Mercados o democracia

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Mercados o democracia

Mensaje  Genaro Chic el Dom Jun 13, 2010 2:17 pm

Mercados o democracia
La disyuntiva no tendría justificación si por mercados entendiéramos todos los que integran la economía de un país, desde el de la vivienda o los automóviles hasta el de las patatas o el vino; porque no hay democracia sin todos estos mercados reales que crean riqueza y empleo.
Pero hoy sabemos que cuando nos hablan de los mercados para justificar recortes salariales o sociales, nos están hablando de las Bolsas y de la banca financiera, de los llamados inversores, a los cuales tienen que acudir los gobiernos para obtener los préstamos necesarios para cubrir el déficit de ingresos públicos provocado por las ayudas a esos bancos y a una economía destrozada por la crisis de esos mismos mercados.
Y lo más curioso es que muchos inversores, si a finales de 2009 hubieran escrito una carta a los Reyes Magos, les habrían pedido beneficios crecientes y tipos de interés muy bajos; justo unos deseos que han sido colmados, como afirma The Economist en su último número. A lo que podríamos añadir que los bancos han logrado igualmente un tercer deseo: gobernar de facto a los países y sin riesgo político, obligando a los gobiernos europeos a ejecutar recortes del gasto público muy alejados de los programas por los que fueron elegidos en las urnas.
Porque nos encontramos con que los rescatadores son rehenes de los rescatados. Los gobiernos europeos rescataron a la banca y a los mercados con el dinero de los contribuyentes, y se están sometiendo a los dictados de esos mercados. A eso los expertos de guardia le llaman “el problema de los bonos soberanos”, la incertidumbre sobre la rentabilidad de los préstamos a los gobiernos del Eurogrupo que ha creado una crisis del euro. Un asunto elevado al nivel de riesgo sistémico para Wall Street y para Washington, que lo equipara al actual riesgo geopolítico (que Corea del Norte la líe con la del Sur).
Pero la realidad que se oculta es que, si los inversores internacionales presionan al Eurogrupo, es porque los impagos de Grecia o de otro país miembro podrían provocar una crisis grave de la banca europea, que es la mayor acreedora (Financial Times, 27-05-2010). Por otra parte, el endeudamiento exterior de país engloba el sobreendeudamiento del sector privado, de bancos y grupos empresariales con el exterior, como es el caso de España. Porque, conforme al acuerdo político del Consejo europeo de octubre 2008, para salir de la crisis bancaria originada fuera de Europa, los gobiernos del euro decidieron no solamente rescatar bancos para evitar su quiebra, sino avalar su endeudamiento, algo que les trajo buenos negocios. Y ahora los bonos gubernamentales y los bonos y empréstitos privados del exterior, que están garantizados por los gobiernos, cuentan para el llamado “riesgo-país”, que evalúan las resucitadas tres agencias privadas de calificación de riesgos crediticios.
Y al mismo tiempo los inversores siguen apostando por la falta de liderazgo y de voluntad política comunitaria, que se ha puesto de relieve con la demora para comprometer los préstamos bilaterales que ayuden a Grecia. Una clara muestra de la desunión e insolidaridad del Eurogrupo, además de su desnudez al carecer de supervisión bancaria comunitaria para operaciones transnacionales (el Banco de España solo tiene competencia hasta las fronteras) y, sobre todo, de un gobierno que controle las economías, recurriendo en cada momento a los acuerdos políticos intergubernamentales. Para colmo, la mayor paradoja es que el fondo acordado de 750.000 millones es sólo un mecanismo común para defender la estabilidad del euro, pero obteniendo el dinero de los propios mercados. Y el que paga, manda.
Por tanto, los interrogantes abiertos son serios y graves. ¿Puede sobrevivir un Eurogrupo basado en la plena libertad de las operaciones extracomunitarias del capital sin fiscalidad compartida y sin gobierno controlado democráticamente? ¿Puede el euro apoyarse únicamente en un simple pacto que limita el déficit público al 3% y el endeudamiento al 60% del PIB? ¿Puede seguir siendo el Eurogrupo una mera zona monetaria por más tiempo?
Porque frente a la crisis financiera llegada del exterior, antes y después del fracasado Tratado de Lisboa, tanto la UE como el Eurogrupo han carecido de un proyecto para corregir la competencia fiscal y la desregulación bancaria y financiera a nivel comunitario, donde nadie controla las transacciones extracomunitarias de los bancos. Y en el plano mundial, la pretendida regulación financiera ha fracasado hasta el momento. El martes 25 mayo en Madrid, el director de mercados financieros del Fondo Monetario Internacional, el español José Viñals, anunció que para la cumbre del G-20 de junio en Canadá no se esperan acuerdos, pero que en el club de Basilea –el auténtico gobierno mundial de la banca– estaba todo muy avanzado para que se formalicen algunos acuerdos en la reunión de noviembre en Corea del Sur, que no cambiarán un ápice el paradigma neoliberal en vigor.
Por todo ello se comprende que, sin advertir a sus socios europeos, el martes 18 mayo Alemania adoptara la decisión unilateral de atacar la especulación financiera, un hecho significativo que alumbra la esperanza de decisiones que saquen a la UE del atolladero en que se encuentra. Frente a la crítica por ignorar los informes de los grandes bancos, el ministro de Hacienda alemán, Schaüble, respondía que “si se quiere desecar una ciénaga, no se les pide a las ranas la opinión objetiva”. Y ese es el camino para superar la crisis actual; porque el dilema político al que se enfrentan los gobernantes en la Europa de hoy es mercados o democracia.
Juan Hdez. Vigueras – Consejo Científico de ATTAC España
Artículo publicado en Público. 4 Junio 2010 | Categorías: Mercados Financieros |

