El poder, la autoridad, las mujeres y los hombres

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El poder, la autoridad, las mujeres y los hombres

Mensaje  Genaro Chic el Vie Abr 16, 2010 11:56 am

Recuerdo del primer mensaje :



El poder, la autoridad, las mujeres y los hombres. Planteamientos a discutir.


- El pasado da seguridad (restitutio orbis como lema) y el futuro es inseguro (dificultad para averiguarlo).

- La gente prefiere el poder a la autoridad, aunque ésta es necesaria para quien aspira al poder. El jefe necesita al intelectual para situarse frente a otro jefe ya establecido, en cuanto que el intelectual (o racional) desestabiliza las creencias que dan seguridad, para crear otras más seguras, aprovechando las contradicciones del sistema lógico anterior.

- La mujer, en cuanto ser procreador, necesita la seguridad en su compañero. El jefe, poderoso, da esa seguridad y por ello es más fácil que busque la compañía del jefe que la del intelectual, por mucho que este le atraiga como animal de compañía.

- En cambio el hombre, como bomba genética que es, en general busca sobre todo una hembra apetitosa y, a ser posible, sumisa (no pacífica necesariamente), sin grandes aspiraciones intelectuales tampoco. Es la marca de la naturaleza.

- La cultura, al intentar cambiar el ritmo natural (tarea del intelectual) puede producir (por externalización de la fuerza, desplazada del cuerpo a la máquina) mujeres que no son sumisas y hombres que ya no son protectores, aunque sigan siendo violentos. Los hombres se quedan sin mujeres y las mujeres sin hombres, en el sentido tradicional: ahora sólo tendrán compañeros para las tareas laborales y sexuales. Las ansias de maternidad tienden a quedar desplazadas y la violencia de género previsiblemente aumentará.

- El poder y la autoridad forman sistema, como el individuo y la colectividad (o la nación y el estado). Todo intelectual (autoridad) necesita un jefe (poder) que le apoye para que sus ideas triunfen (caso de Constantino y el cristianismo) y viceversa. De hecho, una vez conseguida la supremacía buscada, el jefe tiende a prescindir del intelectual, que ahora es incómodo para él por seguir abierto al futuro, en vez de a ese pasado que da seguridad y legitimidad (caso de Alejandro Magno y Aristóteles), y al no desear el intelectual la renuncia a ampliar su crítica al pasado. De hecho éste sigue utilizando fórmulas del pasado pero abiertas a nuevos horizontes mentales (que podrán ser atractivas para quienes deseen desplazar en el futuro al poder establecido).



Última edición por Genaro Chic el Lun Nov 12, 2012 4:08 pm, editado 1 vez

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Re: El poder, la autoridad, las mujeres y los hombres

Mensaje  Genaro Chic el Sáb Sep 14, 2013 11:09 am

Una reflexión sobre un lo que podemos entender como un fundamento básico de lo que empieza siendo la institución del matrimonio como contrato la encontramos en un libro, publicado por vez primera en 1954 y traducido desde entonces a bastantes idiomas que recoge el relato (no escrito en principio para ser publicado) que hace una joven mujer alemana sobre las violaciones que hubieron de padecer las mujeres berlinesas cuando se produjo la conquista soviética al final de la Segunda Guerra Mundial, así como de la capacidad de adaptación a la realidad de las mujeres en una situación extrema de necesidad como fue aquella. El libro, en el que la autora (que se conoce, ya fallecida) no quiso que figurara su nombre para evitarse problemas derivados de su fuerte realismo, es Una mujer en Berlín. Anotaciones de diario escritas entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945, publicado entre nosotros por la ed. Anagrama, Barcelona, 2005, del que copio un fragmento de las pp. 88-90. Merece la pena leer este magnífico pequeño diario, de lo mejor que ha pasado por mis manos.

«Bueno, ya ha remitido bastante el aquí te pillo aquí te violo de los primeros días [abril de 1945, en Berlín, tras la invasión rusa]. El botín escasea. También otras mujeres, según he oído decir, están entretanto comprometidas [con algún invasor concreto] como yo, son tabú [y no las violan indiscriminadamente]. La viuda se ha enterado de detalles más precisos acerca de las dos hermanas juerguistas. Parece que en su casa sólo está permitida la entrada a los oficiales, y éstos se toman muy a mal que los no autorizados u otros sinvergüenzas se cuelen en su coto de cama. En general, aquel que no tiene todavía la orden de movilización para su regreso a casa, intenta encontrar algo fijo, algo que le pertenezca. Y está dispuesto a pagar por ello. Han captado que nos va miserablemente con el asunto de la comida. Y el idioma del pan y del tocino y de los arenques —sus principales dones— es internacional.

