Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

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Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Dic 18, 2010 11:27 am

Para nadie es un secreto que la deuda en el interior (como la conquista en el exterior) ha sido siempre el principal motor de la economía, tanto entre la de prestigio como entre la de mercado. Si está controlada, favorece la producción incitando al trabajo para saldarla y poder embarcarse en otra nueva. Cuando la codicia de una parte y la insensatez de otra permiten el desequilibrio, entonces se producen crisis que sólo tienen dos posibles salidas: el rescate para los acreedores o la abolición de las deudas para los sujetos pacientes. Propongo reflexionar sobre el tema, para lo cual comienzo por insertar en este foro un escrito que me llegó ayer de Juan Torres López, catedrático de Economía aplicada de la Universidad de Sevilla:
¿A quién interesa y cómo sería el "rescate" de España?
Cuando se está hablando tanto de la necesidad, de la inminencia o de la posibilidad de un "rescate" de la economía española conviene reflexionar y poner algunas cosas en claro.
Se dice que un grupo de países o instituciones, como podrían ser la Unión Europea o el Fondo Monetario Internacional, "rescatan" a un país cuando le conceden un crédito a pagar en un determinado plazo que le permite cubrir los "agujeros" que por diversas razones (generalmente por acumulación de déficit y deudas) hayan podido producir su insolvencia. Pero hay que tener en cuenta que esos agujeros pueden ser de naturaleza muy variada. Así, muchas dictaduras y gobiernos militares de los años setenta y ochenta endeudaron a sus países, con la connivencia de los grandes bancos internacionales, con préstamos que en ocasiones ni siquiera llegaron a ellos sino que se utilizaron fuera del país para negocios corruptos. Otras veces los utilizaron en obras completamente inútiles o directamente para enriquecer a los grandes empresarios y banqueros.
En el reciente caso de Irlanda, la necesidad perentoria de "ayuda" se debe a que hay que cubrir las pérdidas multimillonarias del sector bancario. Y una parte importante de la deuda pública griega que ha sido "rescatada" recientemente se originó para comprar armamento a Francia o Alemania.

Cuando la acumulación de deuda a la que no se puede hacer frente es muy grande, los acreedores son los primeros interesados en que se produzca el "rescate" del país pues de esa manera se aseguran su reintegro. Y suelen ser ellos los que lo promueven. El dinero que llega con el "rescate" se dedica a saldar sus deudas y la nueva que se origina con las instituciones que rescatan la pagan los ciudadanos en su conjunto a lo largo del tiempo. Los "rescates" consisten, pues, en convertir deuda privada, que por lo general han generado y disfrutado los sectores más ricos, en deuda pública que pagarán principalmente las clases de rentas más bajas.
Pero la cosa no queda ahí. El "rescate" no se produce nunca como una dádiva sino a condición de que el país "rescatado" cumpla una serie de condiciones. La primera, que esta nueva deuda tenga siempre carácter preferente y, además, que se tomen las medidas de política económica y cambio estructural que convengan a quien "rescata".
Gracias a ese procedimiento, la deuda externa que se originó en muchos países a lo largo de los años setenta y ochenta fue la antesala de la aplicación de las políticas neoliberales que promueven el Fondo Monetario Internacional y los grupos más poderosos del mundo que, para cerrar el círculo, son además los que se benefician del saldo de la deuda.

Pues bien en relación con
la situación española
habría que preguntarse si el "rescate" es necesario, es decir, si es que España es insolvente y no puede o no va a poder pagar su deuda, y qué efectos tendría.

La deuda española tiene dos componentes, la deuda pública y la privada. La primera es de unos 600.000 millones de euros pero en relación con el PIB es casi veinte puntos menor que la media europea. Se puede afirmar que es sostenible y que a poco que la economía crezca incluso moderadamente se puede ir amortizando sin problemas. Además, como todo el mundo sabe, ha crecido extraordinariamente en los últimos meses pero como consecuencia del impacto también extraordinario de la crisis. Si bien es un problema al que siempre hay que hacer frente, no tendría por qué generar una situación de insolvencia ni muchísimo menos. Los problemas que está provocando actualmente podrían aliviarse casi por completo si se recuperase la actividad económica aplicando las políticas adecuadas para ello, si se frenara la actividad de los especuladores y, con más seguridad aún, si hubiera una estrategia de apoyo por parte del Banco Central Europeo como expliqué en otro texto (
El Banco Central Europeo frente a la deuda: se necesita algo más que comprar bonos).
Sin embargo, es cierto que podría plantear una grave problema si la actividad económica se sigue deteriorando como consecuencia de la aplicación de las políticas equivocadas que se vienen adoptando y si no se cambia de rumbo pronto hacia otra base de generación de actividad pues el modelo anterior es justamente el que provocó los problemas que sufrimos, si no encuentra financiadores a pesar de ser limitada en su cuantía o si se encarece en demasía, lo que suele ser el resultado de que se recurra al mercado en lugar de a los bancos centrales y de que se permita que los especuladores que lo controlan aprovechen la situación para provocar alzas en los tipos o para extorsionar a los gobiernos. Y también si alguna o varias de estas circunstancias, aunque se dieran en pequeña medida, coinciden al mismo tiempo en momentos en los que se concentre una cantidad más importante de ventas de títulos de la deuda (como va a ocurrir en los primeros meses de 2011).
La deuda privada española es mucho mayor que la pública. Las familias españolas deben aproximadamente un billón de euros a los bancos y las empresas algo más de 1,3 billones. Y, por otro lado, los bancos españoles tienen deudas, por su parte, tanto con el Banco Central Europeo (aunque fluctúa mucho, algo más de 60.000 millones de euros en estos momentos) como con otros bancos del resto del mundo, en una cantidad global muy difícil de cuantificar pero de cuya magnitud da idea el que tengan que amortizar unos 200.000 millones de euros en 2011 y 2012.
El problema se plantea lógicamente cuando toda esa deuda empieza a fallar, cuando la economía no genera suficientes ingresos y aumenta la morosidad como viene ocurriendo como consecuencia de la crisis, y es especialmente grave cuando el incumplimiento afecta a extranjeros y cuando, además, está concentrada en pocos acreedores, como en gran medida está ocurriendo con España.

Según el último informe del Banco Internacional de Pagos,
España tiene una deuda de alrededor de un billón de dólares con bancos extranjeros, de la cual un 11% procede del sector público, un 25,7% de los bancos españoles, un 36% de empresas y el resto (26,6%) de operaciones con derivados que implican principalmente a la banca.
La cuestión, pues, está en dilucidar, por un lado, si los bancos españoles podrían absorber sin problemas la morosidad al alza y las pérdidas patrimoniales derivadas del estallido de la burbuja inmobiliaria porque estos bancos, a su vez, han financiado esa deuda con préstamos que han recibido de bancos extranjeros. Y, por otro lado, si los bancos extranjeros, y principalmente europeos, van a esperar a que todo vaya solucionándose o si van a tratar de garantizarse el pago de deuda mediante un "rescate".
Aquí, precisamente, radica el quid de la cuestión.
El incremento de la deuda privada española es el resultado de dos circunstancias coincidentes. Por un lado, los bancos de países con exceso de ahorro como los alemanes tuvieron un excedente muy grande en los últimos años y en lugar de dedicarlo a impulsar el desarrollo económico alemán y a favorecer el incremento de las rentas en aquel país, lo dedicaron a financiar a bancos de otros países, entre ellos los españoles. Por otro, para obtener esa financiación lo que hicieron los bancos españoles fue vender a los alemanes activos financieros vinculados al negocio inmobiliario (cédulas hipotecarias por ejemplo).
Cuando estalla la crisis eso produjo un hecho singular que a grandes rasgos es el siguiente. Gracias a las normas contables existentes, los bancos españoles podían seguir valorando los activos relativos al negocio inmobiliario al precio de adquisición (y no al más bajo que tienen cuando estalla la burbuja). Pero los bancos alemanes tienen su inversión en títulos secundarios (no la hipoteca original que tiene el banco español, sino el derivado de ella que han comprado para financiarlo) que han de valorar al precio actual de mercado.
Así, los bancos españoles han podido ocultar sus pérdidas verdaderas porque siguen contabilizando activos descapitalizados al valor anterior pero los alemanes sí las registran. Y la cuestión radica, por tanto, en saber si los bancos alemanes (en la mayor parte, aunque también el resto de los grandes acreedores de España) van a confiar en que se irá saliendo bien de la situación actual y así cobrando poco a poco si, por el contrario, prefieren asegurarse el cobro de su deuda "rescatando" a España antes de que ésta, si no mejora la situación económica o si se ve acosada por los especuladores y se ve obligada finalmente a declarar que no puede hacer frente a compromisos.
Si esto último ocurriera sería fatal, porque el “default” de España arrastraría con él a los bancos europeos y quizá a otras economías. De ahí que muchos acreedores piensen que es mejor forzar el "rescate".
Pero un "rescate" de España tiene graves inconvenientes. El mayor, que el dinero que habría que poner para llevarlo a cabo es mucho: se ha llegado a decir que incluso alrededor de 500.000 millones de euros, o incluso más, una cantidad que desestabilizaría a toda la zona euro no solo desde el punto de vista financiero o monetario, entre otras cosas, porque daría pie a que otros acreedores quisieran hacer lo mismo con la deuda de otros países…
Pero, por otro lado, la operación de "rescate" tendría para los grandes grupos de poder otras ventajas no solo financieras. Daría un extraordinario impulso a los bancos y justificaría un replanteamiento general de la estrategia europea en la líneas que al parecer desea, yo creo que muy equivocadamente, el gobierno y los grandes centros del poder económico alemanes. Además, el "rescate" iría acompañado de un programa de reformas de liberalización en España en la línea neoliberal que lógicamente sería proporcional al shock que provocaría la situación y a la inmensa cuantía del rescate, lo que daría satisfacción a los sectores que lo vienen reclamando desde hace tiempo.
De todo lo anterior se podrían deducir tres conclusiones fundamentales.
En primer lugar, que el "rescate" de España sería en realidad y como en otras ocasiones, el de sus acreedores y, en este caso, principalmente de los bancos alemanes y europeos, lo que da a entender que efectivamente éstos pueden estar altamente interesados en que se lleve a cabo. Y dado que el "rescate" justificaría la aplicación de medidas de liberalización excepcionales, podría aventurarse también que en él pueden estar igualmente interesados sectores nacionales que quieren "transformar" España en esta línea ya expresada al Rey por grandes empresarios y líderes de opinión.
En segundo lugar, que la economía española no es en estos momentos insolvente ni hay razones estructurales que aventuren que tenga que estar en esa situación (salvo que se sigan aplicando durante mucho más tiempo las equivocadas políticas de austeridad actuales y que se tarde en modificar las bases de nuestro modelo de crecimiento), de modo que su "rescate" solo podría ser consecuencia de un proceso provocado o inducido.
Tercero, que esa inducción del rescate podría venir por dos posibles vías. Una, la presión especulativa muy fuerte concentrada en algún momento, posiblemente a finales de enero o en febrero de 2011 cuando se negocie el gran volumen de emisiones de deuda inmediatamente posteriores. Otra, por una presión externa que fuerce a reconocer la situación patrimonial real de los bancos españoles hasta mostrarla como explosiva y de ahí se obligue a intervenir para actuar con ellos como con los irlandeses.
No sé si eso va a ser inevitable o no, o si las autoridades europeas ayudarán a evitar o a que se produzca el "rescate". Pero tengo la impresión de que un gobierno solo dispuesto a cumplir con las demandas constantes de los acreedores y especuladores para tratar de generarles confianza, como hizo precisamente el irlandés, lejos de ahuyentar el peligro, lo va a atraer sin remisión. Y también la seguridad de que si la ciudadanía no influye en el proceso será la que finalmente pague, en cualquier escenario que se produzca, sus consecuencias.
Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
Publicado en Sistema Digital el 16 de diciembre de 2010
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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Mar Ene 18, 2011 1:58 pm

Está visto que todo el mundo tiende a generar deuda en los demás para que, de esta manera, se encuentren subordinados. Los prestamistas suelen así generar además una salida a sus propios excedentes a cambio de meter teóricamente en el mercado a gentes que en realidad sólo entienden a fondo la economía de prestigio, basada en el evergetismo (regalos) y las subvenciones a cambio del apoyo político-social.

Durante años (etapa del ladrillo rampante) España demandó más crédito del que su economía poco sofisticada podía generar, por lo cual los Bancos y Cajas de Ahorro pedían ese dinero que prestaban con facilidad a instituciones financieras extranjeras, sobre todo de Alemania y de Francia, que veían en ello un negocio al financiar las compras que sostenían su mercado exterior, confiando en generar un movimiento de desarrollo en la economía española (que no se producía sobre todo por su mal sistema educativo) que permitiese la recuperación de lo prestado. Es evidente que ello no se ha producido, con lo cual los acreedores se encuentran en el dilema de condonar la deuda o intentar cobrarla imponiendo medidas estabilizadoras a España. El problema se complica para ellos cuando China comienza a comprar la deuda española y sus bancos pueden quedarse con unas Cajas de Ahorro en venta ( http://www.elconfidencial.com/en-exclusiva/2011/salgado-reune-primer-banco-mundo-plena-20110124-73980.html ) lo que pondría en peligro el comercio exterior importador de España con sus acreedores alemanes y franceses.

Es así también cómo los países ricos endeudaron a esas colonias a las que dieron su “libertad” (independencia política) cuando los beneficios de la explotación directa pasaron a ser inferiores a las pérdidas de una necesaria administración de los territorios explotados. Se generó así esa enorme deuda exterior del llamado Tercer Mundo, en la práctica impagable (las condonaciones que a veces se otorgan son en realidad un reconocimiento de ello).

A veces estos países así endeudados llegan a tener la suficiente entidad como para, mediante la quiebra controlada (al disponer de moneda propia), conseguir dejar de pagar una buena parte de esa deuda exterior, generada tanto por la codicia de los prestamistas como por el ventajismo de unos jefes que juegan con el antes aludido espíritu estamental de la economía de prestigio, llevando a sus países a situaciones insostenibles. Este sería el caso, por ejemplo de Argentina hace una década, que ha comenzado así a remontar de nuevo tras su auto-abolición consentida de una deuda externa que sus acreedores dieron por incobrable (su cobro habría generado pérdidas poco asumibles para ellos).

Sobre todo esto, reflejándolo sobre la Europa católica (la que cree menos en el mercado como rector de la vida y el trabajo como forma de salvación), ha reflexionado Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, de una forma algo más simplificada:

¿Tiene salvación Europa?

Su fracaso sería una tragedia para el mundo que toma como modelo de conducta al Viejo Continente

PAUL KRUGMAN 16/01/2011
El País

Hay algo especialmente apropiado en el hecho de que la actual crisis europea empezase en Grecia. Porque los males de Europa tienen todo el aspecto de una tragedia griega clásica, en la que un hombre de carácter noble encuentra su perdición por el defecto fatal del orgullo desmedido.
Hace no mucho, los europeos podían, de manera bastante justificada, afirmar que la actual crisis económica estaba demostrando realmente las ventajas de su modelo económico y social. En gran parte de Europa, las normas que regían el despido de los trabajadores ayudaban a limitar la pérdida de empleos, mientras que los sólidos programas de bienestar social garantizaban que incluso los parados mantuviesen su asistencia sanitaria y recibiesen unos ingresos básicos. Puede que el producto interior bruto de Europa estuviera cayendo tanto como el de Estados Unidos, pero los europeos no estaban sufriendo ni de lejos el mismo grado de miseria. Y la verdad es que siguen sin sufrirlo.

Sin embargo, Europa padece una crisis profunda; porque el logro del que está más orgullosa, la moneda única adoptada por la mayoría de los países europeos, está ahora en peligro. Lo que es más, cada vez se parece más a una trampa. Irlanda, aclamado como el Tigre celta no hace mucho tiempo, ahora está luchando para evitar la quiebra. España, una economía en auge hasta hace pocos años, ahora tiene un 20% de desempleo y se enfrenta a la perspectiva de años de deflación dolorosa y agotadora.

Se suponía que la creación del euro era el momento más sublime de una grandiosa y noble empresa: el esfuerzo realizado durante generaciones para traer la paz, la democracia y la prosperidad compartida a un continente antes y a menudo desgarrado por la guerra. Pero los arquitectos del euro, atrapados por la magnitud y el romanticismo de su proyecto, decidieron ignorar las dificultades mundanas con las que una moneda compartida previsiblemente se encontraría.

La consecuencia es una tragedia no solo para Europa sino también para el mundo, para el que Europa es un modelo de conducta crucial. ¿Cómo ha ocurrido esto?

El camino hacia el euro

Todo empezó con el carbón y el acero. El 9 de mayo de 1950 -una fecha cuyo aniversario se celebra ahora como el Día de Europa-, Robert Schuman, el ministro de Asuntos Exteriores francés, propuso que su país y Alemania Occidental aunaran sus producciones de carbón y acero. Fue el primer paso en el camino hacia una "federación de Europa" que, en última instancia, se convertiría en una unión aduanera dentro de la cual se comerciaba libremente con todos los bienes. Luego, a medida que la democracia se extendió por Europa, también lo hicieron las instituciones económicas unificadoras europeas.

En los años ochenta y noventa, Europa se puso manos a la obra para eliminar muchos de los obstáculos que aún impedían la plena integración económica. Las fronteras se abrieron; se garantizó la libre circulación de las personas; y las normas sobre los productos, la seguridad y los alimentos se armonizaron. Se proclamó que la creación del euro era el siguiente paso lógico de este proceso.
Las ventajas de una moneda única europea eran evidentes. No más necesidad de cambiar dinero al llegar a otro país; no más incertidumbre por parte de los importadores sobre lo que un contrato terminaría costando realmente, ni por parte de los exportadores sobre lo que realmente valdría el pago prometido. Mientras tanto, la moneda compartida reforzaría la sensación de unidad europea.
Por otro lado, formar una unión monetaria significa sacrificar la flexibilidad. ¿Hasta qué punto es grave es esta pérdida? Eso depende. Fijémonos en lo que, en principio, parece una comparación extraña entre dos economías pequeñas con problemas.

Dejando a un lado el clima, el paisaje y la historia, la República de Irlanda y el Estado de Nevada tienen mucho en común. Ambas son economías pequeñas de unos pocos millones de personas enormemente dependientes de la venta de productos y servicios a sus vecinos. Ambas fueron economías en expansión durante la mayor parte de la década pasada. Ambas padecieron enormes burbujas inmobiliarias, que estallaron y causaron mucho dolor. Ambas padecen ahora un paro de alrededor del 14%. Y ambas son miembros de uniones monetarias más grandes: Irlanda forma parte de la zona euro y Nevada, de la zona dólar. Pero la situación de Nevada es mucho menos desesperada que la de Irlanda.

Es cierto que los presupuestos tanto de Irlanda como de Nevada han sufrido un duro golpe por culpa de la crisis. Pero gran parte del dinero que se gasta en los habitantes de Nevada proviene de programas federales, no estatales. En concreto, los jubilados no tienen que preocuparse porque la reducción de la recaudación de impuestos del Estado vaya a poner en peligro sus cheques de la Seguridad Social o su cobertura de Medicare. En Irlanda, por el contrario, tanto las pensiones como el gasto en sanidad están a punto de sufrir recortes.

Además, Nevada, a diferencia de Irlanda, no tiene que preocuparse por el coste de los rescates bancarios, no porque el Estado haya escapado a las grandes pérdidas de préstamos, sino porque esas pérdidas, en su mayoría, estarán cubiertas por Washington.

Y es probable que el problema del paro de Nevada se vea aliviado en gran medida durante los próximos años gracias a la emigración; de manera que, incluso si los puestos de trabajo no vuelven, habrá menos trabajadores en busca de los empleos que queden.

Europa, por otro lado, no está integrada fiscalmente: los contribuyentes alemanes no corren automáticamente con parte de los gastos de las pensiones griegas o los rescates bancarios irlandeses. Y aunque los europeos tienen el derecho legal de moverse libremente para buscar trabajo, en la práctica, una integración cultural imperfecta -sobre todo la falta de un idioma común- hace que los trabajadores tengan menos movilidad geográfica que sus homólogos estadounidenses.

Estados Unidos, como sabemos, tiene una unión monetaria que funciona, y sabemos por qué funciona: porque coincide con un país: un país con un Gobierno central grande, un idioma común y una cultura compartida. Europa no tiene ninguna de estas cosas, lo cual ha hecho que las perspectivas de una moneda única fueran inciertas desde el principio.

Euroforia, eurocrisis

El euro nació oficialmente el 1 de enero de 1999. Al principio, era una moneda virtual: las cuentas bancarias y las transferencias electrónicas se expresaban en euros, pero la gente seguía teniendo francos, marcos y liras en sus carteras. Tres años después, se llevó a cabo la transición final y el euro se convirtió en el dinero de Europa.

El mercado de eurobonos empezó a rivalizar pronto con el mercado de bonos en dólares; los pagarés en euros empezaron a circular por todo el mundo. Y la creación del euro infundió una nueva sensación de confianza, especialmente a aquellos países europeos que históricamente habían sido considerados riesgos de inversión. Hasta más tarde que resultó evidente que este aumento de la confianza era el cebo de una trampa peligrosa.

