El origen del Estado: la institucionalización del poder masculino

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El origen del Estado: la institucionalización del poder masculino

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Oct 08, 2016 2:02 pm

LAS SOCIEDADES GUERRERAS BASE DEL ESTADO POLÍTICO EN GRECIA



                  «La guerra (Pólemos) es el padre y el rey de todas las cosas»
                                                      (Heráclito. Diels, FVS, 2213, fr. 53)


           En principio debemos situarnos en un mundo dominado por las fratrías o hermandades de guerreros (personas que han optado por la guerra como medio de vida), formadas al margen de las estructuras familiares para fines muy concretos. Como señala Detienne, en el plano de las estructuras sociales como en el de las estructuras mentales, el grupo de guerreros ocupa un lugar central y excepcional. Por una parte, no cubre al grupo familiar sino al grupo territorial: los guerreros están repartidos en clases por edad y agrupados en hermandades, con independencia de la familia a la que pertenezcan (normalmente, en sociedades poco numerosas, el número de jóvenes de cada clan que quieran ser guerreros es limitado, por lo que se suelen reunir de varios clanes e incluso de varias tribus).

         Es la relación con un territorio y no la dependencia de un vientre lo fundamental; como entre nosotros, que votamos por distritos y no por familias. Quedan vinculados entre sí mediante relaciones contractuales (contrato social), no por vínculos de sangre o parentela. Por tanto el principio de equidad, de igualdad, domina sobre el de jerarquía u orden sagrado propio de las estructuras familiares. Por otra parte, el grupo de los guerreros se singulariza por sus comportamientos y técnicas de educación. Los guerreros sufren unas pruebas iniciáticas que aseguran su cualificación profesional, consagran su promoción social y definen su vocación a la muerte (entre tales ritos iniciáticos hallamos la pederastia griega: los muchachos aprendían las virtudes que deberían hacer de ellos adultos durante el período iniciático de segregación, viviendo en compañía de un hombre, al mismo tiempo educador y amante: el espíritu del valiente se insufla analmente en el joven iniciado (NOTA [1]). Este estatuto particular del grupo de los guerreros se define por igual en determinadas prácticas institucionales: juegos funerarios, reparto del botín, asambleas deliberativas que, en su totalidad, dibujan una especie de campo ideológico, específico en este grupo social. La opinión (doxa) de todos los guerreros es válida en principio [democracia] y sólo se impondrá la de aquel o aquellos que dominen el arte de la palabra persuasiva (oratoria) y sepan arrastrar tras de sí a los demás con su generosidad en el banquete y el ejemplo de su valor.

           Predomina, pues, en este tipo de sociedad una ética competitiva: la valía (areté en griego, virtus en latín) de un hombre se mide por el honor (timé, honos) que otros le rinden por su sabiduría y valor y que se materializa en la parte especial del botín que aquél recibe (apreciándose sobre todo la mujer capturada). La pérdida del honor se siente como vergüenza que se refleja en pérdida de la tierra asignada por honor (témenos). No existe sentimiento de culpa -lo cual supondría interiorización del concepto- ya que en el pensamiento mítico se depende de la voluntad divina para cualquier acción. A causa de esto, los banquetes (symposia) y los entrenamientos entre amigos varones (hetairoi) eran una actividad esencial para el hombre de influencia; para esta función de adquirir rango se destinaban los sobrantes de la producción del oikos u hogar doméstico. De esta manera el basileus o jefe se aseguraba el apoyo de sus compañeros o hetairoi, a los que ganaba con su generosidad, porque las actividades bélicas y de piratería terrestre o marítima (de carácter honroso) requerían la habilidad de obtener el apoyo de personas que no pertenecieran al mismo genos o clan. El hecho de tener una especial inclinación hacia el combate podía convertir a un hombre normal del pueblo (denominado por el término genérico de los agathoi, "los buenos", los miembros de pleno derecho de la comunidad, frente a los kakoi, "los malos", o grupos subordinados) en parte del grupo de los aristoi, "los mejores" (o sea, los que tienen más areté, los que son más) [NOTA [2]], integrado en principio teórico sólo por los ancianos dirigentes de las tribus.


