Consideraciones socio-económicas sobre la Bética (antigua Andalucía)

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Consideraciones socio-económicas sobre la Bética (antigua Andalucía)

Mensaje  Genaro Chic el Miér Dic 31, 2014 1:29 pm

Entrevista publicada en Diario de Sevilla el 28 de Diciembre de 2014. Entrevistador: Luis Sánchez Moliní.

Durante toda la entrevista, Genaro Chic García presume de su incorregible falta de memoria. El plumilla lo recuerda difuminado en una de esas enormes, destartaladas y heladas aulas de la Facultad de Historia (posiblemente fumando, como todos entonces), convocando a un examen en el que permitía usar a los alumnos todo tipo de apuntes y libros, algo insólito en una Universidad en la aún se exigían más las dotes del elefante que las del fox-terrier. En todo momento saca a relucir su vocación primera de filólogo clásico, su amor a la etimología como forma de conocimiento profundo de las cosas. "Historia significa en griego investigación y eso tiene poco que ver con la memoria", insiste. La amplitud de las lecturas de este catedrático experto en economía del mundo antiguo queda en evidencia durante la charla y, más que citar a peritos en su disciplina, recurre a psicólogos, antropólogos o economistas. Hay veces que su discurso se convierte en un conejo que salta de argumento en argumento, sin dejar al interlocutor recuperar el resuello. Gracias a su influencia, el plumilla leyó en su día el libro Diosas, rameras, esposas y esclavas. Mujeres en la antigüedad clásica, de Sara B. Pomeroy, un volumen del que hoy no suscribiría probablemente ni una sola coma, pero que le enseñó que la verdadera historia no es la memorización de la lista de los reyes godos, sino una indagación sobre los motivos más profundos del devenir de la humanidad.

-Usted fue discípulo de Francisco José Presedo, pionero de la egiptología española, descubridor de la Dama de Baza y fundador del departamento de Historia Antigua de Sevilla. ¿Algún recuerdo?

-Era una persona sin prejuicios, que daba una gran libertad a sus alumnos... Lo único que les pedía era que trabajaran. A mí, que había hecho la carrera de Filología Clásica, me acogió muy bien.

-¿Y por qué un futuro historiador optó por la filología?

-Por encontrar la racionalidad de las palabras, que es lo mismo que encontrar la racionalidad de las cosas. Las cosas son porque tienen palabras que las nombran... Las que no, no existen.

-Ahora, ni siquiera los planes de estudio son conscientes de que el español viene del latín.

-No es que venga del latín, es que los españoles hablamos un latín que ha ido evolucionando. En ningún momento se dejó de hablar latín para hablar castellano, fue un proceso lento.

-Sin embargo, más que a las palabras, ha dedicado su carrera a la investigación de la economía de la antigüedad, en concreto la de la Roma andaluza. ¿Es cierto que la Bética era el granero del Imperio o es una exageración meridional más?

-Es cierto en líneas generales. De hecho, el primer emperador que no fue italiano, Trajano, era de aquí, lo que indica la fuerza económica de los oriundos de la Bética. Tanto el suelo -la agricultura- como el subsuelo -la minería- del Valle del Guadalquivir eran muy ricos. Debido a las excelentes condiciones climáticas de este territorio, a partir de Augusto el imperio tomó la decisión de especializarlo en el cultivo del olivar y en la producción de aceite. La Bética era la que abastecía a Roma y a sus ejércitos de esta grasa vegetal básica en nuestra dieta. En esta decisión fue muy importante la existencia del río Betis, que estructuraba el espacio y que permitía el abaratamiento del coste del transporte. El científico social Karl Polanyi, que trabajó en el ámbito de la antropología económica, dejó claro que, en la antigüedad, es más imperante la posibilidad de transportar una determinada materia prima que la abundancia de la misma.

-¿Y la minería?