Grecia, con su larga historia de impagos de deudas y rachas de inflación elevada, era el ejemplo más llamativo. Hasta finales de los años noventa, la historia fiscal de Grecia quedaba reflejada en el rendimiento de sus bonos: los inversores solo compraban bonos emitidos por el Gobierno griego si estos ofrecían unos intereses mucho más altos que los bonos emitidos por gobiernos considerados apuestas seguras, como Alemania. Sin embargo, a medida que el estreno del euro se acercaba, la prima de riesgo de los bonos griegos se desvanecía. Después de todo, se razonaba, la deuda griega pronto sería inmune a los peligros de la inflación: el Banco Central Europeo procuraría que así fuese.
De hecho, a mediados de la década de 2000, casi todo el miedo a los males fiscales específicos de un país había desaparecido de la escena europea. A medida que los tipos de interés convergían en toda Europa, los que antes eran países con tipos de interés elevados se dejaron llevar, como era de prever, por el frenesí del préstamo. (Merece la pena señalar que este frenesí del préstamo estaba financiado por bancos de Alemania y de otros países con tipos de interés tradicionalmente bajos; esa es la razón por la que los actuales problemas de deuda de la periferia europea son también un gran problema para el sistema bancario europeo en su conjunto).

Y entonces, estalló la burbuja

Todavía se oye a la gente hablar de la crisis económica mundial de 2008 como si fuese algo fabricado en Estados Unidos. Pero Europa merece cargar con la misma responsabilidad. Nosotros teníamos nuestros prestatarios de alto riesgo, que decidieron firmar hipotecas demasiado elevadas para sus ingresos o fueron engañados para que lo hicieran; los europeos tenían sus economías periféricas que, de forma similar, tomaron prestado mucho más dinero del que realmente podían permitirse devolver.
En Grecia, la historia es sencilla: durante los años de los préstamos fáciles, el Gobierno conservador de Grecia asumió una gran deuda (más de la que reconocía). Cuando el Gobierno cambió de manos en 2009, las ficciones contables salieron a la luz; de repente, se descubrió que Grecia tenía un déficit mucho mayor y una deuda considerablemente superior de lo que todo el mundo pensaba. Los inversores, comprensiblemente, emprendieron la huida.

Pero Grecia es en realidad un caso poco representativo. Hace solo unos años, España, con diferencia la mayor de las economías en crisis, era un ciudadano europeo modélico, con un presupuesto equilibrado y una deuda pública aproximadamente la mitad de grande, expresada como porcentaje del PIB, que la de Alemania. Lo mismo se podía decir de Irlanda. ¿Qué fue lo que salió mal?
En primer lugar, se produjo un grave revés fiscal a causa de la crisis. Los ingresos se hundieron en España e Irlanda y, a medida que subió el paro, también lo hizo el coste de las prestaciones por desempleo. Como consecuencia, tanto España como Irlanda pasaron de superávits presupuestarios justo antes de la crisis a enormes déficits presupuestarios en 2009.

Luego estaban los costes de la limpieza financiera. Estos han sido especialmente agobiantes en Irlanda, donde los bancos se descontrolaron durante los años del boom. Cuando la burbuja estalló, se sospechó inmediatamente de la solvencia de los bancos irlandeses. En un intento por impedir un ataque masivo contra el sistema financiero, el Gobierno de Irlanda garantizó todas las deudas bancarias (lo que cargó al Gobierno con esas deudas e hizo que se cuestionase su solvencia). En comparación, los grandes bancos españoles estaban bien regulados, pero había y hay una gran inquietud respecto al estado de las cajas de ahorro más pequeñas, y preocupación sobre cuánto tendrá que gastar el Gobierno español para evitar que quiebren.

En el transcurso del último año más o menos, primero Grecia y luego Irlanda se vieron atrapadas en un círculo vicioso financiero: a medida que los posibles prestamistas perdían la confianza, los tipos de interés que tenían que pagar por la deuda aumentaban, lo que socavaba sus perspectivas futuras, lo cual conducía a una pérdida mayor de confianza y a tipos de interés aún más altos. Los países europeos más fuertes solo consiguieron evitar una implosión inmediata proporcionando a Grecia e Irlanda líneas de crédito de emergencia, lo que les permitió esquivar temporalmente los mercados privados. ¿Pero cómo se va a resolver todo esto?

Cuatro líneas argumentales europeas

Algunos economistas, entre ellos yo mismo, observamos los males de Europa y tenemos la sensación de que hemos visto esta película antes, hace una década en otro continente: concretamente en Argentina.

A diferencia de España o Grecia, Argentina nunca renunció a su moneda, pero en 1991 hizo la siguiente mejor cosa posible: vinculó rígidamente su moneda al dólar estadounidense, y creó una "caja de conversión" según la cual cada peso en circulación estaba respaldado por un dólar de las reservas. Durante gran parte de los años noventa, Argentina se vio recompensada con unos tipos de interés mucho más bajos y grandes entradas de capital extranjero.

Sin embargo, Argentina acabó cayendo en una persistente recesión y perdió la confianza de los inversores. Hacia principios de 2002, después de airadas manifestaciones y una retirada masiva de los bancos, todo se había ido al garete. El vínculo entre el peso y el dólar se rompió, mientras el valor del peso caía en picado; entretanto, Argentina dejó de pagar sus deudas y terminó pagando solo unos 35 céntimos por cada dólar.

Es difícil evitar la sospecha de que el futuro podría deparar algo similar a una o más de las economías problemáticas de Europa.

Tal como yo lo veo, hay cuatro modos en que la crisis europea podría remitir (y podría remitir de manera diferente en los distintos países):

- Resistir: cabe la posibilidad de que las economías europeas puedan tranquilizar a los acreedores mostrando la voluntad suficiente para soportar el dolor y evitar así el impago y la devaluación. Los modelos de conducta en este caso son los países bálticos, Estonia, Lituania y Letonia, que han estado dispuestos a soportar una austeridad fiscal muy dura mientras los salarios se reducen poco a poco con la esperanza de restaurar la competitividad (un proceso conocido como "devaluación interna").

Hasta cierto punto, los países bálticos han conseguido tranquilizar a los mercados, que ahora los consideran menos arriesgados que Irlanda, y no digamos que Grecia. Pero todos los indicios apuntan a que pasarán muchos años antes de que recuperen el terreno perdido.

- Reestructuración de la deuda: los inversores no esperan que Grecia e Irlanda paguen sus deudas por completo. Esperan alguna clase de reestructuración de la deuda, aunque ello no pondría fin de ningún modo al sufrimiento de las economías en dificultades. Fijémonos en Grecia: aun cuando el Gobierno se negase a reconocer toda su deuda, todavía tendría que recortar drásticamente el gasto y subir los impuestos para equilibrar su presupuesto, y todavía tendría que padecer el dolor de la deflación. Pero una reestructuración de la deuda podría terminar con el círculo vicioso de la caída de la confianza y la subida de los costes del interés, lo que convertiría la devaluación interna en una estrategia viable aunque atroz.

- La estrategia argentina completa: Argentina no solamente dejó de pagar su deuda externa; también abandonó su vínculo con el dólar, lo que permitió que el valor del peso cayese más de dos tercios. Y esta devaluación funcionó: a partir de 2003, Argentina experimentó una rápida recuperación económica impulsada por la exportación.

¿Seguirán el mismo camino uno o más de los países europeos con problemas? Para ello, tendrían que superar un gran obstáculo: el hecho de que ya no tienen sus propias monedas. Como señalaba Barry Eichengreen, de Berkeley, en un influyente análisis de 2007, cualquier país de la eurozona que insinuase siquiera que iba a abandonar la moneda, desencadenaría una devastadora retirada masiva de sus bancos, al apresurarse los depositantes a trasladar sus fondos a lugares más seguros. Y Eichengreen concluía diciendo que este obstáculo "procedimental" que impide la salida hacía que el euro fuera irreversible.

Pero también se suponía que la vinculación con el dólar de Argentina iba a ser irreversible, y lo que al final hizo posible la devaluación fue el hecho de que hubo una retirada masiva de los bancos a pesar de la insistencia del Gobierno en que un peso siempre valdría un dólar. Esta retirada obligó al Gobierno argentino a limitar el dinero que se podía sacar y, una vez que estos límites entraron en vigor, fue posible cambiar el valor del peso sin desencadenar una segunda retirada masiva. En Europa no ha pasado nada parecido (todavía). Pero sin duda es algo que está dentro de lo posible, especialmente a medida que el sufrimiento causado por la austeridad y la devaluación interna se prolongue.

- Europeísmo reavivado: a principios de diciembre, Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, y Giulio Tremonti, el ministro de Economía de Italia, desataron una tormenta con su propuesta de crear "eurobonos" que serían emitidos por un organismo de deuda europeo a instancias de los países europeos individuales. Como estos bonos estarían garantizados por la Unión Europea en conjunto, brindarían a las economías con problemas un modo de evitar los círculos viciosos del declive de la confianza y el aumento del coste de los préstamos. Por otra parte, esos bonos podrían exponer a unos Gobiernos a las deudas de otros (un inconveniente que los furiosos funcionarios alemanes se apresuraron a señalar). Los alemanes defienden con firmeza que Europa no debe convertirse en una "unión de transferencias" en la que los Gobiernos y los países más fuertes proporcionen ayuda sistemáticamente a los más débiles. Pero como demuestra la comparación entre Irlanda y Nevada, Estados Unidos funciona como una unión monetaria en gran parte precisamente porque también es una unión de transferencias, en la cual los Estados que no han quebrado ayudan a los que sí. Y resulta difícil vislumbrar un modo de que el euro funcione a menos que Europa encuentre la manera de lograr algo similar. Un fracaso del euro representaría un golpe posiblemente irreversible para las esperanzas de una verdadera federación europea. ¿Permitirán los países fuertes de Europa que eso suceda? ¿O asumirán la responsabilidad, y posiblemente el coste, de ser los guardianes de sus vecinos? El mundo entero espera la respuesta.

http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/Tiene/salvacion/Europa/elpepueconeg/20110116elpneglse_2/Tes

Genaro Chic

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Abolición de las deudas por Solón y César. Dos ejemplos

Mensaje  Genaro Chic el Lun Ene 31, 2011 3:39 pm

La abolición o supresión total de las deudas contraídas por los menesterosos frente a los poderosos que las habían generado en su afán de tener cogidos a los primeros por su compromiso de devolución de los favores concedidos fue siempre un clamor general de los pobres.  No debe ser por casualidad por lo que en la oración directamente atribuida a Jesús de Nazaret se hace alusión expresa a estas deudas de gratitud cuando exclama “Danos hoy nuestro pan diario y perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.  (Mateo, 6, 9, 13: τὸν ἄρτον ἡμῶν τὸν ἐπιούσιον δὸς ἡμῖν σήμερον καὶ ἄφες ἡμῖν τὰ ὀφελήματα ἡμῶν,  ὡς καὶ ἡμεῖς ἀφίεμεν τοῖς ὀφειλέταις ἡμῶν). Se entiende que quien es más debe derramar su gracia sobre quien es menos y este le debe corresponder con su agradecimiento; palabra ésta que, no se olvide, lleva implícito el concepto de “gratis”.  Es lo que ya planteaba Aristóteles, cuatro siglos antes. Según él, el hombre liberal ha de prestar, pero sin intereses materiales tangibles, simplemente por ofrecer un servicio comunitario: “lo propio de la liberación es, más bien, el dar cuando es preciso que el recibir cuando es preciso, y el no recibir cuando no procede” (Ét. Nic., 4, 1). Señal evidente de que no era lo que normalmente sucedía, pues cuando se protesta por algo es porque ese algo existe plenamente.

Veremos brevemente un par de ejemplos en los que se nos muestra hasta qué punto la deuda, motor positivo de la economía, se puede convertir en algo asfixiante cuando se abusa de ella con un afán de poder que vaya más allá del que marca la simple autoridad (o capacidad de hacer que los demás sigan al considerado superior de una forma voluntaria). El primero corresponde a una época en la que aún no se utilizaba la moneda de curso legal como elemento de cambio, como es la Atenas del siglo VI a.C. El segundo es de medio milenio después, en la Roma que asiste al final del período denominado Republicano y se abre a una nueva época dominada por un poder militar (Imperio) de nuevo cuño, en medio de una sociedad cada vez más monetizada.

En la Atenas del siglo VII  los conflictos  sociales se habían ido acentuando hasta el punto de que hubo que recurrir a un mediador para que estableciera un equilibrio entre la tradición oral de los nobles y los intereses de quienes se sentían ahora perjudicados por ella y tenían suficiente fuerza económica para hacerse valer, aunque en muchas ocasiones las rígidas instituciones les apartaban de la posesión de la tierra, acaparada por la aristocracia de sangre. La legislación de Dracón (621 a.C.), que había intentado darle fijeza de escritura a la tradición y pasar al marco político la venganza de los clanes, no había conseguido arreglar la situación de la sociedad ateniense, donde se estaban manifestando importantes contradicciones. En efecto, deducimos del propio Solón (Frag. 4 D) -elegido en 594 a.C. arconte único con poderes para legislar- que había muchas personas que se habían enriquecido por el comercio (patente en ánforas SOS de aceite) o el mercenariado pero no tenían acceso a la propiedad de la tierra (kakoi o malos, los antiguos pobladores sometidos y posteriores agregados) mientras que muchos agathoi o buenos (la población dominante) se habían empobrecido. Los préstamos de prestigio (no existía aún la moneda), de semilla o de elementos de subsistencia por parte de otros más poderosos podían llegar a generar auténticas deudas cuantitativas derivadas de las de favores no compensados. Como suele suceder cuando surge de la necesidad de elementos básicos de la parte que lo recibe, el crédito, aun sin rédito, tiende a transformarse en deuda perdurable y ésta a su vez en servidumbre. De ahí que muchas civilizaciones hayan tendido a prohibirlo en el marco de la propia comunidad de hombres libres.

En este caso, la imposibilidad de entregar la tierra como pago de una deuda (la tierra era considerada propiedad sagrada del clan en su conjunto) había provocado que muchas personas fueran esclavizadas por no poder responder de otra manera ante su acreedor (éste es un fenómeno que aparece en multitud de sociedades humanas poco desarrolladas: se hipoteca al individuo, su trabajo, al no ser auténtico detentador de la propiedad de la finca que tiene; y si no puede pagar con el fruto de su trabajo en la tierra asignada, queda expuesto a la venta propia y de su familia). Solón, noble y comerciante, no volvió a repartir la tierra, como seguramente era deseo de muchos que no tenían el derecho a ella por estar al margen de los clanes dominantes, sino que traspasó la propiedad de ésta del marco del clan al de la polis (que había de encuadrar a agathoi o pueblo (con  plenos derechos ciudadanos) y kakoi o plebe por igual, con lo cual se equiparaban como individuos en el nuevo marco legal), liberalizando en cierto modo la propiedad, con lo que se permitía hipotecar la tierra como garantía de una deuda en el nuevo marco, superando el del clan. Esto favoreció sin duda a los más pobres, pues, al abolir las deudas que imposibilitaban un desarrollo ágil de las  relaciones socioeconómicas,  los liberó de caer en la esclavitud por esta causa, aunque a largo plazo los más beneficiados serían los ricos, agathoi o kakoi, que podrían aumentar sus bienes inmuebles gracias a la confiscación o la compra de tierras -de propiedad individual ahora- a los pobres, lo que antes les estaba vedado en muchos casos por las reglas que regían la vida de los clanes. Hasta qué punto esto era posible queda patente en las medidas del propio Solón para prohibir la adquisición de tierras en cantidad ilimitada. Así, con esta medida Solón, que consideraba que su tarea era reinterpretar la ley divina, había dado un paso fundamental en la conformación de la polis, recuperando el ideal de eunomía -buen reparto- con el equilibrio entre aristocracia y pueblo (palabras que, de este modo, comienzan a cobrar un nuevo sentido), que se podía ver reforzado con la prohibición del lujo en los funerales de los nobles.

Dado que Solón no se había puesto ni del lado de los que querían mantener sus  privilegios ni tampoco de los que querían hacer borrón y cuenta nueva de todo, sino que pretendió sólo hacer viable el sistema socioeconómico, hubo de salir al exilio pasa salvar su vida.  Una vida que no pudo conservar César cuando hizo frente a un nuevo problema de deudas que asfixiaba la economía romana del siglo I a.C. y creaba fuertes tensiones sociales, como en el caso antes considerado, que también hubo de solucionarse con medidas políticas nuevas, aunque en este caso de signo político prácticamente inverso, pues fue dando paso a la democracia cada vez más individualizada. Pero estas cuestiones, aparentemente contradictorias, no las vamos a tocar aquí y ahora para centrar la cuestión exclusivamente en los aspectos socioeconómicos simples.

En la Roma del siglo II a.C. la plebe urbana había incrementado su número porque los soldados campesinos que tras las guerras decidían retornar al campo se endeudaban con frecuencia, no pudiendo soportar la presión de los señores de la guerra que se habían hecho de grandes extensiones de tierra pública como consecuencia de los tributos extraordinarios adelantados que el Estado no pudo devolver durante la segunda guerra Púnica. En adelante los grandes capitales de la aristocracia se van a invertir en buena medida en la posesión de tierras, base del prestigio (sólo ella contaba en la evaluación de la riqueza de un hombre que quería intervenir en política), como también en el desarrollo de amplias clientelas que sustentaran la actuación política (no separada de la militar) a las que había que favorecer con dádivas para crear deudas de agradecimiento (do ut des). Lo que se traducía en el desarrollo de una determinada política de bienestar subvencionado (la ratio popularis) sostenida interesadamente por los caciques para mantener el sistema, que, aún sin ser buscada conscientemente, se tradujo en un desarrollo de la edilicia pública, en un avance de la cultura escrita (con las potencialidades ideológicas que el fenómeno encierra), y en un progreso notable en el mundo de los negocios mercantiles, que tiene su plasmación en la aparición del contrato mercantil escrito que refleja el derecho.

Dada la tensión que generaba la pobreza de la plebe frente a la creciente riqueza de la nobleza dominante, desde finales de este siglo II hubo intentos de poner remedio al hecho de que muchos se quedaran sin ese bien esencial que era la tierra mientras el número de campos incultos aumentaban en manos de unos señores que los dedicaban a la cría extensiva de ganado, a la caza o la producción especializada con vistas al mercado de productos que no eran de primera necesidad, como el vino, que eran generados en fincas esclavistas regidas desde una villa. Personajes de la nobleza, como los hermanos Graco, propusieron el reparto de tierras estatales entre los desheredados, aunque compensando a los ricos con la posibilidad de hacer nuevos negocios compensatorios, para lograr un cierto equilibrio. Así, otra de las medidas sacadas adelante por Gayo Graco, relativa a los ricos en este caso, establecía el arriendo del diezmo que había que recaudar en la recién constituida provincia de Asia (el antiguo reino de Pérgamo, en la actual Turquía), así como se disponía que en los juicios por corrupción los jurados estuviesen formados por ellos y no los senadores. Esto era darles mucho poder y constituir en la práctica un ordo publicanorum que se opusiese de forma organizada al oficial ordo senatorius. A partir de la lex Sempronia de vectigalibus, que habría de regular el arriendo de las recaudaciones de impuestos, surgieron las sociedades participadas, en las que podían participar numerosos accionistas dado el tamaño de la inversión que había que realizar para acceder a la adjudicación única cada una de las categorías de ingresos fiscales por el ámbito total de una provincia. De forma excepcional en el panorama romano, se les concedió personalidad jurídica (corpus habere) a este tipo de sociedades de publicanos, de forma que el mercado de capitales se hizo presente de forma oficial en el mundo de la empresa, aunque no de modo libre y anónimo, como en las bolsas posteriores, pues en el sistema legal romano no se podía admitir la transmisión de las deudas. En cualquier caso, aunque en teoría se constituían para cinco años, la realidad es que tendieron a hacerse permanentes y a gobernarse a imagen de una república, con asamblea plenaria de socios, magistrados y Senado (Nicolet, 1982). Lo cierto es que, dado su enorme poder financiero, constituyeron, como dice Ferrer (2005) un Estado dentro del Estado. Su poder se fue haciendo inmenso y llegó a amenazar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas. De algún modo, respecto al poder político (o sea, el de polis) de Roma, su influjo era similar al de las actuales multinacionales respecto a los diversos Estados que necesitan de ellas. En cualquier caso la medida de los Gracos, considerada revolucionaria, pese a que no se abolieron las deudas, llevó a los autores a una muerte violenta.

El problema de las deudas siguió vigente e incluso tendió a acentuarse al extenderse no sólo por  Italia sino también por los territorios dominados (provinciae) donde la presencia de los negociantes romanos, favorecida por leyes como las indicadas, se fue haciendo más intensa en un mundo que se iba monetizando progresivamente desde que a mediados del siglo II se comenzó a acuñar el denario de plata. Así, por ejemplo, las minas –especialmente las de plata, pero no sólo- movilizaron la actividad de grandes compañías capitalistas. Las deudas en moneda eran cada vez más importantes, y no puede extrañarnos que nuevos revolucionarios, como Catilina (64 a.C.), exigieran como medida de gobierno la abolición de las deudas para solucionar los graves problemas generados por una población que cada vez se veía en mayor medida desprovista de su clase media de campesinos, base del sistema. Sabido es que su intento le costó la vida. El cónsul Cicerón acabaría con él en 63 a.C.