             Por sus acciones el guerrero puede ir adquiriendo honor (timé) hasta convertirse en héros (jefe u héroe), alcanzando así una especial comunicación con los dioses, que son los portadores del verdadero "ser", compartido de algún modo por estos hombres elegidos, a los que los poemas denominan diogenés ("hijos de Dios"). Es por ello por lo que se estima que estos elegidos son los depositarios del conocimiento de la voluntad divina (themis griega, fas latina), y poseen el don de la palabra, lo que les permite actuar como árbitros en los conflictos y lo que les faculta de forma especial para celebrar los sacrificios a los dioses en nombre de la colectividad. Son ellos los que aportan las víctimas sacrificiales (la generosidad es la tercera virtud de un héroe, junto con el valor y la oratoria), que consumen todos durante la fiesta en auténticas barbacoas, y que obtienen gracias al botín o bien gracias a la parcela especial (témenos) que se concede al jefe de un grupo para sostener éstas y otras actividades de interés general.

         Es así como gracias a los objetos que los aristoi [mejores] obtienen de la piratería, y del comercio de intercambio (prexis) más tarde, o bien gracias a los agálmata o bienes de prestigio, irán diferenciándose del resto de la comunidad, con lo que la sociedad se irá jerarquizando cada vez de forma más evidente a medida que los hijos de los jefes vayan heredando funcionalmente la posición de sus padres, lo que es una tendencia normal si el guerrero logra sobrevivir algún tiempo a su azarosa vida de hazañas. De este modo esta aristocracia irá consolidando en la mente de sus contemporáneos su posición de privilegio hasta llegar a hacerla hereditaria, convirtiéndose en una nobleza propiamente dicha: de una situación de hecho se pasa a una de derecho, y se termina considerando que los jefes lo son no por sus cualidades personales, sino por ser hijos de otros jefes.

          El aumento de la riqueza, que exige una mayor función distribuidora del jefe, y la propaganda realizada por los aedos o cantores inspirados a su servicio [origen de los futuros historiadores], que exaltan las hazañas de sus familias, consolidarán ideológicamente la posición de privilegio de los nobles. Pero será el control continuado generacionalmente de la tierra (témenos), que fija socialmente mediante la propiedad inmueble, el que tienda a convertir la aristocracia en nobleza cerrada, instaurando en la práctica una auténtica propiedad privada de la tierra que antes era simplemente cedida por la comunidad para sufragar los gastos comunitarios. La desigualdad social se traslada así del campo del ser al del tener. De hecho, los basileis [jefes] de la primitiva Grecia homérica son ya un grupo de nobles de estirpe, que heredan su título, y de quienes los aedos son los encargados de transmitir su moral y sus hazañas como dignas de recuerdo genealógico (en una sociedad donde se entiende como "verdad" sólo lo que tiene mucho ser, lo que es importante para todos, "lo que no se olvida" (alétheia en griego). No es difícil adivinar cómo los jefes guerreros (héroes) fueron tomando cada vez más importancia en los Consejos de Ancianos -constituidos así en Consejos de Notables- y cómo los clanes a los que pertenecían se fueron convirtiendo en preponderantes: la fusión de la nobleza gentilicia y la nobleza guerrera es un hecho en Homero.

           De hecho, los poemas homérico nos hablan de una sociedad gentilicia -dividida en familias, agrupadas en clanes y éstos en tribus- en la que naturalmente predominan las relaciones de parentesco [de base femenina], que irán siendo sustituidas lentamente por las de territorialidad conforme veamos afirmarse el concepto de polis, o sea de organización de guerra (pólemos), controlada por las fratrías ["hermandades"] o asociaciones de guerreros (de ahí el carácter masculino dominante de la organización política). Cada uno de esos nobles homéricos se encuentra a la cabeza de un grupo: el oikos (casa o patrimonio familiar) que se encuentra inserto en el marco de un genos o clan, marco fundamental de su sistema de relaciones económicas y familiares.

