Me parece que lo que tenemos tiene una relación importante con los nexos de dominación que presenta la situación geopolítica actual, que muchas veces sobrepasa nuestra capacidad de intervención (ignorando o eliminando la rebelión).

Yo también he pasado por la universidad (para estudiar geografía por cierto), con el sistema actual de bologna, y he aprendido a aborrecer la titulitis.

*(concepto que no comparto para designar una realidad geográfica tan diversa y que engloba países muy distintos en el estado en que nos encontramos).

Joan Fernández Ribes

Joanfer
Invitado


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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

Mensaje  Genaro Chic el Vie Abr 21, 2017 12:12 pm

Cuelgo hoy en este espacio un artículo publicados en la revista digital Distopía por Aarón Reyes, tomando como eje de su discurso la figura de Abel Martínez, el joven profesor interino de Secundaria que fue matado por un alumno en clase en Barcelona en 2015. Les dejo con lo que expone:

Este es un artículo que no se tendría que haber escrito pero que he acabado escribiendo por vergüenza. Porque siento auténtica vergüenza de que las únicas palabras que ha recibido Abel Martínez, el primer profesor muerto en España en acto de servicio (como gustan decir cuando muere un soldado), se las haya dedicado Luis Azcárate Iriarte en una carta al director publicada en El Mundo.

En acto de servicio, fíjense, murió un soldado por un error de Israel. Un soldado. No voy a entrar en si unos valen más que otros, sino por qué todo lo que rodea a la noticia ha pasado prácticamente desapercibido. Mi pregunta es por qué la muerte de una persona cuya lucha era la de sacar vidas adelante, construirlas y prepararlas para el “gran infierno del mundo” apenas merece un titular que oculta su nombre.

Como profesor que soy también estuve tentado de escribir en caliente.
Pensé, ingenuo de mí, que dada la gravedad del asunto saldrían sesudos análisis en columnas de varios diarios. Que la tele nos bombardearía con entrevistas a compañeros y que incluso algún periodista radiofónico iría a hablar con profesores. Pero nadie se hizo eco de ello. Ni aquel día, ni al día siguiente, ni en los que siguieron. Ninguna consejería de educación dictaminó un solo minuto de silencio e incluso en algunos centros lo disfrazaron con la tragedia de los muertos en el Mediterráneo. Ya ven, 23.000 muertos después y ahora hacen un minuto de silencio por ellos.

En unas semanas nadie se acordará ya de Abel Martínez. Su nombre no estará en la placa de ningún aeropuerto al que no vayan aviones, ni en ningún mercado moderno pagado con sobrecostes. Ni veremos en televisión un perfil trazado al milímetro acerca de su dieta, sus relaciones de amistad, de pareja o de por qué decidió meterse a profesor. Porque ni tan siquiera para las miserias se han preocupado de indagar. No pilotaba un avión y lo hizo estrellar. No estaba en un museo haciendo de turista-soy-del-primer-mundo-a-mí-qué-me-va-a-pasar en Túnez. No hacía alpinismo en Nepal.

Estaba dando clase. Un maldito privilegiado, ¿verdad? Porque de eso va el asunto. Eso es lo que los medios silencian. Lo que no nos quieren contar es que el Rey está desnudo.

No quieren contar que esto no es simplemente un “es que el chaval estaba mal de la cabeza”. No es tan solo “mira, como en Estados Unidos”. Porque esto no es Estados Unidos y nuestros esquemas mentales, a pesar de la aculturización más superficial que real, son bien diferentes.

Hay algunas cosas de las que no se quiere hablar. Por ejemplo de que el Estado y los políticos que lo gestionan han ido gestando durante décadas una imagen del funcionario público como una casta de privilegiados que viven a cuerpo de rey. No cuentan que se acaba atrapado, por cómo está la puta vida, en una profesión que te gusta pero que no puedes ejercer y donde encima te menosprecian y te juegas la vida y la salud en clase y en la carretera. No se habla del desprecio intergeneracional, interprovincial, intermunicipal, interclase entre los profesores. Ni del odio y el rencor como sistema social, que así funciona todo. Así funciona el fútbol, la política, la educación y la economía. Y cuando hay uno al que se le cruzan los cables, porque se habla poco y mal de la drogadicción blanda y el alcoholismo de los chavales, pues pasa esto.