En ese ambiente se desarrollaría después el enfrentamiento político entre pompeyanos (conservadores) y cesarianos (progresistas, en la línea de Catilina) merece destacar, por la trascendencia que había de tener para la época posterior, el hecho de que en 58 a.C. el tribuno Clodio había logrado que se hiciera gratuita la entrega de grano a la plebe (frumentationes), que luego César (quien ocasionalmente realizó alguna donación del mismo tipo con aceite de Africa) limitó a 150.000 receptores y creó dos nuevos ediles (ceriales) para hacerse cargo de la organización del servicio de abastecimientos, aunque el hecho de ser anuales les restaba mucha eficacia. Más adelante Augusto (Gayo Julio César II) solucionaría el problema instituyendo la Prefectura de la Annona o servicio de abastecimientos y transporte del Estado.

Otro punto interesante a contemplar, por la relación que se puede establecer con el mundo que aquí se pretende bosquejar, es el de la regulación de los créditos (Lex de pecuniiis mutuis). En los años de crisis de 49-47 a.C., César decide tomar medidas para aliviar el problema de las deudas contraídas por los campesinos itálicos, que se veían incapaces de solucionar. Para ello emitió una ley que limitaba los tipos de interés y obligaba a tener 2/3 del capital al menos invertido en tierras italianas (Tac., Ann., 6, 16. Suet., Tib., 48) con objeto de hacer que el dinero circulase y de que nadie acumulase en numerario capitales con los que poder financiar actividades revolucionarias (Cass. Dio, 41, 38.). Él mismo lo presenta así: «como en Italia entera había una grave crisis crediticia, y no se pagaban deudas, decidió que se nombraran árbitros que tomaran a su cargo el tasar las propiedades y bienes, según el valor de cada uno de ellos antes de la guerra, y darlos en pago a los acreedores» (Guerra civil, 3, 1,2). Lo que deja aún más claro Suetonio: «En cuanto a las deudas, una vez perdida la esperanza de que se hiciese borrón y cuenta nueva (disiecta nouarum tabularum expectatione), como se aireaba frecuentemente, decretó, por fin, que los deudores las pagaran a los acreedores, evaluando sus propiedades por el precio que habían comprado cada una de ellas antes de la guerra civil, deducido de la suma de la deuda todo lo que hubieran pagado o consignado como interés; y con esta condición se anulaba casi una cuarta parte de la deuda. Disolvió todas las corporaciones, excepto las que habían sido establecidas desde la antigüedad». (Suetonio, Vida de los doce césares. César. 42,2. Trad.: A. Ramírez de Verger). Actuaba, como diría Plutarco (Vida de César, 12): sobre todo «allanando las diferencias entre deudores y acreedores: porque ordenó que de las rentas de los deudores percibiese el acreedor dos terceras partes, y de la otra dispusiese el dueño hasta estar satisfecho el préstamo». Era pues una abolición de un 25 % de la deuda contraída, lo que evidentemente no debió alegrar a los ricos acreedores.

Avanzando paradójicamente como restaurador de la tradición utilizó la vieja normativa, destinada a realzar el valor de la tierra, para eliminar en la medida de lo posible las excesivas disponibilidades financieras en manos ajenas. Era una medida contra aquellos prestamistas (feneratores) que ponían su interés por encima de la comunidad, en expresión de Tácito, aunque, como señala Bellen (1976), en realidad la crisis económica general sólo se resolvió cuando se pusieron en circulación enormes cantidades de dinero tras su triunfo. O sea que era un problema de crédito que sólo se resolvió con crédito.

Si a la medida populista antes citada le sumamos que César suprimió el arriendo de la recaudación en la provincia de Asia, sustituyendo el diezmo que se cobraba antes por medio de los publicanos por una cantidad fija (stipendium, pecunia certa) y reduciendo el total a recaudar, tenemos claro que pretendía convertir al jefe de la República en el único que tuviese capacidad económica para realizar grandes obras a favor del pueblo, empezando por hacer de él la única persona con capacidad de poder pagar a todas las tropas, que ahora ya eran plenamente profesionales (les subió el sueldo de 5 ases diarios al doble). Una medida que luego Augusto no iba ya a abandonar, cuando vaya creando una nueva estructura administrativa que permitía un fraccionamiento del sistema recaudatorio que le permitió prescindir en adelante de las grandes compañías de publicanos que aportasen un capital que ahora era abundante en el fiscus imperial. A través de la privatización de lo público en beneficio del jefe en la práctica, se había de lograr una centralización que desde hacía bastante tiempo se estaba sintiendo como necesaria. Pero a César, el revolucionario antisistema, le costó la vida alzarse frente a los grandes, aunque fuera de forma parcial. Como suele suceder.

(La mayor parte de lo aquí expuesto está tomado de mi libro El comercio y el Mediterráneo en la Antigüedad, Tres Cantos, 2009).


Última edición por Genaro Chic el Mar Dic 01, 2015 9:25 pm, editado 2 veces

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La tela se rompe

Mensaje  Enrique el Mar Feb 01, 2011 3:35 pm

Durante la crisis de los feneratores (32-33 d. C.), Tiberio acabó recurriendo, pese a sus reticencias iniciales, a la puesta a disposición del público de crédito barato en forma de moneda a cambio de garantías reales; de esta forma, contentaba temporalmente a los acreedores sin afixiar del todo a los deudores. En ninguno de los casos magistralmente expuestos por Genaro (y tampoco en el de Tiberio) la solución vino, pues, dictada por una condonación general de deudas. Esto parecería una solución efectiva, pero, según argumentaban los afectados, habría puesto en cuestión una cosa tan seria como la "Publica Fides", es decir, la "confianza en el sistema". Y no tanto porque los ricos no pudieran admitir una pérdida relativamente asumible, sino porque si las deudas no se pagaban (aunque fuera de forma insuficiente), se pondría en cuestión el funcionamiento mismo de una sociedad basada en la gratitud de los menesterosos con los ricos y de los ricos con los más ricos. Es decir, se habría entrado en una solución revolucionaria cuya mera posibilidad había costado la vida de la mayoría de los reformadores que intentaron un expediente lejanamente similar. Algo parecido sucede ahora. Si los bonos sencillamente no se pagan, el sistema bancario no desaparecerá, pero sí una "Publica Fides" que hoy se traduce como "Privata Fides" (fe de los privados o en lo privado). Por eso, nuestros políticos no dan con la tecla. Ellos, a diferencia de Augusto o de Tiberio, pretenden imponer lo privado externo a su propia privacidad, cuanto más a lo público. Cualquier otra solución sería revolucionaria. Pero cuando costura es buena y la trama es mala, suele ocurrir que se rompe la tela por la mitad. En este caso, por la mitad del Magreb.

Enrique
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La deuda (de prestigio y de mercado) como motor de la economía

Mensaje  Genaro Chic el Dom Feb 06, 2011 11:13 pm



Munera, crede mihi, capiunt hominesque deosque.
«Los regalos, créeme, seducen a los hombres y a los dioses».

Ovidio, Arte de Amar. 3. 653.



La economía tiene, como las monedas, dos caras, una racional y otra emocional. La primera, debido a la ola de racionalismo que acompañó a su triunfo a partir del siglo XVIII, se ha convertido en pensamiento único y, por ello, aún una gran parte de los economistas siguen considerándola como la auténtica.

No obstante, el desarrollo en el último cuarto de siglo de la neurociencia (gracias al avance de la ciencia informática) ha permitido conocer que en realidad la razón sólo es un instrumento vigoroso para desbastar las creencias y permitir un mejor conocimiento de la realidad circundante. Y las creencias pertenecen, como siempre se ha admitido, al campo del pensamiento emocional.

Ello ha facilitado la comprensión de que junto a los elementos cuantitativos, dominantes en la economía de mercado, tienen un papel más destacado aún los elementos cualitativos, propios de la economía de prestigio.

Se entiende pues por Economía de Prestigio aquella que se basa en un planteamiento sobre todo emocional. La persona que quiere prosperar en ese campo procura manifestarse de forma destacada ante los demás y demostrar su supremacía haciendo favores a los demás, que a cambio han de reconocer la mayor calidad del ser de esa persona benefactora. La manera de devolver esa deuda de gratitud –pues la gracia es el elemento de cambio- es intentando por todos los medios agradecer con el propio comportamiento los favores recibidos procurando hacerle los más posibles al benefactor. Es más, la provocación a través de los favores es la base de la competencia, que sostiene al sistema y que puede llegar a ser agotadora. Propia de los sistemas aristocráticos (en sentido originario: sociedades regidas por la autoridad –que no el poder- de los mejores que guían a las comunidades), la tendencia natural es a la cerrazón de estos en sistemas nobiliarios de poder (que no de autoridad, o sea de la capacidad de seducir a los demás con la inteligencia generosa) a través de la herencia de situaciones de hecho que tienden a convertirse en otras de derecho.

Contra estas situaciones de derecho tenderán a alzarse los grupos que se sienten ahogados por el sistema y explotados, que intentarán hacer valer otras ideas dominantes, como por ejemplo que lo que importa en el desarrollo de una comunidad es la inteligencia racional, que tiende a cuantificar los esfuerzos en un plano de igualdad. El comercio impersonal (no emocional) crea un nuevo tipo de deuda, de límites concretos, cuantificables en el otro medio de cambio que es la moneda. El problema que presenta esta otra postura (que tiende a manifestarse en la Economía de Mercado, basada en la oferta y la demanda sobre bases en principio igualitarias) es la evolución en la exaltación de lo racional hasta extremos racionalistas, o sea sectarios de la razón, lo que implica un individualismo cada vez mayor y la tendencia a la destrucción del sentimiento social como algo emocional (sentimiento que se sustituye por un contrato carente de emoción, basado sólo en los intereses cuantificados). O sea, que la competencia cuantitativa, en este plano, puede llegar a ser tan destructiva como en el contrario.
De ahí que encontremos, tanto en un tipo de economía como en su complementario –pues ninguna de las dos se da de forma pura nunca, dado que sólo tenemos un cerebro emocional/racional- la deuda surja como motor de la acción para producir bienes y servicios nuevos que enriquezcan a la comunidad. Y que, como nos muestra un examen histórico del pasado, los abusos de esa deuda pueden generar situaciones de agobio que pueden llegar a la incapacidad de seguir avanzando. De ahí que, como último recurso, para desatascar la situación de parálisis, haya que recurrir a la abolición de un sistema de deudas devenido obsoleto, con el mínimo de perjuicios para las partes acreedoras y deudoras, para comenzar un nuevo ciclo en una dimensión distinta. Dos ejemplos del pasado, como son los de Solón de Atenas (s. VI a.C.) y César de Roma (s. I a.C.) sirven para ilustrar lo expuesto como hemos visto.

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La condonación parcial de las deudas como única salida

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mar 20, 2011 12:11 pm

Proteger a los acreedores
Se miente cuando la Unión Europea pone en marcha un mecanismo de rescate de los países periféricos que, en realidad, sólo pretende proteger a los países acreedores (léase Alemania y Francia). Estamos ante la fórmula mágica de la gran mentira convertida en una de las bellas artes.
Así, a golpe de embuste, se ha construido una realidad inventada que impide atacar el núcleo de los problemas. Los sistemas políticos y la propia realidad económica han degenerado en una gigantesca tramoya hueca. Lo importante es cómo se perciben las cosas, no lo que en verdad sucede.
El caso español es paradigmático en este sentido. El sector privado -en particular las empresas- está endeudado hasta las cachas, pero en aras de dar apariencia de que aquí no pasa nada, se mantiene enchufado a parte del sistema financiero al cordón umbilical del presupuesto público. Haciendo bueno aquello que alguien comentó al profesor Toribio sobre el oficio de banquero. Se trata de pedir dinero a gente honrada para entregárselo a insolventes.
La verdad, sin embargo, es siempre revolucionaria, que decía Gramsci, y lo cierto es que este país nunca podrá devolver las deudas contraídas. Hay un dato en el último boletín estadístico del Banco de España ciertamente relevante. Después del ajuste más severo de la economía española en más de medio siglo, el endeudamiento de los sectores productivos apenas se ha reducido en un 3%, hasta los 985.151 millones de euros. En el caso de las inmobiliarias, el resultado es todavía es más elocuente. Adeudan 315.781 millones de euros (sin contar la construcción), prácticamente lo mismo que hace dos años. Y nada indica que estén en condiciones de devolver sus deudas salvo un nuevo boom del ladrillo que hoy por hoy se antoja impensable.
Si Europa fuera Indonesia o Argentina, hace tiempo que los países altamente endeudados hubieran tenido que acudir al Club de París para renegociar sus agujeros fiscales, pero ocurre que en este caso los acreedores son los bancos alemanes y franceses, y eso son palabras mayores.
Es más, si esa nueva primavera del ladrillo llega, los potenciales beneficios (plusvalías) del encarecimiento del suelo y de la vivienda no llegarían a los contribuyentes que piadosamente han puesto su dinero en los tiempos malos, si no a los accionistas de esas instituciones convertidas hoy en bancos, lo cual es ya de aurora boreal.
El caso del sector público no en menos elocuente. El profesor Alfredo Pastor ha hecho unos números y ha llegado a la conclusión de que España necesita tener un superávit primario durante cinco años equivalente al ¡6,1%! del PIB (sin contar el pago de intereses) sólo para estabilizar su nivel de deuda. ¿Mucho o poco? Una barbaridad si se tiene en cuenta que el punto de partida es un -6,6% de déficit que se alcanzará, en el mejor de los casos, este año.
Estamos, por lo tanto, ante una gran ilusión que sólo retrasa la salida de la crisis y encarece el coste del servicio de la deuda, lo que explica que el diferencial con Alemania no baje de los 200 puntos básicos. Pese a la aparente normalidad de las últimas semanas, los mercados siguen oliendo sangre. Básicamente porque saben que ni Grecia ni Irlanda podrán devolver lo que deben. Ni, por supuesto, Portugal, que se está financiando sus emisiones a dos años al 6%, seis veces más que el precio oficial del dinero. Incluso Grecia, un país intervenido, soporta todavía rentabilidades próximas al 15% -han leído bien- en emisiones a dos años que se negocian en los mercados secundarios.
Agujeros fiscales
Como alguien dijo, si Europa fuera Indonesia o Argentina, hace tiempo que los países altamente endeudados hubieran tenido que acudir al Club de París para renegociar sus agujeros fiscales, pero ocurre que en este caso los acreedores son los bancos alemanes y franceses, y eso son palabras mayores. La solución que se ha dado es alargar el problema aunque el proceso se lleve por delante el futuro del país con políticas de ajuste que necesariamente se van a convertir en crónicas para poder hacer frente a los compromisos financieros adquiridos. Un auténtica tragedia para un país como España que está obligado a destinar cada año 50.000 millones de euros (el 5% del PIB) sólo para pagar la carga de intereses y el desempleo. O lo que es lo mismo, la tercera parte del gasto no financiero del Estado.
La parte positiva del ajuste es que hay disciplina fiscal en un país de manirrotos y de nuevo ricos; pero ciertamente existe el peligro real de que el ajuste perpetuo estrangule la capacidad de crecimiento de la economía por falta de crédito. Y eso es una auténtica tragedia cuando es muy probable que ya se haya rozado la cifra de cinco millones de parados en este trimestre, como se encargará de revelar el INE el mes próximo.
¿Cuál es la solución? No hay otra que acudir a una especie de default controlado destinado a acelerar la reestructuración de la deuda, algo que en realidad descuentan los mercados desde hace meses y que justifica los amplios diferenciales.
El mecanismo permanente de rescate se antoja, en este sentido, sólo como un instrumento válido para evitar que la banca alemana y francesa anote en sus balances pérdidas cuantiosas, pero es una mala solución para los países periféricos, que por su mala gestión de los recursos públicos están condenados al ostracismo económico durante lustros por no decir la verdad.


Carlos Sánchez



Última edición por Genaro Chic el Jue Mar 24, 2011 6:29 pm, editado 3 veces

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Jue Mar 24, 2011 6:24 pm

Tenemos que evitar la (próxima) burbuja
RICARD FERNÁNDEZ ONTIVEROS
La buena noticia de la aprobación por el Parlament de la tramitación de una propuesta para instaurar la dación en pago para saldar deudas hipotecarias llega con 10 años de retraso, pero si tiene éxito con su aceptación en el Congreso será agradecida dentro de 10 años. Me explico. Si la legislación previa a la burbuja inmobiliaria hubiera limitado el porcentaje de crédito sobre el valor de los pisos y si los que ofrecían este crédito hubieran incluido en su análisis de riesgos que no había más garantía que la vivienda en caso de ejecución, es evidente que no habríamos llegado al grado de ligereza –o directamente frivolidad– que ha concentrado el 85% de la deuda financiera del sector privado en España en la actividad inmobiliaria y la construcción y la adquisición de inmuebles, es decir, 1,05 billones de euros, equivalentes al PIB. Y por tanto, hoy las entidades no deberían refinanciar en los mercados 800.000 millones de euros, ni las cajas se convertirían a toda prisa en bancos, ni el Estado debería inyectar decenas de miles de millones en los nuevos bancos.
Y con la suma de una legislación como la que ahora se propone, una fiscalidad que no hubiera promovido la venta, una política monetaria de límites a la concentración del crédito en un único sector y una política de vivienda que promoviera la producción de un parque residencial social –mayoritariamente en régimen de alquiler–, hoy no tendríamos un millón de parados provenientes del sector de la construcción ni 300.000 familias que no pueden pagar la hipoteca. Estas familias no tienen una alternativa residencial y, encima, no les basta con entregar el piso para saldar la deuda. Por lo tanto, y para evitar la próxima burbuja antes de que sea demasiado tarde, debemos desear que propuestas como esta avancen de la mano de la ola que está generando la suma de movimientos sociales, jueces y otros juristas sensibles y formaciones políticas como las que han tenido la valentía de plantear la cuestión.
Dicho esto, me temo que quedará pendiente qué hacemos con las familias que hoy no pueden pagar. Más allá de reformas legales, necesarias pero que se enfrentarán a los problemas jurídicos generados por su cariz retroactivo y a lobis económicos poderosos, soy partidario de generalizar acuerdos como el que la Secretaria de Vivenda hizo en el 2010 en Badia del Vallès con Catalunya Caixa. Este protocolo prevé la dación en pago saldando deuda, el mantenimiento del anterior propietario como inquilino a precio social y la posibilidad de recomprar la vivienda en el futuro. Habría que complementarlo con la renuncia por el Estado a cobrar la plusvalía en el IRPF cuando se dé el caso y la de los ayuntamientos a cobrar la plusvalía municipal. Es, pues, una propuesta que no necesita leyes y puede resolver buena parte del problema en el corto plazo: ¿quién moverá ficha?

