Nuestra crisis es estructural, como la del siglo II

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Nuestra crisis es estructural, como la del siglo II

Mensaje  Genaro Chic el Miér Ago 13, 2014 11:22 am

¿Cree que sus ahorros rentan poco? Pues prepárese para lo que viene

         
Hace muy pocos días pudimos ver cómo el bono español a 10 años bajaba, por primera vez desde que existe, del 2,5% de rentabilidad. Mientras el Gobierno español saca pecho presumiendo de que eso ocurre gracias a sus buenos oficios, en realidad debería estar extremadamente preocupado, ya que no es sino el reflejo de un problema mucho más profundo y grave que está afectando a la economía mundial. Y esto es, muy probablemente, solo el principio de lo que está por venir.

           Y es que esto que está pasando no afecta solo al bono español sino a multitud de activos a lo largo y ancho del mundo. Uno de los mejores periodistas económicos del mundo, Ambrose Evans-Pritchard, se hacía eco hace muy pocos días de un hecho insólito: los bonos de Francia, Alemania y todos los estados centrales de Europa habían tocado rendimientos históricos mínimos. ¡Y en algunos casos hablamos de 500 años! ¿Qué es lo que está pasando aquí? Desde mi punto de vista deberían haber saltado ya todas las alarmas, ya que el tipo de interés de los activos “sin riesgo” –deuda pública a 10 años– es uno de los indicadores más importantes de la economía.

           ¿Qué es lo que está pasando? Desde hace mucho se sabe que los tipos de interés de la economía están determinados por varios factores, pero el determinante pienso que es, en estos momentos, la escasez de inversiones alternativas. Y aquí es donde se encuentra, a mi modo de ver, la clave de lo que estamos viendo, de que Vd. si tiene la fortuna de tener ahorros esté recibiendo muy poco por ellos y de que no vaya a recibir, casi con seguridad, más y sí probablemente aún menos en los años venideros.

           Durante décadas las buenas oportunidades de negocio fueron abundantes. Desde una perspectiva histórica amplia podríamos decir que enormes. Estaban basadas fundamentalmente en tres factores: el uso de mayores insumos, en la capacidad de absorción de externalidades por parte de la biosfera y en el progreso tecnológico galopante, y han sido el reflejo a nivel microeconómico del enorme incremento vivido en el mundo en la riqueza total, inimaginable para alguien que viviera hace simplemente 100 años. La suma de millones de oportunidades de negocio han dado como resultado lo que estamos viendo. Hasta ahora.

           Estamos llegando rápidamente a los límites en el crecimiento en el uso de los insumos en forma de recursos naturales, como puede verse en el estancamiento en la producción de petróleo crudo o en las continuas alarmas que saltan sobre problemas en el empobrecimiento de las menas de casi cualquier recurso minero. La biosfera comienza a pasar factura de las externalidades económicas actuales y de décadas anteriores (cambio climático, desertización, agotamiento de acuíferos...) y hay bastantes evidencias de que aunque el progreso tecnológico avanza aún a buen ritmo ha pasado ya la era de los grandes saltos en productividad debidos a descubrimientos significativos; las leyes que gobiernan el electromagnetismo, por ejemplo, solo se pueden descubrir una vez; lo mismo pasa con el transistor, los antibióticos, el motor de explosión, la aviación comercial o casi cualquier avance en cualquier campo. Solo la automatización y la robótica siguen avanzando con fuerza pero a costa de inmensas inversiones. Por ejemplo en materia energética sigue sin verse un sustituto equivalente de las energías fósiles, y eso que las inversiones (solar, fusión nuclear...) son gigantescas. La inexorable ley de los rendimientos decrecientes afecta también al progreso tecnológico. Es decir, que la situación causante de este cambio del que hablamos no solo no mejorará sino que irá empeorando cada vez más.

           Estaríamos, pues, y de ser correcto este análisis, ante un cambio radical en la situación vivida desde la época precapitalista iniciada con en el siglo XV, en el que la conquista y colonización del Nuevo Mundo permitió el inicio de una época de fuertes aumentos en los insumos económicos y sobre todo la aceleración en el proceso vivida a partir del siglo XVIII con el inicio de la Revolución Industrial. Un mundo regido por reglas totalmente distintas, mucho más difícil y del que todavía tenemos que aprender las nuevas. Esperemos ser capaces pero, mientras tanto, no espere que volvamos a lo de antes porque eso, sencillamente, no va a pasar.

