La identidad andaluza

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La identidad andaluza

Mensaje  Genaro Chic el Dom Mar 01, 2015 1:09 pm

LA IDENTIDAD: UN FENÓMENO MULTIDIMENSIONAL

Definiendo la identidad

           En su excelente libro La arqueología de la infancia (The Archaeology of Childhood: Children, Gender, and Material Culture), Baxter (2005) afirma que, en el fondo, toda Ar­queología debería ser también una arqueología de la infancia, ya que los niños constituyen una parte esen­cial de los grupos humanos. Del mismo modo, toda aproximación arqueológica a las sociedades del pa­sado debería ser en cierto modo una "arqueología de la identidad" o, mejor dicho, de las "identidades". En efecto, las diversas categorías identitarias que apare­cen superpuestas y cointegradas (género, edad, etnicidad, clase...) determinan de forma fundamental la manera en que las personas, tanto a nivel individual como colectivo, perciben el mundo y actúan en él. Y es que, como señala Hernando Gonzalo, la identidad representa el núcleo del sentido de la orien­tación humana, el marco de partida desde el que mirar al mundo y tomar decisiones sobre él.

           Aunque ofrecer una definición única y cerra­da de "identidad" resulta prácticamente imposible, puede servir como referencia la ofrecida por Jenkins, autor para cual sería: "el establecimiento sistemático y la significación entre individuos, entre colectividades y entre individuos y colectividades, de relaciones de similaridad y diferen­cia". Se trata, por tanto, de un concepto inextricable­mente unido al sentimiento de pertenencia. Un aspecto a tener muy presente es que no existen identidades "naturales" o "dadas", sino identidades en continuo proceso de construcción y negociación. El ser humano no nace con una identidad, ya que ésta no es biológica sino que se va formando a través de las pautas de lectura de la realidad que transmite el grupo social. Como bien indica Ramírez Goicoechea: "Si hay identida­des objetivadas como básicas, es fruto de un proceso social que así las ha definido". Ahora bien, tampoco se debe caer en un constructivismo extremo que lle­ve a considerar su exploración en sociedades pasadas como una ilusión o ficción.

Agencia y estructura: dos dimensiones complementarias

           Una controversia ineludible a la hora de acercarnos al estudio de la identidad es el debate entre la "agen­cia" o capacidad de acción y la "estructura". De forma simplificada, la primera podría definirse como la capacidad que tienen las personas, como tales, de cambiar las cosas, mientras que la estructura hace referencia a las reglas o condicionantes sociales en las que se encuentran insertas. En líneas generales los arqueólogos posprocesuales se han centrado prin­cipalmente en la agencia descuidando o minusvalorando el papel de la estructura, aunque por supuesto existen excepciones. Sin embargo, la clave reside en integrar ambos conceptos en los análisis, ya que: "agency and structure are mutually constitutive, in that agents affect and shape the world, and yet at the same time are constructed by it" (Gardner 2007). Se impone, por tanto, una revalorización de la "estructura". El concepto de habitus de Bourdieu, entendido como el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan en él, resulta de gran utilidad a este respecto, ya que permite superar la oposición entre "objetivismo" y "subjetivismo":  ni los sujetos son libres en sus elecciones ni están simplemente determinados (Las teorías "objetivistas" explican las prácticas sociales como determinadas por la estructura social, siendo los sujetos meros "soportes" de la estructura de relaciones en que se hallan. En cambio, las teorías "subjetivistas" conciben las acciones socia­les como agregación de las acciones individuales).

           Otra teoría que ha sido aplicada para superar la dicotomía entre objetivismo y subjetivismo es la aportada por el sociólogo británico A. Giddens (1984), quien critica tanto el funcionalismo y el estructuralismo como las teorías accionalistas. Como alternativa desarrolla la Teoría de la Estructuración, basada en la idea del carácter fundamentalmente repetitivo de la vida social y diseñada para expresar la in­terdependencia de la estructura y el agente en términos de espacio-tiempo.

           Resumiendo, de alguna manera podríamos decir que las personas "hacen historia, pero bajo circuns­tancias heredadas sobre las que no tienen control inmediato" (El tradicional sistema de castas hindú es un claro ejemplo de que en muchos casos las identidades no son elegidas de forma voluntaria, sino impuestas o dadas).