Genaro Chic

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Miér Mar 30, 2011 7:41 pm

A pesar de que la deuda es el elemento fundamental de la economía y de que se tiene conciencia de que el dinero es deuda, es difícil encontrar una panorámica general de un estudio del concepto de deuda. Por ello, y dejando por sentado que no comparto plenamente sus planteamientos, me ha parecido interesante el texto de David Graeber, un antropólogo y anarquista que actualmente es catedrático del Goldsmiths College de la Universidad de Londres. Es el siguiente:
La Deuda: Los primeros cinco mil años
A lo largo de sus 5.000 años de historia, la deuda siempre ha involucrado instituciones – ya sea la monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos Mosaicos, o la Sharia o ley canónica - – que imponen controles sobre las consecuencias sociales potencialmente catastróficas del endeudamiento. Es solo en la era actual, escribe el antropólogo David Graeber, que estamos presenciando el primer sistema efectivo de administración planetaria creado en gran parte para proteger los intereses de los acreedores.
Lo que sigue es un fragmento de un proyecto mucho más grande para el estudio de la deuda y el dinero de la deuda en la historia de la humanidad. La primera e irresistible conclusión de este proyecto es que al estudiar la historia económica, tendemos sistemáticamente a ignorar el rol de la violencia, y el papel absolutamente importante que juega la guerra y la esclavitud en la creación y formación de las instituciones fundamentales de lo que ahora llamamos “la economía”. De hecho los orígenes importan. La violencia puede que sea invisible, pero permanece inscrita en la lógica misma de nuestro sentido común económico, en la propia naturaleza aparentemente evidente de instituciones que simplemente no podrían existir fuera del monopolio de la violencia – pero también, la amenaza sistemática de violencia – mantenida por el estado contemporáneo.
Permítanme comenzar con la institución de la esclavitud, que para mí juega un papel clave. A lo largo de la historia, la esclavitud ha sido vista como una consecuencia de la guerra. En ciertas ocasiones los esclavos son en realidad prisioneros de guerra, pero en otras no es así, pero invariablemente la guerra, casi sin excepción, es vista como el fundamento y la justificación de la esclavitud. Al rendirse, lo que uno hace es entregar su vida; el vencedor tiene el derecho a matarnos, y en muchos casos lo hará. Si decide no hacerlo, uno literalmente le debe la vida; una deuda concebida como absoluta, infinita, irredimible. En teoría el vencedor puede lograr de uno lo que quiera, y todas las deudas – obligaciones – que uno tiene con otros (sus amigos, familia, antiguas alianzas políticas), o que otros tienen con uno, se consideran como absolutamente ignoradas. La deuda con el nuevo amo, con tu propietario, es lo único que ahora existe.
De este tipo de lógica se derivan dos conclusiones muy interesantes, pero que al mismo tiempo se pueden considerar como diametralmente opuestas. Primero, como todos saben, la compra y venta de esclavos es otra típica – quizás fundamental – característica de la esclavitud. En este caso, la deuda absoluta se transforma (en otro contexto, el del mercado) en algo ya no absoluto. De hecho, se puede cuantificar. Es más, hay buenas razones para creer que fue exactamente esta operación la que hizo posible el surgimiento de la forma contemporánea del dinero. Lo que los antropólogos solían llamar “dinero primitivo”, el tipo que uno encuentra en sociedades sin estado (por ejemplo, las plumas de pájaro en las islas Salomón, el wampum [cordel o cinturón de abalorios sagrado] de los iroqueses), antes que para comprar y vender mercadería, se usaba más para concertar bodas, arreglar disputas entre familias, y jugar con otros tipos de relaciones entre personas. Por ejemplo, si la esclavitud es deuda, entonces la deuda puede llevar a la esclavitud. Un campesino babilónico puede haber pagado una cantidad conveniente en plata a sus suegros para oficializar el matrimonio, pero ella de ninguna manera le pertenecía a él. Él no podía comprar o vender a la madre de sus niños. Pero la situación cambiaba completamente si el sacaba un préstamo. Si el entraba en mora, sus acreedores podían, primero, llevarse a sus ovejas y muebles, después, su casa, tierras y huertos, y finalmente, a su esposa, niños e incluso a el mismo, convirtiéndolos en esclavos por deuda hasta que el asunto sea arreglado (lo que naturalmente, pues sus recursos disminuían, se hacía cada vez más difícil). Es la deuda lo que nos hace posible imaginar al dinero en su sentido contemporáneo, y por lo tanto, también crear lo que ahora nos gusta llamar el mercado: una plaza donde todo se puede comprar y vender, porque todos los objetos son (como los esclavos) separados de sus antiguas relaciones sociales y existen solo en relación al dinero.
Pero al mismo tiempo la lógica de la deuda como conquista puede, como dije, llevarnos por otro camino. Los reyes, a lo largo de la historia, eran muy ambivalentes en cuanto la lógica de la deuda amenazaba con salirse fuera de control. Esto no implica que eran hostiles al mercado. Al contrario: normalmente lo apoyaban, por la simple razón de que para los gobiernos resulta inconveniente exigir todo lo que necesitan (sedas, ruedas para carros de guerra, alimentos exóticos, lapislázuli) de sus súbditos. Es mucho más fácil fomentar los mercados y luego comprarlos allí. Los mercados antiguos solían seguir en muchos casos a los ejércitos o séquitos reales, o se formaban cerca de palacios, o en los márgenes de los puestos militares. Esto ayuda en cierto modo a explicar el comportamiento algo extraño de las cortes reales: después de todo, dado que los reyes controlaban las minas de oro y plata, ¿cuál era exactamente el propósito de estampar fragmentos de esos metales con la cara de uno, entregarlos a la población civil, y después demandar su devolución a través de impuestos? Solo tiene sentido si la recaudación de impuestos era en realidad una manera de forzar a todos a adquirir monedas, facilitando así el surgimiento de los mercados, ya que su existencia era conveniente. Sin embargo, para nuestros propósitos actuales, la pregunta más importante es: ¿cómo se justificaban estos impuestos? ¿Por qué los adeudaban los súbditos? ¿Qué deuda estaban saldando al pagarlos? Aquí regresamos otra vez al derecho de conquista. (En realidad, en el mundo antiguo, los ciudadanos libres – sea en Mesopotamia, Grecia o Roma – a menudo no tenían que pagar impuestos directos solo por esta razón, pero obviamente aquí estoy simplificando el asunto). Si los reyes afirmaban tener el poder sobre la vida y muerte de sus súbditos, por derecho de conquista, entonces las deudas de sus súbditos eran, además, fundamentalmente infinitas: y también, por lo menos en ese contexto, las relaciones entre cada uno de ellos, lo que se debían entre ellos, no tenía importancia. Lo único que existía era su relación al rey. Esto a su vez explica por qué los reyes y emperadores siempre intentaban regular el poder que los amos tenían sobre los esclavos, y los acreedores sobre los deudores. Lo mínimo que hacían era siempre insistir, si tenían el poder, era que aquellos prisioneros cuyas vidas ya habían sido perdonadas no podían ser matados por sus amos. De hecho solo los gobernantes podían tener el poder arbitrario sobre la vida y la muerte. La más importante y suprema de las deudas que se podía tener era aquella con el estado: era de verdad la única ilimitada, exigible de manera absoluta, cósmica.
Esto lo enfatizo porque esta lógica todavía está con nosotros. Cuando hablamos de una “sociedad” (la francesa, la jamaiquina) en realidad estamos hablando de gente organizada bajo un solo estado nación. Ese es, por lo menos, el modelo tácito. Las “Sociedades” son en verdad estados, la lógica de los estados es la conquista, la lógica de la conquista es fundamentalmente idéntica a aquella de la esclavitud. Es verdad que desde el punto de vista de los defensores del estado esto es transformado en una noción de una más benévola “deuda social”. Pero aquí nos encontramos con un pequeño cuento, una especie de mito. Todos nosotros hemos nacido con una deuda infinita con la sociedad que nos crió, alimentó y vistió, con aquellos muchos años ha desaparecidos que inventaron nuestros lenguajes y tradiciones, que hicieron posible nuestra existencia. En la antigüedad creíamos que ésta se la debíamos a los dioses (se la pagaba con el sacrificio, o el sacrificio era en verdad solo el pago de intereses – la cancelación final se la hacía con la muerte). Más tarde la deuda fue adoptada por el estado, en si una institución divina, con los sacrificios sustituidos por los impuestos, y la deuda de la vida por el servicio militar. El dinero es simplemente la forma concreta de esta deuda social, la manera en que es manejada. A los seguidores de Keynes les gusta esta lógica. Y también a algunas variedades de socialistas, de social demócratas, incluso cripto-fascistas como Auguste Comte (quien fue, que yo sepa, el primero que acuñó la frase “deuda social”). Pero esta lógica también se puede detectar en gran parte de nuestro sentido común: considere por ejemplo la frase “pagar nuestra deuda con la sociedad”, o “Yo sentía que le debía algo a mi país”, o “Yo quería devolverle algo”. En tales casos, los derechos y obligaciones comunes, los compromisos mutuos – las relaciones que la gente realmente libre puede establecer entre cada uno – tienden a ser incluidos dentro de una concepción particular de la “sociedad”, una donde todos somos iguales solo como deudores absolutos ante la (ahora invisible) presencia del rey, quien representa a la madre de uno, y por extensión, a la humanidad.

Lo que estoy sugiriendo, entonces, es que aunque las demandas del impersonal mercado, y de la “sociedad”, a menudo aparecen juntas – y definitivamente han tendido a conquistar más terreno de numerosas formas – ambas a la larga son construidas sobre una lógica de la violencia muy parecida. Pero esta tampoco es una mera cuestión de orígenes históricos, que puede ser hecha a un lado por ser insignificante, ya que sin la amenaza constante de la fuerza, el estado - y el mercado - no podrían existir.
Entonces, ¿Cuál es la alternativa?

Hacia una historia del dinero virtual
Aquí regreso a mi hipótesis original: que el dinero cuando primero apareció, no era la cosa fría, metálica, impersonal de la actualidad. Era una medida, una abstracción, pero también una especie de relación (de deuda y obligación) entre seres humanos. Es importante recordar que a lo largo de la historia es el dinero mercancía el que siempre ha sido asociado directamente con la violencia. Como dijo cierto historiador, “el metal precioso es un accesorio de la guerra, no del comercio pacífico.”(*1)
La razón es simple. El dinero mercancía, especialmente en forma de oro y plata, se puede distinguir del dinero crédito sobre todo porque se lo puede robar, una característica muy particular. Como un lingote de oro o plata es un objeto sin pedigrí, a lo largo de gran parte de la historia los metales preciosos han desempeñado el mismo papel que el maletín repleto de billetes del vendedor de drogas contemporáneo. Eso es, un objeto sin pasado alguno que puede ser cambiado por otros objetos de valor en casi cualquier lugar, sin que se hagan preguntas. Así, uno puede ver los últimos 5,000 años de historia humana como la historia de una especie de alternación. Los sistemas de crédito parecen surgir, y hacerse dominantes, en periodos de relativa paz social, a lo largo de redes de confianza. Surgen como creaciones del estado, o como instituciones transnacionales - que es el caso en la mayoría de los periodos - mientras que, en los periodos caracterizados por saqueos generalizados, son remplazados por metales preciosos. Sin duda alguna, los sistemas de préstamos rapaces han existido en toda la historia, pero han tenido efectos más dañinos en aquellos tiempos en que el dinero era más fácil de convertir en efectivo.
Por eso, como punto de partida para cualquier intento de discernir los grandes ritmos que definen el actual momento histórico, propongo el siguiente esquema para la historia de Eurasia, de acuerdo a la alternación entre periodos de dinero virtual y metal:

I. Los Primeros Imperios Agrícolas (3500-800 AC). Forma dominante de dinero: Dinero crédito virtual
La mejor evidencia que tenemos sobre los orígenes del dinero se remonta a la antigua Mesopotamia, pero no existe alguna razón particular para creer que las cosas eran radicalmente diferentes en el Egipto de los Faraones, la China de la Edad de Bronce, o el Valle del Indus. La economía de Mesopotamia estaba dominada por grandes instituciones públicas (los Templos y Palacios) cuya administradores burocráticos efectivamente creaban moneda de cuenta al establecer una equivalencia fija entre la plata y la cebada, que era el cultivo principal. Las deudas eran calculadas en plata, pero esta rara vez era utilizada en las transacciones. Para esto se utilizaba la cebada, o cualquier otra cosa que en el momento estaba a la mano y era aceptable. Las deudas grandes eran registradas en tablas cuneiformes que se guardaban como garantías por ambas partes de la transacción.

No hay duda de que existían mercados. Los precios de ciertas mercancías que no eran producidas dentro de las propiedades de los Templos o Palacios, y que por lo tanto no estaban sujetas a las lista de precios oficiales, tendían a fluctuar de acuerdo a los caprichosos cambios de la oferta y la demanda. Pero la mayoría de las transacciones que se realizaban a diario, en particular aquellas que no se llevaban a cabo entre completos extraños, parecen haberse hecho a crédito. Las “mozas de cerveza”, o las propietarias de posadas, servían cerveza y alquilaban cuartos; fiándoles a sus clientes, los que pagaban el saldo total cuando venía la cosecha. Los comerciantes probablemente mantenían listas de clientes confiables a los cuales podían fiar, como sucede en la actualidad en los pequeños mercados del África o Asia Central. El hábito de cobrar con interés también nació en Sumeria – mientras en Egipto, por ejemplo, permaneció desconocido. Las tasas de interés, fijadas en el 20 por ciento, se mantuvieron estables por 2000 años. (Esto no es evidencia de regulación o control estatal del mercado: en esta etapa eran instituciones como estas las que hacían posibles la existencia de los mercados). Sin embargo, esto produjo serios problemas sociales. Especialmente en los años de mala cosecha, los campesinos se endeudaban desesperadamente con los ricos, y debían entregar sus haciendas y, por último, a sus familiares, los que pasaban a ser esclavos por endeudamiento. Poco a poco esta situación parece haber conducido a una crisis social, una en que el pueblo, antes que tomar parte en un levantamiento popular, abandonaba completamente las ciudades y tierras habitadas, para convertirse en “bandidos” y asaltantes semi-nómadas. Pronto se volvió una tradición para cada nuevo soberano hacer borrón y cuenta nueva, cancelando todas las deudas, y declarando una amnistía general o “libertad”, para que todos los peones cautivos puedan regresar a sus familias. (Es importante recordar que la primera palabra en cualquier idioma que apareció equivalente a “libertad” fue la amarga del sumeriano, que literalmente significa “regreso a la madre”). [liber]. Los profetas bíblicos instituyeron una costumbre similar, la del Jubileo, en la cual después de siete años todas las deudas eran canceladas. Este es el ancestro directo de de la noción de la “redención” del Nuevo Testamento. Como el economista Michael Hudson ha indicado, parece una de las grandes desgracias de la historia que la institución de prestar dinero con interés se diseminó desde Mesopotamia, pero en gran parte sin los dispositivos que controlaban sus excesos.
II. Era Axial (800 AC – 600 DC). Forma dominante de dinero: Monedas y metales preciosos
Esta fue la era en que nació la acuñación, al igual que las mayores religiones del mundo en la China, India y el Medio Oriente.(*2) Desde el periodo de los Reinos Combatientes en la China, de la fragmentación de la India y la carnicería y esclavización masiva que acompañó la expansión (y más tarde, la disolución) del Imperio Romano, esta fue una era de creatividad impresionante alrededor del mundo, pero también de una violencia igualmente impactante. La acuñación, que permitió el uso corriente del oro y plata como medios de intercambio, también hicieron posibles la creación de mercados, en el sentido más impersonal del término, que ahora es el más conocido. Los metales preciosos eran también mucho más apropiados para una era en que las guerras eran muy comunes, porque – algo obvio- eran más fáciles de robar. La acuñación definitivamente no fue inventada para facilitar el comercio (los fenicios, que eran magníficos comerciantes, estaban entre los últimos que la adoptaron). Parece haber sido inventada por primera vez para pagarles a los soldados, siendo probablemente los gobernantes de Lidia, en la Asia Menor, los primeros en hacerlo, al pagarles así a sus mercenarios griegos. Cartago, otra gran nación comerciante, comenzó a acuñar monedas bien tarde, y entonces solo, y explícitamente, para pagarles a sus soldados extranjeros.
Durante toda la antigüedad uno puede seguir hablando de lo que Geoffrey Ingham ha llamado el “complejo militar-acuñador”.(*3) Que hubiera sido mejor que lo llamara el “establecimiento militar - acuñador - esclavista” ya que la difusión de nuevas tecnologías militares (los hoplitas griegos, las legiones romanas) estuvo muy ligada a la captura y comercio de esclavos. La otra fuente principal de esclavos era la deuda: ahora que los estados ya no cancelaban las deudas periódicamente, aquellos que no tenían la suerte de ser ciudadanos de las más grandes ciudades-estado – las cuales eran generalmente protegidas de los prestamistas depredadores – eran presa fácil. Los sistemas de crédito del Cercano Oriente no se desmoronaron debido a la competencia comercial; fueron destruidos por los ejércitos de Alejandro Magno – ejércitos que requerían media tonelada de lingotes de plata por día para pagar salarios. Estos lingotes eran generalmente producidos por esclavos en las minas. Las campañas militares a su vez garantizaban un flujo continuo de nuevos esclavos. Los sistemas impositivos imperiales, como se explicó antes, fueron en gran parte diseñados para obligar a sus súbditos a crear mercados, para que los soldados (y por supuesto, también funcionarios del gobierno) pudieran usar los lingotes para comprar lo que quisieran. Los mercados impersonales que solían aparecer entre las sociedades, o a los márgenes de las operaciones militares, ahora comenzaron a hacerse comunes en toda la sociedad.
Por más trivial que sean sus orígenes, la creación de nuevos medios de intercambio – la acuñación apareció casi simultáneamente en Grecia, India y China – parece haber tenido profundos efectos intelectuales. Algunos incluso han ido más lejos, al sostener que la filosofía griega en si fue posible gracias a las innovaciones conceptuales introducidas por la acuñación. Sin embargo, el hecho más sorprendente es la aparición de las religiones que se convertirían en las mayores del mundo moderno (el judaísmo profético, el cristianismo, el budismo, el jainismo, el confucianismo, el taoísmo y, eventualmente, el Islam), en casi exactamente los mismos lugares, y al mismo tiempo en que uno observa la temprana expansión de la acuñación. Aunque los vínculos precisos todavía no han sido explorados completamente, de ciertas formas esas religiones parecen haber surgido como una reacción directa a la lógica del mercado. Para expresarlo más bien crudamente: si uno simplemente relega un determinado espacio social a la egoísta adquisición de cosas materiales, es casi seguro que pronto alguien vendrá a tomar posesión de otro espacio desde el cual predicar que, desde el punto de vista de los valores fundamentales, las cosas materiales no tienen importancia, y que el egoísmo – o incluso el yo – es una ilusión.
III. La Edad Media (600 DC – 1500 DC). El retorno del dinero crédito virtual
Si la Era Axial estuvo marcada por la aparición de los ideales complementarios de los mercados y las religiones universales del mundo, la Edad Media fue el periodo en que esas dos instituciones empezaron a fusionarse. Las religiones comenzaron a tomarse los sistemas de mercado.(*4) Todo, desde el comercio internacional hasta la organización de ferias locales, cada vez más pasó a desarrollarse a través de redes sociales definidas y reguladas por las autoridades religiosas. Esto permitió, a su vez, el regreso por toda Eurasia de varias formas de dinero crédito virtual.
En Europa, donde todo esto se llevó a cabo bajo la protección del cristianismo, la acuñación se hizo presente de una forma esporádica y desigual. Después del año 800 DC, los precios eran calculados en gran parte de acuerdo a una antigua moneda carolingia que ya no existía (por entonces se la llamaba “dinero imaginario”), pero el comercio común diario se desarrollaba de otras maneras. Una forma común, por ejemplo, era el uso de “palos de cuentas”, pedazos de madera marcados que se partían en dos para mantener un registro de las deudas, guardando el prestamista una mitad y el deudor la otra. Tales palos de cuenta fueron de uso común hasta bien avanzado el siglo 16. Las transacciones más grandes se realizaban usando letras de cambio, las que se liquidaban en las grandes ferias de comercio. La Iglesia, mientras tanto, suministraba un marco legal, haciendo cumplir controles estrictos sobre el préstamo de dinero a interés y prohibiciones contra la esclavitud por deuda.
El verdadero centro nervioso de la economía medieval, sin embargo, era el Océano Índico, el cual, junto con las rutas de las caravanas en Asia Central, conectaba a las grandes civilizaciones de India, China y el Medio Oriente. Aquí el comercio se realizaba dentro de las estructuras del Islam, que además de proveer un marco legal favorable a las actividades mercantiles (al mismo tiempo que prohibía absolutamente el préstamo de dinero con interés), permitió relaciones pacíficas entre los mercaderes de una considerable parte del mundo, haciendo posible la creación de una variedad de instrumentos sofisticados de crédito. De hecho, en esto Europa Occidental, como en muchas otras cosas, se había quedado atrás: la mayoría de las innovaciones financieras que llegaron a Italia y Francia en los siglos 11 y 12 ya eran de uso común en Egipto o Iraq desde los siglos 8 y 9. La palabra “cheque”, por ejemplo, es derivada del árabe sakk, y apareció en el inglés recién alrededor del año 1220 AD.
El caso de China es incluso más complicado: la Edad Media se abrió ahí con la rápida expansión del budismo, el cual, aunque no estaba en la posición de promulgar leyes o regular el comercio, rápidamente actuó contra los usureros locales estableciendo en sus propios templos las primeras casas de empeño de todo el mundo, para darles a los campesinos pobres una alternativa a la del usurero. Sin embargo, pronto el estado se volvió a imponer, como es común en China. Pero al hacer esto no solo reguló las tasas de interés e intentó abolir la esclavitud por deuda, sino que también abandonó completamente el uso de metales preciosos al inventar el dinero papel. Todo esto fue acompañado - otra vez - por el desarrollo de una variedad de instrumentos financieros complejos.
Aún así, no sería correcto decir que este periodo no estuvo también marcado por la matanza y el saqueo (en particular durante las grandes invasiones nómadas) o que la acuñación no era, en muchos lugares y épocas, un importante medio de intercambio. Pero lo que realmente caracteriza al periodo parece ser un movimiento en otra dirección. Durante la mayor parte del periodo medieval la moneda se desvinculo considerablemente de las instituciones coercitivas. A los cambistas, en otras palabras, se los invitó a que regresen a los templos, donde podían ser monitoreados. Esto llevó a un florecimiento de las instituciones que requerían de un mayor grado de confianza social.
IV. La Era de los Imperios Europeos (1500-1971). El retorno de los metales preciosos
Con la llegada de los grandes imperios europeos – primero los ibéricos, después los del Atlántico Norte – el mundo experimentó una reversión a la esclavización masiva, al saqueo y a las guerras de destrucción, junto con el consecuente y rápido regreso del oro y plata como la forma principal de dinero. Los historiadores probablemente terminarán demostrando que los orígenes de estas transformaciones fueron más complicados de lo que normalmente asumimos. Parte de esto ya estaba comenzando a ocurrir incluso antes de la conquista del Nuevo Mundo. Uno de los principales factores en el regreso de los metales preciosos, por ejemplo, fue la aparición de movimientos populares durante la temprana dinastía Ming, en los siglos 15 y 16, que al final obligaron al gobierno a abandonar no solo el dinero papel, si no también cualquier intento por imponer su propia moneda. Esto condujo a la reversión del vasto mercado chino a un estándar basado en la plata sin acuñar. Dado que los impuestos fueron gradualmente denominados en plata, pronto la China adoptó una política casi oficial de traer al país cuanta plata sea posible, para mantener los impuestos bajos y evitar nuevas revueltas populares. El súbito aumento en la demanda de plata afectó a todo el mundo. La mayor parte de los metales preciosos saqueados por los conquistadores y posteriormente extraídos por los españoles de las minas de Méjico y Potosí (a costa de una casi inimaginable pérdida de vidas humanas) terminaron en China. Esos vínculos globales que eventualmente se desarrollaron a lo largo y ancho de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico han sido por supuesto documentados en gran detalle. Lo importante es que la disolución del vínculo entre el dinero y las instituciones religiosas, y su posterior vinculación con instituciones coactivas (en especial el estado), fue aquí acompañado de una reversión ideológica al “metalismo”.(*5)
En este contexto, el crédito era en general un asunto que le concernía a gobiernos cuyo funcionamiento dependía en gran parte del financiamiento de déficits, una forma de crédito que, a su vez, fue inventada para financiar guerras cada vez más caras. A nivel internacional el imperio Británico mantuvo firmemente el patrón oro durante el siglo 19 y principios del 20, y grandes batallas políticas se pelearon en los EEUU sobre el patrón a adoptar en el futuro, si debía ser basado en el oro o la plata.
Este fue también, evidentemente, el período del surgimiento del capitalismo, de la revolución industrial, de la democracia representativa, etcétera. Yo no busco quitarles su importancia, si no proveer un marco para comprender eventos tan bien conocidos en un contexto menos familiar. Así se hace más fácil, por ejemplo, detectar los vínculos entre la guerra, el capitalismo y la esclavitud. A lo largo de la historia, la institución del trabajo asalariado, por ejemplo, ha surgido de aquella de la esclavitud (los primeros contratos de trabajo en la historia, desde Grecia hasta las ciudades-estados de Malaya, eran en realidad para alquiler de esclavos), y también ha tendido a estar estrechamente vinculada a varias formas de esclavitud por deuda – tal como sucede en la actualidad. Hablamos de tales instituciones usando el lenguaje de la libertad. Pero en la mayor parte de la historia, lo que nosotros consideramos la libertad económica ha estado fundamentada en una lógica considerada como la mismísima esencia de la esclavitud.
V. Era actual (de 1971 al presente). El imperio de la deuda
Se puede decir que la era actual empezó el 15 de Agosto de 1971, cuando Richard Nixon, entonces presidente de los EEUU, suspendió oficialmente la convertibilidad del dólar al oro, creando efectivamente los regímenes de libre flotación de la actualidad. En todo caso, hemos regresado a la era del dinero virtual, en la que en las compras realizadas por el consumidor en países ricos, rara vez interviene siquiera el papel moneda, y las economías nacionales se mueven en gran parte gracias al crédito de consumo. Es en este contexto que podemos hablar de la “financialización” del capital, en donde la especulación en divisas e instrumentos financieros se convierte en una entidad en si misma sin ningún vínculo inmediato con la producción o incluso el comercio. Este es por supuesto el sector que ahora ha entrado en crisis.
Por ahora, muy poco se puede decir con alguna certitud de la presente era. Treinta o cuarenta años no es nada frente a los extensos periodos con los que hemos trabajado. Es claro que este periodo recién ha empezado, pero este análisis, a pesar de su crudeza, por lo menos nos permite hacer algunas propuestas bien informadas.
A lo largo de la historia, como hemos visto, las eras de dinero crédito virtual también han involucrado la creación de alguna especie de institución con alcance global – la monarquía sagrada mesopotámica, los jubileos mosaicos, el Sharia y la ley canónica – que ponen ciertos controles sobre las potencialmente catastróficas consecuencias sociales de la deuda. Casi siempre involucran instituciones (las cuales generalmente no coinciden exactamente con el estado, que es normalmente más grande) para la protección de los deudores. Hasta ahora el movimiento ha sido en la dirección opuesta: a partir de la década de 1980, hemos presenciado la creación del primer sistema efectivo de administración planetaria, el cual opera a través del FMI y el Banco Mundial, junto con las corporaciones y otras instituciones financieras, en general para proteger los intereses de los prestamistas. Sin embargo, este aparato rápidamente entró en crisis, primero por el desarrollo acelerado de movimientos sociales mundiales (el movimiento de globalización alternativa), que en efecto destruyeron la autoridad moral de instituciones como el FMI, y dejó a muchas de ellas a un paso de la bancarrota; y actualmente por la crisis bancaria actual y el colapso económico global. Aunque la nueva era del dinero virtual recién ha comenzado, y las consecuencias a largo plazo todavía no están claras, ya nos es posible decir una o dos cosas. La primera, que el movimiento hacia el dinero virtual no es en sí mismo, necesariamente un efecto insidioso del capitalismo. De hecho, puede al final significar exactamente lo opuesto. En la mayor parte de la historia, los sistemas de dinero virtual estuvieron diseñados y regulados para evitar, desde el principio, que algo parecido al capitalismo pudiera surgir en el futuro – al menos, nada como lo que existe en su forma actual, con la mayoría de la población del mundo empujada a una situación que en muchos otros periodos de la historia hubiera sido asemejada a la esclavitud. Segundo, se debe subrayar el papel absolutamente crucial que juega la violencia en la definición de los mismos términos que usamos para imaginarnos a la “sociedad” y los “mercados – de hecho, en muchas de nuestras más elementales ideas de libertad. Un mundo que no esté completamente dominado por la violencia rápidamente desarrollaría otras instituciones. Por último, al pensar sobre la deuda fuera de los muy estrechos marcos intelectuales del estado y los mercados, se nos abren alternativas realmente emocionantes. Por ejemplo, podríamos preguntarnos si, en una sociedad en que aquella base de violencia ha sido arrancada, ¿Exactamente que deudas existirían entre hombres y mujeres libres? ¿Qué clase de promesas deberían hacerse los unos a los otros, a que deberían comprometerse?
Esperemos que todos, algún día, lleguemos a un punto en que podremos empezar a hacernos tales preguntas. En tiempos como estos, uno nunca sabe.

