La era Aznar: pasteles en vez de pan

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La era Aznar: pasteles en vez de pan

Mensaje  Genaro Chic el Miér Mayo 22, 2013 8:48 pm

Dice Aznar que lo mismo vuelve. El pensamiento inmediato es “bueno, pero primero tendría que haber elecciones”. No necesariamente, miren si no en Italia cómo colocaron al ¿ex? asesor de Goldman Sachs, uno de los principales centros de especulación que siguen promoviendo la crisis europea, como primer ministro. No harían falta elecciones si la situación es de “emergencia nacional”. No sería tampoco la primera vez que se saltan a la torera un mínimo maquillaje democrático.

El caso es que no me cabe la menor duda de que, incluso con elecciones, un gran número de españoles votarían a Aznar. Es una figura mitológica, como los unicornios, la oposición socialista o las armas de destrucción masiva. Ya sé que es un tema recurrente lo de la Guerra de Iraq, pero luego volveré sobre él para explicar por qué es importante tenerlo siempre presente. La cuestión, como decía, es que se ha creado un mito en torno a la figura del expresidente basada en la recuperación económica, principalmente, y en cierta sensación de estabilidad y prosperidad. Algo así como decir “una España como Dios manda”. Vayamos por partes.

El mito de Aznar se sustenta en su “milagro económico”. Pero la etapa de Aznar no fue de éxito económico, fue de crecimiento económico, y ni siquiera vino propiciado del todo por sus medidas. De hecho, la clave estuvo en la Ley de Fusiones Bancarias de la etapa anterior. El gobierno socialista anterior de Felipe González se enfrentó a una crisis económica global (el PSOE tiene la virtud de gobernar siempre cuando estallan estas cosas) derivada de problemas estructurales propios del país sumados a la situación mundial. Los socialistas habían dejado definitivamente de ser de izquierdas hacia 1987, y desde entonces alimentaron una serie de políticas totalmente neoliberales de las cuales Solchaga y Solbes fueron el exponente.

La banca española fue creciendo desde los 60 mediante de la compra de entidades más pequeñas o bancos en dificultades. Las fusiones y adquisiciones ya existían, pues, en España, pero no del calado que tuvieron a finales de los 80. Éstas comenzaron cuando José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro de Toledo unieron el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya en 1987. Un año antes Sánchez Asiaín diseñó un plan para iniciar el crecimiento del Bilbao mediante la fusión con otro colega de importancia. El estudio, llamado “el de los relojes”, se decidió por el “modelo CYMA” que comportaba nada menos que el asalto al Banco Español de Crédito. Banesto había perdido el primer puesto del ranking bancario español a favor del Banco Central, pero seguía siendo un gigante.

“En sus primeros contactos nadie en el Español de Crédito se le tomó en serio. Se dice que Sánchez Asiaín habló con José María López de Letona, hombre fuerte impuesto por el Banco de España, pero que no avisó a Pablo Garnica, presidente, con talante de propietario, de la entidad. Ante el fracaso de la breve negociación previa, Asiaín lanza nada menos que una OPA inamistosa —salvaje llamada entonces— para la compra en el mercado de la mayoría de las acciones del Banesto. Fue un gran escándalo.” (Banca15)

En medio aparece una figura fundamental, Mario Conde, abogado del Estado, gallego, socio de un financiero de toda la vida, Juan Abelló —hoy consejero del SCH— y que había reunido una importante fortuna por la venta de la compañía farmacéutica, Antibióticos SA. Conde fue elegido presidente del Banesto poco después de solucionado el ataque de Sánchez Asiaín. En breve tiempo, fue Conde quien consiguió desalojar a los representantes de las antiguas familias de banqueros que habían conformado durante muchos años el poder en Banesto.

“Lo que López de Letona había intentado hacer con suavidad —y por encargo del entonces Gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, Mario Conde lo conseguiría sin esfuerzo gracias al hundimiento psicológico de todo aquel Consejo que entregó todo el poder a Conde y Abelló sin condiciones, aunque —eso sí— en ese tiempo había sorprendido que los dos personajes invirtieran una cantidad muy notable de dinero en acciones de Banesto.” (Banca15)

Antes de que se hubiera pasado la resaca provocada por la OPA del Bilbao contra Banesto se producía la fusión de los dos grandes bancos vizcaínos: Banco Bilbao Vizcaya (BBV), la primera fusión de la historia reciente de la banca española. Esto no habría sido posible sin el cambio político que había estado produciéndose en España.. Felipe González había ganado las elecciones de 1983 y 1987. Hasta entonces, la UCD había mantenido las estructuras económicas y financieras desde los tiempos del franquismo (si bien la estructura cambió, no los actores de la misma cuyas oligarquías siguen siendo las mismas). Incluso, permanecían muchas leyes que limitaban la libertad de la actividad financiera, provenientes de la posguerra.

