Castidad y castigo

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Castidad y castigo

Mensaje  Genaro Chic el Lun Jun 18, 2012 2:53 pm

Se puede decir que la religión es un paso previo al Estado, en cierto modo la otra cara de la misma moneda (M. Bloch, Prey into Hunter. The Politics of Religious Experience, Cambridge, Cambridge University, 1992). De hecho en los textos más antiguos que conocemos, los de la Mesopotamia de hace 4500 años, encontramos que el Palacio se va segregando, por motivos sobre todo de administración, del Templo: lo racional se va a separar progresivamente (sin romper nunca) de lo emocional, que es el campo del que siempre se parte para establecer el marco represivo de la cultura. Desde nuestra perspectiva actual la ilusión del estado será su progresiva independencia de la religión, al tratarse en el primer caso de una forma cultural más avanzada; y en la medida de lo posible procurará prescindir de ella en cuanto se pueda, al menos como actividad pública (reduciendo la religión al ámbito de lo privado).

Pero el corte nunca es evidente (dudo que en realidad se dé, pues sólo se consigue transformar en inmanentes –el Dinero fiduciario, por ejemplo- las anteriores creencias trascendentes –Dios-). Hoy me voy a detener brevemente en el concepto de castigo.

En 1887 G. Humber (en Daremberg-Saglio) señalaba que «se hace derivar esta palabra de castum y de agere [“hacer que se haga casto”], lo que indica la naturaleza primitiva de la castigatio, castigo religioso infligido a un culpable como expiación de un hecho que atraía sobre él y sus conciudadanos la cólera divina. Era por tanto una purificación, que podía ir acompañada por una reprimenda o incluso por una determinada penalización. Más tarde, cuando el jus sacrum [derecho sagrado] se hizo cada vez más extraño al derecho penal, la expresión castigatio debió perder su significado originario».

La misma opinión la mantienen en 1985 A.Ernout y A. Meillet, (Dictionnaire étymologique de la langue latine: histoire des mots, Paris, ed. Klincksieck, 1985, p. 104): castigare debe tener el sentido primigenio de «instruir», de donde deriva el de «reprender», pues es evidente que deriva de la misma raíz que la palabra castus (casto). Esto lo señalan después de analizar la etimología de esta palabra, señalando que “es un término de la lengua religiosa, «que se ajusta a las reglas o a los ritos» (se dice de los hombres y de las cosas)”. Por eso presenta las formas masculina (castus), femenina (casta) o neutra (castum).

La castidad es pues un concepto que se aplica a lo que ha sido instruido, metido en la cabeza de forma cultural como tabú, y al mismo tiempo, como señalan esos especialistas, lo que carece (careo) de impureza, lo que implica una abstinencia. De ahí que lo contrario a castus sea incestus: impuro, manchado, de donde sale «incestuoso, culpable, criminal».

En principio pues la castidad no está restringida al campo de la sexualidad, aunque por ser éste el que experimenta uno de los mayores grados de represión cultural (la institución del matrimonio busca aligerar tensiones sociales estableciendo contratos para el disfrute, garantizado por las leyes, del sexo y regulando la reproducción y el traslado posible de la propiedad) con la mayor frecuencia se encuentra referida en el imaginario popular a la restricción de las actividades sexuales, sean de obra o de pensamiento.

Pero en cualquier caso castidad no es lo mismo que abstinencia sexual, pues se puede producir (y se aconseja que se produzca) dentro del marco de la vida matrimonial. El celibato como forma religiosa de vida puede implicar la castidad, pero no sucede necesariamente al contrario. No es la actividad sexual lo que se condena, sino el no tenerla de acuerdo con lo marcado por los tabúes (luego leyes). Una mujer, por ejemplo, puede ser perfectamente casta si solo tiene relaciones sexuales con el macho que le ha sido asignado por ley (maritus), por abundantes que estas relaciones sean. Sólo cuando se transgrede esa norma es cuando se da el peccatum (pecado), que los mismos investigadores del lenguaje antes señalados (p. 491) señalan que tiene el sentido de «tropiezo, paso en falso». Se cae entonces en el delito (delitum), «lo que borra, lo que destruye», se entiende que el orden social marcado por las leyes o tabúes (p. 168). La comisión del mismo provoca la culpa (culpa), que es el estado en que se encuentra quien ha incurrido en «negligencia», descuido, falta de cuidado, y con ella el miedo a la represión social que puede conllevar si esa falta es conocida (p. 155). Sabido es que hay numerosos ejemplos de personas que han llegado a morir simplemente por el sentimiento de culpa, de haber transgredido un tabú, de vergüenza por el hecho mismo de haberlo conculcado (incluso de forma involuntaria). De hecho inducir en los demás el sentido de culpa es la forma más eficaz de controlar el orden social. De ahí que incluso los sistemas que se consideran ateos no dejen de apreciar la ventaja de que los controlados tengan miedo a sus propias acciones, con independencia de que se les coja o no en delito. ¿No mantuvo la antigua Unión Soviética en nómina a los sacerdotes? Gobernar es hacer creer.