David Graeber es un antropólogo y anarquista, actualmente catedrático del Goldsmiths College de la Universidad de Londres.

Este artículo apareció por primera vez en inglés en la revista Mute, edición número 12 del año 2009, y ha sido traducido por Carlos Icaza Estrada.

Notas

(1)Geoffrey W. Gardiner. “The Primacy of Trade Debts in the Development of Money”. en Randall Wray (ed.). Credit and State Theories of Money: The Contributions of A. Mitchell Innes. Cheltenham: Elgar, 2004. P.134.
(2)La “Era Axial” fue un término inventado por Karl Jaspers para describir el relativamente corto periodo entre los años 800 AC y 200 DC, en el cual creía que casi todas las principales corrientes filosóficas que conocemos aparecieron simultáneamente, en China, India y el Mediterráneo Oriental. Aquí lo uso de acuerdo al significado más comprensivo que Lewis Mumford le dio al término, como un periodo en el que nacieron todas las religiones ahora existentes, aproximadamente desde el tiempo de Zoroastro al de Mahoma.

(3)Una alusión a la famosa frase del General Dwight Eisenhower acerca de la influencia del “military-industrial complex” (N. del T.).
(4)Aquí la mayor parte de lo que generalmente se llama la “Época Oscura” la incluyo en el período anterior, caracterizado por el militarismo predatorio y la consecuente importancia de los metales preciosos: después de todo, las incursiones vikingas, y el cobro a Inglaterra del famoso danegeld [tributo vikingo – N. del T.] en los años 800, pueden ser vistos como unas de las últimas manifestaciones de una era en la cual el militarismo predatorio iba mano a mano con la acumulación de montones de oro y plata.
(5)El mito de las teorías del dinero basadas en el trueque y las mercancías fue por supuesto desarrollado en este periodo.
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Genaro Chic

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Mar Mayo 24, 2011 8:30 pm

Cuando la austeridad falla

PAUL KRUGMAN 24/05/2011

A menudo me quejo, con razón, sobre el estado del debate económico en Estados Unidos. Y la irresponsabilidad de algunos políticos -como los republicanos que afirman que el impago de la deuda de Estados Unidos no sería gran cosa- da miedo.

Pero al menos en EE UU los fanáticos del dolor, aquellos que sostienen que subir los tipos de interés y recortar el gasto público ante el desempleo masivo mejorará de alguna manera las cosas en lugar de empeorarlas, se topan con alguna resistencia de la Reserva Federal y del Gobierno de Obama.

En Europa, por el contrario, los fanáticos del dolor han estado al mando más de un año, insistiendo en que el dinero prudente y el equilibrio presupuestario son la respuesta a todos los problemas. Detrás de esta insistencia ha habido fantasías económicas, en particular la creencia en el hada de la confianza, es decir, la creencia en que recortar el gasto en realidad va a crear puestos de trabajo, porque la austeridad fiscal mejorará la confianza del sector privado.

Por desgracia, el hada de la confianza sigue negándose a hacer acto de presencia. Y la disputa sobre cómo manejar la incómoda realidad amenaza con convertir a Europa en el epicentro de una nueva crisis financiera.

Tras la creación del euro en 1999, los países europeos que habían sido considerados de riesgo, y que por ello se topaban con límites a la cantidad que podían pedir prestada, comenzaron a experimentar enormes entradas de capital. Después de todo, pensaron aparentemente los inversores, Grecia / Portugal / Irlanda / España eran miembros de una unión monetaria europea, así que ¿qué podía salir mal?

La respuesta a esa pregunta es ahora, por supuesto, dolorosamente evidente. El Gobierno de Grecia, al verse a sí mismo capaz de endeudarse a tipos ligeramente superiores a los de Alemania, asumió demasiada deuda. Los Gobiernos de Irlanda y España no lo hicieron (Portugal está en un punto intermedio), pero sus bancos sí, y cuando la burbuja estalló, los contribuyentes se encontraron atrapados por las deudas bancarias. El problema se agravó por el hecho de que el auge de 1999 a 2007 dejó los precios y los costes en los países deudores lejos de los de sus vecinos.

¿Qué hacer? Los líderes europeos ofrecen préstamos de emergencia a las naciones en crisis, pero solo a cambio de promesas de imponer programas de austeridad salvaje, principalmente con enormes recortes de gastos. Las objeciones acerca de que estos programas se autodestruyen -no solo causan un gran daño directo, sino que también podrían, por el empeoramiento de la crisis económica, reducir los ingresos- se descartaron por las buenas. La austeridad en realidad sería expansiva, se afirmó, ya que mejoraría la confianza.

Nadie hizo tan suya la doctrina de la austeridad expansiva que Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo (BCE). Bajo su dirección, el banco comenzó a predicar la austeridad como un elixir económico universal que debe imponerse inmediatamente en todas partes, incluso en países como Reino Unido y Estados Unidos que todavía tienen un desempleo elevado y no se enfrentan a presión alguna de los mercados financieros.

Pero como he dicho, el hada de la confianza no se ha presentado. Los países europeos con problemas de deuda están, como deberíamos haber esperado, sufriendo un mayor deterioro económico gracias a los programas de austeridad, y la confianza se está hundiendo en vez de aumentar. Ahora está claro que Grecia, Irlanda y Portugal no pueden y no pagarán sus deudas en su totalidad, aunque España podría arreglárselas para aguantar.

Siendo realistas, pues, Europa tiene que prepararse para algún tipo de reducción de la deuda, que implique una combinación de ayuda de las economías más fuertes y quitas aplicadas a los acreedores privados, que tendrán que aceptar menos que el reembolso total. El realismo, sin embargo, parece andar escaso.

Por un lado, Alemania está adoptando una posición dura contra nada que se parezca a una ayuda a sus vecinos con problemas, a pesar de que una motivación importante para el actual programa de rescate fue el intento de proteger a los bancos alemanes de las pérdidas.

Por otro lado, el BCE está actuando como si estuviera decidido a provocar una crisis financiera. Ha empezado a subir los tipos de interés, a pesar de la terrible situación de muchas economías europeas. Y los funcionarios del Banco Central Europeo han advertido contra cualquier forma de reestructuración que alivie la deuda. De hecho, la semana pasada un miembro del consejo de gobierno sugirió que incluso una leve reestructuración de los bonos griegos haría que el BCE dejase de aceptar esos bonos como garantía de los préstamos a los bancos griegos. Esto equivalía a una declaración de que si Grecia busca aliviar su deuda, el BCE desenchufaría el sistema bancario griego, que depende de manera crucial de sus préstamos.

Si los bancos griegos se derrumban, eso bien podría obligar a Grecia a salir de la zona euro, y es muy fácil ver cómo podría empezar un dominó financiero en gran parte de Europa. Entonces, ¿en qué está pensando el BCE?

Intuyo que simplemente no está dispuesto a afrontar el fracaso de sus fantasías. Y si esto suena muy estúpido, bueno, ¿quién dijo que la sabiduría gobierna el mundo?


Paul Krugman es profesor de economía en Princeton y premio Nobel de 2008. © The New York Times, 2011.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/economia/austeridad/falla/elpepieco/20110524elpepieco_1/Tes

Genaro Chic

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Deudocracia

Mensaje  Genaro Chic el Jue Jun 09, 2011 10:50 am

Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres, que quebrantáis a los menesterosos, que decís a sus señores: Traed, y beberemos”. Amós, 4, 1.

http://youtu.be/KX82sXKwaMg

Este es un magnífico documento bien estructurado en el que se muestra cómo EEUU se negó a pagar la deuda que los españoles dejaron en Cuba cuando fueron expulsados de la isla e intentaron hacer lo mismo cuando conquistaron Irak. Luego ha demonizado el concepto allí acuñado de “deuda odiosa” porque eso haría perder poder a los financieros ultraliberales que han metido al mundo en un embrollo del que sólo se puede salir asumiendo la idea de que es inmoral pagar una deuda inmoral e ilegítima mientras el pueblo pasa angustias por el despilfarro de sus gobernantes, como se hizo en Argentina y Ecuador. El tema está planteado desde la perspectiva de Grecia (hoy sublevada por indignación a la española: http://www.radiocable.com/revolucion-grecia-prensa762.html ) y los otros países periféricos de Europa, donde el abuso alemán se hace patente mientras la deuda, contraída por políticos codiciosos de todas las tendencias, se hace impagable y reduce a la miseria a la generalidad de la población. También se hace un análisis de las bases de la competitividad alemana (donde, digámoslo, se atrae a las elites técnicas de otros países para hacer bajar los salarios de los propios técnicos alemanes) por explotación de los propios trabajadores.

Recuérdese que la mayoría de los Bancos Nacionales son entidades privadas, y no dependientes de los respectivos gobiernos, frente a lo que muchos piensan. Y son ellos los principales sostenedores del sistema del dinero como deuda, que puede ponerse al servicio del crecimiento económico general o del enriquecimiento de las élites.

Pero si hoy podemos afirmar con rotundidad que el dinero es deuda, no debemos pensar que ello es una novedad: la deuda, manifestación de la confianza, siempre fue el motor de la economía. Así, aunque había perdido su valor legal en 1939, la frase “El Banco de España pagará al portador la cantidad de X pesetas” se mantuvo en los billetes de curso legal -que habían comenzado a emitirse por el Banco de San Carlos en 1783- hasta 1976. Frente al monopolio que obtuvo en 1874 el Banco de España (que no fue plenamente nacionalizado hasta 1962; y recuperó su autonomía en 1994, integrándose en 1998 en el Sistema Europeo de Bancos Centrales) para la emisión de billetes, hoy cada vez más personas, gracias a internet, pueden conocer cómo los bancos han fabricado el dinero de la nada, prestando los mismos depósitos ajenos una y otra vez –con una reserva mínima- para provocar la expansión sin fin de la masa monetaria (ya inmaterial, abstracta) al compás del crecimiento de la deuda. Una economía lógica, ilimitada como la serie de los números, exige un crecimiento ilimitado del dinero-deuda para atender a un consumo igualmente ilimitado. Y por consiguiente un trabajo sin fin (directo o indirecto) para poder mantener el sistema atendiendo esas deudas. Conocido es que en la Roma imperial los días de fiesta llegaron a ser casi tan abundantes como los laborales, cosa hoy impensable. Pero allí el dinero oficial era sólo el metálico, de carácter finito, y no deuda, que puede ser infinita. No es la deuda, pues, en sí misma la que impide el crecimiento económico, sino la explotación generada por el abuso de la misma haciéndola infinita. Y cuando ello se produce solo queda una solución: la abolición o quita de la parte insoportable de la deuda. Siempre ha sido así.

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Dom Jun 26, 2011 11:02 pm

Una opinión que me ha parecido interesante:

¿Pacto por el Euro o pacto para defender a la banca privada?

Las medidas que aparecen en el anexo nº1 del documento ''Conclusiones de los Jefes de Estado o de Gobierno de la Zona Euro del 11 de marzo de 2011'', llamado ''Pacto del Euro'' poco tienen que ver con la defensa de la moneda única, de hecho se plantea cada vez más como una hipótesis plausible la expulsión de Grecia de la Eurozona, sino que van orientadas a garantizar el cobro de la deuda por parte de la banca privada, euro-europea y anglo-americana. Son como decíamos, esencialmente, medidas encaminadas a mantener el ''rol'' actual de la Banca privada internacional y por tanto del capitalismo especulativo que es precisamente el que nos ha traído a la actual situación de crisis que padecemos.

Metafóricamente podríamos decir que las medidas que se plantean en el mal llamado “ Pacto del Euro”, son lo equivalente a lo que supondría que para combatir una epidemia se engordara al germen que la esta produciendo.

En el Estado Español, y esa es la tónica en Europa y a nivel internacional, la crisis ha estado asociada, y sigue estándolo, a una situación de endeudamiento brutal, pero repartido de forma muy desigual entre el sector público y el privado. Y dentro de este último entre las empresas y las familias.

Así según cifras del Instituto Nacional de Estadística y el Banco de España la situación de endeudamiento en el año 2010 era la siguiente:

Deuda del Estado : 63% del P.I.B.(Producto Interior Bruto)

Deuda de los hogares: 80% del P.I.B.

Deuda de las sociedades financieras: 110% del P.I.B.

Deuda de las sociedades no financieras: 140% del P.I.B. (esta deuda pertenece en gran medida a las empresas vinculadas al sector ladrillo).

Realmente el que se encuentra en una situación objetiva de grave endeudamiento en el Estado Español es el sector privado que acumula una deuda mayor de un 250% del P.I.B. Y ello por su gestión absolutamente demencial y especulativa. Sin embargo, todos los recursos se ponen a su servicio.

El plan impulsado por los Jefes de Estado de la zona euro el 11 de marzo de 2011, se basa en cuatro ejes que tienen una común finalidad, la de avanzar en el neoliberalismo, transfiriendo recursos del sector público y del conjunto de la sociedad a la banca privada internacional para que esta pueda seguir con su juerga:

Primer eje, Impulso a la competitividad.: Que consiste esencialmente en bajar los salarios tanto en el sector público como en el privado, para mejorar los beneficios empresariales privados y disminuir el gasto público. Liquidar los procesos de negociación colectiva. Liberalizar aún más al pequeño comercio hasta hacerlo inviable.

Segundo eje, Impulso del empleo.: Su contenido real consiste en flexibilizar las relaciones laborales. Es decir precarizar los contratos y abaratar el despido.

Tercer eje, Incremento de la sostenibilidad de las finanzas públicas: Bajo este bonito nombre lo que se ofrece es recortar el Sistema de las Pensiones Públicas. Impulsar drásticamente las medidas privatizadoras en el Sistema Sanitario Público y fragilizar el conjunto de Sistemas de prestaciones sociales.

Cuarto eje: Refuerzo de la estabilidad financiera. : Bajo este enunciado lo que se plantea es una reforma fiscal totalmente regresiva que pasaría por aumentar el IVA y otros impuestos indirectos al mismo tiempo que se reducen las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social. Todo ello acompañado de medidas concretas orientadas a reforzar el papel de la banca privada.

A través del llamado “ Pacto del Euro” se busca de nuevo un procedimiento para transferir el endeudamiento del sector privado, especialmente del sector financiero, al sector publico, por la sencilla razón de que los Estados aparecen como instituciones con mayor solvencia a la hora de asumir el pago de la deuda . Eso sí a costa de bestiales sacrificios de la mayoría de la sociedad. El “Pacto del Euro” nos conduce a una precarización global de la vida de la mayoría de la gente, sin garantizar en absoluto que esa vía sirva para salir de la crisis actual .

Al contrario, esa política económica nos hará profundizar aún más en la crisis tal como se está demostrando actualmente en Grecia o se demostró en la década de los ochenta y noventa del pasado siglo en Latinoamerica.

Las llamadas ''operaciones de rescate'', son otra parte esencial de esa estrategia que denunciamos que solo sirven para aumentar salvajemente el endeudamiento y por tanto los intereses de éste.

Por ultimo, pero no por ello menos importante, los gobiernos del sur de la zona euro están renunciando irresponsablemente a los mínimos niveles de soberanía que mantenían y aceptan, sin la menor dignidad, las imposiciones que marca el sector financiero internacional que no tiene legitimidad democrática alguna.

El Gobierno de Zapatero (PSOE) jaleado por el PP y todos los poderes fácticos ya ha tomado medidas en los cuatro ejes que el capitalismo internacional exige y ello en contra de las promesas que había hecho en la campaña electoral del 2008. Ello a costa de quemarse a nivel personal pero también de quemar a su propio partido. Esto no es indicador de una actitud de responsabilidad como pretenden vendernos, sino que es la expresión clara de la dependencia absoluta del PSOE de ese engranaje financiero al que en ultima instancia tiene que servir pleitesía, aunque ello suponga llevar adelante una auténtica traición a todos los sectores populares que le votaron en 2008.

Rechazamos esa política económica y exigimos la celebración de un referéndum, en el que la sociedad se pueda pronunciar sobre las medidas que ella implica.

