La entrega del Sáhara a Marruecos

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La entrega del Sáhara a Marruecos

Mensaje  Genaro Chic el Dom Nov 14, 2010 10:02 am

[El 20 de Diciembre de 1973 era asesinado el almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno español. Comenzaba la transición hacia la democracia]
Según los proyectos de Hassan II, "la recuperación" se haría de una manera pacífica, mediante una marcha civil en la que participarían 350.000 voluntarios (el incremento demográfico anual), quienes solamente irían armados con el Corán: era la Marcha Verde. Lo que en realidad se pretendía con ella era evitar que la ONU, a la vista del informe de la misión de visita, y el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia, afirmando ambos la necesidad de aplicar la resolución 1.514 y la autodeterminación, aprobase una resolución en la que el referéndum, detenido un año antes, fuera ya inevitable. Hassan II disponía de dos meses como máximo para anexionarse el Sahara, acción que cuenta con las bendiciones de EE.UU., de Francia, de numerosos países árabes y de una parte del Gobierno español. ….
El 17 de octubre de 1975 se reúne el Consejo de Ministros presidido por Franco, ya gravemente enfermo y que se encuentra vigilado por sus médicos desde una habitación contigua por medio de un monitor. Durante el informe que presenta el ministro Cortina sobre la marcha marroquí y el problema del Sahara, Franco tiene que retirarse aquejado de un fuerte dolor, según todos los indicios de tipo cardíaco. Pero no se da comunicado alguno a la nación sobre su estado de salud.
En este Consejo se toma la decisión de abandonar el Sahara en manos de Marruecos, tomando las debidas precauciones primero para que la decisión no sea conocida ni por la opinión pública ni por el Ejército, y , en segundo lugar, para que los nacionalistas saharauis - el Frente Polisario - no pueda ofrecer resistencia. Parece ser que Franco "no se enteró" de esta decisión, pero hasta el 30 de octubre los poderes de la Jefatura del estado no son cedidos al Príncipe Juan Carlos. ¿Qué sucedió en ese espacio de tiempo?. ¿Quién o quiénes tomaron las decisiones relativas al problema del Sahara?.
El día 18 de octubre, el general jefe del Alto Estado Mayor, y Presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, Carlos Fernández Vallespín, envía al teniente general jefe del Estado Mayor Central la siguiente comunicación:
"Junta de Jefes de Estado Mayor. N/Ref. JCO 804. Operación Golondrina. Excmo. Sr. Comunico a V.E. la decisión tomada por el Presidente del Gobierno estableciendo la fecha del día diez de noviembre de mil novecientos setenta y cinco, a las nueve horas, para la iniciación de la "Operación Golondrina". Madrid, dieciocho de octubre de 1975. Máximo secreto"
La Marcha Verde se pone en movimiento el día 21 de octubre [de 1975]. Tres días antes, y sin que las fuerzas españolas del Sahara hayan iniciado su despliegue defensivo, se da la orden secreta de iniciar la Operación Golondrina, es decir, la evacuación del territorio con el abandono total por parte de la población civil y de las fuerzas del Sahara. Mientras tanto, el Mando Unificado de Canarias seguía organizando operaciones para supuestos enfrentamientos con el Frente Polisario y las F.A.R. marroquíes - Operación Trapecio y Operación Marabunta -.
El 27 de octubre tiene lugar una reunión de trabajo del Alto Estado Mayor con objeto de estudiar un acuerdo militar entre Marruecos, Mauritania y España, que conduciría a la administración del territorio por parte de Marruecos y Mauritania, hasta llegar al término de la presencia española. Se fijaban los plazos para que se fueran desguarneciendo los puestos y posiciones con el fin de que fueran ocupados por Marruecos y Mauritania. La evacuación quedaba condicionada a que se garantizase la posterior ocupación con fuerzas suficientes para hacer frente a amenazas de "bandas incontroladas" (Frente Polisario) o de una tercera potencia (Argelia [apoyada por la URSS]). A partir del 30 de octubre - momento en que la Marcha Verde todavía está en Tarfaya - las F.A.R. marroquíes invaden el territorio, sin protesta alguna de España y se dirigen hacia Hausa, Echdeiría y Farsía, donde son detenidas por las fuerzas del Frente Polisario. En definitiva, cuando las fuerzas del Sahara no han completado aún su despliegue defensivo ni se han montado los campos de minas contra la marcha marroquí (1 de noviembre), el máximo organismo militar español, asesor del Jefe del Estado y del Gobierno, ha elaborado un plan no para oponerse a la anunciada invasión, sino para entregar el territorio, sus habitantes y sus posibles resistentes en manos de quienes teóricamente eran sus enemigos, Marruecos y Mauritania.