No se menciona a esos padres que financian e incluso compran el alcohol a sus hijos menores (a veces muy menores) bajo la excusa de que de este modo saben qué es lo que beben (prostitúyanlos y así sabrán también con quién lo hacen). No se habla de la excesiva tolerancia con un porro que “eso casi no es droga”. No se menciona nada de eso porque lo que los medios quieren silenciar hablando a gritos de psicóticos y leyes educativas es que el emperador no tiene traje, que nuestro sistema de valores ha colapsado hace tiempo, que la ilusión de la sociedad ha fracasado porque el contrato social que suscribimos está totalmente roto bajo el único motor del sálvese quien pueda.

Se menciona con frecuencia a aquellos elementos que son incontrolables para justificar la inopia, que sí es responsabilidad nuestra. Por ejemplo, se mencionan las nefastas leyes educativas, los programas de televisión con audiencias desorbitadas (alguien los verá, quizá los mismos que votan a partidos que luego dicen no haber votado), la desestructuración familiar, la crisis… y así una retahíla de monstruos distante, adimensionales, como aquel “sistema” al que se culpa de todo.

¿Y qué es el sistema? Dices mientras clavas tu pupila en mi pupila azul. El sistema eres tú.
El “sistema” me cuenta un compañero de Barbate es la tolerancia con alumnos menores de edad que faltan unos días fijos a clase para recoger fardos de droga en la playa. Y luego se pasean, repito, siendo menores de edad, en su propio BMW. A lo mejor lo han visto en The Wire. Pero no es Baltimore, sino un pueblo de Cádiz. El sistema es la tolerancia sistemática de los diferentes gobiernos municipales, provinciales, autonómicos y nacionales con la Economía del Mal, que permite evitar políticas reales de empleo. Mientras se regule la válvula de lo ilegal con alguna redada de vez en cuando, todos contentos.

Todos contentos menos los profesores del Estrecho, que viven amenazados y tienen auténticos criminales en clase. Para ellos su labor no es enseñar ni educar, sino arriesgar el pellejo en lo que en otros sitios sería un correccional. Porque me cuenta otro compañero que alguna vez ha visto navajas en clase.

Puestos a hablar de armas, a otro le ofrecieron pistolas de saldo en Sevilla porque a la alumna le había llegado un chivatazo de que iban a asaltar su casa y se iban a llevar el arsenal que su familia tenía para traficar.
En el mismo centro unos alumnos entraron en horario no lectivo, arrasaron con todo y luego le ofrecieron desde la Administración un guardia privado para callarles la boca y que no trascendiera a los medios. Por no hablar del alumno al que reventaron la mandíbula de una patada en la boca o del profesor amenazado por un padre casco en mano por haber expulsado a su hijo de clase.

Los profesores de un gran número de centros en España viven bajo una amenaza constante porque no se respeta lo que no tiene poder. El triunfo de un determinado tipo de políticas mal llamadas “sociales” a partir de los 60 trajo consigo el enarbolamiento de la mediocridad. Todos podían aspirar a igualarse en el punto más bajo porque la finalidad era la de ser iguales en la religión del consumo y el endeudamiento. El propio diseño de la EGB y el BUP en la España de Franco demostraba esta finalidad: educación básica y gratuita hasta la edad de trabajar; a partir de ahí, quien pueda pagarlo.

En los 80 se labró en bronce el lema del “hijo del obrero a la universidad”. El objetivo era destruir un modelo universitario para imponer progresivamente una universidad llena de puestos digitales, endogámicos y burocratizados. En lugar de abrir la elite del profesorado universitario a nueva sangre, se abrió a nuevas clientelas. Su modelo fue el del resto del país en el siglo XX: imbricar elites viejas con nuevas, ya que muchos de los “nuevos” aspiraban, como la burguesía decimonónica, a convertirse en aristocracia.

Fue así como la educación, aquí y en otros países, se convirtió en algo secundario. Todo debía ser economía. En los 80, en los 90, en las políticas de todos los partidos, la obsesión era el crecimiento económico, ya fuera legal, alegal o ilegal.

