La superioridad ética del mundo financiero islámico

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La superioridad ética del mundo financiero islámico

Mensaje  Genaro Chic el Miér Oct 02, 2013 7:37 pm

El número de musulmanes en la Tierra supera ya al de los cristianos. Estos, al tolerar finalmente en la práctica la usura, han posibilitado el desarrollo de la banca occidental actual en un mundo en que la religión trascendente ha dejado de ser la guía para la vida política. En cambio en el mundo musulmán las cosas son distintas, lo que les coloca paradójicamente en una situación de ventaja en un mundo de grandes convulsiones financieras como el nuestro. Entendemos por ello que vale la pena echar una ojeada a esta exposición reciente que copio, cortando algo algunos párrafos:

La banca islámica hoy

Cuando se habla de banca islámica, lo que llama la atención del interlocutor en primer lugar es precisamente la prohibición de los intereses. Pero las finanzas islámicas son mucho más que eso. El sector ha experimentado un crecimiento considerable en los últimos tiempos. Sus principios basados en la ética y sus atractivos instrumentos financieros lo han situado como una posible alternativa a la banca tradicional.

La banca islámica en la actualidad

La industria la forman actualmente más de 500 instituciones repartidas en 75 países. Entre los 292 bancos totalmente islámicos, las 115 compañías financieras y las 118 compañías aseguradoras, se estima que sus activos totales pasaron de 500 mil millones de dólares en 2007 a un billón en 2010, duplicando así su tamaño en tan sólo tres años.

El sistema bancario islámico también se ha extendido, aunque de manera más paulatina, por el Norte de África y Asia, donde convive con la banca tradicional. En los últimos tiempos, debido al creciente número de musulmanes en Europa y otras partes del mundo, los servicios financieros islámicos han trascendido más allá del mundo musulmán y son ofrecidos no únicamente por bancos islámicos, sino también por sus filiales islámicas en instituciones financieras internacionales clásicas como HSBC o BNP Paribas, que han comenzado a proporcionar a sus clientes productos financieros acordes a los principios de la sharia. En la actualidad diversos bancos prestan servicios de este tipo en países como Alemania, Canadá, China, Estados Unidos, India, Japón, Luxemburgo, Suiza y el Reino Unido.

En un contexto en que los mercados financieros árabes, especialmente los del Golfo, se están viendo también afectados por la crisis económica internacional, la crisis de deuda en los Estados Unidos y Europa y la inestabilidad que ha acompañado a las revoluciones árabes, los resultados positivos de las finanzas islámicas son especialmente relevantes.

Los cambios políticos y los resultados de las elecciones que han tenido lugar en algunos países del norte de África abren además nuevas perspectivas e interrogantes sobre la expansión de este tipo de finanzas en esta región.

La actual crisis económica global ha sido sin duda la que ha hecho poner de relieve el interés por las finanzas islámicas a nivel internacional. Son cada día más los inversores, musulmanes o no, que deciden apostar por este tipo de productos ya sea porque se adecuan a sus creencias ideológicas o simplemente porque representan una nueva alternativa para sus inversiones. El principal atractivo es la ausencia de interés en el crédito y su limitado riesgo, ya que la relación entre banco y cliente no es la clásica entre acreedor y deudor, si no que se trata de una relación en la que ambas partes comparten tanto riesgos como beneficios.

Además, no podemos olvidar que aún en los peores años de la crisis financiera global, la banca islámica ha mantenido un crecimiento, aunque más moderado que en años anteriores, pero suficientemente estable. Los principales analistas financieros han documentado como este mercado se ha visto considerablemente menos afectado por la crisis financiera internacional, en buena medida gracias a las restricciones impuestas a su estructura y el contenido de su principales instrumentos. El respaldo obligatorio de las operaciones [no se puede prestar más dinero que el que realmente se tiene, al contrario que nuestros bancos] por un activo real actúa de freno al excesivo aumento del crédito en momentos de auge como el vivido en países como España hasta 2008. Debido a los principios en los que se basa, la banca islámica permite una valoración de los instrumentos financieros mucho más transparente, en contraposición a los productos financieros tan complejos para la mayoría usados en la banca convencional.

Aunque en la actualidad la industria financiera islámica supone únicamente alrededor del 2% de la totalidad de la banca mundial, su enorme potencial de crecimiento y sus atractivos productos financieros hacen que algunos analistas consideren que en un futuro esta podría incluso desplazar por completo a la banca tradicional.

El Islam posee su propio paradigma de las relaciones económicas basado en normas derivadas de la sharia. La sharia especifica, entre otras cosas, las normas para la asignación de recursos, los derechos de propiedad, la producción y el consumo, el funcionamiento de los mercados y la distribución de la riqueza. Del mismo modo, también especifica los requisitos que definen el marco en el que el sistema monetario y bancario puede operar. El núcleo de este marco es que, como mecanismo para la asignación de recursos financieros, el tipo de interés es sustituido por una tasa de retorno sobre las actividades reales.

