De los relatos genealógicos a la historia

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De los relatos genealógicos a la historia

Mensaje  Genaro Chic el Jue Nov 23, 2017 10:23 am

De los relatos genealógicos a la historia

          Es sabido que, antes de que la razón empezara a manifestarse con fuerza en el conocimiento del pasado, todos los pueblos han utilizado el sistema de rememoración genealógica que tiende a resaltar lo que es sustancial para la vida de una comunidad, o sea lo que es cualitativamente digno de ser recordado, para ir relegando al olvido paulatinamente aquella otra parte del ayer que va dejando de ser trascendente. Como señalan J. Goody [1919-2015] e I. Watt [1917-1999], [en "Las consecuencias de la cultura escrita", Cultura escrita en sociedades tradicionales.] "el funcionamiento social de la memoria -y del olvido- puede verse, en consecuencia, como la etapa final de lo que podría denominarse la organización homeostática de la tradición cultural en una sociedad ágrafa". En este tipo de sociedades la verdad no se contrapone a la mentira, de una forma radical, sino que se va diluyendo en el olvido.

          El descubrimiento por los griegos, de una forma no conscientemente buscada (J. Gelb [1907-1985]), de un sistema de representación gráfica de la voz (de la oralidad) fonéticamente puro, lo trastocaría luego todo.

           En la misma línea de descubrimientos, los que estudiaron esa materia hoy considerada "inservible" en nuestros planes educativos, como es la antigua lengua griega, pueden saber que la palabra historía no nació para aplicarse al conocimiento del pasado en general, sino que tiene un sentido más general de "indagación", "investigación" (sensible sobre todo en el marco judicial), y que se encuentra bastante más ligada a la forma lógica o racional del pensamiento que a la mítica. No es una casualidad, por tanto, como antes apuntaba, que los pueblos que estructuraron (o estructuran) su sociedad en base a la revelación de la Verdad, y en los que el poder político se entiende como emanación divina, no tengan Historia, pues al pasado -tan importante para ellos como para nosotros- no se le investiga nada, sino que simplemente se acepta tal como la tradición lo transmite y la autoridad lo sostiene.

           En nuestra tradición, en cambio, la verdad histórica no pasa de ser una convención social sujeta a continua revisión a medida que avanza la investigación. Pero, de momento, ni goza de las ventajas de disponer de un lenguaje universal, como pudiera ser el matemático, ni parece haber el más mínimo interés en desligarla de la moral, de las consideraciones cualitativas del pasado, para reducirla a un estudio simple de las causas del comportamiento social del ser humano a lo largo del tiempo y en unas condiciones ambientales dadas, sujetas igualmente al escrutinio de la razón. A la vista está que seguimos discutiendo sobre la mayor o menor validez de una u otra forma de pensamiento humano -la mítica y la lógica- sin querer admitir que ambas puedan ser perfectamente válidas e inseparables entre sí; aunque se imponga la evidencia de ello en cualquier rama del saber.

           En otro tiempo, antes de que, como señalaba H.G. Gadamer [1900-2002], con la fundamentación moderna de las ciencias matemáticas de la naturaleza se implantase un curso evolutivo que ya no dejó ningún lugar para la tarea formativa de la retórica, el estudio de las transformaciones conjuntas de la materia y de la energía, lo que hoy llamamos Química, se encontraba fundamentalmente dirigido con una orientación moral. Lo que al alquimista le importaba no era la obtención del oro (por sí mismo bastante inútil en la Antigüedad), considerado el mineral perfecto y por tanto ya inmutable, sino la perfección en sí, la inalterabilidad, la posibilidad de escapar del cambio y de la muerte. Luego esa orientación moral, cualitativa, se perdió y el conocimiento se volvió científico a la manera como hoy lo entendemos.

           A la Historia (que mira al pasado, lo mismo que la Astronomía) le puede pasar lo mismo.
Cuando eso ocurra, si es que ocurre, su enseñanza no planteará mayores problemas ni se pondrá en duda su utilidad. Pues la moral se encontrará entonces también en su caso en la aplicación del conocimiento y no en el conocimiento mismo.

G. CHIC, en el "Prólogo" al libro de Francisco José García Fernández, Los turdetanos en la Historia: Análisis de los testimonios grecolatinos, Écija, 2003.

Genaro Chic

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