La continuidad de las movilizaciones y la articulación de una auténtica ''Jornada de lucha'' ; ''Huelga General''; '' Día de la Ira'', o como se pueda denominar, contra la imposición del mal llamado ''Pacto del Euro'', es el camino imprescindible para conseguir la celebración de esa consulta al Pueblo, que no es sino la puesta en práctica de la Democracia Participativa.

Luis Ocampo

20 de junio de 2011

http://www.izca.net/documentos/varios766.html

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Para acabar con la deuda hay que matarla, no que engordarla

Mensaje  Genaro Chic el Lun Jul 25, 2011 10:11 am

Perogrulladas económicas
El triunfo de la bestia

Robert Skidelsky, probablemente el economista vivo que mejor conoce la obra de Keynes, ha escrito recientemente un delicioso artículo en el que dice cosas de perogrullo, pero que a menudo olvidan los hacedores de política económica. Recuerda Skidelsky que durante mucho tiempo se relacionó el endeudamiento con la vida despilfarradora y la apatía; y si una persona se endeudaba, se consideraba un timbre de honor saldar la obligación vendiendo activos, reduciendo el consumo, trabajando más o mediante una combinación de las tres cosas. De hecho, las deudas no satisfechas solían pagarse con la cárcel. No mediante concursos de acreedores en los que las dos partes se ponen de acuerdo sobre la cantidad a devolver.

La misma regla regía para las instituciones. Los bancos nacieron de un procedimiento mediante el cual los orfebres de oro y plata aceptaban depósitos para su custodia a cambio de una pequeña cantidad. Cuando pasaron a ser entidades crediticias, su regla más antigua consistía en mantener reservas líquidas equivalentes a prácticamente el 100% de sus depósitos. Los banqueros, de esta manera, evitaban verse sin fondos en el hipotético caso de que sus clientes retiraran de golpe su dinero. Para nada acudían al endeudamiento masivo (ahora se llama apalancamiento).

Esas prácticas, como se sabe, cayeron en desuso hace ya algún tiempo; pero ya Locke en sus Escritos Monetarios advertía que sólo hay dos maneras de enriquecer a un país sin recursos naturales (él decía ‘sin minas’): mediante la conquista de territorios o a través del comercio. Como lo primero no siempre es posible (afortunadamente, habría que añadir), el pensador inglés recomendaba la segunda opción. Desgraciadamente, sin embargo, sigue habiendo políticos que piensan que hay una tercera elección, que no es otra que elevar la riqueza aparente de los ciudadanos aumentando el endeudamiento hasta límites insoportables.

Se trata, con diferencia, de la peor de las decisiones. Y no por razones estrictamente económicas, sino que tiene que ver con la propia calidad del sistema democrático. Cuando un gobernante endeuda a su país más allá de lo razonable (sería absurdo pensar que toda deuda es mala) lo que en realidad hace es diferir en el tiempo el pago de impuestos. Pero no sólo eso. Oculta la naturaleza del gasto público, lo cual es profundamente antidemocrático.

Mediante el recurso al endeudamiento, no hay un verdadero debate sobre la cantidad de impuestos que hay que pagar al Estado en cada momento para financiar los gastos necesarios para satisfacer los servicios públicos que reclama la comunidad. Se puede dar la paradoja, incluso, de que un gobernante decida bajar los impuestos para ganar las elecciones creando un efecto riqueza entre los ciudadanos y, al mismo tiempo, y por la puerta de atrás, aumente el endeudamiento, lo que en la práctica significa una subida de la presión fiscal, aunque no se note.

El endeudamiento es, en este sentido, un recurso indoloro para la generación que disfruta de un nivel de vida que no le corresponde, y que se beneficia de un volumen de prestaciones no proporcional a la cantidad de impuestos que está dispuesta a pagar. Todo el mundo sabe que alguien tendrá que devolver esas deudas, pero se oculta esa realidad para ganar elecciones. La historia se complica todavía más cuando un gobernante en lugar de acudir a los mercados de capitales para financiarse -lo que obliga a una cierta disciplina fiscal- pide dinero directamente al banco o a la caja de ahorros correspondiente, preferentemente si es del mismo signo político. Las regiones españolas saben mucho de esta ventanilla de último recurso.

Las proteínas del mercado

Lo más sorprendente, sin embargo, es que estas verdades se esconden al debate público, lo cual socava el sistema democrático. Es curioso que quienes critican con mayor dureza el comportamiento ‘especulativo’ de los mercados sean, precisamente, quienes los alimentan con las proteínas que proporciona el endeudamiento público.

Estamos, por lo tanto, ante un sinsentido que conduce inexorablemente a un neocolonialismo económico. Y que si nada lo remedia, acabará siendo político.

Figuras como Krugman son, en este sentido, patéticas. Y no digamos algunos de sus malos imitadores en España. En los últimos años, el premio Nobel [2008] no se ha cansado de atacar a los mercados por su carácter arrogante y especulativo, pero al mismo tiempo exige mayor gasto público para afrontar la caída de la demanda y de la actividad económica, lo cual ha acabado por crear un monstruo que ahora devora las economías de los países periféricos. Los mercados son, y como diría Herman Melville, el fantasma de horrible mugido que se sitúa entre el gruñido del Leviatán y el eructo del Vesubio.

Dominan, como todo el mundo sabe, la escena política. Hasta el punto de que el acuerdo del Eurogrupo sobre la restructuración de la deuda griega no es más que un puntapié a los fundamentos democráticos de la propia Unión Europea. Grecia es hoy un país intervenido (una figura que no aparece en ninguno de los textos fundamentales de la UE) por un Gobierno no democrático que no se presenta a las elecciones. Y lo mismo sucede con Portugal, Irlanda e incluso España, cuya capacidad de maniobra en política económica es irrelevante.

Lo chocante del caso, sin embargo, es que la medicina que le han suministrado a Grecia los países acreedores es, precisamente, la misma que ha llevado al país a la ruina. El Consejo Europeo ha probado nuevas ayudas equivalentes a 109.000 millones de euros. Sin embargo, si Grecia no está en condiciones de devolver los 328.588 millones de euros que hoy debe a sus acreedores (sin contar el endeudamiento privado), no parece razonable pensar que añadiendo otros cien mil millones a la cuenta se pueda resolver el problema.

Estamos, por lo tanto, ante un sinsentido que conduce inexorablemente a un neocolonialismo económico. Y que si nada lo remedia, acabará siendo político. Precisamente, y aquí está la contradicción, por culpa de quienes creen que aumentando el endeudamiento público se solucionarán los problemas. El problema no son los mercados, sino los gobiernos y el propio banco central europeo que han alimentado a la bestia con dinero barato y en cantidad suficiente para hacer temblar los cimientos del euro.

Parece evidente, sin embargo, que la supervivencia de la moneda única sólo podrá articularse mediante la integración de los sistemas fiscales de la eurozona. Sin coordinación de las políticas presupuestarias no hay nada que hacer. Pero no es menos evidente que ese proceso de construcción (incluso la creación de un Ministerio de Hacienda paneuropeo) debe hacerse mediante procedimientos democráticos. De lo contrario, la UE corre el peligro de acabar siendo justo lo contrario para lo que nació. Un espacio de libertad en el que todos sus miembros sean iguales. No es un asunto baladí. Es la esencia de la propia democracia. El euro, como alguien ha dicho, es y será una moneda sin Estado, pero hay que evitar que sea también una divisa sin democracia.

Carlos Sánchez
http://www.elconfidencial.com/opinion/mientras-tanto/2011/07/24/el-triunfo-de-la-bestia---7712/

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Lun Sep 12, 2011 1:08 pm

Al final si las cosas no caen por la fuerza de la gravedad, entonces caen por su propio peso, que diría el antiguo sargento chusquero en una clase teórica a la tropa. Es lo que pasa con la actual crisis de deuda esterilizante (por abuso), que sólo se puede resolver suprimiendo la deuda, no aumentándola al infinito. Como siempre sucedió en el pasado y podemos analizar con la historia. En Europa ha llegado la hora de pagar los excesos cometidos en y con Grecia por lo menos. Por eso no deben extrañar noticias como la que copio, tomada del diario Publico ( http://www.publico.es/dinero/395671/europa-disena-vias-para-salvar-a-la-banca-ante-la-eventual-caida-de-grecia ):

Europa diseña vías para salvar a la banca ante la eventual caída de Grecia

España, Italia y Francia impulsan la creación de un mecanismo para recapitalizar de forma coordinada a todas las grandes entidades y frenar así las graves consecuencias de una suspensión de pagos del país heleno

V. ZAFRA / M. ALBA MADRID 11/09/2011

Cada día se extiende más la convicción entre los expertos de que Grecia suspenderá pagos. La única duda que les queda es cuándo y de qué manera. Por eso, y aunque los gobiernos de la zona del euro estén trabajando para que esto no suceda y aseguren públicamente que no ocurrirá, se han empezado a diseñar las respuestas ante esa eventualidad. Y la primera y más necesaria es qué hacer con los bancos, que son los que tienen la deuda griega y, por tanto, los que van a sufrir en primer plano las consecuencias. Tal y como está diseñado el mundo, la caída de los bancos supone la paralización de la economía real, con lo que la quiebra del sistema financiero no es algo que los gobiernos se puedan permitir.

Alemania ya tendría diseñado un plan para salvar a sus bancos y también se estaría estudiando un programa para recapitalizar (prestar dinero para elevar su solvencia) a los bancos que lo necesitaran en el resto de países. Fuentes conocedoras de la existencia de esta iniciativa aseguran que lo promueven España, Francia e Italia. Fuentes del Gobierno español niegan su existencia y aseguran que el escenario con el que se trabaja es que Grecia continúe con sus pagos y que reciba el primer rescate (ahora está a medias y en duda la entrega del próximo pago) y posteriormente el segundo, para el que todavía no hay aprobación en todos los países.

El plan de salvación de los bancos pretendería, para el caso de Alemania y Francia, aplacar las consecuencias directas del impago, que podría llegar hasta el 100% de la inversión. Para el resto, supondría frenar las consecuencias de segunda ronda, es decir, el contagio de los problemas de los bancos franceses y alemanes al resto por la interconexión que existe entre ellos al tener dinero prestado entre todos. Eso unido a los desmanes que podrían producirse en las primas de riesgo y la cerrazón de los mercados de financiacion serían más que suficiente para que los bancos necesitaran una importante recapitalización.

Santiago Carbó, catedrático de la Universidad de Granada, cree que podría rondar la cifra estimativa de 200.000 millones de euros para toda la banca europea que estaría calculando el FMI, aunque ayer su directora gerente, Christine Lagarde, dijo que esta cifra todavía no está cerrada. A su juicio, una fórmula podría ser que las inyecciones de capital las hiciera el propio fondo de rescate. Ya no debería ser, como hasta ahora, que cada país haga lo suyo por su lado. "Tienen que estar todos los cirujanos a la vez taponando la misma herida y de la misma forma", asegura. Ya no se trata de salvar a una sola entidad; habría que salvar a todas al tiempo para que nadie arrastre a nadie. Y Carbó reclama que España no se quede atrás como hace tres años y que recapitalice también a las entidades si Grecia quiebra, por mucho que estas no tengan deuda helena. "La segunda ronda llega rápido y no podemos arriesgarnos", defiende.

El economista jefe del Instituo de Estudiso Bursátiles, Alejandro Inurrieta, cree que recapitalizar sin hacer una quita "es una medida inútil" y no evitará que se siga atacando a los bancos en Bolsa "porque la metástasis sigue dentro de las entidades". Para él, la solución sería hacer un plan Brady, como el que se hizo en Latinoamérica en el que los acreedores se sentaran con los deudores y llegaran a un acuerdo. Para José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, la cuestión será muy diferente si se hace la suspensión de pagos de forma ordenada y se pacta la quita a si se hace de forma desordenada. Pero no hay duda de que Grecia no pagará su deuda. En este caso, él cree que las entidades españolas que necesiten dinero podrían ser salvadas con el fondo de rescate que ya está creado y actuando, el FROB.

Ante la posible insolvencia de Grecia, que su presidente, Yorgos Papandreu, descartó ayer, el ministerio alemán de Finanzas ya estaría barajando los diferentes escenarios que se abrirían: uno de ellos implicaría que Grecia aun así continuara en el euro y el segundo que abandonara y reintrodujera el dracma, según el semanario alemán Der Spiegel. Esa segunda opción fue precisamente la que ayer propuso la CSU (partido alemán hermanado con el conservador de Angela Merkel). Según un documento al que tuvo acceso Reuters, lo que pretende este grupo es que los países que no cumplan sus obligaciones de disciplina presupuestaria y pongan en dificultades a los otros países del euro sean expulsados. Y con esa exposición de motivos no se referirían solo a Grecia.

La política alemana muestra serias discrepancias sobre cómo hacer frente a esta situación y la propia Angela Merkel y su Gobierno nadan entre dos aguas. Ayer, mientras todos los expertos estaban esperando el anuncio de suspensión de pagos de Grecia, la canciller reclamaba a los ciudadanos en una entrevista en Der Tagesspiegel "paciencia" con el país. Poco después, su ministro de Finanzas, Wolfgang Schaüble, se desmarcaba al asegurar que Alemania y Holanda están de acuerdo en no entregar al país el próximo tramo del primer rescate (eso le obligaría a suspender pagos) si no acomete su programa de ajuste fiscal. "Y por el momento no se cumplen las condiciones para la entrega del próximo tramo", criticó.

En este tira y afloja de declaraciones públicas, los gobiernos mantienen contactos de manera permanente para encontrar una salida casi imposible al embrollo. Y mientras la consigna es no adelantar una tragedia que no tiene por qué llegar a producirse.

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Miér Nov 02, 2011 4:03 pm

La cleptocracia demagógica griega (de derechas y de izquierdas), tras negarse a pagar su deuda exterior no vendiendo sus activos para ello, ha conseguido que sus codiciosos acreedores le rebajen la deuda a la mitad. Pero ¿por qué conformarse con tan poco? Mejor consultar al pueblo (ahora) -para llenarse de autoridad- sobre si está dispuesto a pagar la otra mitad, con una respuesta previsible ya que ese pueblo es consciente de que es él y no su casta política la que va a pagar. Prestarle a quien no tiene intención de devolver tiene esos riesgos, pues es sabido que los pueblos siguen con facilidad a los bandoleros que roban a los ricos para repartir (un poco) entre los pobres, a los que por otro lado no hay ningún interés en convertir en laboriosos.

Y cuando se ha mentido mucho para halagar al votante es difícil que te crea si luego pretendes decirle la verdad. Escucha esto:

http://www.elpais.com/videos/espana/borregos/elpvidnac/20111028elpepunac_1/Ves/

Salud

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Jue Nov 10, 2011 11:58 am

En linea con lo expuesto en el mensaje anterior recibo el enlace a una exposición sobre la situación que se manifiesta en Grecia pero que afecta a todo el mundo, en mayor o menor medida de momento, y que en palabras del expositor puede ser considerada "golpe de estado fnanciero", proponiendo respuestas. Se titula "Palabras desde Atenas" y puede ser vista en
http://www.youtube.com/watch?v=5HaXt40dhfA&feature=related

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Nov 26, 2011 2:59 pm

El paraíso griego al que alemanes y franceses les prestaban el dinero ¿No lo sabían?‏

Así se explican muchas cosas. Esto es como los bancos USA y el negro de Alabama, pero en versión internacional
.

Me envían los datos publicados por Le Monde, recogidos de un estudio publicado en el Daily Mail:

1) El metro de Atenas está completamente climatizado y equipado con patallas LCD para distracción de los pasajeros. Es gratuito para los 5 millones de habitantes de la capital.

2) El salario médio de los empleades de la compañia de los Ferrocarriles és de 70.000 € por año.

3) La cifra de ingresos de esa compañia es de 90 millones € x año, mientras que su masa salarial es de cerca de 575 millones € x año.

4) En 10 años, la masa salarial del sector público se ha doblado.

5) Más de 600 profesiones se benefician de un retiro a les 50 años, con una pensión del 95% del valor cotizado en el último año, por el caràcter “árduo y peligroso” de sus especialidades. Estas profesiones “árduas y peligrosas” engloban: pasteleros, animadores de radio, peluqueros y masajistas de baños turcos (por algunos siglos fue protectorado turco, no lo olvidemos).

6) Las declaracions de impuestos son diseñadas por los propios contribuyentes y raramente verificadas. Asi se entiende que solo 5.000 personas, en un país de 12 millones, admiten ganar más de 100.000 € x año. Muchos contribuyentes afirman no ganar más de 12.000 € x año, a pesar de tener barco, segundas residencias en las islas e inversiones en el extranjero.

7) Los grandes armadores griegos, los más ricos de los alrededores de Atenas, en la rica Kifissia, estan exonerados de impuestos.

Cool Solo 300 declarantes de la rica Kiffissia declaran tener piscina, cuando el número real se estima en 20.000 piscinas.

9) El total de la evasión fiscal se estima en 45.000 millones de € x año

10) La prensa Suiza ha publicado en Junio que el total estimado de depósitos de origen griego es de 540.000 millones de €, es decir, que quedaria reducida a cero la famosa deuda griega.


Alguien le está tomando el pelo a alguien. ¿No crees?. Y ¿qué pasa por aquí
?

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Los rescates no son sostenibles

Mensaje  Genaro Chic el Miér Jun 20, 2012 10:43 am

Merece la pena leer esto:

«Los rescates no son sostenibles»

Entrevista con el economista jefe del Center for European Reform, Simon Tilford

La elección griega no trajo el escenario apocalíptico que algunos análisis predecían, pero la eurozona sigue en la cuerda floja. Los críticos de la política actual señalan que sin un rápido cambio de timón, habrá un inevitable efecto dominó en el que la caída de sucesivas fichas provoca el derrumbe del edificio. ABC dialogó con Simon Tilford, economista jefe del Center for European Reform, quien opina que se necesita una masiva inyección fiscal para la eurozona, sin la cual España tendrá que pedir un rescate este año.

¿Cómo sigue esta película luego de la elección griega?

– La elección griega no cambia nada. Para que Grecia sobreviva en la eurozona necesita transferencias continuas mucho más grandes que lo que reciben zonas empobrecidas de Estados Unidos, el Reino Unido o Alemania. Aún si el Gobierno forma una coalición, no van a poder cumplir con lo términos del acuerdo que son imposibles de cumplir. Lo único que hace es ganar tiempo. Alemania ha insinuado una cierta flexibilización de los términos del acuerdo, pero la economía griega está en caída libre. Lo que necesita es un programa de estabilización macroeconómica con un fuerte estímulo fiscal y lo único que se discute es la liberación de algunos fondos estructurales para estimular la economía, nada realmente significativo. La deuda griega es insostenible, la cesación de pagos se está volviendo inevitable. Es como lo que pasó con la convertibilidad en Argentina. Los países de la eurozona no tienen control alguno sobre la moneda en la que están endeudándose y como los inversores dudan de su solvencia , se les piden altísimas tasas de interés.

– Ya está sucediendo en España.

– Exactamente. Si usted compara la situación de España y la del Reino Unido puede ver que tienen problemas similares. El estado de las finanzas públicas es prácticamente igual, pero España está pagando un 7% por deuda a 10 años mientras que el Reino Unido solo paga 1,5%. La diferencia es que el Reino Unido está endeudándose en una moneda que controla y España no. Y para una economía que está en estado de contracción como la española pagar este tipo de interés conduce a la ruina. Además, el vínculo entre deuda soberana y los bancos está produciendo un círculo vicioso en el que la preocupación por una alimenta la que existe por el otro. Es perfectamente factible que el Gobierno de España necesite un rescate este año. La pregunta es si la eurozona está en condiciones de ofrecerlo. Una cosa es Grecia, Portugal o Irlanda. Otra España, que es la cuarta economía de la eurozona y tiene dos veces el tamaño de esos tres países juntos.

– Es evidente que no sobra el tiempo, pero no parece que esta política de estímulo económico esté sobre la mesa.

– No. Estamos acercándonos a un punto de todo o nada. O se hacen las reformas institucionales urgentes necesarias para mutualizar la deuda y proteger los bancos a nivel europeo y no nacional, y se tiene un Banco Central Europeo más intervencionista que estimule el crecimiento o la situación empeorará semana a semana. El problema no es solo económico. Es político también. Los gobiernos necesitan el respaldo de sus electorados, algo imposible si no hay una luz al final del túnel. Y en este momento no la hay. Las reformas estructurales que se están impulsando pueden ayudar a largo plazo para estimular la productividad, pero eso es el largo plazo. A corto y mediano plazo el problema es la demanda anémica de estos países. Sin este programa España está condenada a pedir un rescate.

– Supongamos que España pide un rescate. La línea de defensa del euro se desplaza nuevamente. Primero fue Grecia, después vinieron Irlanda y Portugal. ¿Qué pasa con el euro después de un rescate a España?

– Viene Italia. Y uno de los problemas es que los países que participan de los rescates se van achicando. España no podrá participar de un rescate a Italia y por definición Italia no podrá contribuir fondos para un rescate de sí mismo. De manera que el rescate a Italia lo tendrán que pagar Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Austria y Finlandia. Esto significa que Francia tendrá que garantizas una tercera parte del rescate a Italia. Francia misma, que no tiene una situación tan holgada, quedará en la línea de fuego. Los rescates no son sostenibles.

– La crisis está en su tercer año desde que se manifestó con Grecia por primera vez. ¿Cómo es que a nivel europeo nadie parece percibir esta lógica?