Resulta fundamental la figura de Carlos Solchaga, ministro de Economía y Hacienda de los Gobiernos socialistas durante muchos años que tras la desaparición política de Miguel Boyer. Solchaga es un neoliberal formado en la Escuela de Chicago (friednamita al ultranza), que entiende que el Estado debe ser empresario y limitar ciertos crecimientos. En Solchaga imperan más los principios estéticos que los éticos.

Para ir resumiendo la historia, aparece, tras muchas cuestiones, dimes y diretes, Francisco Luzón, otro de los que habían sido “cachorros” del presidente del Vizcaya, Pedro Toledo. Luzón , recibe el encargo de “privatizar” y fusionar desde dentro del Estado el conglomerado de bancos públicos que la Administración mantenía desde hacía muchos años. El principal de todos ellos era el Banco Exterior de España fundado originariamente para ayudar a las exportaciones y, en general, todas las transacciones exteriores. Era, prácticamente, el único que tenía autorización administrativa para ello. Tuvo bastante sentido durante los años de la autarquía del régimen franquista. En realidad, la ausencia de libertad en la circulación de capitales se había mantenido durante muchos años y sería el largo periodo de gobierno de Felipe González cuando se realizó una apertura sin precedentes en este sentido.

La clave estaba en la CEE. Para que España pudiera pertenecer a la moneda única y la futura UE, era necesario que se liberalizara por completo la circulación de capitales. El Banco Exterior de España (BEX) había ido creciendo en su vertiente de banca retail, al calor del crecimiento de toda la banca. Poseía la Caja Postal, una de las principales entidades de España, y bancos sectoriales como el Banco Hipotecario de España, el Banco de Crédito Local o el Banco de Crédito Agrícola estaban en manos de los ministerios que marcaban su especialidad. Luzón fundó con ello la Corporación Bancaria de España en 1991 y la bautizó con el nombre de Argentaria.

La Ley de Fusiones Bancarias de época socialista fue ampliamente aprovechada con la llegada de Aznar en el 96, sumado a un control fiscal y presupuestario, y por tanto del déficit de las cuentas públicas y a la privatización de las grandes empresas públicas como Argentaria. La ley española para fusiones implicaba un crédito fiscal de enorme importancia y que significaba el beneficio de varios años. Dicho ahorro de impuestos era, en la mayoría de las veces, una ayuda inestimable que tendía a corregir defectos y pérdidas de las cuentas de años anteriores. Lo que está claro es que sin la ayuda fiscal habría que pensar que la historia de las fusiones hubiera sido muy distinta.

El propio Rato reconocería que había sido Solbes quien había puesto las bases para una corrección del largo recorrido que los socialistas habían impreso al déficit, a la subida de impuestos y, por supuesto, a las devaluaciones. Bien puede citarse. Aparte de resolver problemas de competitividad y de déficit, las tres devaluaciones de Carlos Solchaga habían traído la costumbre de disparar contra la peseta, no contra el pianista. Y, en efecto, maniobras cambiarias internacionales que perjudicaban a la débil divisa española se hacían desde fuera y desde dentro. De septiembre de 1992 a mayo de 1993 se hicieron las citadas tres devaluaciones. La crisis económica había pegado duro en 1993 y en parte de 1994. Pero ya en 1995 las cosas pintaban mejor.

Entra también en escena Emilio Botín que había apoyado a Aznar cuando era candidato. Su premonición era que la privatización de las grandes compañías iba a relanzar el negocio financiero de los grandes bancos. Ciertamente, y ese fue un camino también de modernización de técnicas de mercados y del negociado de fusiones y adquisiciones. Fue el BBV quien quiso tomar mucho sitio en las futuras colocaciones de valores.

Entre 1995 y 1996 parece que las dos fusiones existentes no son suficientes. Se llega a sospechar incluso que Banco Popular estaba dispuesto a hacerse con el Central Hispano. Por otro lado, los rumores adjudican que Argentaria podría ser adquirido por el BBV. Todo el mundo niega tales extremos. La realidad demostró que se trataba de rumores locos. Sin avisar, como lo hacen los políticos, se hizo el cambio en Argentaria. Francisco González, personaje muy conocido por su trabajo en Bolsa, había tenido una boyante agencia de valores, sustituye a Francisco Luzón al frente de Argentaria. Y llegaron los cambios previstos por el PP, Miguel Blesa sustituiría a Jaime Terceiro en Caja Madrid; Juan Villalonga, asume la presidencia de Telefónica, y César Alierta es nombrado presidente de Tabacalera. Rodolfo Martín Villa se convertiría en presidente de la eléctrica Endesa, pero ya en 1997, tras un periodo de “cohabitación” del mallorquín Feliciano Fuster con el gobierno popular. Juzguen ustedes cómo ha ido acabando cada uno.