Manuel FERNANDEZ-GÖTZ, De la familia a la etnia. Protohistoria de la Galia oriental, Real Academia de la Historia, Madrid, 2014, pp. 29 y 31.

UNA NOTA:
         
           En Andalucía la gente se debate entre la idea difundida de que lo importante es la idea de que lo musulmán es definitorio de nuestra identidad como pueblo y al mismo tiempo el hecho indiscutible de que la mayoría de los grandes restos arqueológicos de nuestro pasado (anfiteatros, teatros, calzadas, etc.) pertenecen a la época de cultura predominantemente romana cuando la Bética llegó a ser una entidad que fue muy tenida en cuenta a niveles generales. Es fácil entender -con todo- que los restos romanos sean mucho más impresionantes si tenemos en cuenta que, hasta el siglo II d.C. esta zona fue la primera productora de plata del Imperio y que ésta se exportaba hasta el lejano oriente en grandes cantidades, de tal forma que cuando, en esa última fecha,  la producción cesó, se produjo un derrumbe de la economía mundial basada en el comercio que se llevó por delante la dinastía de los emperadores hispanos (Antoninos) pero también la muy vieja dinastía Han en China. Fue una crisis económica mundial.

           La riqueza de la Bética, sobre todo en los siglos I-II, permitió grandes construcciones, en cantidad y calidad, de la que continuamente siguen apareciendo restos. Sin embargo, agotado el manantial de plata, vemos cómo la inmensa mayoría de los capiteles de la mezquita de Córdoba son romanos, paleocristianos y bizantinos.

               Pero no sólo de piedra viven las culturas. El mundo árabe heredó y desarrolló culturas anteriores y el pensamiento se siguió desarrollando, aunque no pudiera ya tener la plasmación material de antaño en la península Ibérica por deficiencias económicas relativas. El sur se fue islamizando y la cultura anterior absorbida lentamente. Pero las vicisitudes de la lucha armada con pueblos del norte peninsular terminaron desplazando a las poblaciones de cultura musulmana en beneficio de los que habían seguida hablando latín, que ya mostraba la forma que ha ido desarrollando la lengua castellana
(nunca se dejó de hablar latín para hablar castellano, simplemente evolucionó).

           Desde el siglo XVI de forma plena se produjo un renacimiento de la cultura que entroncaba con la antigua raíz romana, y Andalucía comenzaba a configurarse de nuevo, sin poder no obstante dejar de lado del todo su esplendor antiguo. Además, ahora la plata volvería a hacer brillante esta tierra, como lo fue en la etapa altoimperial romana, sólo que ahora no era una plata producida en esta tierra sino vehiculada hacia Europa (y finalmente de nuevo hacia China) desde las tierras conquistadas por un Imperio Español que había de durar tres siglos antes de hundirse al quedarse de nuevo sin plata y ser ésta sustituida en muchos casos por el papel moneda.

           Demos un salto. Tras la aprobación de la Constitución de 1978 se inventó la Autonomía Andaluza, como se inventaron otras. Hubo que buscar mitos y símbolos para dotarlas de color. En algún sitio se tomó como himno una conocida canción de borrachos o un pasodoble exitoso. En Andalucía se buscó un mártir nacionalista y se encontró en Blas Infante, un notario de comienzos del siglo XX enamorado de la cultura musulmana (cuya religión adoptó como propia y que le sirvió para dar un aire marroquí a su casa), que tuvo la mala suerte personal de ser fusilado por sus ideas y la buena suerte histórica de convertirse en padre de la patria andaluza. A partir de ese momento el mito musulmán resucitó con fuerza en las esferas de quienes lo utilizaban como signo de su poder, y la propaganda reglada (escolar) o no (medios de distracción masiva) hicieron que la mayoría de la población terminara construyendo su propia realidad pseudohistórica sobre esa base.

           Personalmente estimo mayor motivo de orgullo considerar lo que logramos ser día a día que lo que nuestros antepasados fueron antaño. Por supuesto el pasado está ahí para recordarnos lo que es posible hacer, para bien y para mal. Pero vivimos en el presente y el pasado es sólo una circunstancia de nuestra vida, por muy pesante que sea. Pero si las circunstancias cambian, nosotros necesariamente tenemos que cambiar con ellas. No se puede hacer otra cosa, como se ha visto.

Sic transit gloria mundi

Genaro Chic

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