El comandante me ha traído de todo, no puedo quejarme. Bajo el abrigo llevaba un paquete de velas. Y más puros para Pauli. El [ayudante] uzbeko traía una carga muy pesada. Fue sacando una cosa tras otra, un bote de leche, una lata de carne y un pedazo de tocino cubierto de sal. A continuación una bola de mantequilla de por lo menos tres libras envuelta en un trapo. Tenía pelusilla de lana encima, que la viuda se apresuró a retirar. Y cuando pensábamos que no había nada más, sacó una funda de almohada rellena de mucho azúcar, ¡unas cinco libras aproximadamente! Regalos de tornaboda verdaderamente principescos. El señor Pauli y la viuda se quedaron pasmados.

La viuda corrió a guardar los presentes en el armario de la cocina. El señor Pauli y el comandante se echaban el humo [de los puros que había llevado el comandante] el uno al otro amistosamente a la cara. Y yo estaba ahí dándole vueltas a la cabeza, meditabunda. Esta de ahora es una nueva situación. No se puede afirmar de ninguna de las maneras que el comandante me viole. Creo que con una sola palabra mía, pronunciada con frialdad, bastaría para que se marchara y no volviera nunca más. Así pues, estoy voluntariamente a su disposición. ¿Lo hago por simpatía, por necesidad de amor? ¡Por Dios! Por el momento estoy expuesta por completo a los hombres con todos sus deseos masculinos. No puedo imaginarme en absoluto que el resto de mi vida pueda añorar de nuevo esas cosas. ¿Lo hago por tocino, mantequilla, azúcar, velas, carne enlatada? Seguro que un poco sí. Me ha agobiado tener que compartir las provisiones de la viuda. Me alegro de poder dar algo yo también gracias al comandante. Me siento más libre así, me alimento con la conciencia más tranquila. Por otra parte, me gusta el comandante, me gusta tanto más como persona cuanto menos quiere de mí como hombre. Y mucho no querrá de mí, eso ya lo noto yo. Tiene la cara pálida. La herida en la rodilla le está dando mucha guerra. Probablemente anda buscando más un contacto personal con una mujer que sólo lo puramente sexual. Y esa proximidad se la doy yo de buen grado, con mucho gusto. Pues, de entre todos los bichos de los días pasados, él ha sido el hombre y la persona más soportable. Aparte de eso, le puedo manejar. A esto no me habría atrevido con [el teniente] Anatol así sin más, a pesar de que Anatol era conmigo la bondad personificada. ¡Pero era tan ávido, tan toro, tan fuerte! Sin querer me habría dado una pequeña bofetada y me habría saltado algún diente... Simplemente así, por un exceso de fuerza, por su calidad de oso. Con el comandante, en cambio, se puede hablar. Bien, de acuerdo, pero todavía no he respondido a la pregunta de si tengo que calificarme de puta ya que prácticamente vivo de mi cuerpo y recibo alimentos a cambio de entregarme.

Mientras escribía las líneas de antes he tenido que pararme a reflexionar por qué me recrimino moralmente y actúo como si el oficio de puta estuviera por debajo de mi dignidad. Al fin y al cabo, es una profesión antigua y respetable, y alcanza hasta la alta sociedad. No obstante, únicamente he hablado en una ocasión con una de estas mujeres. Quiero decir, con una mujer que ejerce esa profesión de manera oficial. Fue en un barco en el Mediterráneo, en alguna parte cerca de la costa africana; yo me había levantado muy temprano y andaba distraída por cubierta mientras los marineros fregaban las tablas. Había otra mujer levantada, a quien no conocía, gordita, vestida con ropas modestas, fumando un cigarrillo. Me acerqué a la borda donde estaba ella y le dirigí la palabra. Chapurreaba un poco el inglés, me llamó miss y me ofreció, sonriendo, un cigarrillo de su cajetilla. El maître me abordaría luego y me comunicaría, entre susurros llenos de dramatismo, que ésa era una mala persona. La tenían que llevar a bordo por fuerza, me dijo, pero sólo le permitían salir a cubierta por la mañana temprano, a la hora en que no se había levantado todavía ningún pasajero. Ya no volví a verla, pero recuerdo ante mí su cara de mujer rolliza y simpática. ¿Se puede saber qué significa «mala»?

Sin embargo, dejando aparte las consideraciones morales, ¿podría gustarme introducirme en este oficio? No. Nunca. Va contra mi propia naturaleza, ofende mi amor propio, destruye mi orgullo... y me hace miserable corporalmente. No tengo por qué pasar por ahí. Me retiraré de este oficio con toda la alegría del mundo cuando pueda ejercer una verdadera profesión..., cuando pueda ganarme de nuevo el pan de otra manera, más agradable y que convenga mejor a mi orgullo».

