Los orígenes biológicos del capitalismo

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Los orígenes biológicos del capitalismo

Mensaje  Genaro Chic el Miér Jul 21, 2010 10:46 am





La religión nació, poco a poco, como una forma cultural para dar cauce, dentro de un sistema de poder, a las aspiraciones anárquicas del ser humano como parte de la naturaleza a la que se entendía que pertenecía y frente a las aspiraciones de quienes entendía que es la naturaleza la que debe pertenecer al hombre. La cópula como forma de entrada en la vida y la muerte como forma de salida de la misma tendieron a ser reguladas de una forma progresivamente racional en vez de ser dejadas a los puros instintos animales reproductivos y conservadores. De esta manera primero se instituyeron las fiestas orgiásticas -para ir regulando el uso indiscriminado del sexo- y los sacrificios -para regular el deseo instintivo de matar- y luego, conforme fue pasando el tiempo, fueron siendo suavizadas hasta que se hicieron desparecer del todo de la celebración pública.

Era crear un puente entre lo natural-divino y lo natural-humano, de ahí que no nos extrañe que en algunos casos al jefe de la religión se le haya denominado pontífice, el hacedor de puentes.

La primera forma intelectual de transmisión, en un mundo dominado por la oralidad, fueron los mitos, en los cuales la razón está bastante diluida. La indefinición, propia de la inteligencia emocional, dominó durante mucho tiempo sobre la precisión de una razón que al mismo tiempo se muestra capaz de llegar a lo ilimitado. Pero poco a poco el hombre se fue haciendo más consciente de su poder usando la razón y al final terminó proclamando el triunfo de las Luces, luego de la Revolución Copernicana del siglo XVII.

Llevado esto al campo de la economía, significó que la abstracción del concepto de dinero, al carecer de límites y favorecer así un crecimiento infinito, sustituyó a la moneda concreta (http://prestigiovsmercado.foroes.org/economia-de-prestigio-y-economia-de-mercado-f1/la-abstraccion-y-el-dinero-t27.htm ). Y la deuda, que siempre fue el motor de la economía de prestigio, dejó las características cualitativas de lo emocional para convertirse en dominantemente cuantitativa en la economía de mercado.

La nueva forma de religión supuso el triunfo pleno del pensamiento represor que teóricamente se dejaba atrás: los sentimientos universalistas de amor/odio se vieron sustituidos por los individualistas de codicia/egoísmo más o menos regulados por convenio de intereses.

Nada había cambiado en el fondo, aunque sí en las formas. La explotación del prójimo, antes significada por el esclavismo, fue dejada de lado conforme la nueva religión fue metiendo en las conciencias la idea virtuosa (o sea algo fastidioso, pero positivo) del trabajo, antes denostada como propia de seres inferiores. Las formas de dependencia esclavistas pudieron ser así dejadas atrás para ser sustituidas por otras más cómodas y rentables: las del asalariado individualizado. Fue el gran invento de la religión capitalista, sin duda. Hubo intentos de moderar esta tendencia, como por ejemplo, el marxismo. Pero al estar éste construido sobre las mismas bases intelectuales ilustradas, fue incapaz de refrenar por mucho tiempo el deseo natural de la codicia ilimitada.

Hay un antiguo vals del compositor argentino Ángel Condecuri (1912-1996) al que puso letra Rodolfo Scianmarella que canta de forma abierta el tema de la codicia humana, origen biológico del capitalismo:



Todos queremos más
todos queremos más
todos queremos más
y más y más y mucho más.

El pobre quiere más
el rico mucho más
y nadie con su suerte
se quiere conformar.

El que tiene un peso
quiere tener dos,
el que tiene cinco
quiere tener diez,
el que tiene veinte
busca los cuarenta,
y el de los cincuenta
quiere tener cien.

La vida es interés
el mundo es ambición
pero no hay que olvidarse
que uno tiene [un] corazón.

Puedes escuchar la versión más famosa, la de Alberto Castillo, en http://www.youtube.com/watch?v=oFfDm5pWrCk






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El origen del capitalismo infinito de hoy‏

Mensaje  Genaro Chic el Miér Jul 25, 2012 8:20 pm

Comencemos recordando que, antes del siglo XVII, ni la economía había tomado cuerpo como la rama del conocimiento específica que hoy es, ni lo económico se consideraba un dominio sujeto a leyes propias e independientes de la religión y la moral, como actualmente ocurre. La aparición del aparato conceptual y de los presupuestos que facilitaron este cambio aparece envuelta en el desplazamiento general de las ideas que posibilitó el advenimiento del capitalismo y de la sociedad industrial. En mi libro antes citado* repasé con cierto detalle este desplazamiento de ideas, destinando sendos apartados al proceso de «sacralización de la ciencia» (analizando cómo la renovada fe en los logros de esta última vino a sustituir a la antes depositada en las creencias religiosas); a la nueva «ley del progreso» indefinido que se suponía guiaba los destinos de la humanidad (frente a la antigua creencia en las evoluciones regresivas más o menos apocalípticas); a la extensión del «dogma mecanicista» (que suplantó a la antigua visión organicista del mundo)... y al nuevo «antropocentrismo», en el que nos detendremos por su particular incidencia en el tema de la tierra, que ahora nos ocupa. Pues en este proceso de desmantelamiento y sustitución de las viejas concepciones [míticas] del mundo por otras desacralizadas [lógicas], ocupó un lugar importante el triunfo de los planteamientos de Copérnico [1473-1543] y el consiguiente derribo del antropocentrismo de origen religioso que se apoyaba en la visión cósmica de Ptolomeo [90-168].