Aunque la ausencia de interés es una característica central en el sistema financiero islámico, no es en absoluto la única que posee. En realidad, la banca islámica no rechaza el beneficio, por el contrario, como cualquier otra actividad financiera busca maximizar en la mayor medida posible su capital. Sin embargo, la sharia especifica los modos lícitos para poder obtenerlo.

Aunque con algunos matices según las diferentes interpretaciones de las distintas escuelas jurídicas, los principios fundamentales sobre los que se basan las finanzas islámicas son los siguientes:
• Contenido Halal (todo lo que está permitido por la sharia). La sharia prohíbe el financiamiento de toda actividad considerada dañina para la sociedad en su conjunto como las vinculadas al consumo de alcohol o drogas, los juegos de azar y apuestas de cualquier tipo, la industria porcina, la pornografía o la fabricación y venta de armas de destrucción masiva.

Prohibición de Riba: La prohibición de pagar o recibir un interés fijo se basa en el principio islámico de que el dinero es sólo un medio de intercambio, una forma de definir el valor de una cosa, no tiene valor en sí mismo y, por lo tanto, no se debe permitir que este dé lugar a más dinero simplemente por ser depositado en un banco o prestado a otra persona. El esfuerzo humano, la iniciativa y el riesgo invertido en una empresa productiva son más importantes que el dinero utilizado para financiarlo. Sin embargo, esta prohibición no se debe confundir con las tasas de retorno o las ganancias del capital, ya que los ingresos y la distribución de los beneficios generados por la actividad económica real son alentados por el Islam. Pero mientras que el beneficio simboliza la creación de riqueza adicional a través de una iniciativa empresarial exitosa, el interés, determinado a priori, es un costo que se acumula con independencia del resultado de las operaciones comerciales y puede crear riqueza incluso si hay pérdidas en el negocio.

Prohibición de Gharar: Este principio fundamental en las finanzas islámicas establece la prohibición de la presencia de cualquier elemento de incertidumbre o ambigüedad en los contratos comerciales acordes a la sharia. Un ejemplo de gharar son los juegos de azar, ya que el jugador desconoce el resultado final de la apuesta.

Prohibición de Maysir: El término maysir significa literalmente juego de azar o suerte, actividad totalmente prohibida por la sharia ya que se considera que con ello únicamente se consigue dinero sin esfuerzo y se transfiere la riqueza pero no se crea de nueva. Como extensión se entiende que también queda prohibida cualquier forma de especulación que juegue con el concepto de tiempo para obtener beneficios, lo que incluye los contratos de mercado de las finanzas convencionales.

Además, todas las actividades financieras deben tener una finalidad material y estar relacionadas, directa o indirectamente, con una actividad económica real. Las transacciones deben estar respaldadas por activos reales tales como inmuebles, vehículos, o minas de oro u otros recursos naturales. Del mismo modo, las inversiones se pueden llevar a cabo únicamente a través de activos reales y duraderos.  Con todo ello se evita la especulación y actividades como la venta en descubierto quedan totalmente prohibidas.

Sin duda, la creciente industria financiera islámica puede contribuir enormemente a la implantación de un sistema económico equitativo, que respete y participe en el desarrollo social. También puede dar respuesta a todos aquellos que buscan un nuevo producto que aleje sus ingresos de las financiaciones poco éticas a las que recurren las grandes entidades en la actualidad y que en contraposición trate de buscar el beneficio colectivo en vez del lucro individual. Sin embargo, la gran tecnicidad que se ha adueñado de este ámbito puede de algún modo llegar a eclipsar los auténticos desafíos con los que se encuentra actualmente este tipo de finanzas.

No hay que olvidar que desde sus inicios en los años 60, esta ha sido una industria elitista dirigida sobre todo a las fortunas de las petromonarquías, mientras que las clases medias y las pequeñas y medianas empresas de países musulmanes siguen teniendo dificultades para encontrar servicios bancarios que respeten su ética. Según un estudio publicado por el economista Patrick Honohon en 2007, se estima que el 72% de los habitantes de países con mayoría musulmana no utiliza servicios financieros formales. Incluso donde existen estos servicios financieros, se continua considerando en cierto modo que los productos convencionales son incompatibles con los principios financieros establecidos en la ley islámica. Por esta razón, en los últimos años, algunas instituciones microfinancieras (IMF) han iniciado la oferta de servicios a clientes musulmanes de bajos ingresos que busquen este tipo de servicios, lo que ha dado lugar a un nuevo mercado en auge actualmente: las microfinanzas islámicas.