Sobre este libro se realizó en 2008 una película que puede verse en http://www.youtube.com/watch?v=2LrK8vbY9zk

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La violencia de género y el amor romántico

Mensaje  Genaro Chic el Miér Nov 13, 2013 11:17 am

Coral Herrera Gómez ha publicado una serie de reflexiones que, combinadas con lo anteriormente dicho, puede ayudar a entender la cuestión sobre la que estamos debatiendo:

El amor romántico es la herramienta más potente para controlar y someter a las mujeres, especialmente en los países en donde son ciudadanas de pleno derecho y donde no son, legalmente, propiedad de nadie. Son muchos los que saben que combinar el cariño con el maltrato hacia una mujer sirve para destrozar su autoestima y provocar su dependencia, por lo tanto utilizan el binomio maltrato-buen trato para enamorarlas perdidamente y así poder domarlas.

Un ejemplo de ello es Kalimán, padrote mexicano que explica cómo logra prostituir a sus mujeres: elige a las más pobres y necesitadas, preferentemente a aquellas que están deseando salir del infierno hogareño en el que viven, o aquellas que necesitan urgentemente cariño porque se encuentran aisladas socialmente. Los padrotes siguen su guión a la perfección: primero las colma de amor, atenciones y regalos durante dos meses, haciéndoles creer que es la mujer de su vida y que siempre tendrá dinero disponible para sus necesidades y caprichos. Después la mete unos días en un prostíbulo para que “le hagan terapia” las muchachas; si ella se resiste, patalea, se enfada, lo mejor es dejar que se le pase sola. Jamás pedirle perdón. Es necesario que sufra hasta que su orgullo se desmorone y se ponga de rodillas, aceptando la derrota. El macho debe mantenerse firme, mostrar su desprecio, marcharse en los momentos de rabia máxima, y nunca apiadarse de las lágrimas de su esposa. Esta técnica les asegura que ellas accedan a sus deseos y trabajen para él en la calle o en puticlubs; la mayoría de ellas no tienen a dónde ir, y según ellos, una vez que prueban el lujo ya no quieren volver a su pobreza.

Este relato de horror es muy común en el mundo entero. No solo proxenetas y chulos, sino también numerosos novios y maridos tratan a las mujeres como yeguas salvajes que hay que domesticar para que sean fieles, sumisas y obedientes. Muchos siguen creyendo que las mujeres nacieron para servir o para amar a los hombres. Y muchas mujeres lo seguimos creyendo también.

“Por amor” las mujeres nos aferramos a situaciones de maltrato, abuso y explotación. “Por amor” nos juntamos con tipos horrendos que al principio parecen príncipes azules, pero que luego nos estafan, se aprovechan de nosotras, o viven a costa nuestra. “Por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo…

Este “amor”, cuando nos llega, nos hace mujeres de verdad, nos dignifica, nos hace sentir puras, da sentido a nuestras vidas, nos da un status, nos eleva por encima del resto de los mortales. Este “amor” no es solo amor: también es la salvación. Las princesas de los cuentos no trabajan: son mantenidas por el príncipe. En nuestra sociedad, que te amen es sinónimo de éxito social, que un hombre te elija te da valor, te hace especial, te hace madre, te hace señora.

Este “amor” nos atrapa en contradicciones absurdas “debería dejarle, pero no puedo porque le amo/porque con el tiempo cambiará/porque me quiere/porque es lo que hay”. Es un “amor” basado en la conquista y la seducción, y en una serie de mitos que nos esclavizan, como el de “el amor todo lo puede”, o “una vez que encuentras a tu media naranja, es para siempre”. Este “amor” nos promete mucho pero nos llena de frustración, nos encadena a seres a los que damos todo el poder sobre nosotras, nos somete a los roles tradicionales, y nos sanciona cuando no nos ajustamos a los cánones establecidos para nosotras.

Este “amor” nos convierte  también en seres dependientes y egoístas, porque utilizamos estrategias para conseguir lo que anhelamos, porque nos enseñan que una da para recibir, y porque esperamos que el otro “abandone el mundo” del mismo modo que nosotras lo hacemos. Es tanto el “amor” que sentimos que nos convertimos en seres amargados que vomitan diariamente reproches y  reclamos.  Si alguien no nos ama como amamos nosotras, este “amor” nos hace victimistas y chantajistas (“yo que lo doy todo por ti”). Este “amor” nos lleva a los infiernos cuando no somos correspondidas, o cuando nos son infieles, o cuando nos abandonan: porque cuando nos hemos dado cuenta, estamos solas en el mundo, alejadas de amigas y amigos, familiares o vecinos, pendientes de un tipo que se cree con derecho a decidir por nosotras.

 Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es una utopía colectiva, pero no es amor.

Amamos patriarcalmente: el romanticismo patriarcal es un mecanismo cultural para perpetuar el patriarcado, mucho más potente que las leyes: la desigualdad anida en nuestros corazones. Amamos desde el concepto de propiedad privada y desde la base de la desigualdad entre hombres y mujeres. Nuestra cultura idealiza el amor femenino como un amor incondicional, abnegado, entregado, sometido y subyugado. A las mujeres se nos enseña a esperar y a amar a un hombre con la misma devoción que amamos a Dios o esperamos a Jesucristo.