ADDENDUM: Hay un libro reciente sobre el tema del neurólogo, psiquiatra, psiconanalista y etólogo francés Boris Cyrulnik: Morirse de vergüenza. El miedo a la mirada del otro, Barcelona, Debate, 2011.

«"La vergüenza es un arma que el avergonzado entrega a quien le mira", dice Cyrulnik. Y recuerda el discurso social del himen de las mujeres antes de casarse, del adulterio o del trabajo de los hombres o del racismo hacia los negros. Aunque no ofrece del todo una conclusión, revela cómo desenmascarar lo que se oculta detrás la vergüenza, quizás no tiene nada que ver con la persona que la experimenta».

(Fragmento tomado de http://www.e-consulta.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=21467:la-verg%C3%BCenza-o-cuando-tenemos-miedo-a-la-mirada-del-otro&Itemid=332 )

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Re: Castidad y castigo

Mensaje  FabiánPP el Lun Jul 09, 2012 9:29 pm

Algunas de estas cuestiones las veo desde esta perspectiva. ¿Es el castigo una herramienta eficaz? El castigo es la última salida contra quién sobrepasa la norma establecida, y la sutilidad de la norma en su imposición social, queda definida en la moral y en el sentimiento de culpa: en primer lugar, se establece la presencia de un reproche, la del otro, y en segundo lugar, una valoración o enjuiciamiento del comportamiento, reprochable o no.

La valoración del comportamiento es consustancial a la mirada del otro… siempre se produce en sociedad, y buscamos nuestra auto-representación en dicha valoración, una dimensión compleja de la mente humana.

¿Es el sentimiento de culpa una estrategia eficaz? Lo es en tanto que redefine el comportamiento desde la coacción subjetiva, sin participar en él otros elementos ajenos que supondrían un desgaste social añadido, es decir, ayuda de este modo a la estabilidad cultural del sistema evitando el conflicto. Por ello, este sentimiento de culpa significa una asunción del pecado en la misma conciencia del pecador, al que a veces, incluso, no le basta el castigo, la coacción objetiva, para subsanar el daño generado. El sentimiento de culpa es, de este modo, una excelsa expresión de esta estrategia cultural. Este sentimiento, sin embargo, tiene su contrario en la hipocresía, en el acto reprochable no declarado, un lugar donde no se produce el enjuiciamiento y se evita el castigo.

Subsanar los desperfectos psicológicos que suponen el sentimiento de culpa, requiere de la definición de una estrategia de reversibilidad: el perdón. En la perspectiva religiosa de la cuestión, esto entronca directamente con las polémicas teológicas acerca del libre albedrío de la condición humana, incluso acerca de la predestinación a la Salvación del sujeto por la gracia divina concedida a él, polémica ardua dentro de la tradición cristiana.

El pecado es la expresión objetiva de dicha culpa, es decir, el hecho reprochable en sí, pero él necesita de la participación social, de su definición cultural. Por ello quizás, se comprende que dichas estrategias son consustanciales al aparataje cultural: la estrategia es no sólo eficaz, sino probablemente inevitable, pero el contenido de dicha estrategia es contingente y variada. Su redefinición moderna quizás no la hace más justa, sino más adaptada, pero por ello, sin embargo, más justa…

Estas ideas pueden ser conceptualizadas o simplemente dibujadas, para introducirse entonces en el entendimiento desde la razón o desde las emociones. Este segundo campo es desde el que se desgrana todo este entramado del castigo y la culpa en el mito de Don Juan. Es él una destacada expresión literaria capaz de modelar todo este corpus teórico, desde la perspectiva de las vanidades humanas, del pecado, público o privado, del sentimiento de culpa y del perdón, del concepto de la justicia y del miedo al castigo o del desprecio a la moral; con todo ello, don Juan es un personaje que se muestra como un contra-valor.