1998 marca el punto de partida de lo que sería la consecución de las dos grandes fusiones de la historia bancaria española, la del BBVA y la del BSCH. La clave estaba en la entrada en el Euro.Botín deseaba que el Santander fuera líder en Reino Unido y lanzó para ello una serie de productos “mortales” para la competencia, tal como las supercuentas. Pretendía ganar clientes, dinero, cuota de mercado y, al mismo, previsiblemente debilitar a sus rivales.

El 27 de febrero de 1998 la Comisión Europea declara que España cumple los principales requisitos para ingresar en la Unión Monetaria Europea (UME). El Gobierno de Aznar, y el equipo de Rodrigo Rato, ha adecuado las cuentas públicas a los baremos exigidos por la Unión. Desde luego, para la banca española —comenzando por el Banco de España— se acoge la noticia con preocupación, pero con esperanza. Hay mucho que hacer para prepararse para la nueva situación.

Un año después, en enero de 1999 se anuncia, casi por sorpresa la fusión entre el Santander y el Central Hispano. Botín abre el acto con, más o menos, estas palabras: “Nace el banco del Euro”. Y, en efecto, el 1 de enero de 1999 España se incorpora al Euro y se inicia la tercera y última fase de la Unión Monetaria Europea, al ceder los países miembros sus respectivas políticas monetarias al Banco Central Europeo.

La fusión entre el Santander y el Central Hispano aceleraría los intentos del BBV de fusionarse con la Argentaria de González. El 15 de octubre de este año de 1999 se anunciaba, por fin, la fusión entre el BBV y Argentaria. Clave sería también el año 2000: se produjo la adaptación a la política fiscal, presupuestaria necesaria para igualar los parámetros del Tratado de Maastricht. Bancos y cajas se preparon para abrirse a un tiempo de tipos de interés extraordinariamente bajos, cosa no fácil y nunca visita en nuestra industria financiera.

Con el nuevo siglo el aznarismo se encuentra en pleno apogeo. España tiene un sector financiero descomunal fruto de la entrada de grandes cantidades de activos procedentes de los bancos alemanes, principalmente, que tenían unas cantidades ingentes de dinero para prestar. En lugar de canalizar esa potencialidad hacia la renovación del tejido industrial (se dijo entonces, y se sigue diciendo por parte de algunos sectores ideológicos que esto era un atraso, pero Alemania sigue adelante, entre otras cosas, porque tiene una potente industria con un alto nivel tecnológico que le permite exportar a un ritmo endiablado) y a la investigación, el gobierno de Aznar propició una nueva, y nefasta, Ley del Suelo. Esto llevó a la creación de la Burbuja Inmobiliaria cuya consecuencia fue un crecimiento desorbitado en poco tiempo y con un tejido económico muy frágil. Nada de I+D+i, ni renovación de la industria, ni nada. Ladrillo.

Dicho de otra forma, el mito de Aznar se sustenta en la gran mentira, en haber dado a los españoles, como supuestamente dijo María Antonieta a las masas hambrientas de París en 1789, “pasteles en vez de pan”. El modelo económico aznarista degradó la enseñanza porque, al inundar de dinero el trabajo no cualificado, grandes masas de población se entregaron a éste como medio para tener grandes coches y casas sin pasar por el aro de una formación elevada. Principalmente porque esa formación a lo que te llevaba, y te sigue llevando, es a irte del país o a vivir de beca en beca, cuando la hay.
No fue el único, por supuesto. Su sucesor, Rodríguez Zapatero, tampoco acometió la necesaria reforma del país. España necesita desde hace décadas una definición exacta de su modelo territorial, bien completamente federal bien completamente centralizado, pero no un híbrido absurdo que lleva a una enorme duplicidad en las administraciones. Este problema territorial ralentiza la apertura de nuevas empresas y permite, a su vez, la persistencia de una red clientelar entre la casta política y la económica en las regiones. Andalucía es un caso paradigmático junto a Cataluña. Aznar no se atrevió, como tampoco Zapatero ni Rajoy, a permitir a la inspección de Hacienda intervenir en las empresas del IBEX-35. De esta forma han permitido de facto un paraíso fiscal encubierto para muchas de estas empresas que han comprado, bajo amenazas (hace poco los propios bancos advirtieron al PSOE que si seguía con su deriva ideológica “radical” podría no ver refinanciados sus préstamos) o directamente usando su influencia.

Ésa sí es la herencia recibida de Aznar, un expresidente cuyo mito se basa en mentiras y en la mediocridad de quienes tenemos en el presente, tanto en quienes gobiernan como en las alternativas.

Que dice Aznar que vuelve, si eso. Ya no saben cómo echarnos del país.

Aarón Reyes Domínguez

http://elhombrebizantino.wordpress.com/2013/05/22/el-mito-de-aznar/


Genaro Chic

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