 A las mujeres nos han enseñado a amar la libertad del hombre, no la nuestra propia. Las grandes figuras de la política, la economía, la ciencia o el arte han sido siempre hombres. Admiramos a los hombres y les amamos en la medida en que son poderosos; las mujeres privadas de recursos económicos y propiedades necesitan hombres para poder sobrevivir.

La desigualdad económica por razones de género nos lleva a la dependencia económica y sentimental de las mujeres. Los hombres ricos nos resultan atractivos porque tienen dinero y oportunidades, y porque nos han enseñado desde pequeñas que la salvación está en encontrar un marido. No nos han enseñado a luchar por la igualdad para que tengamos los mismos derechos, sino a estar guapas y  conseguir a alguien que te mantenga, te quiera y te proteja, aunque para ello tengas que quedarte sin amigas, aunque tengas que juntarte a un hombre violento, desagradable, egoísta o sanguinario. El ejemplo más claro lo tenemos en los capos de los narcos: tienen todas las mujeres que quieren, tienen todos los coches, droga, tecnología que desean, tienen todo el poder para atraer a muchachas solas y sin recursos ni oportunidades.

Esta desigualdad estructural que existe entre mujeres y hombres se perpetúa a través de la cultura y la economía. Si gozásemos de los mismos recursos económicos y pudiésemos criar a nuestros bebés en comunidad, compartiendo recursos, no tendríamos relaciones basadas en la necesidad; creo que nos amaríamos con mucha más libertad, sin intereses económicos de por medio. Y disminuiría drásticamente el número de adolescentes pobres que creen que embarazándose van a asegurarse el amor del macho, o al menos una pensión alimenticia durante veinte años de su vida.

A los hombres también los enseñan a amar desde la desigualdad. Lo primero que aprenden es que cuando una mujer se casa contigo es “tu mujer”, algo parecido a “mi marido” pero peor. Los varones tienen dos opciones: o se dejan querer desde arriba (machos alfa), o se arrodillan ante la amada en señal de rendición (calzonazos). Los hombres parecen mantenerse tranquilos mientras son amados, ya que la tradición les enseña que ellos no deben darle demasiada importancia al amor en sus vidas, ni dejar que las mujeres le invadan todos los espacios, ni expresar en público sus afectos.

Toda esta contención se rompe cuando la esposa decide separarse e iniciar sola su propio camino. Como en nuestra cultura vivimos el divorcio como un trauma total, las herramientas de las que disponen los varones son pocas: pueden resignarse, deprimirse, autodestruirse (algunos se suicidan, otros se enzarzan en alguna pelea a muerte, otros conducen a toda velocidad en sentido contrario), o reaccionar con violencia contra la mujer que dicen amar.  Ahí es cuando entra en juego la maldita cuestión del “honor”, el máximo exponente de la doble moral: los hombres de manera natural persiguen hembras, las hembras deben morir asesinadas si no acceden a sus deseos. Para los hombres tradicionales, la virilidad y el orgullo están por encima de cualquier meta: se puede vivir sin amor, pero no sin honor.

Millones de mujeres mueren a diario por “crímenes de honor” a manos de sus maridos, padres, hermanos, amantes, o por suicidio (obligadas por sus propias familias). Los motivos: hablar con un hombre que no sea tu marido, ser violada, o querer divorciarse. Un solo rumor puede matar a cualquier mujer. Y estas mujeres no pueden emprender una vida propia fuera de la comunidad: no tienen dinero, no tienen derechos, no son libres, no pueden trabajar fuera de casa. No hay forma de escapar.

Las mujeres que sí gozan de derechos, sin embargo, también se ven atrapadas en sus relaciones matrimoniales o sentimentales. Mujeres pobres y analfabetas, mujeres ricas y cultivadas: la dependencia emocional femenina no distingue entre clases sociales, etnias, religiones, edad u orientación sexual. Son muchas en todo el planeta las mujeres que se someten a la tiranía del “aguante por amor”.

El amor romántico es, en este sentido, una herramienta de control social, y también un anestesiante. Nos lo venden como una utopía alcanzable, pero mientras vamos caminando hacia ella, buscando la relación perfecta que nos haga felices, nos encontramos con que el mejor modo de relacionarse es perder la libertad propia, y renunciar a todo con tal de asegurar la armonía conyugal.
En esta supuesta armonía, los hombres tradicionales desean esposas tranquilas que les amen sin pedir nada (o muy poco) a cambio. Cuanto más deteriorada sienten las mujeres su autoestima, más se victimizan, y más dependientes son. Por lo tanto, más les cuesta entender que el amor de verdad no tiene nada que ver con la sumisión, ni con el sacrificio, ni con el aguante.