Artículo entero en http://blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2014-08-01/cree-que-sus-ahorros-rentan-poco-pues-preparese-para-lo-que-viene_170643/

REFLEXIÓN MÍA:

           Cuando por problemas estructurales internos -que los historiadores se resisten a ver por estar acostumbrados a verlo todo en términos de economía capitalista- el mundo de la producción y con ello del comercio internacional se hundió a partir del siglo II, el dinero metálico perdió rápidamente valor (sin que se supiera entonces sustituir por el inmaterial de los bancos modernos que se expandió a partir del Renacimiento europeo) la tierra volvió a ser el valor más importante como símbolo de la riqueza.

           Conforme se desarrolló la susodicha crisis económica se fue produciendo una concentración de poder y riqueza en cada vez menos manos, que por otro lado se fueron cerrando en una casta de aforados, con privilegios jurídicos legales, a los que se llamó "los que tenían más honores o poder" (honestiores). Frente a ellos se encontraban los que estaban los más rastreros, los más pegados al humus o tierra (humiliores), cada vez más ligados a unos trabajos miserables de los que se les impedía en la práctica legal huir y sometidos a una progresiva carga de prestaciones de todo tipo. Tanto es así que muchos de ellos, como nos cuenta el contemporáneo Salviano de Tréveris, cuando eran pequeños propietarios, encontraban más seguro entregar su parcela de tierra a un gran señor privilegiado que los protegiera a cambio de que les permitiera seguir en ella por lo menos como colonos aparceros.

          Hoy, cuando de nuevo el número de privilegiados legales -de hecho y/o de derecho- tiende a aumentar y la tendencia a la desaparición de la clase media va haciendo surgir de nuevo un foso profundo entre los privilegiados y los que pagan impuestos en una proporción creciente [Un 1% de la población mundial se queda con todo: sus fortunas resultan ya incalculables], nos encontramos que la riqueza es hecha surgir de la nada por los bancos mediante los créditos otorgados sin tener respaldo de un dinero legal. Además el Banco Central Europeo presta el dinero a los distintos bancos privados prácticamente gratis. ¿Para qué, entonces, esos bancos van a pagar intereses a los depositantes privados si lo pueden obtener gratis? Si alguien busca rentabilidad a su dinero se ve empujado a invertirlo en el mercado de valores (bolsa) sin más seguridad de recuperarlo que la del desarrollo de la productividad de las empresas en las que depositan su confianza. Empresas que, por otro lado, cada vez pagan mayores cantidades de dinero a sus dirigentes y dejan en manos de estos toda la gestión, siendo los accionista pequeños auténticos convidados de piedra que les entregan su dinero a cambio de tener la esperanza de no perderlo del todo.

           La historia evoluciona necesariamente en espiral, siempre avanzando, pero al mismo tiempo hacia atrás. La era del capitalismo ha entrado en agonía al chocar con los límites finitos del planeta. Otro mundo surge ahora poco a poco. Soy pesimista, por la capacidad de destrucción que hemos acumulado. Siento no poder decir -sin mentir respecto a lo que pienso- lo que a todos nos gustaría oír: Que podemos.

Genaro Chic

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Hoy como ayer

Mensaje  Garciavargas el Miér Sep 03, 2014 11:55 am

Una de las razones por las que la Antigüedad Tardía nos resulta tan atractiva a los historiadores de hoy (a los del siglos XVIII y XIX sólo podía repelerles) es por las semejanzas de todo tipo que encontramos con nuestra época a la que ya estamos acostumbrados a reconocer como una época de crisis. Como suele decir Genaro, que ha señalado magistralmente en este post, como siempre, los paralelismos entre una situación y otra, "siempre que pasa igual, sucede lo mismo" (o casi, ahora los morrazos serán más morrocotudos que en el siglo V d.C.). El análisis del comentarista (Juan Carlos Barba) es claro. Y sin saber mucha historia retrata la situación. Pero yo creo que le falta un elemento (que puede incidir en el pesimismo genariano, pero que, visto con frialdad, no es más que un factor histórico, un factor histórico que nos amargará la vida) que está siempre presente y lo estará cada vez más: la guerra. Lo estamos experimentando ya. Ella será la responsable (además de muchas muertes, evidentemente) de nuevos avances tecnológico que aún no vemos (porque ya hay hasta soldados invisibles) y pondrá las bases de una situación general, económica, tecnológica y social que no podemos imaginar, como no podían imaginar en el siglo XVIII y primeros años del XIX un mundo con aviación y con submarinos. De aquel mundo surgió un mundo nuevo, aunque se llevó sus añitos. Y eso es lo que me da más pena como historiador (y como persona humana): que no podré verlo.

Garciavargas
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