-Más importante casi que el aceite era la plata, que se podía encontrar en abundancia en el Valle del Guadalquivir. Tenga en cuenta que el Imperio Romano se mantiene durante casi dos siglos, desde Augusto a Marco Aurelio, con la plata de la Bética, que terminaba en todos los rincones del mundo: India, China... Roma vivía del comercio internacional y de las tasas aduaneras que generaba, que cubrían dos tercios del presupuesto del Estado. Insisto, el comercio de la plata y el aceite hizo a los hispanos muy ricos y, por tanto, muy influyentes en el Senado romano. Lo de Trajano y Hadriano no fue una casualidad.

Sigamos con el Guadalquivir. Usted ha investigado sobre la navegación entre Sevilla y Córdoba en tiempos de Roma, algo que ahora resultaría impensable. ¿Cómo se realizaba?

-Una vez que controlaron militarmente todo el terreno, los romanos realizaron obras para encajonar el cauce en aquellas partes que el Guadalquivir se difuminaba y, además, realizaron diques horizontales para escalonarlo. La navegación se realizaba con barcas planas, de las cuales se tiraba con cuerdas cuando se remontaba el río, y con armadías (a las que los romanos llamaban rates), conjuntos de troncos atados para su transporte río abajo, que se aprovechaban también colocando encima mercancías de todo tipo. El Guadalquivir se usó para bajar maderos hasta finales de los años cuarenta del pasado siglo XX, época en la que se transportaron miles de traviesas para la construcción del ferrocarril. Precisamente, fue la aparición del tren la que acabó con el transporte fluvial al facilitar unos precios más baratos.

-Como director de tesis ha dirigido una que me ha llamado la atención, la realizada por Alfonso Álvarez-Ossorio sobre la piratería en Roma. ¿Había mucha? Recuerdo aquellos filibusteros de los tebeos de Astérix y Obélix que siempre salían escaldados?

Piratería ha habido siempre. Entre otras cosas porque la palabra pirata (peiratés en griego clásico) significa emprendedor. Las persona que emprenden suelen bordear las leyes. Siempre que no ha habido un Estado fuerte y organizado surge el pirata. Cuando Augusto llegó al poder había mucha piratería, pero él los derrotó y los puso al servicio de Roma. Hizo con ellos lo mismo que se hacía antiguamente con los furtivos, que se les contrataba de guardas jurado. Mientras que el imperio funcionó hubo poca piratería, pero cuando a partir de Nerón empezó el hundimiento la cosa cambió.

-¿Y por qué comenzó esta decadencia?

-En el siglo II las minas de plata se fueron agotando, por lo que hubo que hacer más profundas las galerías de las mismas. Por tanto, hubo un momento en que la extracción de este metal, que ya hemos dicho que era fundamental para la economía romana, se hizo muy cara, sobre todo por el coste de sacar el agua que inundaba las minas. Piense que no había motor de explosión y todo se hacía a base de norias. Poco a poco la moneda fue teniendo menos plata, pasando del cien por cien al 78 por ciento a finales del siglo II -el resto era de cobre- y con menor peso. Esto dañó el comercio exterior y comenzó la asfixia. Paralelamente se registró una presión militar sobre el imperio de los pueblos bárbaros, que empezaron a meterse por todos lados: las Guerras Marcomanas en tiempos de Marco Aurelio, el asalto de la Bética de los mauritanos... Lo que antes se dedicaba al mantenimiento de las minas hubo que dedicarlo por narices a estas campañas, lo que terminó de hundir la economía de la extracción de metales... Comenzó la escasez de monedas y los soldados dejaron de cobrar, pasando como con los militares de la antigua Europa del Este después de la caída del comunismo, que se vieron obligados a meterse en mafias... Para colmo se produjo una terrible epidemia de peste que vino desde China... El imperio se colapsó.

-Usted ha dedicado muchas horas de estudio a las marcas que grababan los alfares sobre las ánforas que se dedicaban a la exportación de aceite. ¿Por qué este trabajo?