La pareja es el pilar fundamental de nuestra sociedad. Por eso Hacienda, la Iglesia, los Bancos, etc penalizan la soltería y promueven el matrimonio heterosexual; cuando el amor acaba o se rompe lo vivimos como un fracaso y como un trauma. Nos desesperamos completamente: no sabemos separar nuestros caminos, no sabemos tratar con cariño al que se quiere alejar de nosotros o al que ha encontrado nueva pareja. No sabemos cómo gestionar las emociones: por eso es tan frecuente el cruce de amenazas, insultos, reproches, venganzas,  y putadas entre los cónyuges.

Y por eso, también, tantas mujeres son castigadas, maltratadas y asesinadas cuando deciden separarse y reiniciar su vida. La cantidad de hombres que no poseen herramientas para enfrentarse a una separación es mucho mayor: desde niños aprenden que deben ser los reyes, y que los conflictos se solucionan con violencia. Si no lo aprenden en casa, lo aprenden en televisión: sus héroes hacen justicia mediante la violencia, imponiendo su autoridad. Sus héroes no lloran, a no ser que consigan su objetivo (como ganar una copa de fútbol o exterminar a los androides).

Lo que nos enseñan en las películas, cuentos, novelas, series de televisión es que las chicas de los héroes esperan con paciencia, los adoran y los cuidan, y están disponibles para entregarse al amor cuando ellos tengan tiempo. Las chicas de la publicidad ofrecen su cuerpo como mercancía, las chicas buenas de las pelis ofrecen su amor como premio a la valentía masculina. Las chicas buenas no abandonan a sus esposos.Las chicas malas que se creen dueñas de su cuerpo y su sexualidad, que se creen dueñas de su propia vida, o que se rebelan, siempre se llevan su castigo merecido (la cárcel, enfermedad, ostracismo social o muerte).

images (2) A las chicas malas no solo las odian los hombres, sino también lasmujeres buenas, porque desestabilizan todo el orden “armonioso” de las cosas cuando toman decisiones y rompen con ataduras. Los medios de comunicación a menudo nos presentan los casos de violencia contra las mujeres como crímenes pasionales, y justifican los asesinatos o la tortura con expresiones como esta: “ella no era una persona muy normal”, “el había bebido”, “ella ya estaba con otra persona”, “él cuando se enteró enloqueció”. Y si la mató, fue porque “algo habrá hecho”. La culpa entonces recae sobre ella, y la víctima es él. Ella metió la pata y merece un castigo, él merece vengarse para calmar su dolor y reconstruir su orgullo.

La violencia es un componente estructural de nuestras sociedades desiguales, por eso es necesario que el amor no se confunda con posesión, del mismo modo que no debemos confundir la guerra con “ayuda humanitaria”. En un mundo donde utilizamos la fuerza para imponer mandatos y controlar a la gente, donde ensalzamos la venganza como mecanismo para gestionar el dolor, donde utilizamos el castigo para corregir desviaciones y la pena de muerte para reconfortar a los agraviados, se hace necesario más que nunca que aprendamos a querernos bien.

Es vital que entendamos que el amor ha de estar basado en el buen trato y en la igualdad. Pero no solo hacia el cónyuge, sino hacia la sociedad entera. Es fundamental establecer relaciones igualitarias en las que las diferencias sirvan para enriquecernos mutuamente, no para someternos unos a otros. Es también esencial empoderar a las mujeres para que no vivamos sujetas al amor, y también enseñar a los hombres a gestionar sus emociones para que puedan controlar su ira, su impotencia, su rabia, y su miedo, y para que entiendan que las mujeres no somos objetos personales, sino compañeras de vida. Además, debemos proteger a los niños y las niñas que sufren en casa la violencia machista, porque han de soportar la humillación y las lágrimas de su heroína, mamá, porque han de aguantar los gritos, los golpes y el miedo, porque han de vivir aterrorizados, porque se quedan huérfanos, porque su mundo es un infierno.

Es urgente acabar con el terrorismo machista: en España ha matado a más personas que el terrorismo de ETA. Sin embargo,  la gente se indigna más ante el segundo, sale a la calle a protestar contra la violencia, cuida a sus víctimas. El terrorismo machista se considera una cuestión personal que afecta a determinadas mujeres, por eso mucha gente que oye gritos de auxilio no reacciona, no denuncia, no interviene. Echando un vistazo a las cifras podremos darnos cuenta de que lo personal es político, y también económico: la crisis acentúa el terror, pues muchas no pueden plantearse separarse, y el divorcio queda para las parejas que puedan permitírselo económicamente. Una prueba de ello es que ahora se denuncian menos casos y en ocasiones las mujeres se echan para atrás; con las tasas judiciales aprobadas en España, las mujeres más humildes ni se van a plantear ir a denunciar: apelar a la justicia es cosa de ricas.

Es urgente  trabajar con hombres (prevención y tratamiento) y proteger a las mujeres y a sus hijos/as.Debemos empoderar a las mujeres, pero debemos trabajar también con los hombres, si no toda lucha será en vano. Es necesario promover las políticas públicas para que tengan un enfoque de género integral, y es necesario que los medios ayuden a generar un rechazo generalizado hacia esta forma de terror instalado en tantos hogares del mundo.