De la misma manera que el Gobierno hace un doble juego ante las fuerzas militares y ante la población, también el Ministerio de Asuntos Exteriores y las representaciones diplomáticas llevan a cabo una contradictoria actuación. El día 18 de octubre, Piniés solicita en la ONU la convocatoria del Consejo de Seguridad, pero hasta el día 22 no se adopta una resolución anodina, en la que ni siquiera se cita la marcha, haciendo un llamamiento a la moderación y encargando al secretario general que entable consultas con las partes. El día 26, el Secretario General de la ONU, Waldheim, visita a Hassan II para exponerle su propuesta sobre el Sahara:
Inmediato relevo de España en el Sahara.
Periodo (de seis a doce meses) de administración provisional por funcionarios marroquíes, mauritanos y saharauis supervisada por las Naciones Unidas que, incluso, estaría dispuesta a enviar sus tropas.
Referéndum
Los intereses españoles se negociarían en el marco de conversaciones entre las partes.
Hassan II no acepta esta propuesta porque sabe que ya existe un acuerdo con España. El día 28, Waldheim se entrevista con los españoles. El Gobierno no rechaza la propuesta (no puede hacerlo) pero alega que no cree en su viabilidad al no ser aceptado por Marruecos. El representante del Secretario General de la ONU, Lewin, prosigue sus contactos en Madrid, Argelia y Marruecos, pero Hassan II sigue rechazando el plan.
El 1 de Noviembre Arias-Salgado declara en la ONU que si no se toman medidas, el Gobierno español, consciente de sus obligaciones de potencia administradora, repelerá la marcha marroquí con todos los medios a su alcance. Los diplomáticos españoles y las fuerzas del Sahara están haciendo la guerra por su cuenta, ajenos a los manejos del Gobierno español.
El día 2 de noviembre se produce un hecho inesperado: el Príncipe de España, Jefe de Estado en funciones, se presenta de improviso en Aaiún, en contra de las intenciones del Gobierno. Sus palabras venían a indicar un cambio con respecto a lo hecho hasta ahora por el Gobierno:
"España cumplirá sus compromisos y tratará de mantener la paz, don precioso que tenemos que conservar. No se debe poner en peligro vida humana alguna cuando se ofrecen soluciones justas y desinteresadas y se busca con afán la cooperación y el entendimiento entre los pueblos. Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen".
Al día siguiente se produce la sorprendente huida a Marruecos del presidente de la Yemáa [organizada por España anteriormente], Sidi Jatri uld Said uld Yumani, que rinde pleitesía a Hassan II. ¿No sería una maniobra de los responsables de Presidencia de Gobierno para neutralizar - a favor de Marruecos - el efecto de la visita de Don Juan Carlos.
El día 3 de noviembre llega a Madrid el primer ministro marroquí Ahmed Osman, y se entrevista en la Zarzuela con el Príncipe y con Arias, Cortina y Carro. De las conversaciones surge el acuerdo tácito de permitir la entrada de la marcha unos 10 kilómetros en el territorio, donde podrían permanecer 48 horas.
El día 5 Hassan II anuncia que la Marcha Verde atravesará la frontera al día siguiente. El Consejo de Seguridad de la ONU, por medio de su presidente, Malik, de la URRSS, hace un llamamiento a Hassan II para que ponga fin a la marcha. El rey marroquí hace caso omiso.
El día 6 de noviembre ya hay 50.000 marroquíes dentro del Sahara. Marruecos comunica a España que la marcha continuará y rechaza toda intervención de la ONU. El embajador español Martín Gamero pide instrucciones para la inminente ruptura de relaciones diplomáticas, pero en contra de lo esperado, Cortina le hace transmitir a los marroquíes que España estaba abierta a todo dialogo. Madrid decide que si los marroquíes se retiraban en el plazo previsto, las negociaciones podrían comenzar. Tampoco Marruecos acepta esto.