En todo ese proceso, cuando hizo falta abrir la mano, construir institutos y contratar profesores, se hizo. El dinero lo calla todo. Los supuestos privilegios difundidos desde la administración hacia el elemento de la cultura popular harían que pudieran pasarse por alto los alumnos que van por la mañana a traficar con droga al centro y por la tarde a Proyecto Hombre. Podrían pasar por alto a esa madre que viene a traerte el niño expulsado por amenazar a un profesor porque ella no lo quiere tener en su casa, que lo aguantemos nosotros “que nos pagan por ello y a ella no le dan nada por tenerlo” (literal, oído por quien les escribe). Porque la culpa es nuestra, como se encargaron de decir los que en los 80 introdujeron la palabra “motivación” en el lenguaje pedagógico, como si en la vocación y en la pasión por lo que uno hace no fuera implícito el hecho de la motivación.

Ahora, que tanto se habla de empoderamiento, les pregunto, ¿qué poder tiene un profesor cuando lo que hace no vale para nada según el contrato social? Se respeta solo lo que tiene poder. Por eso nadie usa una ballesta [como usó el alumno del instituto] contra Rato, o contra Blesa, Chaves, Mar Moreno, o contra toda la caterva que ha robado, defraudado, estafado y llevado a este país a la ruina. Porque a pesar de todo, todos saben que lo que han hecho lo han hecho por poder.

Abel Martínez no tenía ningún poder. No lo tiene ningún profesor cuando te dicen “yo cargando con droga gano más que tú en un año”. No puede tenerlo cuando un alumno de 14 años puede permitirse el lujo de cogerte por el cuello e irse riendo una hora más tarde porque su castigo es irse expulsado 1 mes (o no tener ningún castigo). No puede tenerlo cuando quien tiene poder no tiene estudios, ni se avergüenza por ello. Cuando ni siquiera entre los propios representantes de lo público se defienden entre sí.

No se puede tener poder en esta cultura del “pobrecito”. Se olvida tantas veces que uno de los grandes logros de nuestro “sistema” es precisamente la oferta de oportunidades. Nunca en la historia de este país un alumno ha tenido tantas oportunidades para salir adelante.
Orientadores, tutores, servicios sociales, planes de atención a la diversidad, adaptaciones curriculares, repeticiones de curso, exámenes de recuperación… No se hacen ustedes a la idea de lo poco que hay que hacer para tener un mínimo de estudios en España.

Sin embargo, todos son “pobrecitos”. Pobrecito por su familia, por su medicación, por su entorno, porque toma drogas, porque se emborracha con el alcohol que le compran los padres, porque su padre es otro hijo de puta encerrado en la cárcel por pegarle a su madre… Y es el profesor, que no es un pobrecito sino un privilegiado, quien tiene que cargar con sus iras en clase, con las psicosis. Pobrecito porque en vez de estar atendido en un centro adecuado la administración ha decidido que es mejor (y más barato) que esté donde están todos. Pobrecito porque los 3345 profesores agredidos en 2014 fueron golpeados, vejados y amenazados por pobrecitos con miles de oportunidades regaladas que no han querido aprovechar.

Porque, ¿son los profesores quienes disfrutan de sus cuentas en Suiza, de tablets y móviles regalados al entrar a dedo y por clientelas en sus puestos? ¿Gozan de los privilegios de una pensión vitalicia por unos meses de trabajo en su vida [como los políticos]?

Son héroes, que nos llamó Susana Díaz. Mire usted, no aspiramos a ser héroes porque los héroes mueren. Ser profesor no puede ser un acto de heroicidad. Y eso es de lo que ningún medio quiere hablar. No quieren hablar de la ruptura del contrato social que solo se sostiene porque aún somos un país que mira hacia arriba con respeto (tal vez con envidia) y hacia abajo con desprecio.

Si mañana alguien con una ballesta hecha en su casa matara a un solo político, a un único banquero, cientos de tertulias abrirían durante semanas con su semblanza. Pero si usted es profesor, sepa que nadie lo hará cuando esté muerto.