Es necesario un cambio social y cultural , económico y sentimental. El amor no puede estar basado en la propiedad privada,  y la violencia no puede ser una herramienta para solucionar problemas. Las leyes contra la violencia de género son muy importantes, pero han de ir acompañadas de un cambio en nuestras estructuras emocionales y sentimentales. Para que ello sea posible, tenemos que cambiar nuestra cultura y promover otros modelos amorosos que no estén basados en luchas de poder para dominarnos o someternos. Otros modelos femeninos y masculinos que no estén basados en la fragilidad de unas y la brutalidad de otros.

Tenemos que aprender a romper con los mitos, a deshacernos de las imposiciones de género, a dialogar, a disfrutar de la gente que nos acompaña en el camino, a unirnos y separarnos en libertad, a tratarnos con respeto y ternura, a asimilar las pérdidas, a construir relaciones bonitas. Tenemos que romper con los círculos de dolor que heredamos y reproducimos inconscientemente, y tenemos que liberar a mujeres, a los hombres y a los que no son ni una cosa ni otra, del peso de las jerarquías, de la tiranía de los roles, y de la violencia.

Tenemos que trabajar mucho para que el amor se expanda y la igualdad sea una realidad, más allá de los discursos. Por eso este texto está dedicado a todas las mujeres y hombres que luchan contra la violencia de género en todos los puntos del planeta: grupos de mujeres contra la violencia, grupos de autorreflexión masculina, autores/as que investigan y escriben sobre este fenómeno, artistas que trabajan por visibilizar esta lacra social, políticos/as que trabajan para promover la igualdad, activistas que salen a la calle a condenar la violencia, maestros y profesoras que hacen su labor de sensibilización en las aulas, ciberfeministas que juntan firmas para visibilizar los asesinatos e impulsar leyes, líderes y lideresas que trabajan en las comunidades para erradicar el maltrato y la discriminación de las mujeres. La mejor forma de luchar contra la violencia es acabar con la desigualdad y el machismo: analizando, visibilizando, deconstruyendo, denunciando y reaprendiendo junt@s.

http://www.entretantomagazine.com/2013/10/29/37642/

Creo -como apuntaba al principio- que la cosa es más complicada, pero como discurso feminista me parece excelente

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Las mujeres son el enemigo

Mensaje  Genaro Chic el Lun Dic 23, 2013 4:12 pm

La reforma sobre el aborto que pretende el Gobierno español supone otra muestra de autoritarismo en materia penal:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/20/actualidad/1387556010_635478.html

Recuerdo una inolvidable visita guiada a Doñana, de forma reservada. Me encantó el parque, aunque no era primavera, pero lo que me dejó más impactado de todo fue lo que nos dijo el guarda que nos acompañaba al mostrarnos un espino majoleto, entre otras plantas, e indicarnos de paso que las ciervas comen su fruto para abortar cuando sienten que el año no va a ser bueno para la crianza. A alguno este pre-sentimiento animal le puede parecer absurdo y falso (porque no comprendemos su lógica) pero mi cuñado, que es pastor de ovejas, desde hace años me viene mostrando cómo estos animales presienten cómo va a ser globalmente el año desde el punto de vista meteorológico; y no se equivocan.

Me da la sensación que, con nuestra manía de entender que todo es cultura, olvidamos que el ser humano es básicamente un bicho y se comporta por naturaleza como tal. Y que ser persona (una consideración básicamente jurídica) no es exactamente lo mismo que ser humano. Los seres humanos son básicamente iguales en base a la biología (formando sistema el macho y la hembra), pero desiguales en su consideración jurídica casi siempre. ¿O es que el rey no es irresponsable pese a  que la Constitución dice que somos todos iguales sin que se pueda hacer distinción por sexo, etc.? ¿No tiene preferencia el varón sobre la hembra a la hora de heredar la jefatura del Estado en un mundo cultural machista como es el nuestro? ¿Paren  los hombres para que puedan arrogarse la facultad de decidir sobre los embarazos que ellas experimentan? ¿Intervienen los ciervos de Doñana en la gestación de las ciervas y en su decisión de si abortan o no? ¿Cuándo nos vamos a quitar la máscara?

Por supuesto, la cultura es represión y gracias a ella yo he llegado a la vejez, pero hay que reconocerlo: siempre hay quien reprime y quien es reprimido. ¿O no es así? Para evitar en la medida de lo posible la represión extraña hay que luchar, no conozco otro camino.


Genaro Chic

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Aborto: un problema antiguo

Mensaje  Genaro Chic el Mar Dic 24, 2013 12:45 pm

La interrupción del embarazo lleva con nosotros mucho tiempo. Problemas éticos, supuestos y plazos; que un tercero sea el que elija sobre la maternidad de la mujer, y no con el objetivo de proteger la vida del no nacido; violencia estructural; sufrimiento; delito y pecado; métodos anticonceptivos sancionados por la Iglesia; nula educación sexual. Nuestro pasado nos habla de nuestro presente. Y también nos indica cuál puede ser nuestro futuro.