El día 8, el ministro Carro, con Martín Gamero, se entrevista con Hassan II en Agadir y le ofrece las suficientes garantías sobre la entrega del Sahara. Sólo entonces, al día siguiente, 9 de noviembre, a las 19,50 horas, Hassan II pronuncia un discurso según el cual los objetivos políticos habían sido alcanzados, debiendo volver todos a los puntos de partida. El día 10, los voluntarios de la Marcha Verde regresan a Tarfaya.
Los acontecimientos producidos entre los días 2 al 8 de noviembre pueden llevar a pensar que el Gobierno español llegó a temer que la marcha marroquí progresara y provocara un enfrentamiento armado y que tal posibilidad "obligó" a decisiones posteriores. Pero, en realidad, la situación era muy negativa para Marruecos. Sus efectivos militares no eran numerosos y parte de ellos ya estaban combatiendo contra los saharauis del Frente Polisario. Hassan II jamás había pensado en hacer la guerra en el Sahara, por temor a la superioridad española y a la intervención de la ONU, que conduciría al referéndum, según confesó él mismo.
La entrega del Sahara se formaliza en Madrid entre el 12 y el 14 de noviembre de 1975, por medio de los Acuerdos Tripartitos. Se daba entrada a la administración de Marruecos y Mauritania, contra toda doctrina de la ONU, y España se retiraría definitivamente el 28 de febrero de 1976. No se mantenía en los acuerdos respeto alguno por el principio de autodeterminación. Hassan II sabía bien el grado de rechazo que alcanzaría entre la población saharaui - sus nuevos súbditos descolonizados - y se introdujo un artículo, según el cual "se respetaría la opinión de la población saharaui expresada a través de la Yemáa. El 28 de noviembre la Yemáa se autodisolvería en prueba de disidencia con los Acuerdos de Madrid y por considerar que en ambiente coactivo no podía seguir siendo el órgano representativo del pueblo saharaui.
Los Acuerdos Tripartitos de Madrid comprenden un documento principal y varios protocolos adicionales. El primero, titulado Declaración de principios entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sahara Occidental, pone fin a la presencia de España en el Sahara. Se alude al requisito internacional de Autodeterminación y para proceder a una descolonización se sustituye el referéndum por una consulta a la Yemáa. Se firmaron tres protocolos en forma de Actas, entre las tres partes interesadas, entre España y Marruecos y entre aquella y Mauritania, respectivamente. El protocolo bilateral entre España y Marruecos reconocía los derechos de pesca en las aguas del territorio para 800 barcos españoles durante 20 años, exentos los 5 primeros de todo canon. El futuro acuerdo de pesca en nada se parecería a estas condiciones. Con respecto a los bienes públicos, antes de fin de año se reunirían varios expertos para establecer su lista, así como la de que aquellos otros que fueran objeto de indemnización. Nunca hubo tal reunión ni se percibió indemnización alguna. Otros acuerdos de cooperación económica comprendían derechos de pesca en las aguas atlánticas de Marruecos para 600 barcos durante 15 años y 200 en las aguas del Mediterráneo con condiciones especiales. Se preveía el establecimiento de sociedades de investigación geológica en el Sahara y en Marruecos, teniendo el INI el 35 % de las acciones, así como una asistencia técnica para poner en producción el yacimiento de fosfatos de Mescala (Marruecos) y para una factoría siderúrgica en Nador. Absolutamente nada de lo previsto en los acuerdos se llevó a efecto, ni los prometedores acuerdos de pesca, ni la fijación e indemnización de bienes, ni el reconocimiento de inmuebles de España en el Sahara, ni la cooperación en Mescala, que finalmente llevó a cabo la URRSS, ni en Nador ni en parte alguna. Se puede decir que los firmantes de los Acuerdos de Madrid entregaron el territorio y sus habitantes sin compensación ni provecho alguno para la nación española. Otra cosa serían los beneficios personales, que es seguro que los hubo.
