Obeliscos egicios en Roma. La economía de prestigio

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Obeliscos egicios en Roma. La economía de prestigio

Mensaje  Genaro Chic el Jue Nov 04, 2010 7:43 pm

Me pide Javier que introduzca en el foro el siguiente tema, con objeto de pedir sugerencias para su estudio:
Estimados amigos: últimamente estoy investigando acerca de un aspecto muy puntual de la antigua Roma, pero que encierra en sí mismo un importante contenido propagandístico del poder. Se trata de los obeliscos egipcios que ciertos emperadores romanos ordenaron trasladar hasta algunas de las principales ciudades del Imperio, pero sobre todo a Roma y, posteriormente, a Constantinopla.
A día de hoy los egiptólogos no se ponen de acuerdo a la hora de explicar qué significado tenían los obeliscos en la propia cultura egipcia. Coinciden, sin embargo, al exponer que son símbolos asociados a las deidades solares, pero esta interpretación es demasiado generalista como para aprehender su verdadero significado. Para algunos es la reminiscencia de la legendaria piedra Benben, primera tierra emergida en la cosmogonía egipcia, de aspecto cónico en la iconografía, y que por lo tanto fue la primera tierra que recibió los rayos de Ra; para otros, el obelisco es el recordatorio del faraón de su potencia viril, y por lo tanto una de las principales bases de su prestigio frente a los súbditos…
Diversos gobernantes romanos se interesaron vivamente en transportar estos pesados elementos arquitectónicos a Roma y, en menor medida, a Constantinopla, desde Augusto hasta Teodosio. El primero, en concreto, hizo llevar dos a la Urbe: uno fue colocado en el Campo de Marte, cerquita del Ara Pacis, y el otro en la spina del Circo Máximo. En la capital del Imperio llegaron a exhibirse medio centenar de ellos, entre grandes y pequeños, catorce de los cuales pueden aún ser contemplados.
Transportar un obelisco desde Egipto a Roma no resultaba una tarea fácil, y requería del concurso del ejército. El famoso Laterano (de época de Thutmosis III), que hoy se encuentra frente a la basílica de San Juan de Letrán, pesa 500 toneladas. Constantino lo destinaba para el adorno de su nueva capital, dentro de su política de expolio de templos paganos, pero no llegó a su destino debido a la muerte del emperador. Su hijo Constancio II lo derivaría más tarde hacia Roma…
Es evidente, o al menos así lo pienso, que el propósito de tales empresas excedía el mero objetivo estético, y perseguía transmitir un mensaje propagandístico que poco o nada se relacionaba con el significado que el obelisco para los antiguos egipcios, salvo con su simbología fálica, que es una manifestación universal del ser humano. Cada emperador tendría sus propias motivaciones al respecto, por supuesto, queriendo con ello subrayar un aspecto de su imagen pública. Augusto, conquistador de Egipto, necesariamente quería hacer propaganda de su victoria. Pero también hay que tener en cuenta el lugar de origen de tales monumentos: Egipto, granero de Roma y confín del mundo en los mapas de la época.
En fin, así, a bote pronto, planteo esta tormenta de ideas, a ver si podemos construir un debate interesante al hilo del argumento que da esencia a este foro: el prestigio y el mercado.
Saludos.
Javier.

Genaro Chic

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