Aarón Reyes (@tyndaro)

Doctor en Historia y Profesor Numerario de Secundaria

http://revistadistopia.com/politica-y-sociedad/opinion/abelmartinez/


Genaro Chic

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Contra "expertos en educación”, charlatanes y demás ralea

Mensaje  Genaro Chic el Dom Jul 02, 2017 9:15 pm

Ha aparecido en una revista tan seria como El Catoblepas un artículo que creo que merece la pena leer:

Contra "expertos en educación”, charlatanes y demás ralea

José Alsina Calvés

Comentario sobre la situación de la educación en la España del presente

Antonio Muñoz Molina, en su prólogo al magnífico libro de Alberto Royo{1}, compara la situación de la enseñanza en España con un sistema sanitario en que la dirección del mismo hubiera caído en manos de sanadores, brujos, astrólogos y farsantes. La comparación es bastante adecuada: desde la implantación de la nefasta LOGSE (o incluso antes) la teorización, la planificación y la gestión de la educación en España ha sido confiada a una tribu de “científicos” sociales, “expertos” y pedagogos “orgánicos” que han entrado a saco con un desprecio evidente, no solamente hacia los conocimientos científicos consolidados, sino también hacía las normas más elementales del sentido común. Otra cuestión sería por qué razón el poder ha confiado la educación a semejante tribu.

Minorías ideologizadas y gritonas imponen sus dogmas en los currículos, con evidente desprecio del conocimiento real. El adoctrinamiento impera (a veces contradictorio) : ideología de género (contra toda evidencia biológica se les “enseña” a los niños que los sexos son producto de la educación, y a la vez que “hay niños con vulva y niña con pene”), prevención contra el “sexismo” y la “xenofobia”, “educación emocional”, respeto a la “diversidad” y un largo etcétera. En el caso particular de Cataluña hay que añadir el adoctrinamiento nacionalista (Cataluña era independiente antes de 1714).

Lógicamente no queda tiempo para enseñar matemáticas, lengua o ciencias naturales (¿a quién le interesan estos “rollos” académicos?).

En este artículo queremos analizar, y refutar, los dogmas más habituales de los charlatanes educativos, que han convertido nuestra educación (especialmente nuestra educación pública) en un psicodrama permanente y en una fuente inagotable de analfabetos funcionales.

La “gestión de las emociones”

La gestión de las emociones y la inteligencia emocional son dos de las columnas básicas sobre las que se levanta el dudoso edificio de la educación posmoderna. Como la mayoría de los inputs ideológicos de los “nuevos” pedagogos, proceden a la gestión empresarial de la empresa neoliberal. Nadie duda de que un buen ambiente en el aula y una buena relación alumno-profesor faciliten el aprendizaje, pero en cualquier caso el “buen-rollo” puede ser condición necesaria, pero no suficiente.

Pero el tema va mucho más allá. Se parte de una idea absolutamente blanda del sujeto (en esta caso del alumno) en la que cualquier frustración, cualquier imposición, cualquier límite, por suave que sea, provoca traumas. El profesor debe liderar, seducir o interaccionar, nunca mandar, imponer ni castigar.

Las grandes soluciones parecen que son el coaching educativo y la educación emocional. Como suele ocurrir, este meta discurso educativo, generado y defendido por gente que nunca ha pisado un aula, tiende a convertirse en una fuente de ingresos para unos cuantos “espabilados”. Es un tipo de discurso que se inicia siempre con una justificación de sí mismo, en una especie de “marketing” publicitario que es absolutamente innecesario cuando se presentan conocimientos reales.

No se trata de despreciar lo emocional. Todos los que hemos enseñado sabemos perfectamente la necesidad de establecer un vínculo afectivo con los alumnos, y la importancia que puede tener este vínculo para despertar en el discente el amor hacia las enseñanzas concretas que impartimos. Pero de aquí a hacer pivotar toda la acción docente sobre lo “emocional” reina un abismo.

El vínculo emocional es, en todo caso, un medio, no un fin en sí mismo. Un medio para acceder al alumno, para ganarse su confianza, para adquirir autoridad, y poder realizar, de forma mucho más eficiente, la labor de enseñar. En todo caso la capacidad para establecer este vínculo es una “tejné”, es decir, un arte que se adquiere con la experiencia, y no a base de cursillos de “coaching” educativo inspirado en la formación empresarial de vendedores.