–Hay mucha reacción defensiva. Y mucha ideología. Lo que es francamente extraño que hasta los social demócratas estén a favor de políticas de austeridad fiscal y reforma estructural. Muchas de las políticas que se llevan adelante en Europa son similares a las que promueve el tea party en Estados Unidos. El argumento central es que no importa el nivel de contracción siempre que veamos que se equilibre la economía. Pero es todo al revés. El nivel de contracción importa precisamente por los niveles de deuda que hay. En el caso de España no es el momento de cortar el gasto fiscal porque no hay consumo doméstico, el desempleo es record, los salarios reales están cayendo, las compañías no invierten porque están tratando de desendeudarse y no hay una salida exportadora porque el resto de Europa está estancada o contrayéndose. Esto está deprimiendo la economía, lo que reduce los ingresos con una deuda que se mantiene estable, con lo que el peso de esa deuda es mucho mayor. La economía europea tiene que volver a crecer. No se puede deprimir una economía para recuperar su solvencia.

http://www.abcdesevilla.es/20120620/economia/abci-entrevista-simon-201206192004.html

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UE y FMI, enfrentados por la crisis

Mensaje  Genaro Chic el Jue Nov 22, 2012 11:46 am

Desde siempre, antes de que existiese la moneda como se ha señalado anteriormente, los problemas de deuda que resultan imposibles de solucionar por medios normales han encontrado finalmente una salida en la abolición, total o parcial, de la deuda, aunque buscando siempre una cierta salida digna para el acreedor. A ello se refiere el artículo que copio a continuación en el que se muestra la resistencia de los políticos europeos a hacerse corresponsables de la deuda impagable de Grecia, mientras que el Fondo Monetario Internacional, más experto en estos temas, lo recomienda como única salida.

UE y FMI, enfrentados por la crisis

EL fracaso de la reunión del Eurogrupo de esta semana pone de manifiesto las divergencias entre las autoridades económicas comunitarias y el Fondo Monetario Internacional.

Hace ahora dos años, se produjo una condonación de parte de la deuda griega, que fue financiada por el propio FMI y la UE. Entonces, la deuda reestructurada era privada, de manera que los prestamistas tuvieron que aceptar una quita para que parte de la misma fuera pagada. Se incurría en el riesgo, en otro caso, de no recibir ningún pago.

La situación ahora es diferente. Son los organismos internacionales, las instituciones comunitarias y también directamente los países europeos, los poseedores de la mayor parte de la deuda.

Las instituciones comunitarias y el FMI son los agentes que están negociando qué hacer para poder desembolsar ayuda al gobierno griego hasta el año 2014 o incluso, a más largo plazo, hasta el 2016. El problema reside en que Bruselas no está dispuesta a aceptar una quita de la deuda, frente a la opinión del FMI.

Aceptar una quita significaría que las instituciones comunitarias tendrían que afrontar una pérdida de capital sobre la deuda pública emitida por el Estado griego. La resistencia de Bruselas deriva del precedente que esta actuación podría sentar para otros países en dificultades. Adicionalmente, las dificultades derivan de los propios países de la UE, porque todos han comprado deuda griega en el pasado para evitar el derrumbe del Estado. De hecho, la asunción de pérdidas por los propios países es uno de los elementos que mayor discusión provocó en la reunión del Eurogrupo, porque a las grandes dificultades a las que ya se enfrentan -especialmente Italia, España…- se añadiría la asunción de las pérdidas, empeorando sus posiciones de déficit y deuda públicas. Guindos está peleando para que esto no suceda.

Pero la verdad es que la propuesta del FMI es el tipo de respuesta que internacionalmente se ha dado a crisis de las características que padece Grecia. Son recetas contrastadas y con una sólida base teórica. La situación de las finanzas públicas y la débil competitividad de su economía, hacen de todo punto imposible que pueda cumplir sus compromisos de pago, ahora y en el futuro.

Los problemas debatidos, la respuesta del Eurogrupo y otros problemas políticos añadidos son una muestra más de la completamente inapropiada gobernanza en la UE para afrontar este tipo de crisis con posibilidades de éxito. A los propios problemas y discusiones internas, hay que añadir la aprobación política necesaria de varios parlamentos nacionales, con lo que las probabilidades de veto de algunos países son elevadas y la demora en la toma de decisiones, desesperantemente larga.

Las instituciones comunitarias no pueden esperar más tiempo, sin que se produzca una reforma en la gobernanza que adapte rápidamente su funcionamiento a los problemas que, hoy, tiene Europa. Las peores propuestas de reformas son las más ambiciosas políticamente. Necesitamos propuestas más modestas, pero que faciliten la resolución de los problemas y su puesta en práctica sea rápida.

Rogelio Velasco

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1403698/ue/y/fmi/enfrentados/por/la/crisis.html

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Miér Feb 27, 2013 2:38 pm

¿CONFESIÓN? ¿DESLIZ?

Pareciera, en esta crisis que nos azota y a la que no se ve fin, que no existen otras recetas que las que aplican. No se perciben ecos de debate; excepto entre la “gente muy seria” y los movimientos callejeros. Aquellos repitiendo, muy serios, que la única solución existente es la que sufrimos; éstos repitiendo, muy entusiasmados, recetas que Lenin denostaría como sufrientes de infantilismo.

Que no haya debate entre los partidos españoles es de entender. Ambos se han limitado a aplicar lo que les ordenaban desde fuera; y menos mal, porque ¡podrían haber intentado imponer sus propias ideas! No ha habido un debate ideológico como se espera de dos partidos que presumen estar muy cerca, pero a distintos lados, de la entelequia del centro. Por otra parte, además, han estado muy preocupados en mantener su clientela, esas decenas o centenas de miles de simpatizantes que, en un cargo elegido o a dedo, viven del erario.


En otros países sí que hay debate. El más rico, en mi opinión, es el de EE.UU. entre unos republicanos que casi no disimulan su entrega fervorosa a la causa del rico, y los llamados liberales encabezados por Krugman. Quizás porque no leo suficiente prensa europea, no veo esa dialéctica en nuestro continente. Parece haber unanimidad en la sado austeridad y en que los platos rotos del frenesí de deuda lo paguen solamente los endeudados.

Sobre la austeridad ya clama el respetado Martin Wolf desde hace tiempo y, poco a poco, se le van uniendo otras voces. No hay una razón ideológica; simplemente se va viendo claro con el paso de los años que la sado austeridad no cura.

Pero hay un elemento que, en mi opinión, es el gozne ideológico de esta crisis: quién debe pagar por los errores que se cometieron al prestar sin tino a tantos que no podían pagarlo. Si, a efectos de entendernos y simplificando, observamos lo que pasó en nuestro país, el elenco de actores es como sigue:

1. Ahorradores extranjeros. Principalmente del norte de Europa; principalmente de países que gracias a un euro bajo por obra de los países del sur, tuvieron un boom exportador que los dejó bañados en dineros. Dineros que depositaron en bancos de su país o prestaron directamente al extranjero.

2. Entidades financieras extranjeras. Ya saben de dónde. Como siempre que la banca se ve con excesivos depósitos, se produjo una fiebre inversora que nubló el juicio y la ética. Cómo hace cuarenta años se inundó Latinoamérica de deuda impagable, ahora se inundó nuestro país (y otros) con deuda. Se prestaba de cualquier modo a cualquiera, grandes empresas, PYMES y particulares.

3. Cajas y bancos españoles. El mismo problema. Les llegaba dinero extranjero a mares y lo colocaron sin tasa.

4. Pobres endeudados. Es un eufemismo. La gran mayoría de españoles no corrió a endeudarse hasta mucho más allá de lo que podía para comprarse la casa de unos sueños irrealizables. La mayoría fue sensata; o no pudo enloquecer. Pero hubo unos pocos millones que sí; y hubo empresario que se creyó un Rothschild o un Fúcar. Sin contar los políticos “sobre-cogedores” y administraciones públicas que soñaban con ser suecas.


Hasta ahora, la política ha sido que el pobre endeudado debe pagar; pueda o no. Si no, lógicamente, se le despoja de sus activos y que quiebre. Si los impagos y quiebras dañan a las cajas y bancos españoles, que no se olvide que, éstos también, deben pagar lo que deben hasta el último céntimo. Y si no pueden, que España se endeude a costa de sus contribuyentes para capitalizarlos; y que paguen. Pero, por supuesto, los extranjeros que nos prestaron deben cobrar.

Pero he aquí que esta semana el Financial Times publica un editorial sobre la situación de Chipre donde dice que hasta ahora “los denominados rescates a los países con problemas, realmente implicaban que los contribuyentes de esos países rescataran a los inversores extranjeros que habían, arriesgada pero voluntariamente, financiado a los bancos de la periferia”.

Difícil decirlo más claro. Pero ahora quieren que, en el caso chipriota, también paguen los inversores. ¿Será porque éstos son rusos y no del norte de Europa como en nuestro caso?

Santiago Gallego
sgallego2009@gmail.com

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Cómo Irlanda, Grecia y España perdonaron la deuda alemana

Mensaje  Genaro Chic el Mar Mar 05, 2013 4:02 pm

Aprendiendo de la Historia: cómo Irlanda, Grecia y España perdonaron la deuda alemana

El Acuerdo de Londres sobre la Deuda Alemana, cuyo sexagésimo aniversario celebramos el próximo 27 de febrero, es un temprano y casi desconocido ejemplo de restructuración moderna de deuda soberana.

Durante mucho tiempo, la quiebra de estados ha sido percibida como un problema lejano, propio del llamado ‘mundo en vías de desarrollo’ (el Sur Global). Hoy no es está para nada lejos, sino frente a nuestras propias puertas. Una emergencia económica, resultado del sobreendeudamiento, desafía a la pervivencia misma de la unión monetaria europea. La devastación social y política en curso amenaza los tejidos sociales de los países afectados por la crisis. Alemania, sin embargo, parece quedar a salvo como una economía relativamente exitosa y floreciente. Pero este no ha sido siempre el caso.

Poca gente sabe que Alemania se benefició de una generosa condonación de deuda al principio de su ‘milagro económico’. El Acuerdo de Londres sobre la Deuda Alemana, cuyo sexagésimo aniversario celebramos el 27 de febrero, es un temprano y casi desconocido ejemplo de restructuración moderna de deuda soberana, algo muy sorprendente si se considera su eficacia a la hora de recuperar la sostenibilidad de la deuda alemana (occidental). Hacia el final de las negociaciones, se canceló la mitad de todas las deudas de 30 millones de marcos y los remanentes fueron reprogramados de forma tan inteligente que Alemania nunca tuvo que volver a afrontar un problema de deuda.

Los niños y niñas alemanes no acostumbran a aprender nada del Acuerdo en sus clases de Historia y en los medios tampoco se le da mucha consideración. Sin embargo, hoy sería sabio recordar cómo se previno una quiebra estatal inminente a través de unas negociaciones oportunas, rápidas, comprensivas y justas.

El contraste entre el trato histórico dado a Alemania y el trato dado hoy a Grecia no puede ser más obvio. Alemania se benefició de una condonación de gran alcance como resultado de la cual su economía creció de forma rápida y sostenible. Grecia en cambio, está siendo forzada a ‘consolidarse’ a sí misma a lo largo de una recesión dolorosa y destructiva que sacude a la sociedad hasta sus mismos cimientos. En 1953, uno de esos generosos (para Alemania) acreedores fue, por cierto, Grecia, que no tuvo en cuenta los crímenes de guerra que las fuerzas de ocupación alemanas habían cometido pocos años antes en suelo griego. Un paralelismo similar se podría dibujar con España, que también fue de los países que firmaron el acuerdo para la cancelación de la deuda alemana.

Pocas restructuraciones de deuda soberana han permitido de forma tan clara como la de 1953 la transición desde un estado de endeudamiento crítico hasta una situación en la que la deuda ya no es un obstáculo para el desarrollo económico y social. El acuerdo es aun hoy uno de los mejores ejemplos históricos de lo razonable y sostenible que puede llegar a ser la resolución de una deuda si hay voluntad política.

Vale la pena volver a examinar hoy el caso ‘Londres 53’ como fuente de referencia para las actuales discusiones sobre la condonación de deuda, tanto en el caso de países del Sur Global como en el contexto de la crisis de insolvencia de los estados en la Eurozona. ¡Recordemos este fragmento histórico vital por tanto tiempo olvidado! Y comprometámonos de nuevo con la responsabilidad de tratar a los países aquejados de sobreendeudamiento de manera oportuna y justa.

Kristina Rehbein and Jürgen Kaiser, erlassjahr.de – Entwicklung braucht Entschuldung e.V. (Germany)

Isabel Castro, Iniciativa de Auditoria Cidadã à Divida Pública – IAC (Portugal)

Eric LeCompte, Jubilee USA Network (USA)

Iolanda Fresnillo, Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda – PACD (Spain)

Bodo Ellmers, European Network on Debt and Development (Belgium)

Nessa Ní Chasaide, Debt and Development Coalition and Andy Storey, Debt Justice Action’s Anglo: Not Our Debt (Ireland)

Nick Dearden, Jubilee Debt Campaign (United Kingdom)


1. ¿Qué es el Acuerdo de Londres sobre la Deuda?

El 27 de febrero de 1953 se firmó el ‘Acuerdo de Londres sobre la Deuda’, un pacto extraordinario por el que se cancelaron muchas de las deudas que Alemania había contraído antes de la guerra. La excepcionalidad del acuerdo proviene del hecho de que sus firmantes fueran países que habían estado en guerra tan solo pocos años antes: por un lado, la nueva y muy endeudada República Federal Alemana (sucesora de la Alemania de Hitler) y, por el otro, sus acreedores, los Aliados occidentales, encabezados por el Reino Unido, Francia y Estados Unidos.

2. ¿Qué parte de la deuda alemana fue cancelada?

Destruida por la guerra, Alemania era incapaz de pagar su deuda pública externa durante la posguerra. A pesar de algunos acuerdos previos para la reducción de su deuda de posguerra, sus deudas anteriores al conflicto seguían siendo enormes e impagables. Cerca del 50% de la deuda alemana fue cancelada, lo que suponía unos 30.000 millones de marcos o el 150% de sus exportaciones de 1950. Por lo que respecta al remanente de la deuda alemana, aun se le concedió un alivio adicional con una reducción del interés en distintas vertientes. La Conferencia de Londres adoptó una solución comprensiva para abordar las deudas restantes de Alemania, relativas a dos partes constituyentes:

- Préstamos que Alemania había tomado durante la República de Weimar para satisfacer los acuerdos de reparación del Tratado de Versalles de 1919, que ya habían sido aplazados dos veces y que posteriormente fueron en parte cancelados. Además, las deudas de otras instituciones públicas y de deudores privados alemanes sumaban 5.800 millones de marcos, de manera que se fijaron y se discutieron todas las deudas anteriores a la guerra, que suponían un monto de 13.500 millones de marcos.

- Préstamos que el gobierno federal había recibido de las potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos, para financiar la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial.

¿Quién estaba involucrado?

La conferencia sobre las deudas anteriores a la guerra tuvieron lugar en Londres entre el 28 de febrero y el 28 de agosto de 1952. Participaron en ella veintidós delegados de los países acreedores, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) y representantes de acreedores privados. Tras las negociaciones estaba el impulso de los Estados Unidos. Durante el proceso, entre 1951 y 1953, se trató con los firmantes del Acuerdo la deuda pública y privada que Alemania tenía con entidades públicas y privadas de los siguientes países:

Bélgica, Ceilán (actual Sri Lanka), Dinamarca, Francia, Grecia, Irán, Italia, Yugoslavia, Canadá, Liechtenstein, Luxemburgo, Noruega, Paquistán, Suecia, Suiza, España, Suráfrica, Reino Unido y Estados Unidos. Hasta 1963, los siguientes países y territorios aceptaron el acuerdo: Adén, Egipto, Argentina, Australia, el Congo Belga (hoy República Democrática del Congo), las Islas del Canal, Chile, Finlandia, las Islas Malvinas, Gibraltar, Israel, Camboya, Camerún, Malta, Marruecos, Nueva Guinea y Nauru, Nueva Zelanda, Países Bajos, Rodesia del Norte (actual Zambia) y Nyasalandia (actual Malaui), Austria, Perú, Siria y Tailandia.

3. ¿Qué lecciones extraer para la actual crisis de Irlanda, Europa y el resto del mundo?

Los pagos negociados para la crisis de la deuda son posibles.

El Acuerdo de Londres demuestra que es posible que un conjunto multilateral de partes interesadas lleguen a acuerdos para una cancelación comprensiva de deuda, incluso en contextos políticos muy sensibles. El establecimiento de pactos durante el Acuerdo fue un proceso muy cooperativo. Pese a que se establecieron seis foros de arbitraje diferentes para tratar los conflictos que surgían durante las negociaciones del Acuerdo, estos mecanismos de disputa fueron necesarios en raras ocasiones. A Alemania también se le dio la opción de “llamar a consultas” si se encontraba con dificultades imprevistas para movilizar su servicio de deuda. Aun así, no hay registro de ningún requerimiento de consultas por parte de Alemania.

Las “directrices para las recomendaciones” establecidas para el Acuerdo reconocían la necesidad de dispensar un trato humano al deudor. Afirmaba que el acuerdo debía:

i) tener en cuenta la situación económica general de la república federal los efectos de las limitaciones en su jurisdicción territorial; tampoco debía dislocar la economía alemana con efectos indeseables en la situación financiera interna, ni drenar en exceso las divisas alemanas existentes o potenciales (…).

ii) proporcionar una solución global ordenada y asegurar un trato justo y equitativo de todas las partes afectadas.

La impresionante autoconfianza de la delegación alemana quedó demostrada al conseguir que se aplicara una significativa reducción de deuda e, incluso, al usar el acuerdo como un instrumento para evitar posibles demandas de reparación en el futuro. En 1959, el negociador alemán Hermann Josef Abs informó de lo siguiente: “Solo había un punto imposible de acordar con los acreedores para añadirlo en el informe final de la conferencia: la cuestión de las condiciones políticas previas bajo las cuales podíamos llegar al acuerdo sobre la deuda, a saber, el problema de las reparaciones. (…) Pero en la sesión final, la más importante, la delegación alemana declaró, de manera muy clara y con toda seriedad, que Alemania no estaría en posición de firmar el acuerdo sobre la deuda si todavía tenían que seguir haciéndosele demandas con el nombre de ‘reparaciones’.” Después de 1953, Alemania no efectuó pagos de reparación del tipo que acordó en 1919.

El Acuerdo fue tan definitivo que por muchas décadas prácticamente no hubo discusión alguna, ni interna ni externa, acerca de la cuestión de la deuda nacional alemana.

El gran tamaño de las deudas y tipos de deuda considerados

Una de las características más peculiares del Acuerdo de Londres es que no solo trató con la deuda del estado alemán y sus distintos predecesores, sino que también incluyó todas las obligaciones externas de la economía alemana, por ejemplo, las de individuos y empresas [explicar más]. En interés de un acuerdo unificado que obligara por igual a deudores y acreedores, se pactó un principio de trato equitativo para todos ellos. Todos los demandantes tuvieron que aceptar reducciones equivalentes de interés y demandas de repago. Todos los deudores privados se beneficiaron del mismo desahogo que los acreedores concedieron a la república federal con el fin de mantener su capacidad de desarrollo económico.

Gracias a las distintas garantías del acuerdo y al generoso nivel de reducción de deuda, Alemania tuvo muy bajos indicadores de deuda pública y externa hasta la la recesión de los años setenta. Solo de los ochenta en adelante, primero debido a los costes de la reunificación y luego a la crisis financiera global de 2008, la relación deuda/PIB de Alemania se elevó hasta alrededor del 80%, donde todavía se mantiene hoy.

El acuerdo contribuyó de manera significativa al boom alemán de los cincuenta y los sesenta, así como a la rápida reconstrucción de un país tan devastado.

La cancelación de la deuda es posible si hay voluntad política

El acuerdo y la generosidad de sus términos demuestran:

El fuerte compromiso de los Aliados occidentales de no repetir los errores cometidos tras la Primera Guerra Mundial, es decir, desestabilizar política y socialmente a un enemigo derrotado imponiéndole la carga de una deuda impagable.

La habilidad del entonces gobierno Adenauer a la hora de aprovechar la singularidad de Alemania como estado situado en el frente de la Guerra Fría. Sin este punto, la condonación final hubiera podido ser algo menos generosa, al no ser tenida en cuenta la contribución alemana al ‘esfuerzo’ en la Guerra Fría.
Aunque el liderazgo de los Estados Unidos era claramente visible, muchos firmantes del acuerdo se convirtieron en miembros del ‘Movimiento de los No-alineados’ o se declararon neutrales desde un principio (como Suiza).

http://auditoriaciudadana.net/2013/02/27/aprendiendo-de-la-historia-como-irlanda-y-grecia-perdonaron-la-deuda-alemana-2/

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mar 10, 2013 10:45 am

Cuando una economía se ve lastrada por un exceso de endeudamiento de forma que no hay manera de salir del atolladero, siempre se ha resuelto con la abolición de una parte de esa deuda al tiempo que se ha procurado crear mecanismos para evitar en lo posible que la situación se repita. Esto ha pasado incluso en sociedades que no conocían la moneda, como tenemos muy claro en el ejemplo de la Atenas de comienzos del siglo VI a.C., donde las dolorosas medidas de Solón, que en principio -como él nos dice- no gustaron a nadie, pusieron las bases para la posterior conversión de su país en una primera potencia. Hoy un artículo de Carlos Sánchez nos muestra con lucidez que para acabar con la corrupción de fondo de la economía europea (y en particular la española) hay que afrontar cambios estructurales que, en cualquier caso, han de pasar por una quita o abolición parcial de las deudas contraídas, aunque ello perjudique de entrada a unos acreedores que, en cualquier caso, se pueden quedar sin nada si consiente que se asfixie el deudor. Copio el fragmento que habla de esto último:

Como no puede ser de otra manera, la tendencia de los países con más desempleo y menor productividad será deprimir los salarios para ser más competitivos, pero ese sería un error estratégico. La solución pasa por construir economías homogéneas y no basadas en una división artificial parecida a lo que un día se llamó norte-sur. O ricos y pobres, como se prefiera. Y lo cierto es que para evitar esa catástrofe no hay más remedio que resolver el problema de la deuda. Tanto la soberana como la privada.