Sin embargo, era necesaria una cobertura jurídica de la abortada descolonización. El 25 de octubre, cuando la entrega ya estaba decidida, se había publicado en el Boletín de las Cortes un proyecto de Ley de descolonización, que se pasa a la comisión de Leyes Fundamentales, para tramitarlo con carácter de urgencia. No se solicita del Gobierno antecedentes, informaciones, ni dato complementario alguno. El 10 de noviembre se debate le proyecto en la comisión presidida por Fernández Cuesta. Se discute el título desprovincialización en lugar de descolonización. Dieciocho años después de que Carrero y Franco hubieran convertido al Sahara en provincia española, sus procuradores tenían que admitir que nunca había formado parte de la nación. Se impone la tesis defendida por Pío Cabanillas y otros de permitir hacer al Gobierno lo que crea más conveniente y el proyecto se aprueba.
El 18 de noviembre, cuando ya hace cuatro días que se han firmado los Acuerdos de Madrid, aún no hechos públicos, el proyecto pasa al Pleno de las Cortes, que nada sabe del tratado internacional. El ministro de la Presidencia, Carro, defiende el proyecto en nombre del Gobierno:
"Este proyecto de ley no supone cambio ni discontinuidad en la política española respecto al territorio; hoy por hoy, el Gobierno español no está vinculado por compromiso alguno respecto a la suerte del mismo y de su población. Esta ley, si fuese aprobada, representaría el primer paso eficaz en el camino de la descolonización; no se trata, en manera alguna, de buscar una legalización a ultranza de decisiones o acuerdos ya concluidos".
Ni siquiera los seis procuradores en Cortes de origen saharaui intervinieron en los debates y votación de la ley de descolonización. Parece ser que durante la sesión se les reunió en una sala de las Cortes donde varios miembros del Gobierno, el ministro del Ejército incluido, les seguían hablando de su cercana independencia con fuerzas militares propias organizadas por cuadros españoles.
Las Cortes aprueban la Ley de Descolonización del Sahara, que es firmada por el Jefe del Estado en funciones, el día 19 de noviembre, y publicada el día 20. Franco había muerto en esa madrugada y el país está más preocupado por la inmediata transmisión de poderes.
Oficialmente la presencia española finalizó en el Sahara el 26 de febrero de 1976. Desde ese día, España se desentendía de todo lo relacionado con el Sahara y sólo quedaba en Aaiún un pequeño grupo de comerciantes, los empleados españoles trabajando en Fos Bu Craa y media docena de funcionarios completados por los facultativos del hospital y la docena de maestros de la llamada Misión Cultural. …
En marzo de 1977, el ministro de Información de la República Árabe Saharaui Democrática declaraba en la prensa que el Frente Polisario disponía de una lista de 25 personalidades españolas - políticos y financieros que habían formado parte de los últimos gobiernos de Franco - que habrían recibido grandes cantidades de dinero para que el Gobierno favoreciera la entrega del Sahara a Marruecos.
Tomado de http://usuarios.multimania.es/amaps/historia_colonial.htm donde puede encontrarse una información más completa.
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Genaro Chic

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Re: La entrega del Sáhara a Marruecos

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Nov 20, 2010 12:37 pm

España, el Sahara Occidental y Marruecos
La tesis de que España tiene una responsabilidad directa con los saharauis y en la aplicación de la resolución de la ONU de celebrar un referéndum, sin ser del todo falsa, exagera bastante. Cuando el problema alcanzó su punto álgido, en 1975, hubo algo en lo que coincidían Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario, y era en la salida de España cuanto antes. Los polisarios, no debe olvidarse, atacaron, mataron y secuestraron a españoles, y actuaban como punta de lanza del régimen prosoviético de Argel. Usa no podía aceptar un Sahara pro argelino, que desestabilizaría y envolvería estratégicamente por tierra a Marruecos, único país pro occidental del norte de África en tiempos de fuerte expansión soviética por el continente. Por ello, ante la hostilidad general hacia España y la debilidad de esta, Washington sólo podía apoyar a Rabat.
La debilidad política de España fue entonces el factor clave. ¿Podía Madrid, en aquellas circunstancias, garantizar el referéndum? Sólo si se hallaba en posición fuerte. Es probable que un Franco en pleno vigor hubiera frustrado la amenaza marroquí y afirmado el compromiso internacional de la autodeterminación pero, justamente, estaba enfermo y a punto de entrar en la agonía. Además, la situación general del país parecía insegura, con un Rey sin excesivas simpatías en el propio régimen y al que la oposición amenazaba con un reinado muy corto. Desconocedores de la realidad social creada por el franquismo –que garantizaría una transición bastante segura y de la ley a la ley, contra peligrosas aventuras rupturistas–, la gran mayoría de los analistas fuera de España, y aun dentro, preveía la entrada del país en una crisis de incierta salida, quizá similar a la portuguesa. Y esta debilidad española pesaba en las expectativas y cálculos estratégicos de unos y de otros, desde luego en los de Usa, cuya prioridad consistía en impedir la desestabilización y la expansión pro soviética de la URSS en una zona tan sensible.
