LA FUNDACIÓN DE UNA CIUDAD

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LA FUNDACIÓN DE UNA CIUDAD

Mensaje  Enrique García Vargas el Jue Jun 25, 2015 11:33 am

Para la fundación de una ciudad "(...) se requiere de la intervención [sagrada] de un vidente reconocido, de un augur  ["el que realza", "el que pone en auge"] que cree espacio en el sitio descubierto por el fundador. Esta creación social de espacio es llamada "in-auguración" ["realce", "acto de dar auge"]. El augur está especialmente dotado: puede ver cuerpos celestes que son invisibles a los mortales comunes. Ve el "templum" de la ciudad en el cielo. El término es parte del vocabulario técnico de su oficio. El "templum" ["lo cortado"] es una forma poligonal que se cierne sobre el sitio encontrado por el fundador y que es visible sólo al augur mientras celebra la inauguración. El vuelo de las aves, un sendero de nubes, el hígado de un animal sacrificado, pueden ayudar al augur a la "con-templatio", el acto en el cual proyecta la figura vista en el cielo sobre el paisaje escogido por el dios. En esta "con-templatio", el "templum" celestial adquiere su contorno de este mundo. [El templo es lo sagrado; lo que está en contacto inmediato con lo sagrado es lo santo; y lo que queda fuera es lo que no está en el fanum ("lo dicho ritualmente") o templum, o sea lo profano]

Pero la "con-templatio" no es suficiente. El contorno del "templum" no puede establecerse sobre la tierra a menos que esté debidamente "con-siderado", alineado con las estrellas ("sidera"). La "con-sideratio" sigue a la "con-templatio". La "con-sideratio" alinea el "cardo" (eje principal) del "templum" con al estrella de la ciudad. El "cardo" era originalmente un "gozne" con un un simbolismo masculino-femenino explícito, concreto.

La "in-auguración" concluye al nombrar aquellas partes de la ciudad que estarán a la derecha y a la izquierda, delante y detrás y al dotar de contenido a los espacios así visualizados, designando ("de-signatio") el lugar para un "mundus" o boca del mundo subterráneo, que se abre cerca del "focus", la puerta focal (del fuego) que se abre para el otro mundo, por donde las Eríneas pueden salir a la superficie. Sin embargo, ninguno de los gestos o signos del augur dejan traza visible sobre el suelo. Son fijados en modelos de hígados o de ruedas, algunos de los cuales han llegado hasta nosotros. Las acciones del augur son un encantamento del espacio mediante la oposición y maridaje de derecha e izquierda que habrá de hacerse tangible. El fundador mismo debe realizar el matrimonio entre este "templum" disimétrico y el paisaje.

Para esta ceremonia, dos bueyes blancos son enganchados a un arado de bronce, la vaca en la parte de dentro, llevando el arado en contra de las manecillas del reloj y grabando así el "templum" en el suelo. El surco crea un círculo sagrado. Como las paredes que se levantarán sobre él, está bajo la protección de los dioses. Cruzar ese surco es un sacrilegio. Para mantener ese círculo abierto se levanta el arado cuando se llega a los puntos donde estarán las puertas de la ciudad. El que lleva el arado lo sujeta, lo porta ("portat") para crear una puerta.

A diferencia del surco y de las paredes protegidas por los inmortales,el umbral y la puerta estarán bajo la ley civil. En la "porta", "domi" (la morada o el espacio para morar) y "foras" (todo aquello que está más allá del umbral) se encuentran; la puerta puede abrirse y estar cerrada (...).

Sólo cuando el fundador ha arado el "sulcus primigenius" (surco) alrededor del futuro perímetro del pueblo, su interior se vuelve espacio que puede pisarse y sólo entonces arraiga en el paisaje arcano el "templum" celestial.

El trazado del "sulcus" puede compararse a una boda en muchos aspectos. El surco simboliza una hierogramia, un matrimonio sagrado entre el cielo y la tierra. El "sulcus primigenius" lleva este significado de un modo especial. Al arar un surco alrededor del futuro pueblo el fundador hace tangible el espacio interno, excluye el espacio externo al establecer un límite y realiza el matrimonio [al abrir el surco femenino de la tierra con el arado] de los dos espacios en el lugar donde después se erigirán las paredes".

Ivan Illich, H2O y las aguas del olvido, Ediciones Cátedra, Madrid 1989, págs, 31-34.

Enrique García Vargas

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