Cuando se aceptó que la Tierra no era más que un pequeño planeta situado en uno de los innumerables mundos solares, el hombre quedó desplazado de la posición central en el universo que le confería el antiguo orden de ideas [ya no podía creer que estaba en el centro del Universo]. La imagen desacralizada de ese nuevo universo infinito, regido por la mecánica, resultaba mucho más sobrecogedora e inhóspita que la del viejo universo de las esferas, a la vez que el antiguo «rey de la creación» veía relegada su condición a la de un accidente cósmico sin importancia. En otra ocasión hice referencia al amable relato de Micromegas [1752], en el que Voltaire [1694-1776] recoge con humor [unos extraterrestres para en la Tierra con su nave y observan a los animalillos humanos que hay en ella] la sensación de insignificancia del ser humano y de su propia morada planetaria que generó la nueva cosmología de Copérnico, Galileo [1564-1642] y Kepler [1571-1630]. Ahora, por no repetirnos, podremos citar la misma sensación expresada por Pascal [1623-1662] en sus Pensamientos [1670], cuando habla de los espacios inhumanos y silenciosos del universo que le empujaron a investigar sobre el vacío: «veo -dice Pascal- esos horribles espacios del universo que me circundan y me encuentro atado a un rincón de esta vasta extensión sin saber por qué estoy aquí, en este lugar, en vez de en cualquier otro [...] no veo más que infinitudes por todas partes que me rodean como un átomo y como una sombra, que no dura más que un instante sin retorno». [No es casualidad que Newton (1642-1727) y Leibniz (1646-1716) recurrieran a los números infinitesimales].

La sensación de desamparo que originó la nueva cosmología no se saldó con el empeño de utilizar la naciente ciencia experimental para racionalizar [de forma racional, no racionalista que confunde la realidad con el método racional que la analiza] las relaciones del hombre con su pequeño planeta, articulando su economía en una simbiosis estable con el medio. Antes al contrario, esa sensación indujo a cerrar los ojos a las limitaciones de ese entorno [el dinero irá pasando a ser infinito, aunque la riqueza sea finita], a la vez que alimentó una fe desmedida en los logros de la ciencia como fuente continua de progreso, para restaurar el antropocentrismo sobre estas bases. Ya no importaba la pequeñez de la tierra y del hombre en ese universo infinito: con las poderosas armas derivadas de la razón -la ciencia, la técnica y el trabajo- el hombre podría constituir su entorno a voluntad e incluso someter el universo a su servicio.

NOTA*: La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Madrid, Ed. Siglo XXI, 1987.

Fragmento tomado de J.M. Naredo: "El oscurantismo territorial de las especialidades científicas", en J.A. González Alcantud y M. González de Molina (Eds.), La tierra. Mitos, ritos y realidades. Granada, 1992, pp. 111-112. El texto entre corchetes es mío.

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Vivimos por encima de nuestras posibilidades y no podemos pedir rescate a nadie

Mensaje  Genaro Chic el Lun Sep 03, 2012 2:00 pm


Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de agotar los recursos naturales y impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.

Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas que realizé la película HOME.

Para que esta película sea difundida lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita. Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial.

Me gustaría que esta película se convierta en vuestra pelicula. Compártela. Y actúa.

http://www.youtube.com/watch?v=SWRHxh6XepM&feature=youtu.be

Firmado:
Yann Arthus-Bertrand, director de la película, con apoyo internacional (más de 7'5 millones de visitas registradas)


NOTA MÍA:

Personalmente no creo que hagamos nada, porque la gente no quiere escuchar estas cosas desagradables, por mucha presentación científica que tenga, cuando hay otros que te ofrecen el gozo sin fin de una sociedad de consumo. Como mucho nos preocupamos por la prima de riesgo. Ni siquiera creo que muchos se tomen tiempo para ver esta -pese a todo- hermosa película. El capitalismo tiene su origen evidente en el ya comentado afán de codicia infinita del hombre, y su gusto continuo -muy natural por cierto- por el placer. Predicar lo contrario es tarea inútil a medio plazo. ¿Crees que si Jesucristo, en las bodas de Caná, hubiese convertido el vino en agua como primer milagro hubiese tenido mucho futuro? ¿Están, por ejemplo, contentos los cubanos con su estrecho nivel de consumo pese a que éste es alabado como ejemplo de lo que habría que hacer para que la humanidad pudiese sobrevivir a medio plazo? Lasciate ogni speranza.

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