El problema se agravaba porque un referéndum daría casi con seguridad la victoria a un Polisario pro argelino, por tanto pro soviético. El franquismo había previsto una solución mucho mejor organizando el PUNS, un partido saharaui pro español que permitiese el control y explotación de los fosfatos y un territorio amigo como protección de las islas Canarias. Pero Rabat compró a varios jefes del PUNS y el plan naufragó, sin que hubiera tiempo para otra cosa, cuando, por la enfermedad y luego agonía del Caudillo, Madrid daba sensación de fragilidad a todo el mundo.
La influencia useña siempre tiene, desde luego, mucho peso, pero no debe creerse, con las habituales fantasías conspiranoicas, que su Gobierno es todopoderoso y que su CIA controla todos los movimientos políticos en la zona o en cualquier otra región del mundo. Washington sólo puede influir contando con las fuerzas reales de cada región del planeta, que la mayoría de las veces no puede controlar, o sólo muy a medias. De mantenerse una España políticamente fuerte, capaz de articular un mayoritario partido proespañol en el Sahara, Usa se inclinaría muy probablemente por esa solución –no le quedaría otro remedio–. Al no ser así, su interés a favor de Marruecos estaba claro.
El historiador Jesús Palacios acaba de publicar en El Mundo un brillante relato sobre la intervención de Kissinger y de Juan Carlos, y las maniobras y engaños implicados. El resultado, como él señala, fue humillante para España. Quizá la cosa habría podido ser más digna, pero siempre sobre la base de la retirada a favor de Marruecos. Todos querían expulsar a España, y allí se quedaron los poderes regionales, ellos solos, para "arreglar" el embrollo. Ya sabemos cómo lo solucionaron: mediante una guerra muy prolongada que costó a Marruecos ingentes sacrificios y arruinó a Mauritania.
El problema se relaciona con lo que representa para España nuestro vecino del sur, es decir, la única amenaza a nuestra integridad nacional. Y no sólo porque aspira a arrebatarnos Ceuta y Melilla, sino porque su Gran Estrategia parte del recuerdo de los imperios magrebíes de hace siglos, de los que se considera heredero, y que llegaron a ocupar gran parte de la Península Ibérica; sin contar la idea, muy extendida en el islam, de que Al Ándalus podría volver, si Alá lo quiere. La política española, aun buscando la concordia y la relación económica, debe tomar muy en cuenta estas realidades, junto con el hecho desagradable, pero imposible de evitar, de que nuestros aliados Usa y Francia lo son también del Marruecos alauita.
En cambio, vivimos bajo un Gobierno de demagogos baratos e ignorantes, sin idea de los intereses españoles. El PSOE, cuando simpatizaba con el Polisario –debido a su carácter izquierdista–, y creía poder explotarlo para socavar a la derecha, hacía discursos como este de Felipe González en Argelia: "No se trata ya de derechos de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final"; "Nuestro pueblo (español) también lucha contra ese Gobierno que dejó al pueblo saharaui en manos de Gobiernos reaccionarios"; "Nuestro partido está con vosotros hasta la victoria". Las solemnes promesas de los centenarios en honradez se multiplicaron cuando el PSOE no gobernaba. Cuando llegó al poder, el partido cambió de disco, y hoy tenemos a individuos como Felipe González, Moratinos o Rodríguez, a partir un piñón con el tirano de Marruecos que, repito, es nuestro único enemigo potencial. El desvergonzado cambio no refleja realismo político, sino algo bastante más turbio, en lo que probablemente tiene algo que ver el dinero de Rabat y posiblemente asuntos más oscuros. Ahora, los saharauis son masacrados ante la mirada cómplice de aquellos que se comprometían a acompañarles hasta la victoria final.
La posición internacional de España es, desde ese punto de vista, mucho más débil que en 1975. El peligro no está en Rabat, sino en Madrid.
Pío Moa

Genaro Chic

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