-En 2001 publiqué mi libro Datos para un estudio socioeconómico de la Bética. Marcas de alfar sobre ánforas olearias, en el que recojo 3.500 de estas marcas en el valle del Guadalquivir. Me di cuenta que éstas eran un filón para estudiar la economía romana. Era una documentación que estaba en medio de los campos... A principios de los años 70 las fincas estaban cubiertos de antiguos tiestos romanos, y nadie los estudiaba pese a su importancia... Recuerde la magnitud del Monte Testaccio de Roma, una escombrera organizada de ánforas. Según mis cálculos, del Puerto de Sevilla salían unos seis millones y medio de kilos anuales de aceite sólo para Roma y para el ejército otro tanto. Estas ánforas en las que se transportaba el aceite no sólo tenían marcas grabadas, sino también etiquetas pintadas en las que figura el año de producción, el sitio donde se ha elaborado, el nombre del productor... Entonces te das cuenta de que son las mismas familias cuyos nombres aparecen en los grandes enterramientos, de las relaciones entre los capitales de las grandes minas y los del aceite.

-Ya entonces las oligarquías andaluzas eran agrícolas.

-Exacto. La oligarquía de entonces, como siempre, estaba donde había negocio: aceite y minas.

-¿Y el vino?

-El vino de exportación se producía donde siempre, en lo que ahora es el marco de Jerez. En Cádiz también se producía mucho salazón.

-¿Y era bueno este vino?

-Era abundante pero no tenía fama de estar especialmente bueno, como sí la tenían los vinos de la zona de Pompeya. Digamos que tenían una calidad media.

-Usted también trabajó en su día sobre la situación del patrimonio histórico de Roma en Andalucía. ¿Se está conservando adecuadamente?

-La suerte del patrimonio romano, de lugares como Italica o Baelo Claudia, ha sido que al ser elementos que atrae al turismo no le afecta tanto la crisis como a la investigación universitaria. La verdad es que en Andalucía, desde la llegada de la Democracia y la Autonomía, se ha dedicado mucha más atención al patrimonio arqueológico que en tiempos anteriores. Se ha hecho una labor estupenda que, como todo, es mejorable. Hay comparaciones que lo dicen todo: fíjese el deterioro que está sufriendo Pompeya, uno de los grandes centros arqueológicos del mundo... Eso en Andalucía no pasa.

-Acaba de salir de la imprenta Historia de Europa. (Siglos X a.C.-V d.C), volumen dirigido por usted y que, como ya se ha apuntado, bien sirve para analizar las raíces de problemas actuales como el nacionalismo.

-El nacionalismo es algo emocional, irracional. Se cree en una nación como se cree en un dios. El problema es que los estados quieren ser naciones y las naciones estados. Actualmente, los estados se están diluyendo y se está produciendo lo que Ulrich Beck llama la glocalización, es decir, junto a los fenómenos globalizadores resurge lo local como una manera de no perder la identidad.

-En los años de la Transición y el inicio de la Autonomía un cierto 'nacionalismo-light' andaluz utilizó la historia antigua, y en concreto a Tartessos, como una forma de legitimación. Se contaban historias fabulosas de aquella pretendida civilización. La Arqueología y la Historia, sin embargo, apuntan en una dirección muy contraria.

-Es un mito. En Andalucía nunca hubo una civilización como Tartessos, sino un mosaico de pueblos que entraron en contacto con comerciantes orientales que llegan a esta zona de Andalucía buscando la plata. Como pasa en todas partes, este contacto supuso una transformación y una orientalización de los indígenas. En Oriente se creó el mito de Tartessos, un lugar en el lejano occidente, el far west, donde había mucha plata y donde, por tanto, todo era fabuloso.

http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/1929561/emprendedor/palabra/griego/significa/pirata/suele/bordear/las/leyes.html

Genaro Chic

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