Pero hay algo más que los “gurús” de la “inteligencia emocional” parecen ignorar. El adolescente está continuamente buscando límites, pues de manera inconsciente “sabe” que los necesita. Detrás de actitudes disruptivas y provocadoras hay, muchas veces, la petición del castigo. La manera de establecer vínculos afectivos no pasa siempre por ser “comprensivo” o “tolerante”, sino que a veces es necesaria una actitud dura, el “ya basta” que, en el fondo, es lo que el chaval está buscando. Mi experiencia es que alumnos a los que había castigado muchas veces, incluso con los que había chocado en alguna ocasión, me manifestaban después un gran aprecio. Evidentemente hablamos de castigos justos, no humillantes y pedagógicos.

En una ocasión, la psicopedagoga de mi instituto me dijo “los castigos no cambian las conductas”. Es la típica afirmación ideológico-idealista, de los que creen que basta pensar o desear una cosa para que esta sea real. En realidad la frase debería ser “en el mundo ideal en que yo quiero vivir los castigos no deberían cambiar las conductas”. Pero la realidad es otra. Es cierto que no todos los castigos son justos, ni adecuados, ni correctos, y que a veces no cambian las conductas (o las cambian a peor). Pero cuando el castigo (justo, no humillante y pedagógico) forma parte de un proceso más amplio, se combina con la comprensión (cuando toca), el acompañamiento, la ayuda y el refuerzo, tiene un enorme valor para establecer el vínculo del que hablamos.

Esto no lo enseñan los expertos en “coaching” o en “inteligencia emocional”.

Las TIC (tecnología de la información y la comunicación)

Otro de los grandes “mantras” de la educación posmoderna es las TIC. Como en el caso anterior hay que hacer matizaciones. Las revoluciones tecnológicas han impactado siempre en el educación de modo notable: entre finales del siglo V y principios del siglo IV a. de C. asistimos en Grecia al paso de una cultura oral a una cultura escrita. Pero este paso no significa un deprecio por la cultura oral: es precisamente en este momento cuando florece la retórica y la dialéctica. La aparición de la imprenta en el siglo XV también va a impactar en la enseñanza, pero en ningún momento aparece un desprecio hacia una cualidad tan importante como la memoria.

Nadie duda que las TIC pueden jugar un papel importante, y positivo, en la enseñanza. Pero de aquí a suponer que el simple hecho de sustituir libros por ordenadores se vayan a solucionar todos los problemas, reina un abismo. Hay una corriente bobalicona, tecno adicta, que ignora completamente los principios de la “crítica a las tecnologías” (crítica no significa rechazo, sino marcar unos límites) que se expresa a través de una serie de tópicos. “hay que hablar a los alumnos en un lenguaje que entiendan”, “las TIC forman parte de su mundo”, “los alumnos saben más informática que los profesores”, “el ordenador en al aula hace la enseñanza divertida”, etc., muchos de los cuales son francamente discutibles cuando no abiertamente falsos.

Dejando aparte los potentes intereses económicos que se mueven detrás de este entusiasmo por las TIC, el mantra que nos están “vendiendo” es el siguiente: los alumnos no aprenden porque los profesores, las lecciones y los libros son aburridos; introduzcamos el ordenador en el aula y la enseñanza se volverá “divertida”, los alumnos se “motivaran” y todo irá como una seda. Antes que nada una apreciación lingüística: “divertido” viene del latín “divertiré” que significa variar, es decir, cambiar de actividad. Si me paso la semana estudiando y el sábado voy a esquiar, diré que voy a divertirme, porque estoy cambiando de actividad. Pero si soy un profesional del esquí y me paso la semana entrenando, el esquí deja de ser una diversión pues es mi tarea cotidiana.

El estudio no es “divertido”. Requiere esfuerzo, método y constancia. Puede ser interesante, atractivo, incluso apasionante, pero nunca “divertido”. Y esto no cambia con la introducción de ordenadores, ni con las TIC, ni con las TAC.