             La familia homérica es un grupo no demasiado extenso. En esencia, comprende al jefe de la casa, a su mujer e hijos adultos con sus mujeres y niños, junto con otros miembros de la familia inmediata. A la muerte del jefe, la propiedad se divide en partes iguales entre sus hijos, que entonces establecen sus casas por separado. La naturaleza patriarcal de la familia está demostrada no sólo por las normas de la herencia. Los matrimonios son concertados (las muchachas suelen ser muy jóvenes) por los cabezas de los gene [clanes], normalmente como un medio de establecer alianzas que dan consistencia al grupo, pues éste en todo momento predomina sobre los intereses individuales. Ello es lo que explica en buena medida que se tratara de una sociedad exogámica, característica de una estructura tribal (hay necesidad de forjar alianzas con otros grupos de parentesco) en la que eran muy importantes las relaciones de hospitalidad (xenía), que comportaban el intercambio de regalos entre los jefes.

G. CHIC GARCÍA, El Mediterráneo arcaico. Apuntes para la comprensión de una época, Sevilla, 2003, pp. 46-51.

 NOTAS

    [1]  Existía la creencia, todavía mantenida por Aristóteles, de que el esperma contenía en pequeñas burbujas el "aire vital", que prendería en el cuerpo de las mujeres como en una maceta, con lo cual se intentaba sustentar ideológicamente la idea de que era el hombre el elemento fundamental en la reproducción y por tanto de la estructuración de las sociedades humanas, en las que la pertenencia a determinado vientre había sido tradicionalmente el elemento inconfundible de afinidad. En este sentido los latinos considerarían al hombre como el único poseedor de Genius o elemento genésico.

   [2] Este modo de hablar está bastante generalizado entre las sociedades humanas, como señala C. Lévi-Strauss, Raza y cultura, Madrid, 1993, p. 49: "La humanidad cesa en la frontera de la tribu, del grupo lingüístico, a veces hasta del pueblo, y hasta tal punto, que se designan con nombres que significan los «hombres» a un gran número de poblaciones dichas primitivas (o a veces -nosotros diríamos con más discreción- los «buenos», los «excelentes», los «completos»), implicando así que las otras tribus, grupos o pueblos no participan de las virtudes -o hasta de la naturaleza- humanas, sino que están a lo sumo compuestas de «maldad», de «mezquindad», que son «monos de tierra» o «huevos de piojo». A menudo se llega a privar al extranjero de ese último grado de realidad, convirtiéndolo en un «fantasma» o en una «aparición»". Esto es propio de cualquier mentalidad sustantivista, que valora más lo cualitativo que lo cuantitativo, como fundamentalmente son las que aquí estudiamos.

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Los orígenes masculinos de la democracia política

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Oct 08, 2016 2:12 pm

EVOLUCIÓN EUROPEA DE LA IDEA DE DEMOCRACIA

La democracia actual tiene su origen en el racionalismo del siglo XVIII, posterior a la Revolución Copernicana de las ideas que surge con el Renacimiento. O sea en el renacer del mundo antiguo pero sobre otras bases que tienen que ver bastante con el Cristianismo (no confundir con Catolicismo):

La democracia antigua, de origen militar, no era igualitaria salvo dentro de su marco militar (solo intervenían hombres de pleno derecho ciudadano en edad de portar armas). Así, por ejemplo, en la democracia  militar ateniense del siglo V a.C. Clístenes la dirigía no como presidente sino como jefe militar (estratego) supremo. Sólo los cargos de gobierno militar eran elegibles, lo que los hacía más prestigiosos. El presidente era diario y elegido por sorteo dentro del los elegidos previamente para el Consejo de los 500 de los que 50 formaban una pritanía o comisión permanente mensual.

Ahora el modelo se reinterpreta durante la Ilustración. Para Carl von Clausewitz (1780-1831) la guerra es ya una prolongación de la política por otros medios, al contrario de antes. Se les irá dando poder así, dentro de las nuevas tendencias igualitarias, no sólo a los varones que pueden portar armas sino también a quienes no lo van a hacer, incluidas las mujeres cuando el maquinismo desplace la fuerza de la musculatura humana -más abundante en el hombre- a la máquina automotora. Una buena visión del desarrollo del proceso se puede ver en el artículo que sigue, de Fernando de Arenas:

http://revistadistopia.com/politica-y-sociedad/politica/democracia-raza-blanca-i/

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