En el de Moliere, por ejemplo, se entra en este pasaje (sólo representado en el estreno y luego retirado por la dureza de su relato) acerca de la objetividad del pecado y su perspectiva pública y privada, del sentimiento de culpa coactivo y el desprecio por los principios morales. En él se puede leer como un eremita pobre es incapaz de faltar a su moral blasfemando para Don Juan, y esto a cambio de unas monedas:

Don Juan: “Voy a darte un luis de oro ahora mismo, con tal de que consientas en blasfemar” / El Pobre: “Señor…” / Sganarelle: “Anda blasfema un poco; no hay ningún mal en ello.” / Don Juan: “Tómalo aquí lo tienes (…), pero blasfema” / El Pobre: “No Señor. Prefiero morirme de hambre”. (Don Juan. III, 2)

Y no blasfemó.

Moliere, al final de su Don Juan, le da forma literaria al reproche y a la mala conciencia, y el siervo Sganarelle pretende conmover y crear un sentimiento de culpa en su señor para ayudar a su salvación, y le dice:”…el hombre está en este mundo como el pájaro en la rama; la rama está unida al árbol; el que se une al árbol sigue buenos preceptos; los buenos preceptos valen más que las bellas palabras…” (Don Juan. V,2).

Y con el mismo Moliere, en Tartufo, se puede leer una buena definición acerca de estas cuestiones: el modelo positivo de cumplimiento de la moral, y el modelo negativo del pecado; claro es que todo ello aderezado con su expresión pública:

Tartufo: “…estáis aquí segura de un secreto total. El mal existe sólo en la divulgación. El escándalo es el que crea el pecado, pues pecar en silencio es como no pecar” (Tartufo, IV, 5).

En Tirso de Molina, al terminar su Burlador de Sevilla, Catalinón cuenta cómo el ultrajado y muerto Comendador, convertido en el Convidado de Piedra, toma la mano de Don Juan y le quita la vida diciendo: “Dios me manda que así te mate, castigando tus delitos: quien tan hizo, que tal pague” (Act. III, 17) dando forma a la justicia y a la venganza, conformando el merecido final del que atenta contra la moral; el castigo al pecado.

Es el final del que hace de la soberbia y del desprecio su rasgo moral. En el Don Giovanni de Da Ponte y Mozart, cuando la estatua del Comendador devuelve la invitación a Don Juan, el diálogo que se establece dice:

La Estatua: “Tú me invitaste a cenar, sabes cuál es ahora tu deber. Respóndeme: ¿vendrás tú a cenar conmigo?/ (…) / Don Juan: “De cobardía jamás seré acusado” (…) El corazón está firme en mi pecho: ¡iré!”.

Y cuando ya lo atrapa por su mano, la estatua del Comendador, ante el dolor de Don Juan previo a la muerte, le inquiere:

La Estatua: “Arrepiéntete, cambia de vida ¡Es el último momento! / Don Juan: “No. No me arrepiento. ¡Vete lejos de mí! / La Estatua: “Arrepiéntete, desalmado”. / Don Juan: “No viejo fatuo!”… y así hasta su muerte cuando el Coro infernal canta: “¡Todo es poco para tus culpas! ¡Ven, hay un mal peor!” (Don Giovanni, Act.II, 5).

Todo esto parece dar forma literaria al sentimiento humano generalizado de justicia y venganza, entre otros conceptos morales relacionados con el pecado y la culpa.

Sin embargo, en el Tannhaüser de Wagner, este poeta guerrero, de vida licenciosa como el don Juan, requiere del perdón que no consigue por la altura de sus pecados: “¿Cómo alcanzaré la gracia y cómo expiaré mis culpas? He visto desvanecerse mi salvación, la gracia del cielo me ha abandonado” (Act II, 4), pero el arrepentimiento y la contrición, pero sobre todo el amor por Elisabeth y su intercesión ante Dios, lo salva. La muerte de su amada, Elisabeth, es el desencadenante sumo del arrepentimiento de Tannhaüser, y la muerte final de éste, la máxima expresión de su sentimiento de culpa, un sentimiento que para él se hace insoportable y le lleva irremediablemente a la muerte, ahora sí redimido, no condenado. El amor desarma a este don Juan romántico y su arrepentimiento es consecuencia de ello. El coro final de los peregrinos que vienen de Roma materializa musicalmente, y literariamente, lo tremendo y magnífico de la escena: el milagro de la salvación del pecador Tannhaüser.