En primer lugar el pretender hacer pivotar toda la enseñanza sobre las TIC (que pasan de ser un medio a un fin en si mismo) genera un gran número de problemas prácticos, que los “expertos” ignoran porque en su vida han pisado un aula. ¿Cómo evitar que los alumnos abran una ventana de Facebook o de Instagram durante la clase? ¿Qué ocurre su internet se cuelga? ¿Qué pasa si el ordenador se estropea? ¿Cómo debe colocarse el profesor, delante de los alumnos o detrás para vigilar que estén en la página correcta?

Pero aparte de estos problemas prácticos, que los expertos ignoran, hay otros problemas de fondo. Actualmente el niño, el adolescente, el joven (también el adulto) está sometido a un bombardeo incesable de “información”, que muchas veces no es más que ruido. Televisión, internet, redes sociales, etc. bombardean sin parar. Prueben a confiscarle el móvil a un alumno y verán que esto provoca en él un ataque de ansiedad, y como el chaval más pacífico puede volverse agresivo. La inmediatez, la impaciencia, la incapacidad de concentración son el resultado lógico de esta situación (¿tendrá algo que ver con la epidemia de hiperactividad o TDAH{2} que parece afectar a muchos de nuestros chavales?).

La primera condición para poder aprender es el sosiego y la capacidad de concentración. Saltar de un tema a otro puede ser interesante en una tertulia, pero no en una clase. Todos (los que hemos dado clase) conocemos la habilidad de algunos alumnos para desviar el tema con preguntas, aparentemente interesadas, pero que tiene n como finalidad desviar la cuestión. La introducción incontrolada de las TIC no favorece ni el sosiego ni la concentración, y favorece, en el mejor de los casos, un conocimiento superficial, acrítico y deslavazado.

Recientemente, en la Contra de La Vanguardia Manfred Spitzer, psiquiatra, investigador de los efectos de la tecnología digital en la educación afirmaba:

Como Bill Gates y Steve Jobs, me eduqué mejor sin ordenadores. Soy alemán: la UE debe prohibir los artefactos digitales en los colegios. La tele nos quita más de lo que nos da: se la negué a mis hijos y hoy me lo agradecen.

No somos tan radicales. No pretendemos erradicar los ordenadores de los centros educativos. Lo que si hay que erradicar es la idolatría de las TIC.

El “plurilingüismo”

El plurilingüismo es otro de los “mantras” de la educación posmoderna. No se trata de mejorar el aprendizaje de lenguas extranjeras (en lo cual no estamos sobrados) sino de introducir lenguas extranjeras, o, mejor dicho, el inglés como lengua vehicular. Como ocurre con la mayoría de estas “ocurrencias” se las puede criticar tanto desde el punto de vista práctico como del teórico.

La primera evidencia es que la mayoría de nuestro profesorado (en el cual me incluyo) no está capacitado para impartir sus materias en inglés. Algunas experiencias en este sentido han sido kafkianas. En Valencia se intentó implantar un sistema trilingüe, y en las clases que debían impartirse en inglés colocaron a un traductor al lado de profesor.

La segunda evidencia es que nuestros alumnos no pueden recibir enseñanza en inglés. Si en algunos casos su nivel de comprensión del castellano (o del catalán, valenciano, gallego, etc. allí donde hay otra lengua) ya es altamente deficiente, imaginemos lo que pasaría si la clase se impartiera en la lengua de Shakespeare. Quizá mejoraría su nivel de inglés (tampoco está demostrado), pero el aprendizaje de la materia concreta tendería a cero.

Pero aparte de estas cuestiones de orden práctico, que los “expertos” ignoran pues en su vida han pisado un aula, hay otras cuestiones de orden teórico. El español o castellano es una lengua hablada por más de 300 millones de personas (y va al alza) y no hay ninguna razón para ceder a esta postura bobalicona que se encandila con todo lo que huele a anglosajón. La defensa del inglés como lengua vehicular va pareja a la estúpida costumbre de introducir continuamente anglicismos (a veces erróneos) en nuestra habla habitual: que si “runing” que si “schopping” y demás estupideces que únicamente revelan complejo de inferioridad y actitud servil frente al inglés, que es, no lo olvidemos, la lengua de la globalización.