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Casi una III Guerra Mundial, esta vez financiera

Mensaje  Aarón el Jue Jun 17, 2010 3:22 pm

Para Ullrich Beck (que curiosamente es consciente, como desveló en una entrevista, de ser un sociólogo un tanto de salón de casa y no conocer bien lo que pasa fuera de su realidad) el problema se planteó al pasar de la Primera Modernidad, empeñada en los valores del pleno empleo y la diferenciación entre lo social y lo natural, y la Segunda Modernidad. Según él, esto se produjo de un modo no político, "fuera del Parlamento, del gobierno y de la vida pública" (Libertad o democracia). En cierta medida, esto tiene que ver con la cuestión de la globalización comercial y de los mercados que comenzó mucho antes de lo que a veces se estima y que para algunos, como Gellner, ha fracasado estrepitósamente ya en los 90, anunciando incluso el final de ese modelo globalizador. El siguiente estadio sería una dictadura neoliberal del mercado mundial que, sobre todo en el Tercer mundo, liquida los ya casi inexistentes fundamentos del autodesarrollo democrático. En el mundo desarrollado, la técnica empleada sería desde luego la imposición de un capitalismo virtual donde el consumo se vuelve abstracto (hay multitud de bienes de consumo no materiales, cualitativos como el ocio o el bienestar, que son costeados como cabe esperar cuantitativamente) y la ausencia de moneda real, incluso en billetes o tarjetas, es un hecho asumido.
Beck también plantea que para que la sociedad no sea vencida por el mercado la salida puede resultar el relanzamiento de lo nacional frente a lo global, proponiendo el caso del Imperio Romano donde había naciones sin mercado ni Estado-nación, o también el de EEUU donde la única obligación nacional es la obediencia a los valores y símbolos del Estado, por mucho que intenten aplicar un concepto perverso de nación. Por ello, Europa es un problema, ya que pretende ser un supraestado sin nación propio de la Segunda Modernidad pero en cuanto surgen los problemas aparece de nuevo el estado-nación en términos decimonónicos. Así, cuando surge una crisis como la actual se encuentran una sociedad descreída ante la falta de líderes capaces de llevar, dentro de los cauces de la democracia, un combate eficaz a los llamados "mercados", que utilizan como arma eficaz el poder de retirada de la economía. Esto es, lo que han hecho los sistemas financieros al retirar sus créditos y desestabilizar el sistema político lo suficiente para volver luego a re-apropiarse de los resortes del Estado. De ahí que se haya pasado de una globalización a una transnacionalización.
La aplicación de una deslegitimación de la política en estos años se ha apoyado, además, en la progresiva desaparición de lo que antes constituía la "clase obrera", gracias al aumento artificial del poder adquisitivo en función de sueldos que se inflaban no por la productividad individual del puesto en relación al sector económico sino por la productividad general del sector respecto al conjunto de la economía parcial o total. Así, si antes era necesario estudiar, cualificarse, para obtener un puesto bien renumerado, ahora se opta por un modelo de capitalismo paternalista (no es nuevo, es un modelo de economía de mercado con sistema de prestigio, en lugar del modelo de economía de mercado con sistema de mercado, desarrollando lo expuesto por Lindblom, El sistema de mercado) que permite que se obtengan beneficios en función de los que obtenga aquél de quien dependas. Esto nos lleva a un estado más cercano al estado corporativista que al democrático. De esta forma, la masa obrera se diluye al constituirse esta vez por clases más intelectuales, al ser estos quienes poseen menos poder adquisitivo. El problema es que sus posibles reivindicaciones son canalizadas, por no decir compradas, por demagogos o "iluminados" con escasa preparación.
Por último, el paso definitivo para dilapidar el Estado del Bienestar creado en Europa, es que los gobiernos asuman que toda la culpa de la crisis económica es suya. De esta forma las entidades financieras de inversión, banca, bolsa, etc., consiguen que los costes sociales y político-institucionales recaigan sobre las ideologías, y no sobre esas mismas entidades. Se dejará de votar a uno u otro partido, la gente dejará de votar o no, pero consiguen que no dejen de creer en el banco, el préstamo, el interés y el botín. Con y sin mayúscula.
PS: no obstante, como señala Enrique Gil Calvo en El País, "El otro factor es la discriminación crediticia pura y dura. La primera oración cristiana es el perdón de las deudas, pero solo se aplica de forma perversa, tal como reza la parábola de San Mateo: “A quien tiene más, se le dará. Y a quien no tiene, todo le será quitado”. Pues bien, con la crisis de la deuda sucede igual: a ciertos deudores privilegiados (los protestantes anglo-germanos) se les rescatan sus deudas a muy bajo tipo de interés, mientras que a los estigmatizados (por católicos y latinomediterráneos) se les exige refinanciarlas a tipo de interés usurario. Es lo que ocurre con los títulos de deuda pública, a los que se discrimina no por sus indicadores cuantitativos, sino por prejuicios descalificadores tan falaces como injustos, castigando al bono español en comparación al holandés o británico (según denunció en estas páginas Xavier Vidal-Folch): todo por ser un PIG en lugar de un WASP. Lo cual determina que en la zona euro estén resucitando las viejas monedas nacionales, ahora travestidas como títulos de cada tesoro estatal. Ahora bien, esta discriminación crediticia también está operada por la definición mediática de la realidad, pues son los medios informativos anglosajones, y no las agencias de calificación de riesgo, los que fabrican con sus juicios performativos estas percepciones estigmatizadoras del riesgo-país. Es de nuevo el efecto manada-mediática,pues si lo afirma el Financial Times, todos los demás medios lo reproducirán y amplificarán, incluidos los PIGS."

Aarón
Invitado


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