Esta nueva alternativa representaría de un modo más palpable los principios islámicos, también sería aplicable a la ética universal y, por qué no, facilitaría la expansión de este tipo de finanzas a todo el mundo. En ella se representa la mezcla de las dos industrias, las finanzas y las microfinanzas islámicas, eso explica su gran potencial y gran crecimiento, ya que puede satisfacer a los que más poseen a la vez que se combina con el principio solidario islámico de ayuda a los más desfavorecidos.  Aun así, las microfinanzas islámicas están dando sus primeros pasos, y recién están apareciendo los modelos de negocios en este campo. Aunque es cierto que en Gran Bretaña, el país más avanzado de Europa en este aspecto, se pueden encontrar productos financieros islámicos como la murabaha manzil o hipotecas halalen bancos como el HSBC o el Islamic Bank of Britain, estas instituciones están todavía muy lejos de responder a la demanda y de favorecer la creación de empresas.

http://informandonos.com.ar/index.php/breves/1665-banca

Genaro Chic

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Re: La superioridad ética del mundo financiero islámico

Mensaje  Genaro Chic el Lun Abr 20, 2015 11:59 am

Cuando observamos los globalizados mercados financieros actuales, en los que la actividad se desarrolla con total independencia de la religión de los que emiten, invierten, intermedian o supervisan las operaciones, no podemos sino darle la razón a Voltaire al decir que "cuando se trata de dinero, todos somos de la misma religión". En ellos cada uno busca su propio beneficio con total independencia del Dios al que luego rece en la intimidad, situación que a su vez ha sido posible al superarse también las históricas desavenencias entre las grandes religiones del mundo y las tasas de interés.

Pero en las paces de Dios con la usura encontramos una excepción, los musulmanes, que se niegan a desligar sus actividades, y entre ellas las financieras, de los preceptos de la religión islámica o sharia. Por ello, la coexistencia con el resto del mundo en los mercados financieros podría parecer en principio imposible, pero no es así: los ingenieros financieros, con la imaginación tan fecunda que propicia el dinero, se aplican para integrarlos.

Las finanzas islámicas aparecen como una forma diferente de enfrentar la tarea financiera. Encontramos prohibiciones que para las finanzas occidentales, en las que casi todo vale, son impensables, como la exclusión de ciertos sectores -bebidas alcohólicas, tabaco, armamento, pornografía, juego y el sector porcino-, por no ser considerados beneficiosos para la sociedad. También está totalmente prohibido el interés, porque se entiende el dinero como un medio de intercambio, sin valor en sí mismo; el enriquecimiento injusto, derivado de que una de las partes sea tratada con abuso o inequidad; o la especulación, ya que la rentabilidad tiene que provenir del esfuerzo o del valor real de la prestación. Se exige, en cambio, el reparto de riesgos y beneficios entre los que llevan a cabo la inversión productiva y los que aportan el capital, potenciando así el desarrollo de la economía real e impidiendo la excesiva financiarización de la economía.

Así, por poner unos ejemplos, los bancos islámicos no conceden hipotecas sino que adquieren la vivienda, la mantienen en su balance, y sólo pasa a ser propiedad de la familia que la deseaba tras una serie de años en régimen de alquiler, como un leasing; en los bonos islámicos o sukuk, el rendimiento está ligado a los beneficios del proyecto al que financian, como los emitidos por General Electric, en los que los bonistas adquieren el usufructo de su división de alquileres de aviones; o los fondos de inversión islámicos, coherentes con su filosofía pero siempre que se limiten sus inversiones a empresas permitidas y de bajos ratios de endeudamientos.

Que la bolsa de Londres -y otras bolsas europeas en menor medida- tenga un segmento de negociación específico para los sukuk. Que los bancos occidentales estén desarrollando estrategias, ventanillas islámicas, para ofrecer productos islámicos compatibles. O que incluso el Gobierno británico emitiera en 2014 deuda pública, un sukuk soberano, ligado a activos inmobiliarios públicos para que cumpla las leyes de la sharia. Nada de ello debe extrañarnos: es mucho el negocio que está en juego, con un cluster de clientes cercano a los dos mil millones de musulmanes y con unas necesidades astronómicas de financiación y de inversión, tanto en la Tierra del Islam como en nuestros propios territorios.

El desarrollo está siendo espectacular, el año pasado las finanzas islámicas movieron un volumen de más de 1,6 billones de dólares, y Londres se ha convertido en el hub financiero islámico mundial. Ante esto, algunos autores, defensores de la rigurosidad del cumplimiento de la sharia, están denunciando que en muchas ocasiones se busca la forma de disimular los preceptos bajo apariencias de comisiones, honorarios, multas o participaciones en beneficios. Es probable que en algo se estén contaminando de las finanzas occidentales, pero lo cierto es que en esta integración los islámicos imponen la diferenciación, exigen que, al menos simbólicamente, sus costumbres sean respetadas. Se mantienen, como en otros muchos campos, apegados a sus tradiciones, sus creencias, su fe.

Nosotros, los occidentales, adorando a nuestro dios verdadero, el dinero, ni dejamos que nos traspasen sus interesantísimas propuestas éticas, ni somos capaces de obligarles a que aquí, en nuestros bancos y en nuestros mercados, las finanzas se hagan a nuestra manera.

Carmen Pérez

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2010859/finanzas/islamicas.html

Genaro Chic

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