Además, en las regiones con lengua propia (Cataluña, Valencia, Galicia, etc.) el “plurilingüismo” va en detrimento de esta lengua propia. De la misma manera que me manifiesto en contra del exclusivismo lingüístico que quiere expulsar al castellano de las aulas, me manifiesto en contra del inglés como lengua vehicular, que puede ir en contra del mantenimiento de la diversidad lingüística de España, uno de nuestros mayores tesoros culturales.

“Empleabilidad” y “espíritu empresarial”.

En una sociedad dominada completamente por los “valores” economicistas se supedita la educación a las exigencias del mercado. Se “olvida” que la educación es formar personas. Es evidente que en esta formación lo que atañe a las cuestiones profesionales es importante, pero no único.

Detrás de la “empleabilidad” está el sempiterno debate de si la educación debe formar trabajadores cualificados o debe formar personas. Claro que ambas cosas no son excluyentes. Pero en la actualidad hay un hecho añadido que muchos olvidan: la rapidez con que aparecen las nuevas técnicas, los nuevos métodos y los nuevos productos. Si centramos la educación en los conocimientos “útiles” corremos el peligro de que cuando el alumno emerja a la vida laboral estos conocimientos sean ya obsoletos. En cambio la enseñanza de contenidos aparentemente “inútiles” puede contribuir a un “amueblado” mental que facilite enormemente la adquisición de nuevos conocimientos.

En cualquier caso, vayamos a conocimientos y habilidades “útiles” o “inútiles” su adquisición requiere esfuerzo, concentración y método. La educación posmoderna no produce ni personas con la mente bien amueblada ni trabajadores competentes.

Otra cuestión más novedosa y de más calado en la formación del “espíritu empresarial” (en Cataluña “empreneduria”). Nadie duda de la necesidad que la sociedad tiene de empresarios; pero en la misma proporción la sociedad necesita trabajadores por cuenta ajena, profesionales varios, servidores públicos, etc. Ahora bien, la idea de que todos somos “empresarios de nosotros mismos” corresponde a una ideología neoliberal, que quiere “prepararnos” para un mundo en que el trabajo asalariado haya prácticamente desaparecido, y las relaciones laborales tradicionales hayan sido substituidas por el contrato mercantil. En este mundo donde todos seremos “empresarios de nosotros mismos” el estudio se considera como una “inversión” (lo que justifica los precios abusivos de las tasas universitarias) y la enseñanza se convierte en un negocio.

Cuando este discurso del “espíritu empresarial” tiene lugar en centros públicos situados en entornos desfavorecidos o marginales, adquiere los rasgos de ironía cruel. Dirigirse a chavales cuyo horizonte laboral (para la mayoría) es el subempleo no cualificado y mal pagado o el paro para hablarles de “espíritu empresarial” no es solamente una bonita manera de tomarles el pelo, sino que es hacerlos responsables a ellos mismos de su futuro “fracaso” laboral y evitar que, ni por un momento, se cuestionen el orden (¿) establecido.

Educación “en valores”.

Para concluir vamos a ocuparnos de este gran mantra de la educación “en valores”, que es una bonita manera de disimular el adoctrinamiento. En cierto modo la escuela siempre ha transmitido valores, y, por tanto hablar de la educación “en valores” no deja de ser un descubrimiento de la sopa de ajo. Pero sí que es cierto que hay una diferencia: en la posmoderna educación “en valores” está transmisión se efectúa de forma explícita, y los “valores” que se transmiten proceden de minorías gritonas que han conseguido colocar su discurso y que en absoluto responden a los valores comúnmente admitidos para la mayoría de la sociedad.

Pongamos un ejemplo concreto, la llamada “ideología de género”, que se imparte en muchas escuelas con un dogmatismo que deja chiquito al catecismo que los de mi generación estudiábamos de pequeños. La “ideología de género” procede de sectores muy radicales del movimiento “gay” (no todos los homosexuales son gais) y del feminismo. Mucha gente no comparte estos dogmas, pero nadie se atreve a decirlo por miedo a ser tachado de “homófobo” o “machista”. Hay que decir también que la mayoría de los dogmas de esta ideología son incompatibles con lo que no enseña la biología.

