Silogismo ateo

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Silogismo ateo

Mensaje  Genaro Chic el Jue Mayo 14, 2015 8:21 pm

"Los hipercríticos pueden seguir aseverando que todo, absolu­tamente todo lo referente al cristianismo y a la Iglesia católica es mentira, que todo es un puro embuste, patrañas urdidas por una panda de farsantes para mantener a los humildes resignados y a los poderosos en sus privilegios.

           Vale. Todo eso es cierto, concedámoslo, pero ahí reside preci­samente la grandeza del cristianismo: aunque todo se basa en ficcio­nes, embelecos y tergiversaciones, como hemos visto, el resultado final es la Verdad, la Verdad revelada y eso ni todos los hipercríticos del mundo pueden cambiarlo.

           Razonémoslo escolásticamente.

           El oxígeno es agua, ¿verdad o mentira? Respuesta correcta: mentira.

           El hidrógeno es agua, ¿verdad o mentira? Respuesta correcta: mentira.

           El oxígeno (un átomo) y el hidrógeno (dos átomos), ¿son agua? Respuesta correcta: verdad.

           O sea: de dos mentiras ha resultado una verdad.

           Una verdad irrefutable, científicamente probada, una verdad que va a misa.

           Otro caso.

           El huevo es la tortilla española, ¿verdad o mentira? Respuesta correcta: mentira.

           Las patatas son la tortilla española, ¿verdad o mentira? Res­puesta correcta: mentira.

           El aceite de oliva virgen (extra, y si es posible que sea picual exprimido en frío) es tortilla española, ¿verdad o mentira? Respues­ta correcta: mentira.

           La cebolla picadita fina y rehogada es tortilla española, ¿verdad o mentira? Respuesta correcta: mentira.

           El huevo batido y mezclado con la patata cortada en lascas y semifrita en aceite de oliva virgen extra, si es posible que sea picual exprimido en frío, al que se adiciona la cebolla picada y rehogada y todo ello cuajado en una sartén y conformado en forma de pastel, es tortilla española, ¿verdad o mentira?

           Respuesta correcta: verdad, una espléndida, una sabrosa, una apetecible verdad.

           ¿Qué nos enseña la filosofía? Que de un conjunto de mentiras puede resultar una verdad.

           De las mentiras cristianas, de esa sarta de embustes de imposi­ble digestión, de ese potaje de patrañas y supersticiones, de esa es­tafa secular que permite vivir del cuento, y divinamente, a una pan­da de vagos y embaucadores, ha brotado, como manantial de gracia santificante, nuestra Verdad católica.

           Hasta los hipercríticos destinados a las llamas eternas tienen que reconocerlo.

           Podéis ir en paz, pardillos.

           Que así sea".

J. Eslava Galán, El catolicismo  explicado a las ovejas, Ed. Planeta, Barcelona, 2009, pp. 186-188.

MI PENSAMIENTO:
   
          Cuando un sector comunitario, y a veces toda una comunidad tras él, adquiere un desarrollo cultural, o sea de racionalidad consciente, superior a los demás, tiende a considerarse a sí mismo como más culto, más racional, y a desdeñar a los que tienen creencias menos elaboradas. Es lo que veremos por ejemplo en el siglo VI a.C. y que nos recuerda el griego Anacreonte (frag. 16) cuando llama mythitai (o seguidores de mitos) a los que se sublevan contra la modernidad de un tirano. Y lo seguiremos viendo en los siglos siguientes, como señala P. Veyne: “desde el nacimiento de la filosofía y desde la época de Isócrates [436-338 a.C.], «ser culto» quería decir «no pensar como el pueblo»; la cultura, ese privilegio, se suma a los privilegios de la riqueza y del poder”. El logos, la cuenta o razón (ratio), se irá oponiendo progresivamente al relato o cuento del mythos despreciándolo por su falta de concreción, al ir precisando las diferencias por oposición analítica. Ni que decir tiene que sucesivos avances en esa racionalidad irán dejando anticuados los modelos anteriores y se tenderá igualmente a ir despreciándolos. Sólo el orgullo del descubridor de las contradicciones racionales de un mito le impedirá percibir que en realidad lo único que ha logrado con su buscado perfeccionamiento (perficere es llevar a término, concluir) es dar paso a una forma de mito más elaborada. En realidad, más que seres racionales podríamos decir, en base a ello, que somos fundamentalmente míticos. Y por supuesto desiguales. Sobre esas bases míticas será por tanto donde el investigador, que establece un marco espacial y temporal (diacrónico) más objetivo, contrastando datos previamente fijados en el mismo, podrá ofrecer su visión a la comunidad de un pasado más despersonalizado y, por consiguiente, más fácil de aceptar más allá de los limitados confines de una comunidad cultural concreta. A la manera de un juez instructor, el historiador confrontará los testimonios y dejará la cuestión planteada y lista para una sentencia  popular (no por casualidad la palabra historia, investigación, procede del ámbito judicial, preguntando no sólo el "qué", sino también  "quién", "cómo", "cuando", "dónde", "por qué" y "para qué"). Y la tentación a influir indirectamente en la misma estará siempre presente.

G. Chic García, "Introducción", en Historia de Europa (ss. X a.C.-V d.C.), Sevilla, 2014, pp. 44-45.

           Siempre los que estamos en horizonte mental o cultural determinado han entendido que sus creencias son las verdadera (lógico: si no fuese así tendrían otras). Pero visto el tema con perspectiva histórica -al margen del presentismo al que somos tan inclinados- lo único que podemos decir es que superstición, magia, religión y ciencia sólo son distintos niveles del sistema de creencias, de momento, cada vez más desarrollados conforme se avanza en el proceso de utilización del método lógico de conocimiento. El concepto de verdad, en consecuencia, varía según el nivel en que se aplica (más o menos emocional o racional).


​            La aparición de un nivel nuevo no implica automáticamente la desaparición del antiguo, sino que se mantiene como un estrato más profundo. Incluso quienes dicen que creen que no creen manifiestan así que están creyendo. Y cada persona concreta se encuentra más a gusto en un nivel de creencias que en otro y  en consecuencia su verdad le resulta más gratificante que la de otros. El problema surge cuando se quiere imponer a los demás el propio sistema de creencias. Cosa que desgraciadamente ocurre continuamente.

          Personalmente, y para no pecar de innovador, sólo sé que no sé nada firme, salvo lo que siento en cada momento. Y en consecuencia mis creencias están sujetas a revisión continua conforme desarrollo mi conocimiento emocional y/o racional. Lo que desde luego tengo claro en todo esto es que la racionalidad de algo no implica su realidad. El sueño de la razón también produce monstruos.

Genaro Chic

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