El desapalancamiento es necesario para que puedan sobrevivir las compañías que hoy sufren el racionamiento del crédito y que pueden caer si la recesión se alarga. Pero ninguna crisis de deuda se ha resuelto sin una quita por parte de los acreedores, salvo que se pretenda asfixiar a los países, con todas las consecuencias fatales que eso conlleva (el PIB de Grecia se ha contraído ya un 20%). Y una recesión prolongada sin duda que puede llevarse por delante buena parte del tejido productivo de un país, como de hecho puede estar sucediendo ya en España. Cerrar una empresa es mucho más costoso que abrir una nueva.

Como diría el profesor Alfredo Pastor, “no se contrata porque no se produce, no se produce porque no se vende, no se vende porque nadie quiere gastar”. Es por eso que parece el momento de comenzar a reestructurar la deuda privada en sectores altamente apalancados. Aunque sufran los acreedores. No para salvar a empresas obsoletas e inviables; sino, por el contrario, para que puedan sobrevivir las compañías que hoy sufren el racionamiento del crédito y que pueden caer si la recesión se alarga.

Carlos Sánchez
http://www.elconfidencial.com/opinion/mientras-tanto/2013/03/10/corrupcion-esto-si-que-es-corrupcion-10878/

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La Biblia nos habla sobe la necesaria condonación de las deudas

Mensaje  Genaro Chic el Lun Mar 18, 2013 1:42 pm

Un ejemplo de la antigüedad del problema de las deudas, que se daba por supuesto antes de que existiese la moneda (como en el caso de la Atenas de Solón a comienzos del siglo sexto a.C.) lo tenemos en un conocido paso de la Biblia:

El año del perdón de las deudas

15 »Cada siete años perdonarás toda clase de deudas. 2 Lo harás de la siguiente manera: Cada acreedor le perdonará a su prójimo el préstamo que le haya hecho. Ya no le exigirá a su prójimo o hermano que le pague la deuda, porque se habrá proclamado el año del perdón de las deudas en honor del Señor.
3 Podrás exigirle el pago de sus deudas al forastero, pero a tu hermano le perdonarás cualquier deuda que tenga contigo. 4 Entre ustedes no deberá haber pobres, porque elSeñor tu Dios te colmará de bendiciones en la tierra que él mismo te da para que la poseas como herencia.
5 Y así será, siempre y cuando obedezcas al Señor tu Dios y cumplas fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno. 6 El Señor tu Dios te bendecirá, como lo ha prometido, y tú podrás darles prestado a muchas naciones, pero no tendrás que pedir prestado de ninguna. Dominarás a muchas naciones, pero ninguna te dominará a ti.
7 »Cuando en alguna de las ciudades de la tierra que el Señor tu Dios te da veas a un hermano hebreo pobre, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano. 8 Antes bien, tiéndele la mano y préstale generosamente lo que necesite. 9 No des cabida en tu corazón a la perversa idea de que, por acercarse el año séptimo, año del perdón de las deudas, puedes hacerle mala cara a tu hermano hebreo necesitado y no darle nada. De lo contrario, él podrá apelar al Señor contra ti, y tú resultarás convicto de pecado.
10 No seas mezquino sino generoso, y así el Señor tu Dios bendecirá todos tus trabajos y todo lo que emprendas. 11 Gente pobre en esta tierra, siempre la habrá; por eso te ordeno que seas generoso con tus hermanos hebreos y con los pobres y necesitados de tu tierra.

Deuteronomio, 15.

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Vie Ene 10, 2014 11:41 am


El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar recientemente, en diciembre de 2013, un artículo de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff con el título “Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten”. El argumento utilizado por los autores es exactamente el mismo que hemos empleado desde estas líneas para anticipar la segunda fase de la Gran Recesión (2014-2016). Lo peor no ha pasado. Las causas que han originado la actual crisis económica no sólo no se han corregido sino que han empeorado.

Los niveles extremos de deuda implican quiebras al estilo de los años 30, que están a punto de ocurrir, según los autores, en gran parte del mundo occidental. Para hacer frente a ello se requerirá impagos, un impuesto al ahorro confiscatorio -que desde este blog no compartimos- y una mayor inflación solo es posible vía aumentos salariales ya que la política monetaria ha fracasado. El objetivo es despejar el camino para la recuperación que suponen unos niveles de deuda que alcanzan un máximo histórico.

Según Reinhart y Rogoff la carga de la deuda en los países desarrollados se ha convertido en un evento extremo utilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de condonaciones de deuda, negociadas o no.

La Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016)

Como saben ustedes, nuestra visión es más pesimista que la del mercado. Prevemos un empeoramiento de las condiciones económicas globales. Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de las medidas de política económica implementadas por la ortodoxia económica y un diagnóstico erróneo de la actual crisis sistémica.

El inicio de la Segunda Fase de de la Gran Recesión se caracterizará por la entrada en recesión de los Estados Unidos, la vuelta a la debilidad de las economías europeas, y por la triple recesión en la que entrará la economía española. Los países emergentes se desacelerarán de manera notoria, especialmente Latinoamérica y Europa del Este. Asia, por el contrario, continuará con una dinámica propia más optimista.

El detonante y acelerador de esta nueva ruptura de la tendencia de fondo será un empeoramiento significativo en los mercados financieros. La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. ¿Qué pasará si los mercados incrementan la aversión al riesgo? Los tipos de interés a largo plazo repuntarán con fuerza, las bolsas caerán, los diferenciales de crédito se ampliarán, las materias primas se debilitarán y la volatilidad se disparará.

En ese escenario emergerán los problemas de las aquellas economías occidentales altamente endeudadas -Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda, o España entre otras-, y sus sistemas bancarios necesitarán recapitalizarse de nuevo. Se iniciará una tormenta perfecta, que se irá retroalimentando: crisis de deuda-crisis bancaria-deflación por endeudamiento. El crecimiento económico se parará, la recesión se intensificará con fuerza.

Fracaso de las políticas económicas

Si bien el detonante será un aumento de la aversión al riego, la razón fundamental detrás de estas previsiones es el fracaso de la mezcla de políticas económicas propuestas por la ortodoxia económica. Para salir de la crisis, las recetas propuestas consistieron, en la mayoría de los países, en una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de la Reserva Federal de los Estados Unidos o FED, del Banco de Inglaterra, del Banco de Japón o del BCE), y deflación salarial, bajo una serie de hipótesis que al final han resultado ser falsas. Desde estas líneas en innumerables blogs ya hemos explicado los argumentos. Simplemente recordar algún elemento colateral.

La política monetaria –a través del multiplicador monetario- no ha funcionado. Por el contrario, ha exacerbado la búsqueda de retorno a cualquier precio por parte de los inversores sin mirar el riesgo –especialmente el riesgo precio- incentivando burbujas en los distintos mercados de riesgos.

La austeridad fiscal expansiva ha sido un rotundo fracaso. Los déficits públicos y deuda públicas de la práctica totalidad de los países de la OCDE se ha disparado –paradoja del ahorro. Y el abaratamiento generalizado de los salarios y del despido, la tan cacareada devaluación interna, ha acabado hundiendo la demanda efectiva -paradoja de costes. Numerosos países ya se han puesto manos a la obra para incrementar los salarios –ya comentamos en blogs anteriores los casos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón o países nórdicos- pero nuestro país aún no se ha dado por aludido.

Si se confirma este escenario va a ser necesario implementar aquellas medidas ineludibles que se deberían haber adoptado a principios de la crisis, y que la ortodoxia, no aplicó por un mal diagnóstico del problema. Por un lado, una reestructuración o reducción notoria del tamaño del sistema bancario occidental a costa de gerencia y acreedores. Por otro, condonaciones de deuda. El problema de Occidente es una deuda brutal que no se puede pagar. Y el objetivo último es reducir la deuda privada, y en menor grado la pública, de las principales economías occidentales a niveles razonables, sobre el 150% del PIB, frente a los niveles actuales del 1000% de Irlanda, alrededor del 500% de Reino Unido, o del 400% de España y Estados Unidos.

Juan Laborda

http://vozpopuli.com/blogs/3904-juan-laborda-condonaciones-de-deuda-en-occidente

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Re: Deuda: ¿rescate de los acreedores o abolición para los deudores?

Mensaje  Genaro Chic el Jue Ene 16, 2014 11:07 am

[justify]El economista Santiago Niño-Becerra admite que peca de un cierto determinismo, pero considera que España no tiene otro camino para reducir su deuda al 60% en 2020 como le pide la Unión Europea.

El catedrático de Estructura Económica en la IQS School of Management de la Universitat Ramon Llull ha publicado 'Diario del Crash', en el que, desde 2005, iba alertando sobre el crecimiento de la deuda privada en España. Le acusan de catastrofista, y determinista, pero él se escuda en los números.

Entrevista:

Las cosas suceden porque deben suceder. ¿Podría ser de otro modo? Tal vez, pero es mejor pasar página y afrontar la nueva realidad. Santiago Niño-Becerra (Barcelona, 1951) responde con frialdad. Le gusta relacionar canciones y películas con una determinada época y le apasionan países como Irlanda, con su estupenda cerveza negra. Peca de un cierto determinismo, y es consciente de ello, pero mantiene un discurso, desde el inicio de la crisis, que defienden ahora otros economistas. Catedrático de Estructura Económica en la IQS School of Management (Universitat Ramon Llull), Niño Becerra conoce bien el sector privado, en el que ocupó diversos cargos en empresas siderúrgicas. Ahora ha publicado Diario del Crash (Los libros del lince, 2013), una compilación de sus artículos desde 2005, a razón de uno diario, cinco días a la semana, publicados en lacartadelabolsa.com. Y en ellos se advierte que Niño-Becerra iba destilando la misma advertencia sobre la enorme deuda privada que se iba generando en España. Tanto es así, que en 2005 se atrevía a decir, ante el pasmo general, que “España no va bien".Usted ha acabado siendo calificado como un catastrofista, fuera del discurso dominante. ¿Lo asume?

Lo que yo hice lo hicieron más economistas. Yo me fijé en la deuda privada, también en la pública, pero entonces no era importante. Y lo que vi me asombró. Personas que recibían un crédito, con sueldos modestos, para comprarse un Audi A3, RS. Se ofrecían créditos para pagarlos en 45 años, toda una vida. Vi, también, que muchas empresas vivían de financiar el circulante. No se podía aguantar en el tiempo.

¿Y qué pensó?

Que la capacidad de endeudamiento se agotaría. Y que se caería todo.

Asegura que otros economistas también lo vieron, pero nadie hizo nada.

Lo que pasó es que parar esa dinámica hubiera significado que se dejaba de crecer, y no le interesaba a nadie, ni a los gobiernos, ni a las empresas. A nadie.

Usted describe. Usted dice: pasó esto, ¿pero ese es el papel que debe tener un economista? Usted dice que no se podía haber hecho otra cosa. ¿No es determinista?

Sí, es determinista. Pero lo que digo es que España hizo lo que hizo, y no podía haber crecido de igual manera sin hacer eso. El 'España va bien' se explica por ese modelo de crecimiento, basado en el endeudamiento, en la construcción. La alternativa a aquello era no crecer.

¿Se podía haber intentado otra cosa?

No. Con la globalización, ningún país tiene mucho margen. La globalización tiene muchas ventajas, pero tiene grandes inconvenientes, sin fronteras también circulan problemas. Y corrió la facilidad del crédito, el dinero en grandes cantidades. Y luego se jugó con el comportamiento humano: todo el mundo quiere tener un BMW y un apartamento en Cadaqués. Esa satisfacción de la gente crea PIB, gana todo el mundo, no hay tensiones. Es perfecto. Y eso sucedió.

Otra constante suya es la apuesta por las quitas de la deuda. ¿No es eso alarmista, aunque ahora más economistas comiencen a apuntar esa posibilidad?

El tema de la quita tiene dos partes: una compensación de la deuda, yo te debo mil, me debes quinientos, yo te debo quinientos, y de esos sólo te puedo pagar 200. Pero eso tiene que ser a escala global, no sólo europea, y todo el mundo debe participar en eso. No puede ser voluntario, debe ser forzoso, pese a estar en una economía libre. Y yo creo que es la salida más justa. Pescanova ha propuesto una quita del 65%-75%. La empresa viene a decir: ya sé que sólo vais a cobrar un 35%, pero es inteligente, porque después asegura negocio. En caso contrario, la empresa cierra. ¿Qué es mejor, el tanto por cien de algo, o el 100 por cien de nada? Aunque eso debe ir acompañado de una concentracion bancaria, claro.

¿Y qué responsabilidad tiene Alemania? ¿Lo aceptará?

En Alemania, los dos objetivos para la próxima legislatura que ha trazado la cancillera Merkel es una mayor inversión en educación y reducir deuda pública. Y te preguntas, ¿cómo? ¿reducir la deuda, con lo poco que está pagando para financiarla? Y es que Alemania está pensando en 2020, y en los objetivos marcados por la Comisión Europea, que son una deuda pública del 60%, y un déficit estructural del 0,5%. Ahora tiene el 82% de deuda pública y debe bajar 22 puntos. Los bajará, salvo causa mayor, y ahora pensemos en España.

¿Qué puede hacer?

Respecto al déficit, el 0,5% estructural, puede cumplirlo, con un gran esfuerzo. Pero, ¿cómo se reduce la deuda de casi el 100% al 60%? Sólo llegará a base de quitas. Circula la posibilidad de una quita del 30%. Te queda otro 10%, que es asumible hasta 2020. Es decir, sin una quita, como Pescanova, España no podrá reducir su deuda.

¿Y los bancos alemanes?

Los bancos alemanes, franceses, o norteamericanos, podrían pagar el pato, claro, eso seguro. A los banqueros esa posibilidad les hace chirriar, porque el principal tenedor de deuda pública es la banca, y para ellos es terrible. Pero los banqueros tienen muchas vergüenzas para esconder.

Seguimos con la catástrofe. ¿Pero qué puede hacer más España?

Lo que le digan, en temas de gasto, de política fiscal, de pensiones, en todo. Lo que le digan.

Por tanto, ¿Está intervenida?

Sí, sí, intervenida en la práctica. Pero hay cosas en las que debemos fijarnos. España presentó sus números en Bruselas, para poder aplazar los objetivos de déficit, y la Comisión Europea los autorizó rápidamente. Interesa que se resuelvan las cosas. Que haya tranquilidad.

Pero, ¿y el paro? ¿Habrá un porcentaje de paro estructuralmente muy alto?

Sí, entre el 12% y el 18%, con intervalos del 14% y el 16%, eso es ya estructural.

¿Y con una posible quita, no habría reactivación?

No, no, porque vamos a un nuevo modelo, y no estará basado en el crédito y el endeudamiento. Vamos a un modelo basado en la escasez, y de ahí el papel del economista, que deberá ver cómo se definen nuevos sectores. La logística será un sector importante, y en las empresas, la figura del controller. La economía se definirá a través de clusters, en toda Europa.

¿Y los que se queden fuera? Determinismo, de nuevo.

Es que las cosas tampoco se pueden cambiar mucho. Cádiz no será nunca Guipúzcoa, ni Brademburgo será Baden Wüttemberg, ni la Bretaña será Ille de France. Esto es así. Hasta ahora se hacían transferencias, pero la realidad es la que es. Si a alguien que no genera, no le das, puedes hacer dos cosas: o te lo quitas tu, o lo traes del futuro. Y del futuro es lo que hemos hecho. El PIB que nos hemos comido, eran recursos del futuro. ¿En Detroit qué se puede hacer? Nada. No me gusta juzgar el pasado. Se hizo lo que se hizo y ya está.

¿La innovación tecnológica ya no será creativa, cómo decía Schumpeter? ¿Dejará a demasiada gente fuera del sistema?

Sí. Innovación siempre ha habido. Y, en parte, eso explica el crash del 29, pero todo se compensó con la intervención del Estado. Ahora se genera paro estructural, y habrá más.

¿Y qué respuesta se ofrece a esos parados?

Creo que se irá a una renta mínima, a lo que defiende desde hace años el economista Daniel Raventós. A lo que quiere someter a referéndum Suiza, que habla de una especie de renta mínima de 2.000 francos, que es poco en términos suizos. En España se habla de 460 euros, o 520 euros, según los sindicatos.

¿Y el sistema no sufrirá?

No, porque la producción también bajará.

Usted está apuntando a la reducción drástica de la clase media. ¿Y quién comprará?

Habrá mercado potencial suficiente: las rentas altas. En el sector del automóvil, hay determinadas marcas que ya no quieren fabricar coches para la clase media: pierden dinero.

¿Y el espacio para los cambios sociales, para la acción ciudadana?

La ciudadanía ahora no es reivindicativa, los jóvenes no protestan. ¿En qué ha quedado el movimiento 15M, o el Partido Pirata en Alemania? En nada.

¿Sigue pesando su base económica marxista?

Las etiquetas no me gustan. Lo que creo es que cualquier cosa es consecuencia de lo anterior, las cosas evolucionan y pasan a otra cosa, y se va evolucionando hasta otra. El sistema mercantilista se agotó, y se pasó a otro sistema, y el nuestro irá hacia otro nuevo. Somos humanos.

¿Considera que se ha roto la idea de la Ilustración, de unos ciertos valores universales?

Hasta ahora la economía ha sido muy participativa, todos hemos sido necesarios, ahora no. Se consideraba que había que producir más, con una idea de globalidad, todos juntos. Y, sí, creo que esa idea de la Ilustración se ha roto. Ahora el escenario es que se precisan sólo los necesarios.

Eso es reducir la economía al terreno de la eficacia, pero...

Tampoco, porque no se trata de un modelo en el que sirva la meritocracia-tecnocrática. Eso se exigirá, pero mejor si va acompañado de otros factores, como las buenas conexiones sociales.

¿Qué puede hacer un proyecto que se autodenomine de izquierdas, en ese escenario que apunta?

Es que no existe. Ni la izquierda ni la derecha, y la izquierda que queda en Europa es el Partido Comunista de Portugal, ¿por qué?, porque es Portugal, que no pinta mucho.

Lo que usted dice es considerado como propio de alguien de derechas.

Si quiere colgarme ese cartel...No, es que se trata de conceptos ideológicos, y la ideología en los años 60 ya está muerta. Cuando se dijo que el desempleo tiene que ser el que sea, en cada momento, para que la inflación sea lo más baja posible, y no hubo reacción, la ideología está muerta. En el momento que alguien dice eso, y nadie lo niega, deja de haber derecha e izquierda. Por lo que me da igual el cartel que se me ponga.

¿Qué propone?

Administrar lo escaso. Lo que hay que hacer es gestionar esta realidad. En cada momento, hay que afrontar lo que hay que hacer.

¿Sin acción política, sin acción ciudadana?

¿Montamos una revolución?, ¿París 1870? ¿Arrasamos con todo? No está de moda.

¿Qué quiere decir exactamente con “no está de moda”?[/b]

Que no es viable, que no conduce a nada. Que no hay gente predispuesta, que las circunstancias son diferentes a las de 1870. El acorazado Potemkin ya no es posible. No hay ni acorazados.

¿Y las personas? Usted deja a muchas personas fuera.

Sobrará mucha gente del sistema productivo.

¿Malthus, de nuevo?

La época de Malthus era distinta. Lo que decía era que habría más gente que recursos, pero no decía que los recursos fueran escasos. Había potencial de crecimiento. Ahora no. En todo caso, le digo que no vendrá un caos.

¡No es, por tanto, un castastrofista!.

No, claro. Lo que digo es que el mundo va a cambiar. No tendremos un Audi A6

¿Y en Catalunya, qué sucede? ¿Son las clases satisfechas, de las que hablaba Galbraith, las que apuestan por la independencia?

Es diferente, porque en los tiempos en los que Galbraith hablaba de ello eran los años sesenta, y las condiciones eran muy diferentes, eran de crecimiento, con salarios con perspectivas de ir mejorando. Mi pregunta es otra. Si hubiera concierto económico en Catalunya, ¿qué porcentaje de independentistas tendríamos? ¿Menor?

Entonces, ¿el motivo es económico, con la crisis económica como motor?

Una parte de ese independentismo es de rabia económica, no es ideológico. Catalunya tiene un problema económico. Resolvamos ese problema, y una vez resuelto, abordemos otras cosas, pero no las mezclemos. Ahora bien, si para resolver ese problema económico es necesario la independencia, adelante, pero entonces la independencia se convierte en un instrumento, no en un fin.

http://www.economiadigital.es/es/notices/2013/10/_sin_una_quita_como_pescanova_espana_no_podra_reducir_su_deuda_46232.php
[justify]

Genaro Chic

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