Para la “ideología de género” el comportamiento sexual y el género son un producto social. Hay una confusión interesada entre género y sexo biológico. Si por género entendemos el conjunto de roles que se han asociado a la diferencia de sexos, sí que es cierto que hay una construcción social, pero incluso aquí observamos una relación con la realidad biológica: en las ancestrales sociedades humanas de cazadores/recolectores al sexo biológico masculino se le atribuyó el rol de cazador, y al sexo biológico femenino el rol de recolector. Pero tras esta construcción social hay un motivo biológico: las mujeres no se dedicaban a la caza debido a sus embarazos.

Hay una realidad que la “ideología de género” se empeña en negar: los seres humanos venimos al mundo con un sexo biológico masculino o femenino, y ello viene determinado genéticamente por los cromosomas sexuales (XX en las mujeres, XY en los hombres) y aquí no hay “construcción social” que valga.

Pero ahora viene la gran contradicción: si uno es hombre (biología aparte) porque la sociedad lo ha tratado como hombre y le ha asignado roles sociales como hombre ¿Cómo puede aparecer un hombre que se “sienta” mujer y diga que es “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre”? ¿si su cuerpo es de hombre, cual es la “entidad” que “se siente” mujer? ¿es el alma inmortal? ¿las almas tiene sexo (o género)? ¿es una res cogitans femenina atrapada en una res extensa masculina?

Todo ello lleva a auténticas aberraciones: adultos (e incluso niños) que son intervenidos quirúrgicamente para alterar sus órganos sexuales externos y sometidos a tratamiento hormonal de por vida para que “su sexo biológico coincida con su género”.

Esta ideología, que no resiste el más mínimo análisis, y que presenta graves problemas empíricos (de adecuación con la realidad) y conceptuales (contradictoria consigo misma) se enseña en algunas escuelas como una Revelación. Se les dice a los chavales que "hay niños con vulva y niñas con pene” y se quedan tan anchos.

La “ideología de género” es seguramente el ejemplo más sangrante, pero hay otros. La “Educación para la ciudadanía” sería otro buen ejemplo. En la medida que los conocimientos va perdiendo pero, al adoctrinamiento avanza. En una ocasión oí a una delegada de CCOO en la Junta de Personal Docente de Barcelona decir que “había que revisar los libros de texto para expurgar los contenidos machistas”. No quedaba claro quién iba a constituir el tribunal inquisitorio que iba a realizar tan “progresista” labor.

En el caso particular de Cataluña la educación en “valores” incluye el adoctrinamiento separatista, es decir, la Formación del Espíritu Nacional. La manipulación de la historia llega a extremos surrealistas: desde una arcádica y supuesta “Cataluña independiente” anterior a 1714 hasta la interpretación de la Guerra Civil Española como una guerra de España contra Cataluña. La práctica expulsión del castellano de las aulas forma parte de esta Formación del Espíritu Nacional. Hay que decir también que el adoctrinamiento separatista es mucho más intenso en la mayoría de centros privados que en los públicos.

Conclusión

Antes mucha gente creía que cambiando la educación se cambiaba la sociedad. La experiencia demuestra lo contrario: la educación no es más que un reflejo de la sociedad y del medio político envolvente. Sin embargo, y a pesar de todo, cuando cerramos la puerta del aula mandamos nosotros.

Notas

{1} Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento. Barcelona, Plataforma Editorial 2016

{2} Sobre este tema recomendamos el libro de Fernando García de Vinuesa, Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil Madrid, Alianza Editorial, 2014.

El Catoblepas • número 179 • primavera 2017 • página 11
http://www.nodulo.org/ec/2017/n179p11.htm



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Sistema de educación obligatoria para la estupidización general

Mensaje  Genaro Chic el Dom Jul 09, 2017 10:05 am

Recomiendo ver y escuchar un rato este vídeo con una reflexión de la profesora Pilar Baselga, Profesora de Historia del Arte e historia del Traje, formada en la Universidad de la Sorbona de Paris, y diplomada en DEA de la Universidad Complutense de Madrid. Habla muy claro sobe el sistema educativo actual y lo que se pretende con él.


https://www.youtube.com/watch?v=6uMbPJrv_wk&feature=youtu.be


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Re: El cambio educativo. Carta a un amigo

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