           Las redes sociales, los medios digitales y la sociedad española en general, lleva unos días convulsos por el anuncio del contenido de la nueva ley del aborto. La confrontación de opiniones que podemos encontrar tras la lectura de varios y diferentes periódicos, nos hablan de lo que pasa cuando los derechos sexuales y determinada moral chocan. Así es y así siempre ha sido, pues es un error pensar que las mujeres que nacieron antes de la segunda mitad del siglo XX no se planteaban abortar ante un embarazo no deseado. La interrupción del embarazo, o al menos la intención de abortar, es algo más que antiguo porque muchos de las situaciones que lo motivaban siguen estando ahí. Pero es llamativo el observar que algunos aspectos que suelen acompañar al debate en torno al aborto, llevan con nosotros unos cuantos siglos, desde bastante antes de la Edad Media.

           En el Occidente europeo, las leyes que penalizan el aborto bajo ciertos supuestos ya existían en época romana. Esta dilatada tradición legislativa nos indica que la voluntad de interrumpir el embarazo ha existido en los últimos 2000 años ininterrumpidamente, pues las legislaciones son una respuesta a las realidades sociales. Pero ya el mundo griego se había hecho eco de los problemas éticos que podía conllevar el aborto. En el libro VII de su Política, Aristóteles recomendaba el aborto como medio para evitar la superpoblación, siempre y cuando el feto no estuviese animado. Las palabras del filósofo evocan a las modernas leyes de supuestos al proponer una razón para abortar y un plazo bajo el cual este no sería sancionable: 40 días si el feto era varón u 80 si era mujer, momentos a partir de los cuales se suponía que los embriones tenían alma. Siglos después el distinguir entre fetos animados e inanimados seguía vigente. Las leyes visigodas lo aplican y los penitenciales altomedievales castigan menos, pero castigan, a quienes abortan un embrión sin alma. La misma idea la encontramos en otros pensadores católicos de la Edad Media.

Las leyes de la Roma pagana nunca prohibieron el infanticidio y sí que la mujer decidiera recurrir por su única voluntad al aborto y a los métodos anticonceptivos. Pero su objetivo era proteger los derechos del pater familias, al cual la ley reconocía el poder de vida y muerte sobre su mujer, sus hijos y sus esclavos. Ya fuesen consortes, hijas o esclavas, las mujeres en Roma no eran bajo ningún concepto libres de decidir si querían ser madres o no, era una tercera persona la que tenía este derecho sobre sus vidas. Como se puede ver, en el Imperio Romano pagano la prohibición del aborto no era una consecuencia de la necesidad de protección legal del recién nacido.

Muchas de las leyes del corpus legal visigodo no sólo penalizan el aborto, sino también el hacer a una mujer abortar contra su voluntad. Parte de las leyes hacen referencia a un tipo determinado de violencia directa al que las mujeres embarazadas han tenido y tienen que hacer frente: la “violencia estructural” que ejerce su entorno social al no respetar su decisión de seguir con el embarazo. El uso de yerbas abortivas, venenos y los golpes eran los medios más utilizados para acabar con el problema que crecía en la mujer.

En la Edad Media castellana por mucho que las diferentes normativas civiles castiguen el aborto, este se sigue sucediendo. Los pleitos que han llegado a nuestras manos de finales del siglo XV o inicios del XVI, nos cuentan historias que no se han dejado de repetir: situaciones personales difíciles, mujeres y hombres desesperados que buscan abortivos, remedios tomados uno detrás de otro porque no funcionan, enfermedades por envenenamiento, muerte, sufrimiento. Tampoco la Iglesia castellana a través de la difusión de su moral era capaz de eliminar su existencia.

          Normas civiles y eclesiásticas se dividían a la hora de criminalizar los métodos anticonceptivos. Mientras que los fueros, las disposiciones de cortes y el resto de leyes civiles no hacen mención a estos remedios, la Iglesia siempre los condena junto con el aborto ya que desafían por completo su moral sexual: permiten que todo sea posible y sin riesgos sociales en una cultura donde importa mucho el qué dirán. Y hablar de los placeres del sexo también es pecado.

La interrupción del embarazo lleva con nosotros mucho tiempo. Problemas éticos, supuestos y plazos; que un tercero sea el que elija sobre la maternidad de la mujer, y no con el objetivo de proteger la vida del no nacido; violencia estructural; sufrimiento; delito y pecado; métodos anticonceptivos sancionados por la Iglesia; nula educación sexual. Nuestro pasado nos habla de nuestro presente. Y también nos indica cuál puede ser nuestro futuro.