Esta ópera de Wagner expresa el modo en el que se redefinió el mito durante el Romanticismo, y frente a la inexorable culpabilidad y certera condenación del de Tirso de Molina, y el jocoso pero inmoral de la ópera de Da Ponte y Mozart, ahora la redención de don Juan aparece tras su arrepentimiento y por el amor; así ocurre también en el de Zorrilla que encuentra en doña Inés el paradigma de pureza de espíritu y modelo de perfección. Se abre la tumba de doña Inés, y no son los esqueletos infernales los que atrapan a don Juan, sino que muere en la tumba de ella dado de la mano de doña Inés mientras ella le dice:

“Yo mi alma he dado por ti,
Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.

Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura:
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura.” (Act. III, 3).

Todo esto creo que son conceptos universales del comportamiento humano, redefinidos en su contenido desde la perspectiva cultural. Podrán estar sacralizados o desacralizados, quizás sea secundario, siendo estos conceptos expresión, probablemente, de una necesidad compleja del ser humano: la dimensión moral y ética de su abstracto pensamiento, modelador necesariamente de su comportamiento. La literatura y el arte, no hacen más que ponerse al servicio de estos modelos dándoles forma al concepto.

FabiánPP
Invitado


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EL PERDON

Mensaje  Lic. Alf el Mar Oct 30, 2012 1:46 pm

No creo en la vida despues de la muerte; pero si en una Causa desconocida de la vida y la inteligencia.
El AMOR existe, al igual que el ALBEDRÍO, y nadie ha sabido explicar el origen de los instintos, los reflejos y la memoria.
El que se da cuenta de sus faltas y sus errores, se arrepiente y no vuelve a repetirlos. Ese, ha despertado y merece el PERDÓN.
Es decir, debe perdonarse y perdonar a todo aquel que despierta y no vuelve a cometer las mismas faltas.
Nada ni nadie es perfecto, y la vida es para disfrutar ese momento de lucidez.
Llamamos INMORTALES, a quienes muchos recordamos por las ideas que dejaron en sus obras, y que nos sirven para DESPERTAR, y ser positivos y generosos con quienes nos rodean.
El AMOR y la felicidad existen y cuando los sentimos, hacemos todo lo posible por cuidar y perfeccionar aquello que lo provoca.
No creo en el MAL como parte de la creación, sino en la ignorancia. Por ejemplo, el alpinista que corta la reata a punto de romperse, mata a los que están abajo de el; pero si no lo hace, todos mueren. En Estados Unidos, se vale destruir un vehículo sin control en el que viajan tres personas, antes de que llegue a un freeway donde puede causar la muerte de muchas mas. Hubo un hombre que sabia que un tren lleno de pólvora iba a estallar y se sube y lo saca del pueblo, sabiendo que el no puede salvarse; pero salva a su familia y a muchos pobladores, porque es consciente de que si no se sacrifica de esa manera, de todos modos morirá.
Un barco que se hunde y no tiene lanchas y salvavidas para todos, da preferencia a los bebes y a las mujeres.
Hay muchos ejemplos como esos, y si todos actuáramos pensando en las consecuencias que resultan al actuar de una u otra manera, desaparecería el "mal" y como San Francisco de Asís, diríamos "Dame oh Dios, fuerza y valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, resignación para aceptar las que no puedo cambiar, y sabiduría para distinguir la diferencia.
No creo en el diablo, porque "Para Dios no existe el tiempo" y no podía ignorar lo que haría el diablo y tampoco entiendo que pusiera un árbol para provocar la tentación, o que creara a un hijo para morir crucificado y lavar un "pecado original" y todo siguiera IGUAL.
Giordano Bruno, Newton, Copernico, Einstein Russell y muchos como ellos, fueron calificados de herejes y condenados por sus ideas; pero son quienes dejaron los mejores aportes a la humanidad.
Al leer el articulo que motiva este comentario,surgieron esas ideas y con el Internet, el mundo esta cambiando rápidamente y debemos hacer que ese cambio sea positivo para el mayor numero de personas.
No se trata de perdonar 7 veces 7, sino de hacerlo únicamente cuando el arrepentimiento es autentico.
Todo lo anterior, lo he manifestado de diferentes maneras en varios foros y no voy a repetir lo ya publicado; pero quien se interese, no tiene mas que escribir ""instintos, reflejos y memoria"" y podrá encontrar muchos datos relacionados con el cerebro, la intuición, y la mente.
Atentamente
Lic. Alfonso Germán Arreola

Lic. Alf
Invitado


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Re: Castidad y castigo

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