Ana E. Ortega Baún
http://www.sexomedieval.com/aborto-el-futuro-de-un-pasado/#more-370

Genaro Chic

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El boomerang del hembrismo

Mensaje  Genaro Chic el Miér Abr 22, 2015 12:39 pm


Opinión ajena:

No es ni por machismo misógino (no me lo permitirían las cinco mujeres de mi casa), ni por oportunismo barato (no me lo permitiría mi humanismo practicante), sino porque siempre trato de pensar los asuntos desde la lógica de la Razón y, después, exponerlos tal cual; ya que, con la misma libertad que pienso lo que pienso, expongo mis conclusiones.

Pienso que el hembrismo, ridículo y radical, que crea tantos agravios comparativos entre hombres y mujeres, alcanzó esta semana el colmo del despropósito en nuestro Congreso de los Diputados cuando, intentando defender lo indefendible, alguien expuso como un Derecho de las mujeres, la capacidad de una niña de 16 años para decidir sobre la vida o la muerte de otro ser humano, sin siquiera tener una breve conversación con sus progenitores. ¡Con dieciséis años!… Es decir: cuando la ética aún anda mojando los pañales.

Pero hay que tener cuidado con estos asuntos, porque este hembrismo bárbaro, excluyente, descerebrado y manipulador, tiene un importante efecto boomerang.

Recuerdo que el progre de Zapatero –ése que nos llevó a los españoles a la ruina económica y política-, no sólo reconocía para las niñas esta capacidad ética, sino también la estética; y en un viaje oficial a los Estados Unidos, por algo tan inocente como un posado fotográfico familiar, resultamos el hazmerreír en los periódicos de medio Mundo.

También recuerdo que, sólo hace unos meses –y por pura coherencia en lo que creo-, defendí la inocencia de quien me hizo daño tiempo atrás, en un asunto que me revuelve las tripas: la esperpéntica Ley 1/2004 o de “Violencia de Género”, que se pasa por los forros del Estado de Derecho la presunción de inocencia de cualquier ser humano al que le cuelgue un pene.

Esta Ley, en sus primeros siete años de incordio, provocó más de 800.000 denuncias falsas (¡¡el 79’89 % de los casos denunciados!!). Viendo el estropicio, se le preguntó a su artífice –el Ministro López Aguilar-, qué le parecía esta aberración de Ley que propiciaba tantas denuncias falsas y a la que había criticado el propio Consejo General del Poder Judicial. Él respondió que “era un coste soportable” (¡hasta donde llega la estupidez en la boca de un buscavotos!)

Como ser humano –como ser pensante-, no puedo concebir que sea un coste soportable, que cualquier inocente –por el hecho de ser hombre- pueda ser señalado como un maltratador y tratado como un delincuente, sin haber sido ni juzgado siquiera ¿Será un coste soportable para aquel al que le niegan su presunción de inocencia?, ¿para el que queda señalado por todos?, ¿para el que, por una mentira en cuarentena, pierde la confianza de su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo o la gente que lo ve pasar por la calle?

Más, como nadie está libre de calumnia y a él también le cuelga el apéndice, ahora le ha tocado la china a López Aguilar, el que promulgó este bodrio anticonstitucional.

Sólo espero que le sea leve, se aplique al cuento y, con la dignidad que le ha negado a los demás, sepa soportar el coste.

Lo dicho: cuestión de boomerang.

Francisco Fernández Pro Ledesma

http://ecijaweb.com/index.php?option=com_content&view=article&id=5802:francisco-fernandez-pro-letras-breves-el-boomerang-del-hembrismo&catid=161:la-de-firma-de-&Itemid=800

Comentario mío:

Deseo recordar que en 2008 el Tribunal Constitucional avaló la constitucionalidad de la Ley de violencia de género por siete votos frente a cinco. Se pronunciaba así sobre el artículo 153.1 del Código Penal modificado por la ley de violencia de género y que permite elevar las penas en los casos en los que el varón sea el agresor y la mujer la víctima.

Recordemos también, para ser justos, que la resolución del Pleno del TC obedecía a una cuestión de inconstitucionalidad planteada por la titular del Juzgado de lo Penal número 4 de Murcia, María Poza, al mencionado artículo, o sea por una mujer. Y que la duda de la citada juez se sustentaba en la posible violación del principio de igualdad ante la ley (artículo 14 de la Constitución). De la misma manera que es verdad que los cinco votos en contra de este disparate correspondieron a hombres y que dos de quienes votaron a favor en el TC eran mujeres y cinco varones.

El oportunismo, como se ve, no es una cuestión de género. Como no lo fue, por motivos aparentes bien distintos, que la derecha fuera la que apoyara el derecho universal en España al voto de la mujer durante la Segunda República con la oposición de la izquierda que temía, como sucedió, que al final ganase unas elecciones la derecha: la mujer era lo de menos, lo que importaba era el voto.


Genaro Chic

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Re: El poder, la autoridad, las mujeres y los hombres

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